42. No usar un mismo artículo de ropa hecho de lana mezclada con lino (Dt. 22:11)


 

“No vestirás ropa de lana y lino juntamente”

 

Como parte del pacto que Dios estableció con su pueblo estableció ciertas reglas que para algunos les parecen ilógicas. Decir eso es decir que no tienen sentido y que Dios es arbitrario al establecer normas nomás por que sí. En descargo de esto hay que entender que cuando se ciñe uno a la letra puede llegar a aquella conclusión, a saber: la de las reglas ilógicas que, aunque no se entiendan deben ser acatadas, pero cuando uno deja que el Espíritu insufle lo leído puede llegar a comprender las verdades subyacentes en establecido.

 

Lo primero, y esto es muy interesante es que lo señalado por Deuteronomio 22:11 se repite en Levítico 19:19 “Mis estatutos guardarás. No harás ayuntar tu ganado con animales de otra especie; tu campo no sembrarás con mezcla de semillas, y no te pondrás vestidos con mezcla de hilos”, ¿por qué es interesante?, porque dicha normativa no está en Éxodo, ¿y eso qué tiene que ver?, para eso nos tenemos que remitir al primer libro de Samuel.

 

Como sabemos, Ana, la madre de Samuel, era estéril y, después de pedir a Dios un hijo, mismo que le dedicaría, concibe a Samuel el cual es entregado para el servicio del templo. Entendamos que Samuel fue el último juez de Israel antes del inicio de la era monárquica. Sobre Ana, 1 Samuel 2:21 señala que, después que Ana entregó a su hijo Samuel para el servicio del templo, “Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová”. Que interesante, ¿verdad?, ¿qué cosa?, el hecho de que la madre del ultimo juez de Israel previo a la era monárquica, después de Samuel, hubiese tenido cinco hijos: tres varones y dos hijas. ¿Y qué tiene eso que ver y más con la instrucción del cuidado en los hilos de las vestimentas? Todavía no terminamos, veamos.

 

Son cinco hijos, el cinco nos habla de la Ley en la figura de los cinco libros de lo que se conoce como el Pentateuco, a saber: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, pero lo interesante es que de los cinco hijos de Ana tres son hombres y dos mujeres. Una mujer en la Escritura simboliza una iglesia en el sentido amplio de una congregación (2 Corintios 11:2; Efesios 5:25-27), y en los cinco libros de la Ley tenemos dos donde aparecen dos pueblos: Éxodo y Deuteronomio. En el relato de Éxodo vemos al pueblo de Israel saliendo de Egipto (Éxodo 12:37-18:27), pero en el relato de Deuteronomio, décadas después xxx, vemos otro pueblo: aquel formado por los hijos de los primeros (Deuteronomio 1:34-36), ¿te fijas?, son dos pueblos, la misma iglesia, la misma congregación, pero conformada por dos pueblos, dos generaciones diferentes. La primera representa al Israel histórico, el cual no entró a la tierra prometida, la segunda representa al Israel de Dios, la iglesia, quien finalmente recibió las promesas. Estos segundos son los que están llamados a ser reyes y sacerdotes con Jesucristo a su regreso (Revelación 1:6). Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la instrucción del cuidado en los hilos de las vestimentas?

 

Recordemos que quienes hemos aceptado el llamamiento del Padre para venir a salvación en el presente siglo nos hemos revestido de Cristo, “pues todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27), en ese sentido somos aquellos reyes y sacerdotes que con Cristo reinaremos, de esta forma de ya nuestra adoración a Dios debe ser perfecta y santa, “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mateo 22:37-39), lo cual implica hacerlo como Él nos dice sin mezclar –y aquí viene el simbolismo de la instrucción del cuidado en los hilos de las vestimentas- otras formas de adoración.

 

Deuteronomio 18

Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. 10 No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, 11 ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. 12 Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti. 13 Perfecto serás delante de Jehová tu Dios. 14 Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios.

 

Marcos 15

Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan. Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo:Este pueblo de labios me honra;

Mas su corazón está lejos de mí.

Pues en vano me honran,

Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.

 

1 Reyes 18:21

Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.

 

De esta forma, aquella vestimenta que deben tener los elegidos se refiere a la adoración pura, sin mezclas, que debe caracterizarnos ante Dios y que es definida por Él mismo en su Palabra.

 

Pero hay más, el lino era de aquello que estaba hecha la vestimenta de los sacerdotes en el Antiguo Pacto (Levítico 6:10), mientras que la lana se saca de los corderos, lo cual tiene un fuerte simbolismo referido al papel de Jesús como nuestro Pastor y nosotros como su rebaño (Juan 10:14-16), así que incluso aquella instrucción del cuidado en los hilos de las vestimentas apunta a no mezclar lo que era para adoración del Antiguo Pacto con el Nuevo pues aquellas eran sombras de lo venidero (Hebreos 10:1), cuestión que es abordada por la iglesia naciente en el caso –que sigue en la actualidad- de los judaizantes (Hechos 15:1-35), como nuestro Señor lo dijo en su momento: “Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente” (Mateo 9:16-17).

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de no usar un mismo artículo de ropa hecho de lana mezclada con lino, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido la adoración pura, sin mezclas, ni ajenas ni antiguas, que como su iglesia debe caracterizarnos ante Dios y que es definida por Él mismo en su Palabra escrita y hecha carne.


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