58. Entonces se debe comer el matza con hierbas amargas (Éx. 12:8; Nm. 9:11)


 

“Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán”

 

“En el mes segundo, a los catorce días del mes, entre las dos tardes, la celebrarán; con panes sin levadura y hierbas amargas la comerán”

 

Como parte de la celebración de la Pascua, además de comer el cordero pascual, sombra del sacrificio redentor de Jesús, Dios estableció como parte del pacto con Su pueblo que de igual forma esa noche habría acompañarse aquello con panes sin levadura, matza, y con hierbas amargas.

 

El cordero pascual, como es bien sabido, tipificaba el sacrificio redentor de nuestro Señor Jesucristo, “porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5:7), la cuestión relativa a comerla implicaba ese deseo subyacente de hacerse uno con nuestro Señor aceptando Su sacrificio, pero ¿qué pueden simbolizar los panes sin levadura y las hierbas amargas que acompañaban la cena del cordero pascual?

 

Pascua es la primer fiesta que abre el calendario festivo del pueblo de Dios, inmediatamente después inicia la semana que se conoce como la fiesta de los Panes sin levadura. Pascua y Panes sin levadura estaban tan íntimamente ligados que en muchas ocasiones se consideraban una sola fiesta y así se denominaba ya que Pascua era el 14 de Nisán o Abib e inmediatamente el 15 de Nisán o Abib iniciaba la fiesta de Panes sin levadura la cual se extendían por siete días.

 

La fiesta de la Pascua, inicia el calendario de las fiestas de Dios. Esta fiesta era celebrada por el Pueblo de Israel, conforme a la ordenanza, el 14 de Nisán. Nisán era el primer mes del calendario dado por Dios a Su pueblo, como es un calendario luni-solar no corresponde exactamente con el nuestro calendario actual, por lo que el mes de Nisán cae entre marzo y abril cada año, siendo que específicamente el 14 de Nisán puede caer en Marzo o en Abril cada año. Nisán abre el calendario dado por Dios a Su pueblo precisamente cuando la vida comienza de nuevo cada año, en lo que conocemos con primavera. La Pascua, así como las restantes fiestas que caen en primavera - Panes sin levadura, Primicias, y Pentecostés- marcan, al igual que las cosechas tempranas de esa estación, ese inicio con el que Jesús abrió la consumación del plan de Dios, el resto de las fiestas - Trompetas, Expiación, y Tabernáculos- de manera significativa caen en otoño, época de la recolección final de los frutos de la tierra, con lo que se cumplimenta el plan de nuestro Creador.

 

De manera trascendental la Pascua es una sombra del sacrificio redentor que en su momento haría por toda la humanidad. Pascua (פסחא, Pesaj), significa Pasar en referencia a cuando el ángel de la muerte pasó por alto las casas de los hebreos que habían marcado sus muertas con la sangre del cordero evitando la muerte de sus primogénitos cuando cayó la décima plaga sobre Egipto, esto es sombra del sacrificio de Cristo cuando derramando Su sangre nos libró de la esclavitud del pecado y nos salvó de la muerte.

 

Por su parte, la fiesta de los panes sin levadura (matzot, palabra plural que deriva de matzo,  מַצָּה, y que significa panes ázimos o panes sin levadura), era una conmemoración que iba unida a la celebración de la Pascua, la cual como ya vimos se celebraba el 14 de Nisán, y deriva su nombre de la obligación de comer en el lapso de la fiesta panes sin levadura. Los Panes sin levadura, segunda fiesta de primavera, se celebraba por siete días, desde 15 y hasta el 21 de Nisán (Levítico 23:6; Números  28:17) – Nisán, como ya se comentó, puede caer en Marzo o en Abril cada año-, aunque como podemos ver los Panes sin levadura estaban íntimamente unidos con la Pascua, en la cual también se comía junto con el Cordero Pascual panes sin levadura: “Esa noche comerán la carne asada al fuego, con hierbas amargas y pan sin levadura” (Éxodo 12:8), por eso en Éxodo 12:18 se señala que “en el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde”.

 

Si bien los Panes sin levadura se observaba como fiesta del 15 al 21 de Nisán, sólo el primer día y el último, es decir, el 15 y el 21, eran de reposo en los cuales no se hacía ningún trabajo (Levítico 23:7-8; Números 28:18-25).

 

Como puede verse, los Panes sin levadura consistía principalmente en dos condicionantes: comer panes sin levadura y retirar de todas las casas en esos días la levadura que en su interior pudiera encontrarse. Tan importante era esto que cualquiera que comiere pan con levadura debía ser cortado de la congregación (Éxodo 12:19).

 

La levadura es un símbolo del pecado. Mateo 16:5-12 lo explica:

Llegando sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan.

Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.

Ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan.

Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan?

¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis?

10 ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?

11 ¿Cómo es que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?

12 Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.

 

El no comer nada leudado y el retirar de nuestras casas la levadura es un símbolo de la vida perfecta (Mateo 5:48) y santa (1 Pedro 1:16) a la que el cristiano está siendo llamado.

 

Esta característica de esta segunda festividad debería permitir ver la relación que existe entre ésta y la Pascua ya que en ambas se comen panes sin levadura: ambas están íntimamente relacionadas, como ya se comentó, y la relación inherente que puede verse es que la vida del cristiano nacido de nuevo, Panes sin levadura, está íntimamente relacionada, gira en torno y es posible por el sacrificio redentor de nuestro Señor Jesús, Pascua.

 

Es por eso que comer en la Pascua los panes sin levadura establece ese enlace, esa relación entre ambas festividades, pero si esto es así ¿qué pueden significar las hierbas amargas?

 

Tradicionalmente se considera que las hierbas amargas  simbolizan la amargura y las penalidades de la esclavitud sufrida por los judíos en el Antiguo Egipto, pero no hay ninguna cita en la Escritura que apoye esta interpretación. Según la Hagadá, el texto tradicional que se recita en el Seder — (en hebreo: סֵדֶר, "orden", "colocación") se refiere al ritual judío celebrado en la primera noche de la Pascua (el día 14 de Nisán)— y que define la forma y las costumbres del Seder, las hierbas amargas — en hebreo מר, maror, "amargo"— simboliza la amargura de la esclavitud en Egipto, para ello se sustentan en Éxodo 1:14 que señala "y amargaron sus vidas con trabajos forzados, con mortero y ladrillos y con toda clase de trabajo en el campo; cualquier trabajo que les obligaran a hacer era con trabajos forzados". Pero, de nueva cuenta, no hay una cita que sustente esta interpretación, por otro lado ¿qué simbolismo habría de tener el comer esas hierbas amargas?, si comer el Cordero simboliza buscar ser como nuestro Redentor, si comer los panes sin levadura simboliza esa actitud del nacido de nuevo de buscar esa vida de santidad a la que estamos llamados, ¿qué podrá significar comer las hierbas amargas si es que esas simbolizan la esclavitud de Egipto?, ¿acaso la actitud del nacido de nuevo de vivir en aquella esclavitud? No tiene mucho sentido, pero entonces la pregunta subsiste ¿qué pueden significar esas hierbas amargas que se comen junto con el cordero pascual y los panes sin levadura?

Si uno permite que sea la misma Escritura la que se interprete a sí misma, muchas cuestiones que están en la Palabra adquieren significado. De igual forma esa comprensión debe ser congruente, es decir, encajar armónicamente con el todo. 

Sobre esto último entiéndase que una cosa es el cordero pascual y otra los panes sin levadura y las hierbas amargas que le acompañan, de hecho la manera en qué está redactada esa ordenanza así lo presenta, luego entonces los panes sin levadura y las hierbas amargas forman parte de una comprensión adicional que debe verse a la luz del cordero pascual, pero ¿cuál es esa comprensión?

Como ya se comentó, los panes sin levadura representan esa actitud del nacido de nuevo de vivir conforme al llamamiento al que se ha respondido, de esa forma las hierbas amargas deben ir en la misma linea, a saber: simbolizar algo de la naturaleza de todo cristiano, algo real es decir existente, algo actual no pasado como la explicación de la esclavitud de Egipto, algo que permita entender en uno lo relativo al llamamiento al que se ha respondido cuando se ha aceptado a Cristo, nuestra Pascua, como nuestro salvador.

En este caso, yendo por partes, la hierba simboliza en la Escritura al hombre en lo particular y a la humanidad en lo general.

 

Isaías 40:6

Una voz dijo: Clama. Entonces él respondió: ¿Qué he de clamar? Toda carne es hierba, y todo su esplendor es como flor del campo.

 

1 Pedro 1:24

Porque Toda carne es como la hierba, Y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba: Secóse la hierba, y la flor se cayó

 

2 Reyes 19:26

Sus habitantes, faltos de fuerzas, fueron desalentados y humillados; vinieron a ser como la vegetación del campo y como la hierba verde, como la hierba en los techos que se quema antes de que haya crecido.

 

Salmos 103:15

El hombre, como la hierba son sus días; como la flor del campo, así florece;

 

Así que ya se tiene esa primer parte del simbolismo de las hierbas amargas, las hierbas simbolizan al hombre, a la humanidad, ahora falta la segunda, ¿qué significará la amargura de las hierbas?

 

La amargura en la Escritura está relacionada con la naturaleza pecaminosa del hombre.

 

Hebreos 12:15

Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados

 

Efesios 4:31-32

Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia. Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo.

 

Hechos 8:23

Porque veo que estás en hiel de amargura y en cadena de iniquidad.

 

Proverbios 17:25

El hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura para la que lo dio a luz.

 

Así que estas hierbas amargas simbolizan la naturaleza pecaminosa del hombre, de esta forma lo que simbolizan esas hierbas amargas que acompañan la cena pascual es que al ir al encuentro de Cristo —comer la Pascua—, al aceptar el llamamiento del Padre para venir a salvación en el presente siglo, aún y cuando en nosotros existirá esa intención de vivir una vida en santidad —panes sin lebvadura— mientras aún militemos en esta carnalidad, en nosotros existirán esas dos naturalezas: aquella que busca vivir la vida de santidad representada como ya se djo por los panes sin levadura, y aquella que nos arrastra en sentido contrario representada por las hierbas amargas, algo así como las dos leyes que en su vida veía Pablo:

 

Romanos 7

¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.

Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.

Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.

10 Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte;

11 porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató.

12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.

13 ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso.

14 Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado.

15 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.

16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.

17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.

18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.

20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.

22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;

23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

24 ¡Miserable de mí!, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

 

Póngase atención en la manera que Pablo termina la disertación anterior cuando señala que lo único que nos librara de esa situación, a saber: de la carnalidad que lucha contra el Espíritu en nosotros, es nuestro Señor realizándose esto a su venida cuando esta mortalidad sea revestida de inmortalidad y esta corrupción sea revestida de incorrupción (1 Corintios 15:53).

 

Con esto puede entenderse el simbolismo de aquel sucedo relatado en Éxodo relativo, precisamente, a unas aguas amargas en el contexto de rebeldía, que son endulzadas por un madero que en ella Moisés hecha, símbolo del madero donde nuestro Señor expiaría nuestros pecados:

 

Éxodo 15

22 E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua.

23 Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara [Amargura].

24 Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?

25 Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó;

26 y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.

27 Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas.


Con esta comprensión puede entenderse una citade Eclesiastés que generalmente es abordada solo de manera natural: "Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe facilmente" (Eclesiastés 4:12). El entendimiento natural de esto es más que evidente reflejado en aquel dicho popular de que la unión hace la fuerza, pero sobrenaturalmente apunta de manera simbólica a todo lo explicado anteriormente: Dios, como un tejedor, está trabajando en cada uno de nosotros con tres cuerdas: la pascua, es decir, el sacrificio redentor de Jesús que nos redime; los panes sin levadura, es decir esa naturaleza del nacido de nuevo que lo impele a vivir una vida de santidad; y sí: la pecaminosidad de nuestra naturaleza carnal, las hierbas amargas, pues a través de esta experiencia humana estamos aprendiendo, entendiendo y comprendiendo, a un precio muy alto relacionado con el dolor, el sufrimiento y la muerte, las grandes lecciones relativas a la vida divina.


El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de acompañando el cordero pascual se debe comer el matza, los panes sin levadura, con hierbas amargas sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a esas dos naturalezas que en el presente siglo seguirán combatiendo en nuestro interior incluso después de haber aceptado a Cristo, nuestra Pascua, como nuestro redentor: el deseo del Espíritu de vivir una vida de santidad, representado por los panes sin levada, y el deseo de la carne de vivir contrariamente a esto, representado por las hierbas amargas, entendiendo que el codero sacrificado, nuestro Señor, la Pascua alrededor de lo cual todo aquello gira, resolverá a su regreso este conflicto cuando esta corruptibilidad se revista de incorruptibilidad y esto mortal se revista de inmortalidad, conforme a la voluntad del Padre y para Su mayor gloria en Cristo Jesús.

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