61. También deben ser sin defecto (Lv. 22:21)


 “Asimismo, cuando alguno ofreciere sacrificio en ofrenda de paz a Jehová para cumplir un voto, o como ofrenda voluntaria, sea de vacas o de ovejas, para que sea aceptado será sin defecto”

 

Como parte de los requisitos establecidos sobre los animales que habrían de ser ofrecidos a Dios, uno de extrema importancia era el que no tuvieran defecto, de hecho en la cita previa a la anterior, Levítico 22:20, claramente Dios previene sobre actuar en un sentido contrario a ello cuando declara “ninguna cosa en que haya defecto ofreceréis, porque no será acepto por vosotros”.

 

A pesar de la claridad con que la anterior normatividad fue dada al pueblo de Israel, es más que claro que éste llegó a un punto donde ya no la respetaba, tan es así que por boca de Malaquías, Dios recrimina a Su pueblo por hacer contrariamente a lo indicado.

 

Malaquías 1

El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?

7 En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable.

8 Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos.

9 Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros. Pero ¿cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas? dice Jehová de los ejércitos.

 

Si bien los sacrificios de lo que se conoce como Antiguo Testamento prefiguraban el sacrificio redentor de Jesús, el cual es completo, pleno y definitivo para nuestra salvación, es más que claro que de nuestra parte se espera se cumpla el llamamiento al que se ha respondido para venir a salvación en el presente siglo.

 

Pablo expresa esto escribiendo a los de Roma cuando dice “ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia” (Colosenses 1:24). Esto no quiere decir que al sacrificio de Cristo le falte nada, al contrario, como ya se comentó, dicho sacrificio es completo, pleno y definitivo, pero de nuestra parte se espera una vida de santidad para ello, “¿perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Romanos 6:1), de sufrir lo necesario para alcanzar las promesas dadas, “es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22), de ser fiel hasta el final para alcanzar la corona prometida (Revelación 2:10), eso es algo que Cristo no puede hacer por nosotros sino que nos corresponde a cada uno.

 

De hecho la idea que nuestra vida misma se vuelve un sacrificio que debe buscar ser acepto al Padre es presentada por Pablo cuando escribiendo a los de Roma les dice “así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1).

 

Ahora bien, si bien es cierto que el sentido medular de lo anterior gira alrededor de nuestro ser, eso se extiende de manera secundaria, aunque no menos importante, para todo lo que se ofrezca a Dios. Véase como ejemplo de esto la historia de Ananías y Safira, cuya ofrenda a la obra de la iglesia de Dios no solo no fue acepta sino que incluso les acarro muerte.

 

Hechos 5

Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad,

2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.

3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?

4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.

5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.

6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.

7 Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido.

8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.

9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti.

10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.

11 Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que los animales a ser sacrificados para Dios deben ser sin defecto sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a la vida misma de los elegidos que hemos respondido al llamamiento del Padre para venir a salvación en el presente siglo, la cual debe ser perfecta ante Dios, siendo que esto abarca e incluye todo lo que se ofrezca para la obra de la iglesia de Dios. 


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