21. Deben respetarlo (Lv. 19:30)



“Mis sábados guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia. Yo Jehová.”

En su interacción con el pueblo de Israel, Dios no solamente les ordenó el construir un santuario especificando los ritos relativos al mismo sino que añadió a ello, para que no quedase el tema abierto a discusión, la necesidad imperiosa de respetar dicho santuario.

Ese respeto iba desde la manera en que uno se presentaba al mismo así como los holocaustos, ofrendas y sacrificios que presentaba, hasta el entendimiento y aceptación de las diferentes funciones que al común del pueblo le estaban vedados y que por lo mismo sólo eran reservados a los sacerdotes y levitas.

Levítico 10:1-4 y 2 Crónicas 26.3-5,16-23 contienen dos ejemplos de quienes, violando la anterior prescripción, irrespetaron el santuario de Dios, el primero referido a Nadab y Abiú, hijos de Aharón quienes ofreciendo un fuego extraño a Jehová fueron muertos, el segundo referido al Rey Uzías quien se introdujo al Templo con la intención de quemar incienso sobre el altar, lo cual era función de los sacerdotes, siendo herido con lepra hasta el día de su muerte.

Más ejemplos hay de las violaciones que se acarrea quien viola la disposición de respetar al santuario, más sin embargo es más que claro que si la presencia de Dios estaba en ese santuario el respeto que al mismo debía dársele era algo a tener en cuenta constantemente.

Tal vez alguien pudiera pensar que esta normativa ya no es aplicable, después de todo no hay más templo en Jerusalén, pero la revelación del Nuevo Testamento señala que cada uno de nosotros, quienes hemos recibido el Espíritu Santo, nos hemos vuelto templos vivientes de Dios mismo: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?” (1 Corintios 3:16).

Sobre esta cita, Pablo concluye la idea de que somos templo de Dios diciendo “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:17), y ¿cómo pudiera uno destruir este templo? Obrando pecado, “porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, y ¿qué es pecado? Violación de la Ley de Dios, Sus mandamientos, “Todo el que practica el pecado, practica también la infracción de la ley, pues el pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4).

Sobre esto de que somos templo de Dios, a la vista de lo comentado en el párrafo anterior del pecado que acarrea muerte,  Pablo en su segunda carta a los de Corinto les dice “¿Y qué concierto tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6:16) y Santiago, en esta misma línea de pensamiento,  en su carta exhorta “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4).

La perfección (Mateo 5:48) y santidad (1 Pedro 1:16) son algo requerido por Dios para los elegidos, esta perfección y santidad son un resultado del respeto al templo de Dios que cada uno es, siendo que quien obra inicuamente  actúa en contrario y sólo maldición se acarrea, “¿o no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Corintios 6:9-10).

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de respetar el templo de Dios sigue vigente más sin embargo espiritualizado referido al templo que cada uno es, siendo que nuestros pensamientos, sentimientos y acciones deben ser cuidados para que los mismos sean reflejo del amor y obediencia que se le tiene al Padre como hijos de Él que somos.

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