113. Se deben usar las cenizas de la vaca alazana en el proceso de la purificación ritual (Nm. 19:2-9)
“Esta es la ordenanza de la ley
que Jehová ha prescrito, diciendo: Di a los hijos de Israel que te traigan una
vaca alazana, perfecta, en la cual no haya falta, sobre la cual no se haya
puesto yugo; y la daréis a Eleazar el
sacerdote, y él la sacará fuera del campamento, y la hará degollar en su
presencia. Y Eleazar el sacerdote tomará de la sangre con su dedo, y rociará
hacia la parte delantera del tabernáculo de reunión con la sangre de ella siete
veces; y hará quemar la vaca ante sus
ojos; su cuero y su carne y su sangre, con su estiércol, hará quemar. Luego tomará el sacerdote madera de cedro, e
hisopo, y escarlata, y lo echará en medio del fuego en que arde la vaca. El
sacerdote lavará luego sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y
después entrará en el campamento; y será inmundo el sacerdote hasta la noche. Asimismo el que la quemó lavará sus vestidos
en agua, también lavará en agua su cuerpo, y será inmundo hasta la noche. Y un hombre limpio recogerá las cenizas de la
vaca y las pondrá fuera del campamento en lugar limpio, y las guardará la
congregación de los hijos de Israel para el agua de purificación; es una
expiación”
El capítulo 19 de Levítico
contiene las disposiciones relativas a la purificación por medio de un agua que
se preparaba según las indicaciones de ese mismo capítulo.
Levítico 19
1 Jehová
habló a Moisés y a Aarón, diciendo:
2 Esta es
la ordenanza de la ley que Jehová ha prescrito, diciendo: Di a los hijos de
Israel que te traigan una vaca alazana, perfecta, en la cual no haya falta,
sobre la cual no se haya puesto yugo;
3 y la
daréis a Eleazar el sacerdote, y él la sacará fuera del campamento, y la hará
degollar en su presencia.
4 Y Eleazar
el sacerdote tomará de la sangre con su dedo, y rociará hacia la parte
delantera del tabernáculo de reunión con la sangre de ella siete veces;
5 y hará
quemar la vaca ante sus ojos; su cuero y su carne y su sangre, con su
estiércol, hará quemar.
6 Luego
tomará el sacerdote madera de cedro, e hisopo, y escarlata, y lo echará en
medio del fuego en que arde la vaca.
7 El
sacerdote lavará luego sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y
después entrará en el campamento; y será inmundo el sacerdote hasta la noche.
8 Asimismo
el que la quemó lavará sus vestidos en agua, también lavará en agua su cuerpo,
y será inmundo hasta la noche.
9 Y un
hombre limpio recogerá las cenizas de la vaca y las pondrá fuera del campamento
en lugar limpio, y las guardará la congregación de los hijos de Israel para el
agua de purificación; es una expiación.
10 Y el que
recogió las cenizas de la vaca lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la
noche; y será estatuto perpetuo para los hijos de Israel, y para el extranjero
que mora entre ellos.
11 El que
tocare cadáver de cualquier persona será inmundo siete días.
12 Al tercer
día se purificará con aquella agua, y al séptimo día será limpio; y si al
tercer día no se purificare, no será limpio al séptimo día.
13 Todo
aquel que tocare cadáver de cualquier persona, y no se purificare, el
tabernáculo de Jehová contaminó, y aquella persona será cortada de Israel; por
cuanto el agua de la purificación no fue rociada sobre él, inmundo será, y su
inmundicia será sobre él.
14 Esta es
la ley para cuando alguno muera en la tienda: cualquiera que entre en la
tienda, y todo el que esté en ella, será inmundo siete días.
15 Y toda
vasija abierta, cuya tapa no esté bien ajustada, será inmunda;
16 y
cualquiera que tocare algún muerto a espada sobre la faz del campo, o algún
cadáver, o hueso humano, o sepulcro, siete días será inmundo.
17 Y para el
inmundo tomarán de la ceniza de la vaca quemada de la expiación, y echarán
sobre ella agua corriente en un recipiente;
18 y un
hombre limpio tomará hisopo, y lo mojará en el agua, y rociará sobre la tienda,
sobre todos los muebles, sobre las personas que allí estuvieren, y sobre aquel
que hubiere tocado el hueso, o el asesinado, o el muerto, o el sepulcro.
19 Y el
limpio rociará sobre el inmundo al tercero y al séptimo día; y cuando lo haya
purificado al día séptimo, él lavará luego sus vestidos, y a sí mismo se lavará
con agua, y será limpio a la noche.
20 Y el que
fuere inmundo, y no se purificare, la tal persona será cortada de entre la
congregación, por cuanto contaminó el tabernáculo de Jehová; no fue rociada
sobre él el agua de la purificación; es inmundo.
21 Les será
estatuto perpetuo; también el que rociare el agua de la purificación lavará sus
vestidos; y el que tocare el agua de la purificación será inmundo hasta la
noche.
22 Y todo lo
que el inmundo tocare, será inmundo; y la persona que lo tocare será inmunda
hasta la noche.
Lo curioso de esta agua es
que purificaba lo inmundo pero hacía lo limpio ritualmente inmundo (Nm. 19:13,21),
¿qué podría significar esto? Dejemos que la Palabra nos vaya guiando.
Lo primero que hay que
comprender es el significado de aquella agua purificadora para lo cual hay que
prestar atención a la manera en que ésta tenía de prepararse.
Sabemos que todos los
holocaustos, sacrificios y ofrendas prescritos en el Antiguo Testamento
apuntaban al sacrificio redentor de Jesús por lo que es con esta premisa con lo
que debemos comenzar.
Hebreos 10
1 Porque la
ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las
cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente
cada año, hacer perfectos a los que se acercan.
2 De otra
manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una
vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.
3 Pero en
estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;
4 porque la
sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5 Por lo
cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio
y ofrenda no quisiste;
Mas me
preparaste cuerpo.
6 Holocaustos
y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 Entonces
dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí. m
8 Diciendo
primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no
quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),
9 y
diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo
primero, para establecer esto último.
10 En esa
voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha
una vez para siempre.
11 Y
ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas
veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
12 pero
Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los
pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,
13 de ahí en
adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
14 porque
con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
15 Y nos
atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
16 Este es
el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré, m
17 añade:
Y nunca
más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
18 Pues
donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.
Considerando esto aquella
vaca alazana mencionada como parte del proceso para hacer el agua purificadora
apunta a Cristo. El que fuese una vaca alazana, roja pues, todavía hace más
gráfico el símbolo relativo a la sangre derramada de Jesús.
Las indicaciones
contenidas en Levítico 19 de que la vaca tenía que ser sin defecto (v. 2), tenía
que ser sacada del campamento para su sacrificio (v.3), donde sería quemada
(v.5), son referentes adicionales del sacrificio redentor de Jesús.
Hebreos 13
11 Porque
los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida
en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
12 Por lo
cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre,
padeció fuera de la puerta.
13 Salgamos,
pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;
14 porque no
tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.
15 Así que,
ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir,
fruto de labios que confiesan su nombre.
Ahora
bien, las cenizas de esa vaca eran las que se usaban para hacer aquella agua
purificadora (v. 9). Esta es la parte interesante. Las cenizas en conjunto con
el agua hacían aquella agua purificadora.
El
agua en la Escritura simboliza tanto la Palabra (Efesio 5:26) como al Espíritu
Santo (Juan 7:37-39), pero en ambos casos es el sacrificio redentor de Jesús el
que nos concede la salvación permitiéndonos, tanto con la Palabra como con el
Espíritu, crecer en el conocimiento de Dios y su Hijo.
Bajo
esa perspectiva es entendible que aquella agua purificadora, como símbolo de
todo esto, purificase a aquellos que estuviesen inmundos, pero ¿por qué habría
de volver inmundo a aquel que estuviese limpio? De nueva cuenta dejemos la
Palabra nos guíe.
Lo
que permite comprender aquello es el hecho de que quienes estando limpios se
vuelven impuros son aquellos que matan la vaca, la queman, recogen sus cenizas
y generar aquella agua purificadora, si se entiende que todo esto apunta al
sacrificio redentor de Jesús es claro que entonces se está refiriendo a
aquellos que en su momento, rechazando a Jesús, se confabularon para en su
momento matar a Jesús.
Mateo
27
1 Venida la
mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en
consejo contra Jesús, para entregarle a muerte.
2 Y le
llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador.
…
11 Jesús,
pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres
tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.
12 Y siendo
acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió.
13 Pilato
entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?
14 Pero
Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se
maravillaba mucho.
15 Ahora
bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un
preso, el que quisiesen.
16 Y tenían
entonces un preso famoso llamado Barrabás.
17 Reunidos,
pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a
Jesús, llamado el Cristo?
18 Porque
sabía que por envidia le habían entregado.
19 Y estando
él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con
ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.
20 Pero los
principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a
Barrabás, y que Jesús fuese muerto.
21 Y
respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte?
Y ellos dijeron: A Barrabás.
22 Pilato
les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea
crucificado!
23 Y el
gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más,
diciendo: ¡Sea crucificado!
24 Viendo
Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó
las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de
este justo; allá vosotros.
25 Y
respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre
nuestros hijos.
26 Entonces
les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser
crucificado.
27 Entonces
los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor
de él a toda la compañía;
28 y
desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata,
29 y
pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano
derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo:
!!Salve, Rey de los judíos!
30 Y
escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.
31 Después
de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le
llevaron para crucificarle.
32 Cuando
salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a
que llevase la cruz.
33 Y cuando
llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera,
34 le dieron
a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso
beberlo.
35 Cuando le
hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando
suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí
mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.
36 Y
sentados le guardaban allí.
37 Y
pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS.
38 Entonces
crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda.
39 Y los que
pasaban le injuriaban, meneando la cabeza,
40 y diciendo:
Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti
mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.
41 De esta
manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y
los fariseos y los ancianos, decían:
42 A otros
salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora
de la cruz, y creeremos en él.
43 Confió en
Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.
44 Lo mismo
le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.
45 Y desde
la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
46 Cerca de
la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani?
Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
47 Algunos
de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.
48 Y al
instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y
poniéndola en una caña, le dio a beber.
49 Pero los
otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle.
50 Más
Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.
51 Y he
aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra
tembló, y las rocas se partieron;
52 y se
abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se
levantaron;
53 y
saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la
santa ciudad, y aparecieron a muchos.
54 El
centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y
las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron:
Verdaderamente éste era Hijo de Dios.
55 Estaban
allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde
Galilea, sirviéndole,
56 entre las
cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre
de los hijos de Zebedeo.
57 Cuando
llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también
había sido discípulo de Jesús.
58 Este fue
a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el
cuerpo.
59 Y tomando
José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia,
60 y lo puso
en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar
una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.
61 Y estaban
allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.
62 Al día
siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales
sacerdotes y los fariseos ante Pilato,
63 diciendo:
Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres
días resucitaré.
64 Manda,
pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus
discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los
muertos. Y será el postrer error peor que el primero.
65 Y Pilato
les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis.
66 Entonces
ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la
guardia.
Esto
mismo lo resume Pedro cuando señala en el primer discurso en Pentecostés.
Hechos
3
13 El Dios
de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a
su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato,
cuando éste había resuelto ponerle en libertad.
14 Más
vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un
homicida,
15 y
matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo
cual nosotros somos testigos.
16 Y por la
fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su
nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia
de todos vosotros.
17 Mas
ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros
gobernantes.
18 Pero Dios
ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas,
que su Cristo había de padecer.
19 Así que,
arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que
vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,
20 y él
envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;
21 a quien
de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración
de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han
sido desde tiempo antiguo.
22 Porque
Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre
vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;
23 y toda
alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.
24 Y todos
los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han
anunciado estos días.
25 Vosotros
sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres,
diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la
tierra.
26 A
vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os
bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.
De
igual forma Juan, al inicio del Evangelio, señala lo mismo.
Juan
6 Hubo un
hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.
7 Este vino
por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos
creyesen por él.
8 No era él
la luz, sino para que diese testimonio de la luz.
9 Aquella
luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.
10 En el
mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.
11 A lo suyo
vino, y los suyos no le recibieron.
12 Más a
todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de
ser hechos hijos de Dios;
13 los
cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de
varón, sino de Dios.
De
esta forma aquellos que en su momento se confabularon para matar a Jesús, si
bien fueron partícipes del plan de salvación mediante el cual, por la sangre
derramada de Jesús, obtuvimos salvación, pero quedando ellos inmundos no tanto
por la muerte de Jesús sino por el rechazo que de Él hicieron ya que aquello
fue consecuencia de esto.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se deben usar las cenizas
de la vaca alazana en el proceso de la purificación ritual, sigue vigente, más
sin embargo espiritualizado referido, en el caso de los inmundos que por medio
de esa agua se vuelven limpios, a aquellos que aceptando el sacrificio redentor
de Jesús alcanzan salvación creciendo, por la Palabra y el Espíritu, en el
conocimiento de Dios y su Hijo, y en el caso de los limpios que se vuelven
inmundos, referido a aquellos que confabulados en su momento fueron partícipes
de la muerte de Jesús rechazando aquella salvación ofrecida.
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