56. Entonces se debe usar y comer el cordero la misma noche del decimocuarto día del mes de Nisán (Éx. 12:8)
“Y
aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con
hierbas amargas lo comerán”
La fiesta de la Pascua,
inicia el calendario de las fiestas de Dios. Esta fiesta era celebrada por el
Pueblo de Israel, conforme a la ordenanza, el 14 de Nisán. Nisán era el primer
mes del calendario dado por Dios a Su pueblo, como es un calendario luni-solar
no corresponde exactamente con el nuestro calendario actual, por lo que el mes
de Nisán cae entre marzo y abril cada año, siendo que específicamente el 14 de
Nisán puede caer en Marzo o en Abril cada año. Nisán abre el calendario dado
por Dios a Su pueblo precisamente cuando la vida comienza de nuevo cada año, en
lo que conocemos con primavera. La Pascua, así como las restantes fiestas que
caen en primavera - Panes sin levadura, Primicias, y Pentecostés- marcan, al
igual que las cosechas tempranas de esa estación, ese inicio con el que Jesús
abrió la consumación del plan de Dios, el resto de las fiestas - Trompetas, Expiación, y Tabernáculos- de manera significativa
caen en otoño, época de la recolección final de los frutos de la tierra, con lo
que se cumplimenta el plan de nuestro Creador.
De manera trascendental la
Pascua es una sombra del sacrificio redentor que en su momento haría por toda
la humanidad. Pascua (פסחא, Pesaj), significa Pasar en referencia a cuando el ángel de la muerte pasó por alto
las casas de los hebreos que habían marcado sus muertas con la sangre del
cordero evitando la muerte de sus primogénitos cuando cayó la décima plaga
sobre Egipto, esto es sombra del sacrificio de Cristo cuando derramando Su
sangre nos libró de la esclavitud del pecado y nos salvó de la muerte.
Al igual que el cordero
pascual, Cristo es seleccionado el día 10 de Nisán. El 9 de Nisán Jesús estaba
en Betania (Juan 12:1), al día siguiente, 10 de Nisán, va a Jerusalén y la gente lo aclama como el
que viene en el nombre del Señor, como el rey de Israel (Juan 12:12-13).
La idea de tener el
cordero pascual desde el 10 y hasta el 14 de Nisan era para inspeccionarlo y
estar seguro que cumplía los requisitos dados de ser sin defecto, esto inicia
cuando el 10 de Nisán Jesús echa a los mercaderes del Templo y es cuestionado
por los sacerdotes por hacer eso, es decir, lo estaban examinando, dando Jesús
en sus respuestas prueba de ser sin defecto alguno (Mateo 21:23-27; 22:35-40),
esta examinación no terminaría sino hasta su sacrificio el día 14 de Nisán. Y
todavía previo a este sería revisado por Anás, sumo sacerdote del Sanedrín
(Juan 18:12-14), por Caifás, sumo sacerdote del Sanedrín (Mateo 26:57-68), por
Herodes, rey de Judea (Lucas 23:6-12), y por Pilato, prefecto de la provincia
de Judea (Mateo 27: 1-2, 11-14), en este sentido claramente este último,
Pilato, llega a decir “No encuentro delito en este hombre” (Lucas 23:4).
Jesús celebró la Santa
Cena al inicio del 14 de Nisán (Mateo 26:20), fue muerto en la cruz el 14 de
Nisán entre dos tardes (Mateo 27:50, 57-60), fue muerto en Jerusalén, dónde
Dios había establecido se celebrara la Pascua (Juan 12:12, 19:4; Marcos 15:25)
aunque fuera de sus puertas como ofrenda por el pecado (Levítico 4:12), y no se
le quebró hueso alguno (Juan 19:36). La sombra de comer la carne del cordero
pascual –lo cual sólo podía hacerlo todo siervo comprado (1 Timoteo 2:6; Romanos
3:25; Hebreos 10:12)- se clarifica cuando “Jesús [ ] dijo: De cierto, de cierto
os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no
tenéis vida en vosotros” (Juan 6:53).
Sobre esto, el profeta
Isaías predijo el sacrificio supremo de Jesucristo: al señalar que “más él
herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de
nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).
Isaías profetizó además que “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”
(v. 6). El Mesías iba a ser “angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como
cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores,
enmudeció, y no abrió su boca” (v. 7). “Por cárcel y por juicio fue quitado; y
su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los
vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido” (v. 8).
El rey David, cuyos
escritos se remontan unos 1.000 años antes de la muerte de Cristo, también
profetizó sobre la humillación y el dolor insoportable que sufriría Jesús
durante su crucifixión: “más yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los
hombres, y despreciado del pueblo. Todos
los que me ven me escarnecen” (Salmos 22:6-7). “He sido derramado como aguas, y
todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en
medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a
mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte. Porque perros me han rodeado; me ha cercado
cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis
huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan” (Salmos 22: 14-17).
Los alcances de este
sacrificio, si bien estaban contenidos en sombra en la celebración de la pascua
judía, serían claramente expuestos en los primeros años de la iglesia de Dios.
Pedro hablando al respecto señalo sobre Jesús en 1 Pedro 2:24 que “llevó él
mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando
muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis
sanados”. Pablo escribiendo a los Hebreos señaló en cuanto a Jesús que “en la
consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio
de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9:26); escribiendo a los Romanos señaló que “Cristo,
cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6),
escribiendo a los Corintios les dijo que “nuestra pascua, que es Cristo, ya fue
sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5:7).
Si bien la reconciliación
que el sacrificio redentor de Jesús con su muerte nos ganó ante el Padre, el
efecto pleno de esto excede incluso lo que pudiéramos decir o pensar: ser parte
de Su familia divina (Efesios 2:19) como reyes y sacerdotes (Revelación 5:10) y
coheredar con Jesús todas las cosas (Romanos 8:32).
Por último, tanto con la
sombra del Antiguo Testamento como con la plenitud del Nuevo, podemos leer de
nuevo los Salmos que en la Pascua se cantaban y entender con mayor profundidad
el mensaje que ellos contenían. A los Salmos 113-118 se les denomina
tradicionalmente los “Salmos Hallel” y al Salmo 136 “Gran Hallel”, pues tienen que
ver con la alabanza a Dios por la liberación de la esclavitud egipcia bajo
Moisés. Por esta razón, estos salmos forman una parte importante del culto
tradicional de la Pascua. Por costumbre judía los primeros dos (113-114) se
cantan antes de la cena de la Pascua, y los últimos cuatro (115-118) después. El
Salmo 136 era el de mayor solemnidad y el conclusivo de la Pascua. No cabe duda
que se tratan de los himnos que Jesús y sus discípulos cantaron en la noche en
que instituyó la Cena del Señor (Mateo 26:30).
Antes de la Cena de la
Pascua
Salmo 113
1
Alabad, siervos de Jehová,
Alabad
el nombre de Jehová.
2 Sea el
nombre de Jehová bendito
Desde ahora y para siempre.
3 Desde el
nacimiento del sol hasta donde se pone,
Sea alabado el nombre de Jehová.
4 Excelso
sobre todas las naciones es Jehová,
Sobre los cielos su gloria.
5 ¿Quién
como Jehová nuestro Dios,
Que se sienta en las alturas,
6 Que se
humilla a mirar
En el cielo y en la tierra?
7 El
levanta del polvo al pobre,
Y al menesteroso alza del muladar,
8 Para
hacerlos sentar con los príncipes,
Con los príncipes de su pueblo.
9 El hace
habitar en familia a la estéril,
Que se goza en ser madre de hijos.
Aleluya.
Salmo 114
1
Cuando salió Israel de Egipto,
La
casa de Jacob del pueblo extranjero,
2 Judá vino
a ser su santuario,
E Israel su señorío.
3 El mar lo
vio, y huyó;
El Jordán se volvió atrás.
4 Los
montes saltaron como carneros,
Los collados como corderitos.
5 ¿Qué
tuviste, oh mar, que huiste?
¿Y tú, oh Jordán, que te volviste atrás?
6 Oh
montes, ¿por qué saltasteis como carneros,
Y vosotros, collados, como corderitos?
7 A la
presencia de Jehová tiembla la tierra,
A la presencia del Dios de Jacob,
8 El cual
cambió la peña en estanque de aguas,
Y en fuente de aguas la roca.
Después de la Cena de la
Pascua
Salmo 115
1
No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros,
Sino
a tu nombre da gloria,
Por
tu misericordia, por tu verdad.
2 ¿Por qué
han de decir las gentes:
¿Dónde está ahora su Dios?
3 Nuestro
Dios está en los cielos;
Todo lo que quiso ha hecho.
4 Los
ídolos de ellos son plata y oro,
Obra de manos de hombres.
5 Tienen
boca, mas no hablan;
Tienen ojos, mas no ven;
6 Orejas
tienen, más no oyen;
Tienen narices, mas no huelen;
7 Manos
tienen, mas no palpan;
Tienen pies, mas no andan;
No hablan con su garganta.
8 Semejantes
a ellos son los que los hacen,
Y cualquiera que confía en ellos.
9 Oh
Israel, confía en Jehová;
Él es tu ayuda y tu escudo.
10 Casa de
Aarón, confiad en Jehová;
Él es vuestra ayuda y vuestro escudo.
11 Los que
teméis a Jehová, confiad en Jehová;
Él es vuestra ayuda y vuestro escudo.
12 Jehová se
acordó de nosotros; nos bendecirá;
Bendecirá a la casa de Israel;
Bendecirá a la casa de Aarón.
13 Bendecirá
a los que temen a Jehová,
A pequeños y a grandes.
14 Aumentará
Jehová bendición sobre vosotros;
Sobre vosotros y sobre vuestros hijos.
15 Benditos
vosotros de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra.
16 Los
cielos son los cielos de Jehová;
Y ha dado la tierra a los hijos de los hombres.
17 No
alabarán los muertos a JAH,
Ni cuantos descienden al silencio;
18 Pero
nosotros bendeciremos a JAH
Desde ahora y para siempre.
Aleluya.
Salmo 116
1 Amo a
Jehová, pues ha oído
Mi
voz y mis súplicas;
2 Porque ha
inclinado a mí su oído;
Por tanto, le invocaré en todos mis días.
3 Me
rodearon ligaduras de muerte,
Me encontraron las angustias del Seol;
Angustia y dolor había yo hallado.
4 Entonces
invoqué el nombre de Jehová, diciendo:
Oh Jehová, libra ahora mi alma.
5 Clemente
es Jehová, y justo;
Sí, misericordioso es nuestro Dios.
6 Jehová
guarda a los sencillos;
Estaba yo postrado, y me salvó.
7 Vuelve,
oh alma mía, a tu reposo,
Porque Jehová te ha hecho bien.
8 Pues tú
has librado mi alma de la muerte,
Mis ojos de lágrimas,
Y mis pies de resbalar.
9 Andaré
delante de Jehová
En la tierra de los vivientes.
10 Creí; por
tanto hablé,
Estando afligido en gran manera.
11 Y dije en
mi apresuramiento:
Todo hombre es mentiroso.
12 ¿Qué
pagaré a Jehová
Por todos sus beneficios para conmigo?
13 Tomaré la
copa de la salvación,
E invocaré el nombre de Jehová.
14 Ahora
pagaré mis votos a Jehová
Delante de todo su pueblo.
15 Estimada
es a los ojos de Jehová
La muerte de sus santos.
16 Oh
Jehová, ciertamente yo soy tu siervo,
Siervo tuyo soy, hijo de tu sierva;
Tú has roto mis prisiones.
17 Te
ofreceré sacrificio de alabanza,
E invocaré el nombre de Jehová.
18 A Jehová
pagaré ahora mis votos
Delante de todo su pueblo,
19 En los
atrios de la casa de Jehová,
En medio de ti, oh Jerusalén.
Aleluya.
Salmo 117
1 Alabad a
Jehová, naciones todas;
Pueblos
todos, alabadle.
2 Porque ha
engrandecido sobre nosotros su misericordia,
Y la fidelidad de Jehová es para siempre.
Aleluya.
Salmo 118
1 Alabad a
Jehová, porque él es bueno;
Porque
para siempre es su misericordia.
2 Diga
ahora Israel,
Que para siempre es su misericordia.
3 Diga
ahora la casa de Aarón,
Que para siempre es su misericordia.
4 Digan
ahora los que temen a Jehová,
Que para siempre es su misericordia.
5 Desde la angustia
invoqué a JAH,
Y me respondió JAH, poniéndome en lugar espacioso.
6 Jehová
está conmigo; no temeré
Lo que me pueda hacer el hombre.
7 Jehová
está conmigo entre los que me ayudan;
Por tanto, yo veré mi deseo en los que me aborrecen.
8 Mejor es
confiar en Jehová
Que confiar en el hombre.
9 Mejor es
confiar en Jehová
Que confiar en príncipes.
10 Todas las
naciones me rodearon;
Mas en el nombre de Jehová yo las destruiré.
11 Me
rodearon y me asediaron;
Mas en el nombre de Jehová yo las destruiré.
12 Me
rodearon como abejas; se enardecieron como fuego de espinos;
Mas en el nombre de Jehová yo las destruiré.
13 Me
empujaste con violencia para que cayese,
Pero me ayudó Jehová.
14 Mi
fortaleza y mi cántico es JAH,
Y él me ha sido por salvación.
15 Voz de júbilo
y de salvación hay en las tiendas de los justos;
La diestra de Jehová hace proezas.
16 La
diestra de Jehová es sublime;
La diestra de Jehová hace valentías.
17 No
moriré, sino que viviré,
Y contaré las obras de JAH.
18 Me
castigó gravemente JAH,
Mas no me entregó a la muerte.
19 Abridme
las puertas de la justicia;
Entraré por ellas, alabaré a JAH.
20 Esta es
puerta de Jehová;
Por ella entrarán los justos.
21 Te
alabaré porque me has oído,
Y me fuiste por salvación.
22 La piedra
que desecharon los edificadores
Ha venido a ser cabeza del ángulo.
23 De parte
de Jehová es esto,
Y es cosa maravillosa a nuestros ojos.
24 Este es
el día que hizo Jehová;
Nos gozaremos y alegraremos en él.
25 Oh
Jehová, sálvanos ahora, te ruego;
Te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora.
26 Bendito
el que viene en el nombre de Jehová;
Desde la casa de Jehová os bendecimos.
27 Jehová es
Dios, y nos ha dado luz;
Atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar.
28 Mi Dios
eres tú, y te alabaré;
Dios mío, te exaltaré.
29 Alabad a
Jehová, porque él es bueno;
Porque para siempre es su misericordia.
Conclusivo de la Pascua
Salmo 136
1 Alabad a
Jehová, porque él es bueno,
Porque
para siempre es su misericordia.
2 Alabad al
Dios de los dioses,
Porque para siempre es su misericordia.
3 Alabad al
Señor de los señores,
Porque para siempre es su misericordia.
4 Al único
que hace grandes maravillas,
Porque para siempre es su misericordia.
5 Al que
hizo los cielos con entendimiento,
Porque para siempre es su misericordia.
6 Al que
extendió la tierra sobre las aguas,
Porque para siempre es su misericordia.
7 Al que
hizo las grandes lumbreras,
Porque para siempre es su misericordia.
8 El sol
para que señorease en el día,
Porque para siempre es su misericordia.
9 La luna y
las estrellas para que señoreasen en la noche,
Porque para siempre es su misericordia.
10 Al que
hirió a Egipto en sus primogénitos,
Porque para siempre es su misericordia.
11 Al que
sacó a Israel de en medio de ellos,
Porque para siempre es su misericordia.
12 Con mano
fuerte, y brazo extendido,
Porque para siempre es su misericordia.
13 Al que
dividió el Mar Rojo en partes,
Porque para siempre es su misericordia;
14 E hizo
pasar a Israel por en medio de él,
Porque para siempre es su misericordia;
15 Y arrojó
a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo,
Porque para siempre es su misericordia.
16 Al que
pastoreó a su pueblo por el desierto,
Porque para siempre es su misericordia.
17 Al que
hirió a grandes reyes,
Porque para siempre es su misericordia;
18 Y mató a
reyes poderosos,
Porque para siempre es su misericordia;
19 A Sehón
rey amorreo,
Porque para siempre es su misericordia;
20 Y a Og
rey de Basán,
Porque para siempre es su misericordia;
21 Y dio la
tierra de ellos en heredad,
Porque para siempre es su misericordia;
22 En
heredad a Israel su siervo,
Porque para siempre es su misericordia.
23 Él es el
que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros,
Porque para siempre es su misericordia;
24 Y nos
rescató de nuestros enemigos,
Porque para siempre es su misericordia.
25 El que da
alimento a todo ser viviente,
Porque para siempre es su misericordia.
26 Alabad al
Dios de los cielos,
Porque para siempre es su misericordia.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe usar y comer el
cordero pascual la misma noche del decimocuarto día del mes de Nisán sigue
vigente, más sin embargo espiritualizado referido al sacrificio redentor que en
su momento haría nuestro Señor Jesús para redimir a toda la humanidad de sus
pecados.

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