52. Se debe celebrar a Dios tres fiestas al año (Éx. 23:14)

 

“Tres veces en el año me celebraréis fiesta”

 

Las fiestas dadas por Dios a Su pueblo sirvieron en el Antiguo Testamento para tipificar, a manera de sombras, lo que comenzaría a realizarse en la humanidad a partir del sacrificio redentor de Jesús, siendo que cada fiesta tiene un significado específico que escrito fue para nuestra enseñanza.

 

En este sentido todas las fiestas son importantes ya que cada una concatena con la otra y todas cumplen el propósito de Dios para con la humanidad. Con todo y todo hay una cita que debemos tener en cuenta para llegar a la comprensión final de las fiestas.

 

Tres veces cada año se presentarán todos tus varones tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías (Deuteronomio 16:16)

 

Tal vez en este punto alguien pudiera preguntarse por qué, si todas las fiestas son importantes, todas son solemnes, todas son decretadas por Dios, por qué solamente tres de ellas implicaba el presentarse cada año en el lugar que Dios había designado para ello, es decir, Jerusalén. En este punto del estudio es que se puede llegar a entender esto.

 

Para llegar a comprender esto, lo que debemos llegar a entender es qué tienen de común estas tres fiestas, qué relación existe entre ellas, qué característica las conecta.

 

Comencemos con Panes sin levadura. Panes sin levadura, como se vio en su momento, apunta hacia la vida que todo cristiano debe vivir alejado del pecado centrando esto alrededor de la figura salvífica de Jesús. Visto así no hay un evento específico que pudiéramos encontrar en esta fiesta ya que su referencia apunta a toda la vida de todo cristiano, pero si recordamos, cuando se analizó esta fiesta, se vio un evento extraordinario que puntualmente se verificó en la semana correspondiente a esta fiesta que inició después de la Pascua en que Jesús fue crucificado, este evento al que nos estamos refiriendo, y que curiosamente tuvo verificativo a la mitad de aquella semana, fue la ascensión de Jesús al Padre.  Esta ascensión está representada por la fiesta de las Primicias que bien pudo haber caído en cualquier día de esa semana posterior a la muerte de Jesús, conocida como la Fiesta de los panes sin levadura, pero providencialmente cayó a la mitad exacta de la semana. El hecho de que la ascensión de Jesús al Padre se hubiese efectuado exactamente a la mitad de aquella semana es sumamente significativo como símbolo de que toda a vida del cristiano debe girar en torno a la figura salvadora de Jesús. Así que ya tenemos el evento puntual específico que sucedió en aquella semana de los Panes sin levadura posterior a la muerte de Jesús.

 

La otra fiesta que Deuteronomio 16:16 menciona como para presentarse ante Dios es la de las semanas que, como ya se comentó cuando se abordó, se refiere a la fiesta de Pentecostés. De nueva cuenta, ¿qué evento puntual y específico ocurrió en aquella fiesta de Pentecostés después de la muerte y resurrección de Jesús y su ascensión al Padre? La respuesta es la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y Discípulos. Sobre esto, como ya se vio, la fiesta de las Primicias cayó a mitad de la fiesta de Panes sin levadura y aquella fiesta se ofrecía un pan sin levadura, representando Jesús, por otra parte en Pentecostés se ofrecían dos panes, señalando los dos pueblos que como parte de la iglesia de Dios habían llegado a ser uno, el judío y el gentil, panes que sí contenían levadura, por ser aún imperfectos y estar sujetos al pecado. En ambas fiestas los panes se ofrecían, se presentaban, al Padre.

 

Por último la fiesta de Tabernáculos, como ya se vio cuando se abordó, tiene un primer referente de la sombra representativa a cumplimentarse en un futuro cuando Jesús y el Padre habiten entre nosotros, pero de igual forma tiene un segundo referente a de la sombra representativa a cumplimentarse en un nosotros al llegar a ser tabernáculos, llegando así a estar todos ante el Padre.

Vistas así podemos determinar precisamente lo que tienen en común, la relación que existe, la característica que conecta estas tres fiestas que menciona Deuteronomio 16:16 –Panes sin levadura, Pentecostés y Tabernáculos-, siendo esto los tres momentos clave del plan de Dios en que Él va conformando Su familia: Jesús en Panes sin levadura, Su iglesia en Pentecostés, y el resto de la humanidad en Tabernáculos. Aquí la clave estriba en el mensaje inicial contenido en Deuteronomio 16:16 “se presentarán… delante de Jehová”: “Tres veces cada año se presentarán todos tus varones tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere…”

 

A la mitad de la fiesta de Panes sin levadura Jesús se presentó al Padre. De hecho cuando María Magdalena quiso tocarlo en esa mañana de domingo Jesús le aclaró que no lo tocara pues aún no había subido [no se había presentado] al Padre (Juan 20:17). Posteriormente, en Pentecostés, con la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y Discípulos, la iglesia naciente, la la iglesia de Dios, fue presentada al Padre. Por último, en Tabernáculos, el resto de la humanidad está en la presencia del Padre, cuando ya todas las cosas ha sido restauradas y todo sujetado a sus pies para que Él sea todo en todos.

 

Estas tres fiestas apuntan hacia una  vida de perfección y santidad, Panes sin levadura para la figura de Jesús, Pentecostés para la iglesia recogida en la primera siega y Tabernáculos para el resto de la humanidad recogida al cumplimiento del plan de Dios. En otras palabras las fiestas de Deuteronomio 16:16 apuntan al proceso de Dios para cumplimentar Su familia: Uno (Jesús: Primicias en Panes sin lavadura), algunos (Su iglesia: en Pentecostés), todos (resto de la humanidad, todos: en Tabernáculos):

 

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos (Romanos 8:29)

 

No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes (Romanos 9:8)

 

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.  Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es (1 Juan 3:1-2)

 

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.  Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!  El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.  Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados (Romanos 8:14-17)

 

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,  para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.  Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!  Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo (Gálatas 4:4-7)

 

En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,  para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado (Efesios 1:5-6)

 

Así pues, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino que son conciudadanos de los santos y son de la familia de Dios (Efesios 2:19)

 

Las siete fiestas solemnes de Dios apuntan a Su plan para con la humanidad, pero Dios es un Dios de resultados, por lo que las fiestas de Deuteronomio 16:16 específicamente apuntan a los tres momentos en que ese plan se va cumplimentando con uno-algunos-todos, es decir, apuntan a los resultados que indubitablemente Dios cumple, realiza y logra.

 

Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié (Isaías 55:11)

 

Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿Lo ha dicho El, y no lo hará?, ¿ha hablado, y no lo cumplirá? (Números 23:19)

 

Secase la hierba, marchitase la flor, más la palabra del Dios nuestro permanece para siempre (Isaías 40:8)

 

Por mí mismo he jurado, ha salido de mi boca en justicia una palabra que no será revocada: Que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua jurará lealtad (Isaías 45:23)

 

Que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: ``Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré” (Isaías 46:10)

 

Para siempre, oh Jehová, tu palabra está firme en los cielos (Salmos 119:89)

 

Alzad vuestros ojos a los cielos, y mirad la tierra abajo; porque los cielos como humo se desvanecerán, y la tierra como un vestido se gastará. Sus habitantes como mosquitos morirán, pero mi salvación será para siempre, y mi justicia no menguará (Isaías 51:6)

 

Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla (Mateo 5:18)

 

Mirando de manera completa el plan de Dios para con la humanidad, uno puede creer que esto no sólo es difícil sino incluso imposible considerando nuestras debilidades, nuestras rebeldías, nuestras cobardías y nuestros pecados, pero lo que es imposible para el hombre es posible para Dios (Mateo 19:26; Lucas 18:27), “porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;  no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9):

 

Tuya es, Señor, la salvación; ¡envía tu bendición sobre tu pueblo! (Salmos 3:8)

 

Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. (Salmos 62:1)

 

Tú me cubres con el escudo de tu salvación, y con tu diestra me sostienes; tu bondad me ha hecho prosperar (Salmos 18:35)

 

Dios es mi salvación y mi gloria; es la roca que me fortalece; ¡mi refugio está en Dios! (Salmos 62:7)

 

Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias… Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová (Salmos 34:17, 19)

 

Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.  Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.  Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos (Salmos 18:1-3)

 

El Señor libra a sus siervos; no serán condenados los que en él confían (Salmos 34:22)

 

Encamíname en tu verdad, ¡enséñame! Tú eres mi Dios y Salvador; ¡en ti pongo mi esperanza todo el día! (Salmos 25:5)

 

Restáuranos, Señor, Dios Todopoderoso; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos (Salmos 80:19)

 

Oh Dios y salvador nuestro, por la gloria de tu nombre, ayúdanos; por tu nombre, líbranos y perdona nuestros pecados (Salmos 79:9)

 

Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer! (Salmos 62:2)

 

Que irradie tu faz sobre tu siervo; por tu gran amor, sálvame (Salmos 31:16)

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe celebrar a Dios tres fiestas al año sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a los tres momentos del  proceso de Dios para cumplimentar Su familia: Uno (Jesús: Primicias en Panes sin lavadura), algunos (Su iglesia: en Pentecostés), todos (resto de la humanidad, todos: en Tabernáculos), conforme a Su voluntad y para Su mayor gloria en Cristo Jesús.


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