68. Si el pueblo se equivoca en una decisión, sus miembros deben ofrecer una ofrenda por el pecado (Lv. 4:13,14)


 

“Si toda la congregación de Israel hubiere errado, y el yerro estuviere oculto a los ojos del pueblo, y hubieren hecho algo contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y fueren culpables; luego que llegue a ser conocido el pecado que cometieren, la congregación ofrecerá un becerro por expiación, y lo traerán delante del tabernáculo de reunión”

 

Dentro del conjunto de instrucciones dadas por Dios a su pueblo como parte de su pacto, es interesante la inclusión de aquello que se conoce como los pecados comunitarios, es decir, aquellos que son achacados a toda la comunidad, a todo el pueblo.

 

Los pecados comunitarios, como lo señala Levítico 4:13-14, se refiere a aquellas faltas contra los mandamientos de Dios que son adjudicables a toda la comunidad, pero ¿realmente podría haber algo de lo cual toda la comunidad fuese culpable?

 

Visto lo anterior de manera estricta resulta un poco complicado llegar a identificar una falta de la cual todo el pueblo fuese responsable, ¿por qué?, porque lo más lógico, lo más obvio, es que siempre habrá alguien o algunos que no participasen de una transgresión, lo cual es evidente a lo largo de la historia del pueblo de Israel consagrada en la Escritura, luego entonces ¿por qué hay transgresiones que se adjudican a todo el pueblo y que por lo mismo requieren de expiación comunitaria?

 

Si bien en lo individual cada integrante del pueblo es responsable ante Dios, como las mismas leyes mosaicas lo establecía, al ser éste parte de la comunidad su falta afecta a la misma. Extrapolando esto al Cuerpo de Cristo, la iglesia de Dios, si uno forma parte de ella, como los miembros naturales del cuerpo material, lo que uno haga afecta al resto de la congregación.

 

Pablo explica lo anterior de una manera que permite entender como la santificación o la impiedad de los miembros del Cuerpo de Cristo afectan de igual forma a la comunidad.

 

1 Corintios 12

No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales.

Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos.

Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.

Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.

Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.

Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.

Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;

a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.

10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.

11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.

13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.

15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?

16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?

17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?

18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.

19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.

21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.

22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;

23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.

24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba,

25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.

26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.

27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.

29 ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros?

30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?

31 Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente.

 

Con todo y todo, ¿cómo afecta el actuar individual o de algunos a toda la comunidad? Una primer forma es por el actuar individual o de cierta colectividad que evidencia ante la comunidad un ejemplo que genera en esta última una actuar ajeno a la voluntad de Dios; una segunda forma es que ese ejemplo genera un entendimiento deficiente respecto de alguna verdad espiritual lo cual afecta la comprensión de la comunidad; y una tercer forma es que la comunidad, al ser testigo de un actuar ajeno a la voluntad de Dios, no actúa como correctora de la misma, sea por falta de entendimiento o por débil voluntad, siendo por esto responsable en cierta forma de aquel actuar reprobable.

 

La manera en que Esdras ve esto evidencia lo dicho anteriormente.  Esdras, escriba y sacerdote, conocedor de la Escritura pues volvió del cautiverio de Babilonia y reintrodujo la Ley en Jerusalén (Esdras 7–10 y Nehemías 8). Es interesante que cuando se dio cuenta que los hijos de Israel “[habían] tomado de las hijas de [los cananeos, heteos, ferezeos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos]  para sí y para sus hijos, y el linaje santo ha sido mezclado con los pueblos de las tierras; y la mano de los príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en cometer este pecado” (Esdras 9:1), Esdras rasgó sui vestido y su manto y arrancó el pelo de su cabeza y de su  barba angustiado en extremo (Esdras 9:3) y a la hora del sacrificio de la tarde, arrodillándose, oró de la siguiente manera (póngase atención en el hecho de que Esdras se incluye en la oración como parte de los transgresores):

 

Esdras 9

Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo.

Desde los días de nuestros padres hasta este día hemos vivido en gran pecado; y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados en manos de los reyes de las tierras, a espada, a cautiverio, a robo, y a vergüenza que cubre nuestro rostro, como hoy día.

Y ahora por un breve momento ha habido misericordia de parte de Jehová nuestro Dios, para hacer que nos quedase un remanente libre, y para darnos un lugar seguro en su santuario, a fin de alumbrar nuestro Dios nuestros ojos y darnos un poco de vida en nuestra servidumbre.

Porque siervos somos; más en nuestra servidumbre no nos ha desamparado nuestro Dios, sino que inclinó sobre nosotros su misericordia delante de los reyes de Persia, para que se nos diese vida para levantar la casa de nuestro Dios y restaurar sus ruinas, y darnos protección en Judá y en Jerusalén.

10 Pero ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? Porque nosotros hemos dejado tus mandamientos,

11 que prescribiste por medio de tus siervos los profetas, diciendo: La tierra a la cual entráis para poseerla, tierra inmunda es a causa de la inmundicia de los pueblos de aquellas regiones, por las abominaciones de que la han llenado de uno a otro extremo con su inmundicia.

12 Ahora, pues, no daréis vuestras hijas a los hijos de ellos, ni sus hijas tomaréis para vuestros hijos, ni procuraréis jamás su paz ni su prosperidad; para que seáis fuertes y comáis el bien de la tierra, y la dejéis por heredad a vuestros hijos para siempre.

13 Más después de todo lo que nos ha sobrevenido a causa de nuestras malas obras, y a causa de nuestro gran pecado, ya que tú, Dios nuestro, no nos has castigado de acuerdo con nuestras iniquidades, y nos diste un remanente como este,

14 ¿hemos de volver a infringir tus mandamientos, y a emparentar con pueblos que cometen estas abominaciones? ¿No te indignarías contra nosotros hasta consumirnos, sin que quedara remanente ni quien escape?

15 Oh Jehová Dios de Israel, tú eres justo, puesto que hemos quedado un remanente que ha escapado, como en este día. Henos aquí delante de ti en nuestros delitos; porque no es posible estar en tu presencia a causa de esto.

 

Cuando uno entiende que como parte de la congregación tiene una responsabilidad en cuanto a lo que ella cree, hace, siente y dice, no puede menos que, ante las faltas de esta, tomar de ello lo que por lo mismo le corresponde, siendo que esta responsabilidad no puede soslayarse pues forma parte del llamamiento al que se ha respondido.

 

Mateo 18

15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.

16 Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.

17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.

18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.

19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.

20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

 

Uno, como parte de la congregación, como miembro del Cuerpo de Cristo, es responsable junto con ella por el ejemplo o la instrucción deficiente que entregue, de igual forma, y en el mismo sentido, se es responsable si ante un ejemplo o instrucción deficiente entregado uno no corrige esto, en todos los casos, si bien hay una responsabilidad individual, el efecto en la comprensión de las verdades divinas, que deviene un deficiente entendimiento y por ende en una actuar ajeno a la voluntad de Dios, afecta a la comunidad por lo que la misma debe venir ante el Padre a pedir perdón por medio de Jesucristo, ya que la figura de los sacrificios del antiguo pacto apuntaban al sacrificio redentor de Jesús.

 

1 Juan 2

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.

Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que si el pueblo se equivoca en una decisión, sus miembros deben ofrecer una ofrenda por el pecado vigente, más sin embargo espiritualizado referido a ese perdón que como comunidad se debe buscar entendiendo que el mismo es requerido por la deficiente comprensión y defectuoso actuar entregado a la congregación por algunos miembros que afectan a esta en aquello o bien por la apatía y desidia de la misma en corregir a aquellos que están actuando así, sabiendo que en cualquiera de los casos el sacrificio redentor de Jesús cubre las faltas tanto de unos como de todos, conforme a la voluntad del Padre y para Su mayor gloria en Cristo Jesús.


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