43. Se debe ofrecer un servicio religioso en cada uno de los siete días de la Pascua (Lv. 23:36)
“Siete días ofreceréis ofrenda encendida a
Jehová; el octavo día tendréis santa convocación, y ofreceréis ofrenda
encendida a Jehová; es fiesta, ningún trabajo de siervos haréis”.
La
fiesta de los panes sin levadura (matzot, palabra plural que deriva de matzo, מַצָּה, y que significa
panes ázimos o panes sin levadura), era una conmemoración que iba unida a la
celebración de la Pascua, la cual como ya vimos se celebraba el 14 de Nisán, y
deriva su nombre de la obligación de comer en el lapso de la fiesta panes sin
levadura. Los Panes sin levadura, segunda fiesta de primavera, se celebraba por
siete días, desde 15 y hasta el 21 de Nisán (Levítico 23:6; Números 28:17) – Nisán, puede caer en Marzo o en
Abril cada año-, aunque como podemos ver los Panes sin levadura estaban
íntimamente unidos con la Pascua, en la cual también se comía junto con el
Cordero Pascual panes sin levadura: “Esa noche comerán la carne asada al fuego,
con hierbas amargas y pan sin levadura” (Éxodo 12:8), por eso en Éxodo 12:18 se
señala que “en el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día
catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde”.
Si
bien los Panes sin levadura se observaba como fiesta del 15 al 21 de Nisán,
sólo el primer día y el último, es decir, el 15 y el 21, eran de reposo en los
cuales no se hacía ningún trabajo (Levítico 23:7-8; Números 28:18-25).
Como
puede verse, los Panes sin levadura consistía principalmente en dos
condicionantes: comer panes sin levadura y retirar de todas las casas en esos
días la levadura que en su interior pudiera encontrarse. Tan importante era
esto que cualquiera que comiere pan con levadura debía ser cortado de la
congregación (Éxodo 12:19).
La
levadura es un símbolo del pecado. Mateo 16:5-12 lo explica:
5 Llegando
sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan.
6 Y Jesús
les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los
saduceos.
7 Ellos
pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan.
8 Y
entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de
poca fe, que no tenéis pan?
9 ¿No
entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil
hombres, y cuántas cestas recogisteis?
10 ¿Ni de
los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?
11 ¿Cómo es
que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la
levadura de los fariseos y de los saduceos?
12 Entonces
entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan,
sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.
El
no comer nada leudado y el retirar de nuestras casas la levadura es un símbolo
de la vida perfecta (Mateo 5:48) y santa (1 Pedro 1:16) a la que el cristiano
está siendo llamado.
Pablo
escribiendo a los Corintios les indica esto al señalar “No es buena vuestra
jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos,
pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois;
porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja
levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin
levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:6-8)
Éxodo
23:15 y Deuteronomio 16:3 señalan el simbolismo detrás de esta fiesta: el que
el señor sacó a Su pueblo de la esclavitud en que vivía en la tierra de Egipto.
Éxodo 20:2 señala como es que Dios se presenta como “Yo soy Jehová tu Dios, que
te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre”, esa servidumbre es el
dominio que hasta el sacrificio redentor de Jesús el pecado tenía sobre
nosotros. Una vez reconciliados por el sacrificio redentor de Jesús,
corresponde a cada cristiano vivir santa y perfectamente, como dice Juan, “si
decimos que tenemos comunión con [Dios], y andamos en tinieblas, mentimos, y no
practicamos la verdad; pero si andamos
en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de
Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:6-7). ¿Y qué pasa
cuando como cristianos, siendo débiles, torpes o cobardes, caemos y pecamos?
“Si confesamos nuestros pecados, [Dios] es fiel y justo para perdonar nuestros
pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
Por
último, Éxodo 23:15 señala un aspecto adicional: nadie debía presentarse con
las manos vacías, es decir, todos debían que traer alguna ofrenda (Números.
28:19-24 señala las ofrendas aceptables). De igual forma, en ese vivir perfecto
y santo al que está llamado todo cristiano que ha aceptado a Jesús como su
salvador, debe dar frutos, “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad,
fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas
5:22-23). Sobre este punto, Pablo escribiendo a los Gálatas les dice “Y no nos cansemos
de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos” (Gálatas
6:9-10), escribiendo a los Hebreos
señala “no os olvidéis de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque de tales
sacrificios se agrada Dios” (Hebreos 13:16), y escribiendo a los Corintios les
indica que “Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que
teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda
buena obra” (2 Corintios 9:8); de igual forma Pedro en su primer epístola señala
“sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de
espíritu humilde” (1 Pedro 3:8-13).
La referencia a ser cortado de Israel
todo aquel que en esa fiesta comiera panes con levadura, es una sombra de la
muerte que trae consigo el vivir en pecado, “porque la paga del pecado es
muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”
(Romanos 6:23).
Ahondando en esto Pablo escribe a los
Corintios diciéndoles (1 Corintios 5:9-13):
9 Os he
escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios;
10 no
absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los
ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del
mundo.
11 Más bien
os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere
fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el
tal ni aun comáis.
12 Porque
¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a
los que están dentro?
13 Porque a
los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre
vosotros
De
todas las fiestas dadas por Jehová a Su pueblo, sólo dos, Panes sin levadura y
Tabernáculos, no tienen un referente temporal único en el Nuevo Testamento, es
decir, todas las fiestas que Israel celebraba en el Antiguo Testamento apuntan
a un momento preciso histórico en la historia de la salvación de la humanidad,
sea ya cumplido o por cumplirse, representado por una fecha exacta para su
cumplimiento, pero no así Panes sin levadura y Tabernáculos, fiestas que duran
siete y siete más un día, respectivamente, esto porque así como la Pascua
señalaba a lo que Jesús tenía que hacer, Panes sin levadura señalan a lo que
todo cristiano tiene que hacer en su vida y que es vivir sin pecado,
simbolizado por la levadura.
De
hecho, mientras que todas las demás fiestas se celebran en un día dado, Panes
sin levadura es la única que abarca un período de tiempo, siete días, donde el
primero y el ultimo son de reposo. Ese periodo de tiempo se refiere a la vida
de cada persona como individuo, la vida de la iglesia como congregación, y la
vida de la humanidad como colectividad, ambos, como ya se comentó, viviendo una
vida de perfección (Mateo 5:48) y santidad (1 Pedro 1:16).
Ahora
bien, la figura de Jesús como redentor y salvador, debe ser el centro de toda
nuestra vida cristiana. Como referente de esto, Cristo es presentado como el
pan sin pecado, sin levadura, del cual debemos alimentarnos como cristianos:
Juan
6:48-49: “Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el
maná, y murieron”.
Juan
6:51: “Yo soy el pan, el vivo, el del cielo descendido; si alguno comiere de
este pan, vivirá por el siglo. Y el pan también que yo daré, la carne mía, es
por la del mundo vida”.
Juan
6:55: “Pues mi carne, verdadera es comida, y mi sangre, verdadera es bebida”.
Juan
6:57: “Según me ha enviado, el vivo, Padre y yo vivo por el Padre, también el
que me come, también aquél vivirá por mí”.
Juan
6:58: “Este es el pan el del cielo descendido; no según comieron los padres, y
murieron; el que come este pan vivirá por el siglo”.
Juan
6:35: “Díjoles Jesús: «Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí, no
hambreará, no; y el que cree en mí, no tendrá sed, no, jamás»”.
Mateo
4:4: “Y él respondiendo dijo: «Escrito está»: No de pan sólo vivirá el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»”.
Mateo
26:26: “Y, comiendo ellos, tomando Jesús pan y bendiciendo, partió, y, dando a
los discípulos, dijo: «Tomad, comed; éste es mi cuerpo»”.
Es
interesante notar, respecto de esto, como es que la ascensión de Jesús al Padre
se lleva a cabo precisamente a la mitad de la semana de los Panes sin levadura.
Jesús muere el 14 de Nisán, en la parte clara, y antes de la puesta de sol es
enterrado. A la puesta de sol comienza la semana de Panes sin levadura, siendo
ese primer día de reposo. La prueba mesiánica de que Jesús estaría enterrado
tres días y tres noches (Mateo 12:38-40) comienza a contar a la puesta de sol
el 14 de Nisán, poco antes del inicio del 15 de Nisán, cumpliéndose los tres
días y las teres noches el 17 de Nisán antes de la puesta del sol. El domingo
las mujeres van al sepulcro estando aún oscuro (ya había transcurrido la parte
oscura del 18 de Nisán), estando por amanecer: “el primer día de la semana
María Magdalena fue temprano al sepulcro, cuando todavía estaba oscuro, y vio
que ya la piedra había sido quitada del sepulcro” (Juan 20:1), “Pero el primer
día de la semana, al rayar el alba, las mujeres vinieron al sepulcro trayendo
las especias aromáticas que habían preparado” (Lucas 24:1). Cuando María
Magdalena ve al Señor y lo quiere tocar “Jesús le dijo: No me toques, porque
aún no he subido a mi Padre; más ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y
a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17), siendo así que para
cuando inicia la parte clara Jesús asciende al Padre con lo que si antes de
caer la noche del día anterior ya había resucitado, sumada la parte oscura del
día previo a su resurrección, tenemos medio día adicional que agregar que nos
da tres días y medio después del inicio de la semana de Panes sin levadura, es
decir, la mitad de la semana, que es cuando asciende al Padre.
Estas
dos primeras fiestas, la Pascua y los Panes sin levadura, están íntimamente
relacionados con las cuestiones de la fe y las obras, ya que por fe somos
justificados (sacrificio de Jesús, Pascua) y llamados a vivir santamente
(buenas obras, Panes sin levadura). Tan íntimamente está ligado esto que, como
ya se comentó, ambas fiestas, la Pascua y los Panes sin levadura estaban
ritualmente unidas, tan así que a la Pascua también se le decía el primer día
de los panes sin levadura (Mateo 26:17) pues en la Pascua también se comían
panes sin levadura (Éxodo 12:8).
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de ofrecer un servicio religioso
en cada uno de los siete días de la Pascua, sigue vigente más sin embargo
espiritualizado referido a la vida de cada persona como individuo, la vida de
la iglesia como congregación, y la vida de la humanidad como colectividad,
ambos, como ya se comentó, viviendo una vida de perfección, con Cristo como
centro de la misma, tal cual corresponde a todo hijo de Dios.

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