83. Los animales apartados como sacrificios deben llevarse a Jerusalén sin demora (Dt. 12:5,6)


 

“sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis. Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias de vuestras vacas y de vuestras ovejas”

 

Como parte del pacto que Dios había hecho con su pueblo, el lugar para ofrecer los holocaustos y sacrificios, y presentar los diezmos y ofrendas, y cumplir los votos y primicias, era el lugar que Dios hubiese designado para ello, no los que el pueblo decidiese, tan claro es esto que en el mismo capítulo 12 de Deuteronomio, pero en los versículos 13 y 14, Dios señala enfáticamente “cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que vieres; sino que en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando”.

 

Pero porque Dios se refiere al lugar donde debía presentarse todo lo anterior como aquel que “Jehová escogiere”, porque si bien todo debía llevarse al Tabernáculo, que luego sería el Templo, de inicio éste estuvo en Siló (Josué 18:1), luego en Gabaón (1 Crónicas 21:29), y finalmente en Jerusalén (2 Samuel 6:17), este proceso es un reflejo de las tres eras del plan de Dios para con su familia: la era de la ley, 1,500 años, la era de la iglesia, 2,000 años, y la era del milenio, 1,000 años.

 

El exhorto de Dios sobre el lugar decidido para presentar lo comentado es muy claro: “cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que vieres” (Deuteronomio 12:13), siendo que dicho mandato tenía la máxima pena si no era cumplido como tal: “Cualquier varón de la casa de Israel que degollare buey o cordero o cabra, en el campamento o fuera de él, y no lo trajere a la puerta del tabernáculo de reunión para ofrecer ofrenda a Jehová delante del tabernáculo de Jehová, será culpado de sangre el tal varón; sangre derramó; será cortado el tal varón de entre su pueblo,  a fin de que traigan los hijos de Israel sus sacrificios, los que sacrifican en medio del campo, para que los traigan a Jehová a la puerta del tabernáculo de reunión al sacerdote, y sacrifiquen ellos sacrificios de paz a Jehová” (Levítico 17:3-5).

 

De esta forma en el Antiguo Testamento queda claramente señalado que el lugar para ofrecer los holocaustos y sacrificios, y presentar los diezmos y ofrendas, y cumplir los votos y primicias, era el lugar que Dios hubiese designado para ello.

 

Con el sacrificio redentor de Jesús, todas las sombras del Antiguo Testamento que apuntaban a ello tienen cumplimiento, siendo que las mismas han dejado de tener aplicación material, pero de igual forma la aplicación espiritual se mantiene y las referencias al “lugar que Dios hubiese designado para ello” se mantienen siendo ese lugar el Israel de Dios, Su iglesia.

 

Si alguien quisiera identificar a la verdadera iglesia de Dios solo usando la Escritura tendría un problema monumental no sólo por las diferentes interpretaciones que cada iglesia, cada denominación, cada congregación cristiana tiene de las Escrituras sino porque se trata de más de 33,000 interpretaciones que cada quien tendría que estudiar, analizar, examinar. Un trabajo sin duda alguna imposible para alguien.

 

Pero la cuestión histórica asombrosamente reduce ese universo de 33,000 en un 99.99%, ¿por qué? por qué el 99.99% de las iglesias, denominaciones y congregaciones cristianas comenzaron a surgir en la reforma del Siglo XVI, luego con mayor intensidad conforme avanzaban los siglos XVII, XVIII y XIX, para llegar a una verdadera explosión cámbrica de corrientes y filosofías a partir del siglo XX. Así que de un plumazo, toda aquella iglesia, denominación o congregación cristiana que históricamente no pueda rastrearse hasta la iglesia original sino que tenga su existencia inicial en los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX, XX o demás, puede fácilmente descartarse.

 

Pero bueno, en este punto, todas esas iglesias, denominaciones y congregaciones argumentaran a favor de cualquier idea que implique que no necesariamente tienen que demostrar una existencia en estos últimos dos mil años. Hay algunas que argumentan que la verdadera iglesia dejó de existir durante los siglos siguientes a la iglesia apostólica y que ellos han venido a ser la restauración de la misma, otros argumentan que la iglesia puede existir en cualquier punto y momento donde un grupo de personas abran su corazón a Dios por lo que la historicidad no es necesaria, y otros más señalan a manera de genealogía que durante toda la historia de la salvación ha habido gente con el favor de Dios, como Abrahám, Noé, Moisés, Pedro o Pablo y que ellos forman parte de ese linaje que presentan de una forma nebulosa pero que no acepta el rigor histórico de su verificación.

 

Es así que como un acto de honestidad intelectual debemos preguntarnos si en efecto la verdadera iglesia de Dios, establecida en el siglo primero de nuestra era, debía existir siempre a través de estos dos mil años o si las posturas anteriormente comentadas son las correctas.

 

Pero esta no es la única Escritura de la cual puede uno deducir que la iglesia siempre existiría, desde su fundación y hasta la venida de Jesús.

 

Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. (Mateo 16:18)

 

En esta promesa de Jesús, la palabra Hades en la cita anterior se traduce del griego ᾅδου, hadou, y se usa en la Escritura para señalar de lugar de los muertos su sepultura. Luego entonces si la  muerte no habría de prevalecer sobre la verdadera iglesia de Dios, ésta debería haber seguido existiendo durante estos últimos dos mil años.

 

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre (Juan 14:16)

 

En esta promesa de Jesús, el Consolador al que se refiere la cita anterior es el Espíritu Santo: “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho”  (Juan 14:26), “Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él testificará acerca de mí” (Juan 15:26). Como queda claro este Consolador, el Espíritu Santo, estaría con la iglesia de Dios siempre, es decir, desde la primera vez que vino sobre ella en Pentecostés y hasta la venida de Jesús. Luego entonces si el Espíritu Santo siempre iba a estar en la iglesia, ésta debería haber seguido existiendo durante estos últimos dos mil años.

 

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé (Juan 15:16)

 

En esta enseñanza de Jesús a sus Apóstoles, claramente les indica que el fruto de ellos, el resultado de la labor que como iglesia habrían de emprender, iba a durar para siempre. Esos frutos son las comunidades, los conversos, las enseñanzas, las verdades, en fin, todo aquello que la iglesia produciría a partir de su fundación. Luego entonces si los frutos que la iglesia habrían de permanecer, ésta debería haber seguido existiendo durante estos últimos dos mil años.

 

…enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. (Mateo 28:20)

 

En esta encomienda que Jesús da a la iglesia los apremia a que vayan y enseñen todo lo que Él les ha mandado, cerrando esta frase con la promesa de que Él estaría con la iglesia todos los días y todavía recalca más al señalar que eso sería hasta el fin del mundo. Luego entonces si Jesús iba a estar con la iglesia todos los días hasta el fin del mundo, ésta debería haber seguido existiendo durante estos últimos dos mil años.

 

…a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén. (Efesios 3:21)

 

En la cita anterior, Pablo escribiendo a los Efesios alaba al Padre y señala claramente que la gloría es para Él en Su iglesia por todas las edades y aún más remarca esto al señalar por los siglos de los siglos. Luego entonces si la gloria al Padre iba a ser en la iglesia por todas las edades, por los siglos de los siglos, ésta debería haber seguido existiendo durante estos últimos dos mil años.

 

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,  a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,  hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:11-13)

 

Por último, en la cita anterior, que ya se había comentado en otra parte de la presente obra, Pablo escribiendo a los Efesios señala como es que la iglesia ha sido constituida, señala asimismo que esto constitución ha sido para el perfeccionamiento de los santos y la edificación del cuerpo de Cristo, lo interesante de la cita es que señala claramente que esta labor habría de ser hecha hasta que todos llegasen a la unidad en la fe y el conocimiento pleno del Hijo de Dios, algo a lo que aún la iglesia no ha llegado. Luego entonces si la iglesia tenía un fin para con sus integrantes relacionado con su edificación y perfeccionamiento hasta llegar plenamente a la unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, y si esto aún no se ha conseguido, ésta debería haber seguido existiendo durante estos últimos dos mil años.

 

Realmente si uno es sincero deberá aceptar que Escrituralmente no puede sostenerse la idea de una iglesia que dejó de existir ni por ende de restauraciones o apariciones posteriores de la misma. Así de una manera muy sencilla, de un universo de más 33,000 iglesias, denominaciones o congregaciones cristianas, el 99.99% pueden ser descartadas como la verdadera.

 

Si una iglesia, denominación o congregación cristiana fue fundada en 1524, 1534, 1560, 1785, 1879, 1739, 1830, 1609, 1774, 1860, 1865, 1879, 1914, y demás, antes o después, sólo con ese puede ser excluida de la posibilidad de ser la verdadera, independientemente de sus argumentos que, en consecuencia, tendrán que ir contra la Escritura.

 

 

Históricamente la iglesia de Dios no ha dejado de existir,  llamados por el mundo Nazarenos, Hypsitarianos, Euchitas, Valdenses, Albigenses, Paulicianos, Cathari, Lolardos, Quakeros, Anabaptistas, Moravianos,  o Sabatistas, pero llamados por ellos mismos como iglesia de Dios,  se identificaban entre los pueblos como guardadores de los mandamientos de Dios y la fe de Jesús (Revelación 14:12).

 

Ahora bien, independientemente de que Jesús mismo dijo que la verdadera iglesia de Dios históricamente nunca dejaría de existir, y de las citas anteriormente vistas que confirman esto, Él no dio eso como única señal de la verdadera iglesia.

 

El que una organización existiese durante dos mil años ya es algo portentoso, pero no necesariamente implica intervención divina. Por ejemplo, la casa real de Japón fue fundada en 660 a.C., con lo que es la casa real más antigua del mundo con más de 2,500 años de antigüedad. Desde el punto de vista religioso esto es igual pues una religión no mide la verdad contenida en ella en función de su antigüedad, por ejemplo, el zoroastrismo, que surgió entre el 1400 y 1200 a.C., es una religión que desde entonces y en la actualidad sigue existente.

 

Pero referido al punto de la verdadera iglesia, en este caso la existencia durante todos estos más de dos mil años de la verdadera iglesia era un factor necesario para que también se diesen las características de una en sustancia distintiva y una en esencia doctrinal, ya que si hubiese dejado de existir en algún momento esto tampoco se hubiera dado. Con todo y todo, y aunque la existencia histórica e ininterrumpida de la verdadera iglesia es necesaria, no es el único factor a considerar sino, como ya se comentó, que esa iglesia que ininterrumpidamente no ha dejado de existir también muestre como características el ser una en sustancia distintiva y una en esencia doctrinal, ¿y esto por qué? porque la misma Escritura indica cómo es que en estos más de dos mil años convivirían en contraposición la verdadera iglesia de Dios y otra iglesia apóstata, de la cual saldrían otras muchas falsas iglesias con el tiempo así como un sinfín de desviaciones doctrinales que permearían a toda iglesia que no fuera la verdadera (Revelación 17:5).

 

Mateo 13:24-30

24 Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

25 pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.

26 Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.

27 Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?

28 Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?

29 Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.

30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.

 

Mateo 24:3-14

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?

Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.

Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.

Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.

Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.

Y todo esto será principio de dolores.

Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

10 Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.

11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos;

12 y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.

13 Más el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

14 Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.

 

            Revelación 12:1-17

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.

También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas;

y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.

Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.

Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días.

Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles;

pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.

Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.

10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.

11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. !!Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.

13 Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón.

14 Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.

15 Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río.

16 Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca.

17 Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella [esto también puede traducirse como “los otros de su simiente”], los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.

 

2 Corintios 11:1-4,3-15

¡Ojalá me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme.

Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.

Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.

Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis;

13 Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.

14 Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.

15 Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.

 

Como se comentó la forma más básica y la más práctica de identificar la iglesia de Dios es su presencia histórica pues de una manera muy concreta trata de identificar a la verdadera iglesia de Dios en la historia. Y si bien esto nos permite descartar de una manera muy fácil y sencilla al 99.99% de las las más de 33,000 de las iglesias, denominaciones, y grupos cristianos que existen, podemos ver por lo menos otra iglesia que puede decir tiene una historia de dos mil años, pero aparta se requiere el ser una en sustancia distintiva y una en esencia doctrinal.

 

Respecto de la verdadera iglesia de Dios, la Escritura nos señala que la misma durante estos más de dos mil años de existencia iba a presentar tres características claras, concretas y visibles: ser pequeña, perseguida y débil y despreciada por el mundo, mientras que la iglesia apóstata sería todo lo contrario, es decir, grande, perseguidora, y poderosa y apreciada por el mundo y de la cual saldrían otras muchas falsas iglesias con el tiempo así como un sinfín de desviaciones doctrinales que permearían a toda iglesia que no fuera la verdadera  (Revelación 17:5).

 

Pequeña. En Lucas 12:32, Jesús, refiriéndose a la iglesia de Dios, dice “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (de hecho todo el capítulo 12 es instrucción para la iglesia de todos los tiempos). Pero bueno, esta es una sola cita, ¿o hay más?

 

Como ya se comentó, en la profecía de Mateo 24, Jesús establece ciertas condiciones que se darían desde el establecimiento de la iglesia y hasta Su retorno. En el v. 5 señala “Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán”, de igual forma para que quede claro que no se refiere al final de los tiempos aclara en el v. 6 “pero aún no es el fin”. Luego de los vv. 11 al 14 señala “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos;  y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.  Más el que persevere hasta el fin, éste será salvo.  Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”.

 

De hecho el v. 24 del mismo capítulo de Mateo, para mayor claridad, señala que “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si es posible, aun a los escogidos”.

 

Así tenemos que desde el establecimiento de la iglesia y hasta el regreso de Jesús, muchos vendrían en Su nombre y engañarían, no a pocos sino a muchos, tantos que sólo los escogidos escaparían de ese engaño, luego entonces la iglesia siempre tendría que ser pequeña en todos estos más de dos mil años de existencia.

 

La verdadera iglesia siempre es representada simbólicamente como virgen. Pura y sin mancha (2 Corintios 11:2), como una esposa para nuestro Señor (Efesios 5:24-27; Revelación 19:7-9; 21:1-2), luego entonces una mujer que fuese representada simbólicamente de manera completamente contraria, es decir, ramera (Revelación 17:1-2), abominable (Revelación 17:4-6), inmoral (Revelación 14:8) sería contrariamente a la verdadera iglesia, una iglesia apóstata, de la cual saldrían otras muchas falsas iglesias con el tiempo así como un sinfín de desviaciones doctrinales que permearían a toda iglesia que no fuera la verdadera (Revelación 17:5).

 

Aquí viene la otra parte a considerar y es precisamente la que se refiere a la característica que mostraría, no la verdadera iglesia, sino la iglesia apóstata, la ramera de Revelación 13: 11-18; 17: 1-8; 17: 15-18.

 

Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas (Revelación 17:1)

 

Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas (Revelación 17:15)

 

Así vemos que contrariamente a la verdadera iglesia, la iglesia apóstata no es pequeña, sino grande, muy grande. Su influencia se siente por pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas, forma parte de los muchos que serían engañados por sí o por las  iglesias falas que surgirían de ella y, como veremos en el siguiente capítulo, estaría llena de abominaciones, es decir, de desviaciones de la verdadera fe (Revelación 17:5).

 

Perseguida. La otra característica de la verdadera iglesia es que ésta habría de ser, en estos más de dos mil años de existencia, perseguida.

 

Mateo 10:16-25

16 He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.

17 Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán;

18 y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles.

19 Más cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.

20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

21 El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.

22 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

23 Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre.

24 El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.

25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?

 

Del v. 17 al 21 se señala la manera en que la verdadera iglesia, durante toda su existencia, habría de experimentar persecución. Para mayor claridad en que esta profecía se refiere a toda la existencia histórica de la verdadera iglesia, el v. 23 señala “Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre”.

 

Mateo 24:5-11

Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.

Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.

Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.

Y todo esto será principio de dolores.

Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

10 Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.

11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos;

 

Los vv. 9 y 10 de la profecía de Jesús de Mateo 24, de nueva cuenta es reiterativa a que desde la fundación de la verdadera iglesia y hasta al retorno de Él, el Pueblo de Dios sería perseguido.

 

De hecho no hay cita en la Escritura que hable de que la iglesia tendría una existencia tranquila y apacible sino que por el contrario, todas las referencias con respecto a esto hablan de una vida de dificultades extremas referidas a tribulación persecución e incluso muerte. Con respecto a esto último, Revelación 6:9-11 muestra una imagen histórica de la vida de la iglesia al decir que “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos

 

Esta característica, la de ser una iglesia perseguida, es congruente con el hecho de que, como se vio antes, sería una iglesia pequeña. Es más que evidente que siempre lo más débil sufre los abusos de quien es más poderoso.

 

Y de igual forma que con la característica de la verdadera iglesia anteriormente vista, la de ser pequeña donde la iglesia apóstata era por su parte grande, en esta característica donde la verdadera iglesia es perseguida tenemos que la iglesia apóstata muestra la característica contraria, es decir, la de ser perseguidora.

 

Revelación 17:6 muestra a la iglesia apóstata “ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los testigos de Jesús. Y al verla, me asombré grandemente”, de igual forma en Revelación 18:24 se señala que “en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra”.

 

De nueva cuenta todo encaja: si la iglesia apóstata es grande, mientras que la verdadera iglesia es pequeña, la primera puede entonces perseguir, y perseguirá hasta la muerte, a la segunda.

 

Débil y despreciada por el mundo. Para cerrar las características que durante toda su existencia histórica debía presentar la verdadera iglesia, estando ésta característica acorde con las anteriores de ser pequeña y perseguida, tenemos que también debía ser por lo tanto y en consecuencia débil y despreciada por el mundo.

 

En Juan 15:19, Jesús dice de la iglesia “Si fueran del mundo, el mundo los amaría como a los suyos. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los he escogido de entre el mundo. Por eso el mundo los aborrece”. De nuevo más delante, en Juan 17:14, Jesús vuelve sobre el tema al decir “Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo”. De igual forma en 17:16, Jesús vuelve a decir “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo”.

 

En concordancia con esto 1 Juan 2:15 señala “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. De igual forma Santiago 4:4 señala “¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”.

 

Así tenemos que la verdadera iglesia de Dios, además de ser pequeña y perseguida, al no ser parte el mundo es débil y despreciada. Y respecto de la iglesia apóstata, además de ser grande y perseguidora, al sí ser parte del mundo, es fuerte y apreciada.

 

Revelación 17:1-2, referido a la iglesia apóstata representada por la ramera, señala como es que “vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación. Sobre esto mismo Revelación 18:3 señala como es que “todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites”. De manera reiterativa, referido al final de esta iglesia apóstata, Revelación 18:9-10 señala como es que “los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio, parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!”

 

La Escritura es muy contundente en el sentido de que la verdadera iglesia de Dios, en cuanto a sus características claras, concretas y visibles, sería en toda su existencia pequeña, perseguida y débil y despreciada por el mundo, mientras que la iglesia apóstata sería todo lo contrario, es decir, grande, perseguidora, y poderosa y apreciada por el mundo, de la cual saldrían otras muchas falsas iglesias con el tiempo así como un sinfín de desviaciones doctrinales que permearían a toda iglesia que no fuera la verdadera  (Revelación 17:5), cualquier argumentación en otro sentido tendrá necesaria y forzosamente que ir contra la Palabra de Dios.

 

Pero con todo y todo, las dos anteriores características requieren necesariamente de que en lo primordial de la iglesia, es decir en sus creencias, esta sea una, una en esencia doctrinal.

 

Así como se ha hecho para los dos apartados anteriores, ¿hay base en la Escritura, aparte del “ser uno”, que implique que la verdeara iglesia sería una durante toda su existencia en cuanto a su esencia doctrinal es decir, que su doctrina sería una sola y la misma?

 

Isaías 8:16, hablando sobre el futuro del pueblo de Dios, señala “Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos”. Es decir, la enseñanza doctrinal se completaría en tiempos de los apóstoles de Jesús. Pero, ¿esto se corrobora en el Nuevo Testamento?

 

Judas 1:3 señala “Amados, por el gran empeño que tenía en escribirles acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribirles exhortándolos a luchar ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos”. Así tenemos que en tiempos de la iglesia naciente, ya se consideraba que había una doctrina completa, firme y definitiva, no en proceso de dilucidación.

 

Pablo escribiendo a los Romanos les amonesta diciendo “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos” (Romanos 16:17). De nuevo ya había una doctrina establecida, cualquier desviación de ella era considerada división y tropiezo.

 

Juan en su primera carta señala de esos que causaban división y tropiezo diciendo “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (1 Juan 2:19). Aquí claramente Juan declara que todo aquel que se desviaba de la fe “dada una vez a los santos y para siempre”, es decir, que no permanecía en la verdadera fe, en realidad no eran parte de la iglesia. En ese mismo sentido más delante Juan señala en esa misma carta De igual forma señala “Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre” (1 Juan 2:24), es decir, que la doctrina original recibida permaneciese en cada uno de los miembros de la iglesia de Dios.

 

Pablo escribiendo a los Colosenses les dice “si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro” (Colosenses 1:23). En tiempos de la iglesia primitiva había una fe completa, total y definida y Pablo amonestaba a permanecer en esa fe y más aún a no moverse de ella.

 

Pablo escribiendo a los Tesalonicenses les dice “Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más” (1 Tesalonicenses 4:1). De nueva cuenta la enseñanza dada se ponía como referente para comportarse correctamente conforme a la voluntad de Dios.

 

Pablo escribiendo a los Hebreos les dice “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.  Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad” (Hebreos 2:1-4). Aquí Pablo agrega el atender sin desviarse a la enseñanza que la iglesia tenía desde su inicio aclarado que la misma había sido dada por Jesús, que esta había sido confirmada por quienes la oyeron y que Dios mismo, a través de prodigios y señales, la había testificado.

 

En la cita de Juan 17:20, que ya hemos analizado, Jesús e oración al Padre con respecto de Su iglesia se dice “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos”, así que necesariamente la iglesia de Dios proclamaría lo que desde los inicio ya era su cuerpo doctrinal establecido siendo que los nuevos conversos creerían lo mismo llevando así el mismo mensaje a través de los siglos.

 

Pablo confirma esto pues al escribir a Tito le dice “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Tito 1:9). Una misma doctrina, una misma fe, retenedor de la palabra tal y como se le ha sido enseñada, no cambiándola, no adicionándole.

 

Pablo escribiendo a los Corintios señala “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1 Corintios 15:1-2). De igual forma más delante, en esta misma carta Pablo señala “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58). Al igual que las citas anteriores se señala la necesidad en permanecer en la verdadera doctrina, en la verdadera iglesia, añadiendo Pablo que de no ser así se habría creído en vano, es decir, cualquier cambio o desviación doctrinal no habría servido de nada sino que al contrario habría sido en demérito de la salvación.

 

Las anteriores citas, respecto a la iglesia en cuanto al “ser una” en esencia doctrinal, no dejan lugar a dudas. En tiempos de los Apóstoles, durante los primeros años de la iglesia naciente, quedó establecida la base doctrinal, completa, plena, correcta, que debía ser entendida y realizada por la iglesia y a la cual los miembros del Cuerpo de Cristo debían sujetarse sin cambios ni desviaciones so pena de poner en riesgo la salvación adquirida.

 

Esta aclaración es más que pertinente ya que, aunque parezca increíble, hay quienes aducen sobre el tema en un sentido completamente contrario bajo el argumento de la revelación progresiva. ¿Qué es esto de revelación progresiva? Tomando Juan 16:13 que dice “cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” algunos aducen que durante la vida de la iglesia está iría progresando en la verdad hasta llegar a la plenitud de la misma. Como ya vimos en las citas anteriores esto es incompatible con lo que las mismas indican, pero no puede menos que decirse que esta cita de Juan 16:13 va en el sentido de crecer en la fe, no de andar dando tumbos de una creencia a otra.

 

Pablo escribiendo a los Efesios les dijo sobre la iglesia “Y él mismo [Cristo] constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,  a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,  hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;  para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,  sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:11-15).

 

Las verdades de la iglesia permanecen inamovibles, pero el crecimiento de uno en cuanto a las mismas es el que va avanzando llevándonos a grades de verdadera madurez espiritual. No es la iglesia en su doctrina la que cambia, somos nosotros en nuestra comprensión de las verdades reveladas la que va madurando, creciendo, fortaleciéndose.

 

Pero incluso si uno tomara como verdadera el argumento de la verdad progresiva tendría que aceptar que una cosa es avanzar en la verdad y otra muy distinta ir dando bandazos en la misma, diciendo un día una cosa y al otro otra muy distinta. No puede decirse que el Espíritu de verdad va guiando una iglesia hacia la verdad plena cuando ésta primero rechaza las imágenes en el culto y luego las acepta, cuando primero señala que sólo Jesús es mediador y luego acepta la mediación de santos y vírgenes, cuando acepta primero que el sábado es el día de descanso de Dios pero luego lo cambia al domingo, cuando primero acepta que sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas y nosotros por medio de él y luego dice que lo que en realidad existe es una trinidad. En fin. Incluso el argumento de la verdad progresiva implica avanzar en una misma línea, no en diversas, variadas y contradictorias. Proverbios 24:21 dice “Hijo mío, teme al Señor y al rey. No te juntes con los rebeldes” (algunas versiones traducen “rebeldes” por “inestables”, otras por “innovadores”).

 

La iglesia primitiva tenía una serie de doctrinas completas, establecidas y conocidas, doctrinas que, como se vio en las citas anteriores, se mandataba a creerlas, defenderlas y crecer en ella. Pensar en que las mismas pudieron haber cambiado es contra la Escritura y el mismo sentido común, pero sobre esto Pablo enfáticamente dice en Gálatas 1:6-9: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.  No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.  Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.  Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema”.

 

Esta cita es demoledora para quien defienda el cambio doctrinal en la iglesia a través de los siglos.  En consonancia con todas las que ya se han visto señala un solo cuerpo doctrinal de creencias en la verdadera iglesia, quienes piensan diferente claramente dice que se han alejado, aclara enfáticamente que no hay otro Evangelio y termina no con una sino con dos anatemas (maldiciones) para quien anuncie verdades diferentes.

 

Realmente es complicado aducir a favor del cambio doctrinal de la iglesia sin ir contra la misma Escritura y el sentido común que señala que no pueden ser verdades dos cosas opuestas que se presenten como tales.

 

La verdadera iglesia de Dios, no sólo ha existido a lo largo de estos dos mil años, no sólo ha mostrado las características que se esperaban de ella, sino que su doctrina ha sido la misma. Cree que la Biblia es inspirada por Dios, cree que Dios es eterno, infinito, todopoderoso, cree en Jesús como el Hijo de Dios, principio de la creación por medio del Quién todas las cosas fueron hechas, cree asimismo en el nacimiento, muerte y resurrección de Jesús, cree que Jesús estuvo real y exactamente tres días y tres noches en la tumba, cree que el Espíritu Santo es dado por el Padre, a través de Jesús, a cada creyente, cree que el nombre bíblico para el Cuerpo de Cristo es iglesia de Dios, cree en el bautismo –sólo de adultos- por inmersión, cree que la Cena del Señor debe observarse una vez al año el 14 de Nisán, cree en la vigencia de los Diez Mandamientos incluyendo el mandamiento señal que se refiere al sábado como día de reposo, cree en la inconciencia de los muertos y que su inmortalidad es condicional, cree en el Milenio como el período posterior a la segunda venida del Señor donde Sus santos reinaran con Él como reyes y sacerdotes. Entre otras cosas.

 

La iglesia de Dios no cree en lo que cree  porque lo haya descubierto recientemente estudiando la Biblia, tampoco porque crea que las verdades hayan comenzado a ser restauradas a través de ella, y menos porque esté proponiendo nuevas interpretaciones a la Escritura. La iglesia de Dios cree en esto porque así le fue enseñado y trasmitido durante los más de dos mil años de su existencia, siendo esta fe la misma que tenía la iglesia primitiva, escrituralmente demostrable, manteniéndose inamovible con el tiempo.

 

La iglesia apóstata, que aunque también ha existido estos más de dos mil años, pero siendo grande, perseguidora, y poderosa y apreciada por el mundo, ha ido cambiando las creencias originales de la iglesia. Cree en una trinidad donde Padre, Hijo y Espíritu Santo son Dios, cree que Jesús no estuvo real ni exactamente tres días y tres noches en la tumba, cree en el bautismo de infantes, cree en un nombre diferente al bíblico para designar al Cuerpo de Cristo, cree que la Cena del Señor no es una vez al año sino cada vez, cada día, en que celebre ésta ese memorial, no sólo no cree en la vigencia de los Diez Mandamientos sino que los ha cambiado permitiendo el uso de imágenes en el culto y la observancia del domingo como día de reposo en vez del sábado, cree que los muertos están conscientes sea en un cielo, un purgatorio o un infierno y que su inmortalidad no es condicional pues incluso si fueron inicuos vivirán por siempre atormentados, no cree en el Milenio ni mucho menos que los fieles del Señor heredarán la tierra como reyes y sacerdotes con Cristo. Entre otras cosas.

 

El pequeño gran problema es que todas estas cosas, ni bíblica ni históricamente, formaban parte del cuerpo doctrinal de la iglesia primitiva sino que fueron adicionadas, modificadas o innovadas, al igual que muchas otras cosas más, posteriormente y a lo largo de estos dos mil años.

 

Pablo señala en 1 Timoteo 6:3-5 “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad,  está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tale”.

 

Con todo lo anteriormente considerado, ¿a quién podría referirse Pablo al referirse a los que enseñan otra cosa y que no se conforman con las palabras de Jesús ni con la doctrina?, ¿a la iglesia de Dios que existiendo estos dos mil años se ha mantenido fiel a las creencias y prácticas de la iglesia primitiva o a la iglesia apóstata que enseña cosas que ni bíblica ni históricamente formaban parte del cuerpo doctrinal de la iglesia primitiva sino que fueron adicionadas, modificadas o innovadas, al igual que muchas otras cosas más, posteriormente y a lo largo de estos dos mil años permeando a todas las iglesias que han salido de ella?

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que los animales apartados como sacrificios deben llevarse a Jerusalén sin demora, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a la iglesia de Dios, el lugar que en estos 2,000 años, Dios ha elegido para desarrollar en este tiempo su plan de salvación.


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