34. El arca debe ser llevada sobre los hombros de los sacerdotes (Nm. 7:9)
“Pero
a los hijos de Coat no les dio, porque llevaban sobre sí en los hombros el
servicio del santuario”
La
vida itinerante que inicialmente vivió el pueblo de Israel tras la liberación
de su cautividad en Egipto implicó que Dios les diese instrucciones precisas
sobre la manera en que todo lo relacionado con el culto debía ser desplazado,
en el caso del Arca de la Alianza, entre otras indicaciones, se estableció que
sólo los sacerdotes podían cargarla para llevarla de un lado a otro, esto
hablaba de la santidad con que el Arca debía ser tratada, tal como todo lo relacionado
con el culto, pero ¿qué simbolizaba el Arca y por lo tanto que enseñanza
espiritual tiene en la actualidad esta indicación dada en su momento al Pueblo
de Israel?
Para
entender el significado del Arca es necesario saber qué contenía la misma, es
decir, para qué fue hecha, cuál era su finalidad. Es cierto que sobre la misma
Dios se revelaba (v. 22), pero el Arca en sí, ¿qué uso tenía? El versículo 21
menciona que dentro de la misma se pondría el testimonio que Dios mismo daría,
¿cuál es ese testimonio? Éxodo 31:18 menciona que “dio [Dios] a Moisés, cuando
acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas
de piedra escritas con el dedo de Dios”, de igual forma Éxodo 34:29 señala que
“aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del
testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de
su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios”, es así como el
testimonio que se colocaría dentro del Arca se refería a los Diez Mandamientos
de la Ley de Dios escritos en las dos tablas de piedra. Éxodo 40:20 señala al
respecto que una vez que se concluyó el Tabernáculo y todo lo relacionado con
él, “[Moisés] tomó el testimonio y lo puso dentro del arca, y colocó las varas
en el arca, y encima el propiciatorio sobre el arca.” Así que dentro del Arca
se encontraban las tablas de la Ley de Dios, referidas en la Escritura como el
testimonio.
Ahora
bien, ¿eran las tablas de la Ley de Dios lo único que contenía el Arca? Hebreos
9:4 señala “…el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba
una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las
tablas del pacto”
La
Escritura muestra un pasaje donde el pueblo de Israel se rebeló (Números 16),
creían que cualquiera podía ser sacerdote, para dirimir esto Dios pide que de
cada tribu se traiga una vara, incluyendo la de Aharón, siendo que al día
siguiente la que reverdeciera, indicaría quien tenía el favor de Dios para esa
encomienda, la única que reverdeció fue la vara de Aharón. Números 17:10 señala
que después de lo anterior “Jehová dijo
a Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde
por señal a los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de delante de mí, para
que no mueran”
El
Maná era el alimento con el cual de manera milagrosa Dios proveyó para
alimentar a Su pueblo mientras anduvieron por el desierto rumbo a la tierra
prometida. Éxodo 16:31 señala del Maná que
“…era como semilla de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con
miel”. Sobre esto la Escritura señala que “dijo Moisés a Aarón: Toma una vasija
y pon en ella un gomer de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea
guardado para vuestros descendientes”.
Así
que todo lo anterior permite entender que el Arca tenía un fin en sí misma y
que era precisamente el de contener las tablas de la Ley de Dios, la vara de
Aharón y el Maná, ¿podrá servirnos esto para comprender qué representaba el
Arca? Veamos.
Las
tablas de la Ley tienen una correlación con la función de Moisés, de hecho las
tablas de la Ley no fueron dadas a Aharón, sino a Moisés, y Moisés trajo al
Pueblo de Israel el mensaje que Dios le había dado. Moisés es señalado por la
Escritura, en boca de Dios mismo, como profeta, siendo así que las tablas de la
Ley tienen un referente relacionado con la función de profeta.
Por
su parte, y a diferencia de lo anterior, la vara de Aharón tiene una clara
correlación con la función sacerdotal de él mismo, de hecho el reverdecimiento
de la vara sirvió para identificar claramente a quien Dios había seleccionado
para desempeñar la función sacerdotal dirimiendo en su momento la controversia
que algunos rebeldes habían generado. La vara reverdecida se colocó en el Arca,
es así como la misma apunta a la función de sacerdote.
En
este punto es fácil darse cuenta por donde va este razonamiento. La Escritura
tiene una peculiaridad de que ni explica todo lo que hay que explicar, aunque
sí da atisbos de ello, ni oculta todo lo que desea ocultar. Tal como la misma
Escritura señala “Gloria de Dios es ocultar un asunto, y gloria de los reyes el investigarlo”
(Proverbios 25:2). Pero de la misma forma, como si de una instrucción
progresiva se tratase, la Escritura explica ciertas cosas y, con base en el
entendimiento y comprensión que se van adquiriendo, puede entonces avanzarse a
entender lo que permanece oculto. Muchos ejemplos hay de esto, sirva como
muestra señalar lo relativo a las profecías en la Escritura. Daniel presenta
imágenes proféticas de cuyo entendimiento depende la comprensión de muchas
otras profecías, incluyendo las contenidas en Revelación. Si uno estudia Daniel
puede ver cómo es que las primeras imágenes proféticas (Daniel 2:31-35) son
explicadas por la misma revelación dada (Daniel 2:36-45), pero luego siguen
otras revelaciones que no son explicadas pero que con el entendimiento previo,
relacionándolo con toda la Escritura en sí, y con ayuda del Santo Espíritu de
Dios, se puede llegar a comprender. En este caso relacionado con el Arca es
igual.
Las
tablas de la Ley de Dios que contenía el Arca están relacionadas con la función
de profeta, la vara de Aharón que reverdeció está relacionada con la función de
sacerdote, ¿qué función es la que haría falta de las que se han considerado
relacionadas con Cristo? Así es. La función de rey. ¿Podrá ser el Maná, que es
lo tercero que el Arca contenía, una figura relacionada con esta función? Así
es. Tal como Hebreos 9:4 señala al respecto, dentro del Arca estaba contenido
el Maná dentro de una urna de oro. El oro es símbolo de la realeza, muchos
pasajes de la Escritura señala esto, tanto en su connotación natural referida a
los reyes de Israel, como en su connotación trascendental referida a Dios mismo
como rey (Salmos 47:7) y a Su Hijo como rey de reyes (1 Timoteo 6:15). Es así
como la urna de oro apunta a la función monárquica. Pero hay más. La urna de
oro contiene, a diferencia de los otros dos objetos colocados en el Arca -las
tablas de la Ley de Dios y la vara de Aharón-, otro elemento que permite
entender a qué se refiere el Arca, o más bien a quién.
Respecto
de la urna de oro que estaba en el Arca junto con las tablas de la Ley de Dios
y la vara de Aharón, la Escritura señala que la misma contenía el Maná. ¿A qué
o a quién se refiere el Maná? El Maná tiene un fuerte simbolismo, de hecho un
único simbolismo, relacionado con Cristo, el pan del cielo (Juan 6:48, 51),
pero a diferencia del Maná que sólo daba vida física, Cristo, hablando
precisamente de esto señala que “vuestros padres comieron el maná en el
desierto, y murieron. Este es el pan que
desciende del cielo, para que el que de él come, no muera” (Juan 6:49-50). Es
así como la urna de oro que estaba en el Arca se refiere a la función
monárquica, pero el Maná que estaba dentro de dicha urna habla precisa,
exclusiva y específicamente, como sombra e imagen, de Cristo. Siendo así que
siguiendo esta misma línea de pensamiento, el resto de lo que contenía el Arca,
las tablas de la Ley de Dios y la vara de Aharón, están de igual forma
referidas al papel de Cristo, conjuntando todo, como profeta, sacerdote y rey.
Por
esto era menester entender, como se hizo al principio de la presente obra, las
tres funciones relativas a Cristo y que en su momento se analizaron como
profeta, sacerdote y rey, siendo de esta forma que lo que contenía el Arca, las
tablas de la Ley de Dios, la vara de Harón que reverdeció y la urna de oro
conteniendo el Maná, hacían referencia a las tres funciones a desempeñar de
manera perfecta y santa por Cristo: profeta, sacerdote y rey.
Ahora
bien, esas tres cosas que contenía el Arca, las tablas de la Ley de Dios, la
vara de Aharón y la urna de oro conteniendo el Maná, apuntaban a las funciones
de profeta, sacerdote y rey, siendo que el Maná de la urna de oro apunta hacia
Cristo por ende los otros dos objetos también, con todo y todo sin símbolo de
las tres funciones que ya se han mencionado, funciones desempeñadas de manera
perfecta y santa por Cristo, es así como puede responderse la pregunta inicial
¿a qué representaba el Arca? O más bien, ¿a quién? Siendo la respuesta, con
base en lo comentado, a Cristo. El Arca representaba a Cristo, los tres objetos
que contenía el Arca representaban las tres funciones a desempeñar por Cristo.
En
la actualidad, los elegidos que han aceptado el llamamiento del Padre para
venir a salvación, por medio del bautismo son revestidos de Cristo (Gálatas
3:27), siendo que si nuestro Señor es nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 4:14-16),
uno al ser revestido con Él comparte ese sacerdocio que tendrá pleno
cumplimiento a Su regreso (Revelación 1:6; 5:10), de esta forma, todo
bautizado, al igual que aquellos sacerdotes del Antiguo Pacto, debe llevar
cargando en sí mismo a Cristo, váyase a dónde se vaya, dando testimonio de esa
fe que se dice profesar, como indica Pablo escribiendo a los de Roma “antes
bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias
de la carne” (Romanos 13:14), o como instruye a los de Éfesos cuando les
exhorta a que “os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios,
ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24), o como exhorta
a los de Colosas cuando les recuerda que
“os habéis vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero
conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó” (Colosenses 3:10).
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que el arca debe ser llevada
sobre los hombros de los sacerdotes, sigue vigente más sin embargo
espiritualizado referido al reflejo que en su vida cada creyente debe mostrar
de Cristo, váyase a dónde se vaya, dando testimonio tanto de palabra como de
obra, de esa fe que se dice profesar, como corresponde a todo hijo de Dios.

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