116. Esto se aplica a una casa (Lv. 27:14)
“Cuando alguno dedicare su
casa consagrándola a Jehová, la valorará el sacerdote, sea buena o sea mala;
según la valorare el sacerdote, así quedará”
Como parte el pacto que
Dios había establecido con su pueblo se habían estipulado diversas ofrendas que
de manera voluntaria el pueblo podía ofrecer, entre esas ofrendas estaba el que
incluso la casa de uno podía ser presentada para ello, obvio que la casa no podía
físicamente llevarse el Templo para ello, además que la misma servía para que
ahí viviera la familia, siendo de esta forma que una opción que se estableció
fue que quien quisiese ofrecer su casa podía dar el equivalente de la misma en
siclos de plata del Templo.
La comprensión natural de
lo anterior ya ha sido explicada, es decir: no se podía llevar la casa físicamente
al Templo así como que la familia que vivía en ella no podía quedarse sin lugar
para esto, por lo que el equivalente en dinero era aceptable para ello, con
todo y todo ¿qué verdades subyacentes, verdades espirituales, puede contener
dicha disposición?
Pablo escribiendo a los de
Corinto les dice “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo,
el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1
Corintios 6:19), de esta forma aquella casa física que según Levítico 27:14 podía
ofrecerse al Señor apunta simbólicamente a esa casa que cada uno es del Espíritu
de Dios.
Desde este punto de vista, y al igual que en el sentido físico de
la casa que Levítico 27:14 podía ofrecerse al Señor, si bien ahorita, al haber
venido a salvación respondiendo al llamamiento del Padre, no hemos llegado a esa
perfección y santidad que nos son requeridas para de lleno ser parte de su
familia sino que eso se cumplimentará al regreso de Cristo cuando esto
corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad (1
Corintios 15:53) siendo que ahorita al ser aun carne y sangre no podemos así
heredar el Reino de Dios (1 Corintios 15:50), de esta forma aquel dinero que se
daba por la casa física que se ofrecía al Señor simboliza aquello, bajo el símil
de metal precioso refinado (1 Pedro 1:7), familia de Dios, que en su momento
seremos
Pablo escribiendo a los de
Éfeso les señala “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad,
el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados
con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta
la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios
1:13-14). La comprensión de esta cita es clara: los elegidos hemos recibido el
Espíritu de Dios como un anticipo de aquello que en nosotros habrá de revelarse
al regreso de nuestro Señor si es que nos mantenemos fieles hasta el final.
Visto de otra forma, aunque
redimidos, al no ser aún perfectos y santos, al tener aún carnalidad en
nosotros, no hemos alcanzado aquella estatura perfecta de Cristo que nos haría
aceptos completamente al Padre, en este sentido podría decirse que aún somos
como aquellas casas físicas que no podían ofrecerse a Dios así como estaban por
eso mismo.
En este punto hay que
hacer una pausa para explicar esto pues, en efecto, ya hemos sido redimidos por
Jesús, pero el proceso aún no ha concluido sino que concluirá al regreso de Él
cuando seamos transformados, como escribe Juan en su primer carta “Amados,
ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero
sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos
tal como él es” (1 Juan 3:2).
Nuestra actual condición
es una mezcla de una ofrenda santa pero al mismo tiempo pecaminosa. Esto estuvo
simbolizado desde el Antiguo testamento cuando en lo que se conoce como
Pentecostés se ofrecían dos panes pero con levadura. Todos los holocaustos,
sacrificios y ofrendas decretados en el Antiguo Testamento como parte del pacto
que Dios hizo con su pueblo estipulaban claramente que debían acompañarse con
pan pero nunca éste leudado (Éxodo 34:25), entonces ¿por qué en pentecostés la
directiva esta cambiaba?
La
fiesta que le sigue a Primicias es la de Pentecostés. Pentecostés (del griego πεντηκοστή, pentēkostḗ,
quincuagésimo- resulta de dividir un todo en 50 partes iguales-), viene de la
fiesta de Shavuot. Shavuot (del hebreo שבועות - plural de Shavúa - שבוע,
semana), también se le conoce como la fiesta de las semanas (Ex. 34:22) pues se
contaban siete semanas desde el día siguiente en que se había ofrecido la
gavilla de la ofrenda mecida -primicias- (Levítico 23:15; Deuteronomio 16:9) lo
que daba cincuenta días (Levítico 23:16), cayendo así en el mes de Siván
(Mayo-Junio). Esta fiesta, la última de primavera, era la fiesta de la cosecha
plena (Éxodo 23:16; 34:22) después de las primicias obtenidas cincuenta días
antes. En esta fiesta no se hacía ningún trabajo de siervos (Levítico 23:21).
El
cumplimiento de esta fiesta tiene su referente con la venida del Espíritu Santo
sobre los Apóstoles y Discípulos, precisamente cincuenta días después de la
fiesta de las Primicias, como dice Hechos 2:1-42:
1 Cuando
llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
2 Y de repente
vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó
toda la casa donde estaban sentados;
3 y se les
aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de
ellos.
4 Y fueron
todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según
el Espíritu les daba que hablasen.
5 Moraban
entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el
cielo.
6 Y hecho
este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les
oía hablar en su propia lengua.
7 Y estaban
atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que
hablan?
8 ¿Cómo,
pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos
nacido?
9 Partos,
medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en
el Ponto y en Asia,
10 en Frigia
y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos
aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,
11 cretenses
y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
12 Y estaban
todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
13 Más
otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.
14 Entonces
Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo:
Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y
oíd mis palabras.
15 Porque
éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera
del día.
16 Más esto
es lo dicho por el profeta Joel:
17 Y en los
postreros días, dice Dios,
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;
Vuestros jóvenes verán visiones,
Y vuestros ancianos soñarán sueños;
18 Y de
cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
19 Y daré
prodigios arriba en el cielo,
Y señales abajo en la tierra,
Sangre y fuego y vapor de humo;
20 El sol se
convertirá en tinieblas,
Y la luna en sangre,
Antes que venga el día del Señor,
Grande y manifiesto;
21 Y todo
aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
22 Varones
israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre
vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros
por medio de él, como vosotros mismos sabéis;
23 a éste,
entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios,
prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;
24 al cual
Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible
que fuese retenido por ella.
25 Porque
David dice de él:
Veía
al Señor siempre delante de mí;
Porque
está a mi diestra, no seré conmovido.
26 Por lo
cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua,
Y aun mi carne descansará en esperanza;
27 Porque no
dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
28 Me
hiciste conocer los caminos de la vida;
Me llenarás de gozo con tu presencia.
29 Varones
hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue
sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.
30 Pero
siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su
descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en
su trono,
31 viéndolo
antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el
Hades, ni su carne vio corrupción.
32 A este
Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
33 Así que,
exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del
Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
34 Porque
David no subió a los cielos; pero él mismo dice:
Dijo
el Señor a mi Señor:
Siéntate
a mi diestra,
35 Hasta que
ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
36 Sepa,
pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros
crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
37 Al oír
esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles:
Varones hermanos, ¿qué haremos?
38 Pedro les
dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo
para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
39 Porque
para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están
lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
40 Y con
otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta
perversa generación.
41 Así que,
los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como
tres mil personas.
42 Y
perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en
el partimiento del pan y en las oraciones.
Jesús ya
les había dicho a Sus discípulos que era menester que Él partiera para que el
Santo Espíritu de nuestro Padre Dios fuese enviado, “Pero yo os digo la verdad:
Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a
vosotros; más si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7), el cual les revelaría
todas las cosas, “Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre
enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo
que yo os he dicho” (Juan 14:26), por eso después de resucitar Jesús se les
apareció a sus Apóstoles “durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino
de Dios” (Hechos 1:3), pero partiendo antes de cumplirse los cincuenta días
(Hechos 1:9) término en el cual habrían de recibir el Espíritu Santo (Hechos
1:4).
Esta
fiesta tiene el referente histórico de su primer cumplimiento en Pentecostés, y
a partir de ahí continúa el Espíritu Santo siendo derramado en todos aquellos
creyentes que una vez bautizados reciben la imposición de manos para ello
(Hechos 8:17; 19:6). A partir de Pentecostés ha comenzado la cosecha plena de
aquellos que en Sus designios, el Padre ha considerado para ser llamados en
esta era (Juan 6:37, 39, 44, 65).
Aquí lo
interesante es la ofrenda mecida que son “dos panes para ofrenda mecida, que
serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura” (Levítico
23:17), ¿por qué es interesante?, porque la ofrenda de Primicias era un pan
hecho con “dos décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda
encendida a Jehová en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta
parte de un hin” (Levítico 23:17), este pan de Primicias, como vemos, no tenía
levadura, pues representaba a Cristo,
las primicias, y la levadura es un símbolo del pecado (Mateo 16:5-12), pero en
la fiesta de pentecostés vemos que los dos panes (no uno, sino dos: “Porque él
es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia
de separación” -Efesios 2:14-), sí tiene levadura pues representa a todos los
cristianos que si bien son pecadores han sido rescatados por el sacrificio
redentor de Jesús.
Pero
Pentecostés solo es el inicio, el cumplimiento de las promesas dadas se dará cuando
de igual forma se cumpla aquello que se representaba como la última de las
siete fiestas de Jehová: Tabernáculos. Providencialmente, y en consonancia con
lo señalado por Levítico 27:14 respecto a la ofrenda de una casa, un tabernáculo
es eso: un lugar donde se habita. Veamos un poco más de esta fiesta pues el
dinero dado según Levítico 27:14 apuntaba al cumplimiento de la misma.
La
última fiesta en el orden de las establecidas por Dios era la de los
Tabernáculos. Tabernáculos (sukkōt, סוכות, es una palabra plural que deriva de
sukkah, סוכה, y que significa cabaña,
tienda tabernáculo; esta última tiene su referente con la palabra mishkán, מִשְׁכָּן,
morada, vivienda, tabernáculo).
Como
señala Levítico Levítico 23:34 (Levítico 23:39, 41; Números 29:12) esta fiesta
se celebraba “a los quince días de
este mes séptimo”, el séptimo mes era Tishri
(Septiembre-Octubre), como ya se comentó es la última fiesta de las tres consideradas de otoño:
Trompetas, Expiación, y Tabernáculos.
Las
primeras referencias a la palabra tabernáculo las encontramos en Éxodo y se
refiere al santuario móvil construido por los israelitas bajo las instrucciones
dadas por Dios a Moisés en el Monte Sinaí.
Éxodo
25:8-9: Y que hagan un santuario [mishkán, מִשְׁכָּן] para mí, para que yo
habite entre ellos. Conforme a todo lo que te voy a mostrar, [conforme] al
diseño del tabernáculo [mishkán, מִשְׁכָּן] y al diseño de todo su mobiliario,
así [lo] haréis.
Lo
interesante de Éxodo 25:8-9 es que el Tabernáculo, en palabras de Dios mismo,
era “para que yo habite entre ellos” (Éxodo 25-27, 30, contiene las
especificaciones de cómo habría de construirse el Tabernáculo de Éxodo 25:8-9).
En
Juan 1:14 tenemos una cita muy conocida, referida a Jesús, que señala como es
que “el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria
como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”. La palabra
traducida como “habitó” es eskēnōsen, ἐσκήνωσεν que significa morada, vivienda,
tabernáculo, exactamente igual que mishkán, מִשְׁכָּן.
Si
tradujéramos Juan 1:14 bajo esta premisa sería correcto indicar que “el Verbo
se hizo carne, y [levantó su tienda, levantó su tabernáculo] entre nosotros, y
vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de
verdad”.
Ahora
bien, si la palabra para Tabernáculo es mishkán, מִשְׁכָּן, ¿de dónde viene
referirse a esta fiesta por sukkōt, סוכות? En las instrucciones dadas por Dios
sobre uno de los aspectos que esta fiesta debía de cubrir, contenidos en Levítico
23:39-42, se señala que “en tabernáculos [sukkōt, סוכות ] habitaréis siete
días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos [sukkōt, סוכות]”, en
cumplimiento de esto vemos cómo es que Nehemías 8:17 relata cómo es que después
del cautiverio la gente de Israel comenzó de nuevo a celebrar esta fiesta y
señala “Y toda la congregación que volvió de la cautividad hicieron
tabernáculos [sukkōt, סוכות], y en tabernáculos [sukkōt, סוכות] habitaron; porque desde los días de Josué
hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo
alegría muy grande”. Así vemos que el pueblo en tiempos de Nehemías, para
celebrar esta fiesta, construyó tabernáculos [sukkōt, סוכות].
Así
que tenemos dos referentes para la palabra Tabernáculo, uno relacionado con el
lugar donde mora [vivienda] Dios y Su Hijo, el otro referido con los lugares
donde mora [vivienda] su pueblo. De esta forma la fiesta de los Tabernáculos tiene su
referente en la sombra representativa a cumplimentarse en un futuro cuando
Jesús y el Padre habiten entre nosotros, pero de igual forma se refiere a
nosotros cuando lleguemos a ser tabernáculos.
Siguiendo con el análisis de la fiesta
vemos como se menciona en Levítico 23:34, Números 29:12 y Deuteronomio 16:13
que la fiesta de los Tabernáculos debía ser celebrada por el pueblo de Israel
durante siete días, siendo el primer día de estos siete de reposo (Levítico
23:36, 39; Números 29:12). Números
29:13-34 prescribe los holocaustos, ofrendas y libaciones a realizarse en cada
uno de estos siete días, pero Levítico 23:39 y Números 29:35 menciona un octavo
día de fiesta, el cual también era de reposo, un día que sale o excede los siete
propiamente de los siete de la fiesta de los tabernáculos pero que aun así se
vincula con ésta. Números 29:36-38 prescribe los holocaustos, ofrendas y
libaciones a realizarse en este octavo día. ¿Por qué si la fiesta son siete
días existe un octavo día de fiesta? Porque representa dos momentos diferentes
de la misma pero íntimamente relacionados.
Como
ya se comentó, la fiesta de los Tabernáculos tiene un primer referente de la
sombra representativa a cumplimentarse en un futuro cuando Jesús y el Padre
habiten entre nosotros, pero esto lleva dos momentos diferentes de los misma
pero íntimamente relacionados: los siete días de la fiesta de los Tabernáculos
referidos a partir del momento cuando Jesús regresa a regir las naciones (lo
cual empieza desde el milenio) y el octavo día de la fiesta de los Tabernáculos
referido al momento posterior cuando el Padre habita entre nosotros.
Los
siete días de la fiesta representan el tiempo de Jesús con los hombres a partir
de su segunda venida, ese Jesús “Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y
pelea. Sus ojos [son] como llama de fuego, y [hay] en su cabeza muchas diademas; y [tiene] un nombre escrito que ninguno [conoce] sino él mismo. [Está] vestido de una ropa
teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos
celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le [siguen] en caballos blancos. De su boca sale una
espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de
hierro [ ]. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE
REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Revelación 19:11-16).
El
octavo día que excede la fiesta, representa el tiempo del Padre con los hombres
cuando todas las cosas sean restauradas y todo sujetado a sus pies para que Él
sea todo en todos. Representar ese tiempo como un octavo excedente de la fiesta
es precisamente para denotarle como “el único que tiene inmortalidad y habita
en luz inaccesible; a quien ningún hombre ha visto ni puede ver” (1 Timoteo
6:16).
Al
respecto 1 Corintios 15:25-28, a manera explicativa, nos habla de esos dos
momentos diferentes pero íntimamente relacionados referidos en la fiesta de
Tabernáculos:
25 Porque
preciso es que [Jesús] reine [inicio de Tabernáculos] hasta que haya puesto a
todos sus enemigos debajo de sus pies.
26 Y el
postrer enemigo que será destruido es la muerte.
27 Porque
todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las
cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él
todas las cosas.
28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también
el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios
sea todo en todos [conclusión de Tabernáculos].
Esto
es muy importante tenerlo en mente pues así como las primeras cuatro fiestas de
primavera - Pascua, Panes sin levadura, Primicias, y Pentecostés- están
íntimamente interrelacionadas formando casi una única secuencia de eventos, de
igual forma últimas tres fiestas de otoño -Trompetas, Expiación, y
Tabernáculos- está de igual forma están íntimamente interrelacionadas formando
casi una única secuencia de eventos. Esta casi única secuencia de eventos
representadas por las tres fiestas de otoño se refieren al regreso de Jesús con
la resurrección/transformación de los santos que serán reyes y sacerdotes con Él
en el milenio, seguido por el período para que todos los que nunca tuvieron la
oportunidad de conocer la Verdad puedan conocerla, ser corregidos (castigados)
y puedan optar o rechazar la salvación y demostrar con hechos (su vida y sus
obras) su decisión que será para vida o muerte, y que concluye con el Padre
habitando entre nosotros.
Ahora
hay que ver también otro aspecto de esta fiesta. Como ya se comentó, la fiesta
de los Tabernáculos tiene un primer referente de la sombra representativa a
cumplimentarse en un futuro cuando Jesús y el Padre habiten entre nosotros,
pero de igual forma tiene un segundo referente a de la sombra representativa a
cumplimentarse en un nosotros al llegar a ser tabernáculos.
1
Corintios 3:16 nos pregunta “¿no sabéis que sois
templo de Dios, y que el Espíritu de
Dios mora en vosotros?”, así que nosotros somos el templo de Dios y Su
Espíritu mora en nosotros.
Si
bien somos templo de Dios estamos siendo en este momento edificados, sobre esto
Efesios 2:19-20 nos dice “Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino
que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los
apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular”, de igual
forma Colosenses 2:6-7 dice “Por tanto, de la manera que recibisteis a Cristo
Jesús el Señor, así andad en El; firmemente arraigados y edificados en El y confirmados en vuestra fe, tal como fuisteis instruidos,
rebosando de gratitud”.
Pero
este proceso que ahorita se está llevando en nosotros, y que posteriormente
estará disponible para toda la humanidad, tiene un fin, Efesios 4:13 nos lo
señala al decirnos que durará “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y
del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la
estatura de la plenitud de Cristo”, de
igual forma Romanos 8:29 dice “porque a
los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el
primogénito entre muchos hermanos”, y si somos conformados a la imagen del
Hijo, somos conformados a la imagen del Padre, pues como dice Colosenses 1:15 “Él
[Jesús] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”, y
esto porque así lo estableció el Padre desde un principio como dice 1 Juan 3:1-2
“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios; por
esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él [Jesús]. Ahora somos
hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos
que cuando Él [Jesús] se manifieste, seremos
semejantes a Él porque le veremos como Él es”. El cumplimiento de este plan
sin duda alguna deviene en gozo y alabanza a Dios quien lo hace posible: “En
gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se regocijará en mi Dios; porque Él me
ha vestido de ropas de salvación, me ha envuelto en manto de justicia como el
novio se engalana con una corona, como la novia se adorna con sus joyas” (Isaías
61:10).
¿Cuál
es la conclusión de la fiesta de Tabernáculos, que es en sí la complementación
del plan de Dios para con la humanidad? “Y te alegrarás [ ] tú, tu hijo, tu
hija, tu siervo, tu sierva, y el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda
que viven en tus poblaciones” (Deuteronomio 16:14), ¿y por qué esa alegría, ese
gozo? “porque te habrá bendecido Jehová tu Dios en todos tus frutos, y en toda
la obra de tus manos, y estarás verdaderamente alegre” (Deuteronomio 16:15).
Juan
14:23 resume de manera muy clara y concreta el sentido de esta fiesta al
señalar que “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y
mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”. Siendo el
resultado de esto, lo que señala Revelación 21:3 cuando dice “Y oí una gran voz
del cielo, que decía: «El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él
morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su
Dios»”.
Pero
esta conclusión no es el fin de lo que Dios ha pensado desde siempre para Su
familia, es apenas el principio, el octavo día que excede a la fiesta, es la
sombra de la eternidad que se abre para los hijos de Dios, llenos de Su Santo
Espíritu, con Cristo como Rey de Reyes y Señor de Señores.
“Después vi un cielo nuevo
y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de
existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad
santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada
como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí
una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres
humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán
su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él
les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni
lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir» (Revelación
21:1-4).
Como
se comentó en su momento al analizar la fiesta primaveral de Panes sin
levadura, sólo aquella fiesta, Panes sin levadura, y ésta, Tabernáculos, no
tienen un referente temporal único en el Nuevo Testamento, es decir, todas las
fiestas que Israel celebraba en el Antiguo Testamento apuntan a un momento
preciso histórico en la historia de la salvación de la humanidad, sea ya
cumplido o por cumplirse, representado por una fecha exacta para su
cumplimiento, pero no así Panes sin levadura y Tabernáculos, fiestas que duran
siete y siete más un día, respectivamente, que señalan hacia una vida de
perfección y santidad, en el caso de Panes sin levadura para la iglesia
recogida en la primer siega y para Tabernáculos para el resto de la humanidad
recogida al cumplimiento del plan de Dios.
Con este
entendimiento puede tenerse el cuadro completo que permite entender Levítico
27:14 “Cuando alguno dedicare su casa consagrándola a Jehová, la valorará el
sacerdote, sea buena o sea mala; según la valorare el sacerdote, así quedará”.
Como se
comentó, aunque ya hemos sido redimidos, aun no se ha manifestado en nosotros
lo que habremos de ser. En cada uno de los elegidos hay una mezcla de santidad
y pecaminosidad representada por aquellos panes con levadura que se ofrecían en
Pentecostés, con todo y todo ya hemos recibido las arras del Espíritu, aquel
anticipo que, si nos mantenemos fieles hasta el final, permitirá que en
nosotros se cumplimente en su momento el plan de Dios. De esta forma aquel
animal inmundo que al no poderse ofrecer a Dios era cambiado por dinero
representa aquello que habremos de ser y que para Dios, el cual “llama las
cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17), ya nos considera como aquella
ofrenda que será acepta para Él, esto representado por el dinero que se
entregaba al servicio del templo en vez del animal inmundo.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que cuando alguno dedicare su
casa consagrándola a Jehová, la valorará el sacerdote, sea buena o sea mala;
según la valorare el sacerdote, así quedará, sigue vigente, más sin embargo
espiritualizado referido, en cuanto a esa casa que ahorita somos y
en cuanto al dinero entregado a cambio lo que habremos de ser, conforme al plan
de Dios que desde la eternidad pensó para cada uno.
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