72. Bajo circunstancias especiales la ofrenda por el pecado puede ser según los medios de la persona (Lv. 5:1-13)


 

“Si alguno pecare por haber sido llamado a testificar, y fuere testigo que vio, o supo, y no lo denunciare, él llevará su pecado. Asimismo la persona que hubiere tocado cualquiera cosa inmunda, sea cadáver de bestia inmunda, o cadáver de animal inmundo, o cadáver de reptil inmundo, bien que no lo supiere, será inmunda y habrá delinquido. O si tocare inmundicia de hombre, cualquiera inmundicia suya con que fuere inmundo, y no lo echare de ver, si después llegare a saberlo, será culpable. O si alguno jurare a la ligera con sus labios hacer mal o hacer bien, en cualquiera cosa que el hombre profiere con juramento, y él no lo entendiere; si después lo entiende, será culpable por cualquiera de estas cosas.  Cuando pecare en alguna de estas cosas, confesará aquello en que pecó,  y para su expiación traerá a Jehová por su pecado que cometió, una hembra de los rebaños, una cordera o una cabra como ofrenda de expiación; y el sacerdote le hará expiación por su pecado.  Y si no tuviere lo suficiente para un cordero, traerá a Jehová en expiación por su pecado que cometió, dos tórtolas o dos palominos, el uno para expiación, y el otro para holocausto.  Y los traerá al sacerdote, el cual ofrecerá primero el que es para expiación; y le arrancará de su cuello la cabeza, mas no la separará por completo.  Y rociará de la sangre de la expiación sobre la pared del altar; y lo que sobrare de la sangre lo exprimirá al pie del altar; es expiación.  Y del otro hará holocausto conforme al rito; así el sacerdote hará expiación por el pecado de aquel que lo cometió, y será perdonado.  Más si no tuviere lo suficiente para dos tórtolas, o dos palominos, el que pecó traerá como ofrenda la décima parte de un efa de flor de harina para expiación. No pondrá sobre ella aceite, ni sobre ella pondrá incienso, porque es expiación.  La traerá, pues, al sacerdote, y el sacerdote tomará de ella su puño lleno, para memoria de él, y la hará arder en el altar sobre las ofrendas encendidas a Jehová; es expiación. Y hará el sacerdote expiación por él en cuanto al pecado que cometió en alguna de estas cosas, y será perdonado; y el sobrante será del sacerdote, como la ofrenda de vianda”.

 

Levítico como libro, presenta todas las disposiciones relativas a la relación de Dios con su pueblo. Dicho libro establece cuestiones relacionadas con el culto, la vida social y la vida particular de la comunidad. De igual forma busca considerar todas los diferentes escenarios a los que se puede ésta enfrentar al tratar de poner en práctica todas esas disposiciones.

 

Lo anterior no quiere decir que en extensión y profundidad se aborden todas las cuestiones relativas a lo anterior, prácticamente eso sería imposible por las diferentes opciones y circunstancias que pueden darse, pero sí establece pautas generales que permiten normas un criterio que incluso sirva para aquellas situaciones no especificadas en el libro.

 

Una de estas consideraciones están dadas precisamente en Levítico 5 relativo a las ofrendas de pecado. Respecto de esto se establece que “para [la] expiación traerá a Jehová por su pecado que cometió, una hembra de los rebaños, una cordera o una cabra como ofrenda de expiación; y el sacerdote le hará expiación por su pecado” (v. 6), pero también se aclara que “si no tuviere lo suficiente para un cordero, traerá a Jehová en expiación por su pecado que cometió, dos tórtolas o dos palominos, el uno para expiación, y el otro para holocausto” (v.7), e incluso llega a señalar que “si no tuviere lo suficiente para dos tórtolas, o dos palominos, el que pecó traerá como ofrenda la décima parte de un efa de flor de harina para expiación. No pondrá sobre ella aceite, ni sobre ella pondrá incienso, porque es expiación” (v. 11). De esta forma es más que claro que no había excepción alguna en cuanto a la obligación de presentar una ofrenda para expiar el pecado cometido pues estas normativas consideraban incluso la capacidad del oferente.

 

De lo anterior se establece que, considerando la capacidad del oferente, en esta situación en particular, que la cordera o una cabra relativa a la ofrenda por el pecado era equivalente a dos tórtolas o dos palominos y ambos a la décima parte de un efa de flor de harina.

 

Ahora bien, en el caso específico de estas ofrendas por el pecado, y representadas éstas por la cordera o la cabra o las dos tórtolas o los dos palominos o la efa de flor de harina, que se presentaba para ello,  éstas eran sombras de lo venidero, en este caso, apuntaban al sacrificio redentor de Jesús.

 

1 Pedro 3:18

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu

 

1 Juan 2:2

Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

 

Colosenses 1:22

sin embargo, ahora Él os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte, a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él,

 

Pablo disertando sobre esto señala en su carta a los hebreos

 

Hebreos 10

Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.

De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.

Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;

porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.

Por lo cual, entrando en el mundo dice:
    Sacrificio y ofrenda no quisiste;
    Mas me preparaste cuerpo.

Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.

Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí. 

Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),

y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último.

10 En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;

12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,

13 de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;

14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

15 Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:

16 Este es el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré, 

17 añade:
    Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. 

18 Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.

19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,

20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,

21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,

22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;

25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

 

Todo lo anterior es interesante ya que se hubiese dispuesto como ofrendas de pecado solo las tradicionales de cordero o cabra, aquellos cuya capacidad no se los permitiese no hubiesen participado de la expiación que trae la ofrenda por el pecado, y dado que las mismas apuntaban al sacrificio redentor de Jesús hubiese quedado establecido en sombra que no todos alcanzarían la salvación que por su sangre derramada se obtiene.

 

Pero al establecer las disposiciones anteriormente comentadas donde independientemente de la capacidad de cada quien todos podían participar de las ofrendas por el pecado para alcanzar expiación, esto como sombra apuntaba a que todos, grandes y pequeños, independientemente de nuestra culpabilidad, independientemente de nuestras características, independientemente de nuestras circunstancias, alcanzaríamos redención por el sacrificio de Cristo Jesús.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que bajo circunstancias especiales la ofrenda por el pecado puede ser según los medios de la persona sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido al cumplimiento completo, pleno y total del sacrificio redentor de Jesús quien se ofreció a sí mismo enteramente al Padre como expiación por nosotros, por todos, independientemente de nuestra culpabilidad, independientemente de nuestras características, independientemente de nuestras circunstancias.


Comentarios