71. Se debe llevar una ofrenda de culpa por robar o jurar falsamente y por otros pecados de naturaleza similar (Lv. 5:15; 19:20-21)


 

“Cuando alguna persona cometiere falta, y pecare por yerro en las cosas santas de Jehová, traerá por su culpa a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños, conforme a tu estimación en siclos de plata del siclo del santuario, en ofrenda por el pecado […] Si un hombre yaciere con una mujer que fuere sierva desposada con alguno, y no estuviere rescatada, ni le hubiere sido dada libertad, ambos serán azotados; no morirán, por cuanto ella no es libre. Y él traerá a Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión, un carnero en expiación por su culpa”

 

A lo largo de Levítico, aparte de las prescripciones puntuales referidas a ciertas cuestiones específicas, hay señalamientos particulares sobre cómo tratar ciertas cuestiones puntuales, tal es el caso de lo señalado por Levítico 5:15 y 19:20-21.

 

En el primer caso se trata de un pecado, en el segundo de una culpa. Los pecados se relacionaban directamente con Dios y la violación a sus mandamientos, por su parte la culpa se relacionaba directamente con el prójimo y las prescripciones relativas a la relación con él. Es decir, se incurre en pecado ante Dios cuando se violan sus mandamientos, se incurre en culpa con el prójimo cuando se incumplen las normas que rigen la relación con él.

 

En el primer caso, y específicamente a lo señalado por Levítico 5:15, la prescripción para la expiación del pecado señalaba que el culpable “traer[ía] por su culpa a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños, conforme a tu estimación en siclos de plata del siclo del santuario, en ofrenda por el pecado”, además de que “pagar[ía] lo que hubiere defraudado de las cosas santas, y añadir[ía] a ello la quinta parte, y lo dará al sacerdote; y el sacerdote hará expiación por él con el carnero del sacrificio por el pecado, y será perdonado” (Levítico 5:15).

 

En el segundo caso, y específicamente a lo señalado por Levítico 19:20, la prescripción para la expiación del pecado señalaba que los culpables serían azotados, aparte de ello, el hombre “traer[ía] a Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión, un carnero en expiación por su culpa. Y con el carnero de la expiación lo reconciliar[ía] el sacerdote delante de Jehová, por su pecado que cometió; y se le perdonará su pecado que ha cometido” (Levítico 19:21-22).

 

En ambos casos puede verse de que, aparte de la ofrenda sea por el pecado o sea por la culpa, existía una disposición adicional referida a restitución, en el primer caso, que se refería a cosas tangibles, restituyendo lo defraudado más un adicional, en el segundo caso que se refería a cosas intangibles, con azotes a manera de castigo.

 

De manera general, si bien Levítico es material de un estudio por sí mismo, es importante destacar algo respecto de los holocaustos, ofrendas y sacrificios. Al ir leyendo Levítico, aparte de los diferentes holocaustos, ofrendas y sacrificios que se encontrarán dependiendo de la intención y del oferente, puede uno ir viendo que hay un tratamiento especial para ciertas partes de lo que se ofrece como holocausto, ofrenda o sacrificio.

 

Ahora bien, en el caso específico de las ofrendas fuese por el pecado o bien por la culpa, y representadas éstas por el carnero que se presentaba para ello,  la culpa, éstas eran sombras de lo venidero, en este caso, apuntaban al sacrificio redentor de Jesús.

 

1 Pedro 3:18

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu

 

1 Juan 2:2

Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

 

Colosenses 1:22

sin embargo, ahora Él os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte, a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él,

 

Pablo disertando sobre esto señala en su carta a los hebreos

 

Hebreos 10

Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.

De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.

Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;

porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.

Por lo cual, entrando en el mundo dice:
    Sacrificio y ofrenda no quisiste;
    Mas me preparaste cuerpo.

Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.

Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí. 

Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),

y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último.

10 En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;

12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,

13 de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;

14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

15 Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:

16 Este es el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré, 

17 añade:
    Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. 

18 Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.

19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,

20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,

21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,

22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;

25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

 

Aparte del carnero ofrecido fuese por el pecado o fuese por la culpa existía una compensación por la transgresión efectuada, como ya se comentó, y de igual forma como ya se dijo, en un caso era restituir lo defraudado más un adicional y en otro caso era recibir azotes por la falta.

 

Esto es interesante considerarlo pues hay quienes consideran de que, como Cristo ya pagó por nuestros pecados, como se indicó previamente, ya no hay pena alguna que, a raíz de las transgresiones que hagamos, pueda venir sobre nosotros, pero ¿qué dice la palabra?

 

Primeramente debe quedar más que claro que el haber venido a salvación al aceptar el sacrificio redentor de Cristo no nos ha librado de nuestra carnalidad y que si bien mediante el bautismo se han cubierto nuestros pecados es factible que en la nueva vida se vuelva a tropezar, a caer, vamos a pecar. Pablo disertando en su carta a los Romanos sobre esta contradicción se lamentaba señalando “porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago… Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (Romanos 7:14-15, 22-23) con todo y todo sabía llegaría el momento en que seríamos librados de esta carnalidad y justificados por el sacrificio redentor de Jesús: “¡Miserable de mí! , ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado” (Romanos 7:24-25).

 

Es por eso que Juan en su primer carta señala “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).

 

Con todo y todo, si bien las faltas, las transgresiones, los pecados pasados, presentes y futuros referidos a la actual carnalidad son perdonados por el sacrificio redentor de Jesús, representado por los carneros que se ofrecían fuesen por los pecados o las faltas cometidas, no implica que uno no debe compensar o ser castigado por ello, esto con un fin edificativo.

 

Salmos 94:12

“Bienaventurado el hombre a quien corriges, Jehová, y lo instruyes en tu ley”

 

Hebreos 12:6

“Porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo”

 

Revelación 3:19

“Yo reprendo y disciplino a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete”

 

Pablo explica lo anterior a mayor detalle en su carta a los Hebreos

 

Hebreos 12

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,

puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;

y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo:
    Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,
    Ni desmayes cuando eres reprendido por él;

Porque el Señor al que ama, disciplina,
Y azota a todo el que recibe por hijo. m

Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.

Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?

10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.

11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

 

De esta forma, los pecados, las culpas en que se incurran una vez que se haya venido a salvación, si bien son perdonadas por el sacrificio redentor de Jesús, en muchos casos implicarán alguna sanción formativa para nuestra propia edificación.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe llevar una ofrenda de culpa por robar o jurar falsamente y por otros pecados de naturaleza similar sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido al cumplimiento completo, pleno y total del sacrificio redentor de Jesús quien se ofreció a sí mismo enteramente al Padre como expiación por nosotros, entendiendo que en muchos casos, por el solo hecho de ser hijos de Dios a los cuales el Padre está formando, lo anterior no nos exentará de alguna sanción formativa para nuestra propia edificación.


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