14. Ha de hacerse una franja [tzit-tzit] en los vestidos (Nm. 15:38)



"Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul"

Como parte del pacto que Dios había establecido con su pueblo, los israelitas de ese entonces debían colocar en sus ropas lo que se conoce como tzit-tzit, estos son cuerdas y nudos que sirven de representación física de los 613 harás y no harás de las leyes mosaicas, es decir, actuaban como recordatorios a sus portadores al ser algo ostensible visible.

El cristiano en la actualidad de igual forma es investido y parte de su indumentaria espiritual debe considerar estos tzit-tzit. Una vez que se ha respondido al llamamiento del Padre uno exterioriza esto a través de la unción, es decir, de la investidura para proceder posteriormente a la función, es decir, el desempeño, ¿cómo es esta investidura? “Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido” (Gálatas 3:27).

Este primer requisito, que por lo mismo se vuelve una norma obligatoria para el posterior desempeño como profeta, sacerdote y rey, “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?  Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:3-6).

Así que el bautismo, entendido como un todo, es decir, la inmersión en el agua para perdón de los pecados y la inmediata imposición de manos para la recepción del Espíritu Santo, es la primera ley relativa al momento de la unción.

Ahora bien, para desempeñar la función como profeta, sacerdote y rey debe uno ataviarse de la manera apropiada, ¿y cuál es esa manera correcta? “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.  Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.  Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;  orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:11-18).

Este es el atavío óptimo, por decirlo en cierta forma, que el cristiano debe tener para desempeñar sus funciones de profeta, sacerdote y rey, con todo y todo no pueden considerarse como leyes sino más bien como sugerencias para desempeñar con excelencia aquellas funciones, esto quiere decir que en este caso pude faltar algún elemento, o estando presente éste puede ser imperfecto, por lo que uno debe trabajar para reunir todos estos elementos y reunirlos de manera perfecta y santa para lograr con excelencia las funciones encomendadas por el llamamiento recibido.

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de hacerse una franja [tzit-tzit] en los vestidos sigue vigente más sin embargo espiritualizado como esa vestimenta, que aunque espiritual debe ser visible para nosotros y los demás, con la que se debe ataviar uno para desempeñar de manera perfecta y santa las funciones de profeta, sacerdote y rey, tal cual corresponde a los hijos de Dios.

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