41. Se debe ofrecer un sacrificio adicional cada día de reposo (Nm. 28:9)
“Más
el día de Shabat, dos corderos de un año sin defecto, y dos décimas de flor de
harina amasada con aceite, como ofrenda, con su libación”
La
parte central del culto a Dios en el Antiguo Testamento giraba en torno a los
holocaustos, sacrificios y ofrendas que se hacían en el Templo. De estos, había
algunos que estaban pre-ordenados para realizarse en tiempo y forma, como en
este caso la indicación de Números 28:9. Sabemos que todos los sacrificios del
Antiguo Testamento prefiguraban el sacrificio redentor de Cristo.
Todos
los sacrificios ordenados por Dios como parte del culto de Su pueblo en el
Antiguo Testamento señalaban en última instancia al sacrificio redentor de
Jesús, pero Él, pero ¿por qué en Shabat se tenía doble sacrificio?
Si
uno estudia las disposiciones dadas por Dios respecto de los sacrificios
pre-establecidos para con Su pueblo en el Antiguo Testamento podrá darse cuenta
que dependiendo de la falta era lo que se ofrecía, claro: esto sólo en cuanto a
los pecados susceptibles de ser perdonados, con el advenimiento de Cristo todos
esos sacrificios encuentran pleno cumplimiento siendo que su muerte paga por
todas nuestras transgresiones ¡incluso aquellas cuya pena no era un sacrificio
sino era la muerte!
De
esta forma todos aquellos sacrificios tienen cumplimiento pleno en el sacrificio
redentor de Jesús pero como sombra cada uno representaba algo en sí mismo. Esto
pasa con este sacrificio adicional contemplado para el Shabat el cual por
cierto es para el Pueblo de Dios pero para un momento transitorio entre el
siglo presente y el reino venidero.
Los
siete días de la creación prefiguran la historia de la humanidad siendo el séptimo
día, el del Shabat, figura de ese período que iniciara con la segunda venida de
nuestro Señor.
Moisés,
como figura de la Ley, fue quien sacó al Pueblo de Israel de Egipto, pero fue
Josué, como figura de Jesús quien los introduce en la tierra prometida, con
todo y todo Pablo escribiendo a los Hebreos les dice “Porque si Josué les
hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un
reposo para el pueblo de Dios”, esto en referencia al período que iniciará en
lo que se conoce como el Milenio. Mucho podría decirse de esto que se comenta
pero lo interesante son dos cosas: los dos bautismos del pueblo y las dos circuncisiones.
Respecto
de los dos bautismos, en Josué 3 se tiene la narrativa del paso del Pueblo de
Israel por el Jordán, ¿qué significa esto? Pablo en su primer carta a los de
Corinto sobre esto les instruye diciendo “Porque no quiero, hermanos, que
ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el
mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar” (1 Corintios
10:1-2), es así como ese pasar el mar tiene un referente relacionado con el
bautismo. Ahora bien, el Pueblo de Israel pasó en dos ocasiones por el mar de
manera milagrosa: la primera por el Mar Rojo al salir de Egipto (Éxodo 14), la
segunda narrada en Josué 3 por el Jordán. Siguiendo la explicación de Pablo
ambas simbolizan el bautismo, pero ¿por qué dos bautismos?
La
vida cristiana comienza con el bautismo, pero Cristo, en Juan 3, le explica a
Nicodemo que se requieren de nacer del agua y de nacer del Espíritu para entrar
al Reino de Dios. El nacimiento del agua se refiere al bautismo que recibimos
al responder al llamado del Padre para venir a salvación en el presente siglo, pero
el nacimiento del Espíritu no se dará sino hasta el regreso de nuestro Señor
cuando los muertos en Cristo sean resucitados y los que estén vivos transformados
en cuerpos de gloria.
Ahora
bien, con relación a las dos circuncisiones, en Josué se narra la razón por la
que el Pueblo de Israel tuvo que ser circuncidado ante de entrar a la tierra
prometida: “esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo
que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían
muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto. Pues
todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el
pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que hubieron
salido de Egipto, no estaba circuncidado” (Josué 5:4-5). De manera individual
cada israelita sólo puede ser circuncidado una vez en su vida, pero simbólicamente
aquí vemos en la figura del Pueblo de Israel como con unto dos circuncisiones,
¿y qué significado, más allá del símbolo en la carne del Pacto del Pueblo con
Dios, tenía esto? Dios mismo responde cuando al respecto dice “Y Jehová dijo a
Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual el nombre
de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy”.
Así
que los dos bautismos tienen su referente con los dos nacimientos requeridos
para entrar al Reino de Dios: el bautismo del agua, recibido al responder al
llamado del Padre para venir a salvación en el presente siglo, y el bautismo
del Espíritu, a realizarse cuando los muertos en Cristo sean resucitados y los
que estén vivos transformados en cuerpo de gloria. De igual forma las dos circuncisiones
tienen el mismo referente: la primera simboliza el pacto hecho por el pueblo
con Dios, siendo que con el bautismo se quita el oprobio del pecado que pesa
sobre nosotros, la segunda simboliza la transformación final de los elegidos cuando
se quite el oprobio de la corrupción y de la mortalidad: “Porque es necesario
que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de
inmortalidad” (1 Corintios 15:53).
De
esta forma, los dos sacrificios del Shabat mencionados en Números
28:9 apuntan al sacrificio redentor de Cristo quien hace posible las dos
cuestiones mencionadas en el párrafo anterior siendo que, como la figura de Josué,
es por Él por quien entramos finalmente en el reposo del reino venidero
cumpliendo así los dos nacimientos, los dos bautismos y las dos circuncisiones.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe ofrecer un
sacrificio adicional cada día de reposo, sigue vigente más sin embargo
espiritualizado referido al sacrificio redentor de Jesús que nos habilita para
entrar al reino venidero cumpliendo así los dos nacimientos, los dos bautismos
y las dos circuncisiones, tal cual corresponde a todo hijo de Dios.

Comentarios
Publicar un comentario