39. Las mujeres no han de usar ropa de hombres (Dt. 22:5)


 “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace”

 

Como parte del pacto que Dios hizo con su pueblo estableció roles muy claros para cada uno de los dos sexos que creó. A lo largo de la Escritura hay cuestiones que atañen solo a los hombres, como el ejercicio del sacerdocio, y cosas que atañen únicamente a las mujeres, como los rituales de purificación post-parto.

 

La idea subyacente de cuidar los roles establecidos inicia con la forma en que cada sexo tiene de identificarse, en esto lo primero es el vestir, de ahí que la manera diferente de vestir entre sexos es lo básico que si comienza a transgredirse puede dar paso a posteriores y más graves desviaciones, como la homosexualidad o el lesbianismo.

 

Pero más allá de ello existe una comprensión espiritual que la iglesia de Dios debe entender.

 

Una mujer en la Escritura simboliza a una iglesia

 

2 Corintios 11:2

Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.

 

Efesios 5

25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

 

Y en el caso de Jesús, aparte de ser descrito como el esposo de su iglesia, es la cabeza de la misma.

 

Efesios 1:22

Y sometió todas las cosas debajo de sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia

 

Efesios 5:23

Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia; y él es el salvador del cuerpo

 

Colosenses 1:18

Cristo también es la cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo

 

Ahondemos más en ambos temas para entender por qué lo que los identifica, sus ropajes, no pueden ser intercambiados.

 

En el caso de Cristo podemos claramente identificar en su persona las tres funciones de profeta, sacerdote y rey.

 

Profeta

La función de profeta, entendida como la de aquel llamado a proclamar la verdad del Padre, es fácilmente identificable en Cristo, con todo y todo la Escritura, tanto las profecías como las declaraciones testimoniales de quienes conocieron a Jesús y las suyas propias confirman esto.

 

Deuteronomio 18:15-19

Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;  conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.  Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.  Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.

 

Esta profecía que Dios mismo dio a Moisés, se refería precisamente al papel de Cristo cuando éste viniera al mundo. Esto está claramente explicado por Pedro cuando el día de Pentecostés, dirigiéndose a la multitud, sobre Cristo declara:

 

Hechos 3:22-23

Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;  y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.

 

De igual forma, durante el ministerio de Jesús, mucha gente lo reconoció como el profeta y de manera inspirada estos dichos fueron recogidos en las Escrituras:

 

Lucas 7:16

El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y: Dios ha visitado a su pueblo.

 

Mateo 21:11

Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.

 

Juan 6:14

La gente entonces, al ver la señal que Jesús había hecho, decía: Verdaderamente este es el Profeta que había de venir al mundo.

 

Juan 7:40

Entonces algunos de la multitud, cuando oyeron estas palabras, decían: Verdaderamente este es el Profeta.

 

Juan 9:17

Entonces dijeron otra vez al ciego: ¿Qué dices tú de Él, ya que te abrió los ojos? Y él dijo: Es un profeta.

 

Si bien las citas anteriores no dejan lugar a dudas de la figura de Jesús como profeta, tenemos sus propios dichos que al respecto así lo atestiguan:

 

Lucas 13:33

Sin embargo, debo seguir mi camino, hoy, mañana y pasado mañana; porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén.

 

Ahora bien ¿qué es un profeta? Generalmente se tiene la idea de que un profeta es aquel que devela algo oculto, generalmente relacionado con el futuro, el porvenir. Si bien es cierto que esta es una de las funciones que ocasionalmente desempeña un profeta, el término abarca muchos más que eso.

 

Sacerdote

La función sacerdotal de Cristo, aunque escrituralmente es clara, implica reconocer la cuestión de los dos sacerdocios y las dos leyes, de igual forma conocer la correcta secuencia de preponderancia entre las tres funciones de profeta, sacerdote y rey.

 

Salmos 110:4

Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

 

Es de todos conocidos que este salmo es un salmo mesiánico que se refiere precisamente a Jesús, nuestro Señor y Salvador, con todo y todo mayor confirmación de esto lo tenemos cuando Pablo, escribiendo a los Hebreos, tomando precisamente este salmo, señala respecto de Jesús:

 

Hebreos 5:6

Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec

 

En esa misma carta Pablo se explaya explicando en extensión y profundidad la figura de Jesús como ese sacerdote, perfecto, santo y eterno:

 

Hebreos 6:20

…donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho, según el orden de Melquisedec, sumo sacerdote para siempre.

 

Hebreos 7:15

Y esto es aún más evidente, si a semejanza de Melquisedec se levanta otro sacerdote,

 

Hebreos 7:11

Ahora bien, si la perfección era por medio del sacerdocio levítico (pues sobre esa base recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad {había} de que se levantara otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y no designado según el orden de Aarón?

 

Hebreos 7:23

Los sacerdotes [anteriores] eran más numerosos porque la muerte les impedía continuar

 

Hebreos 7:26

Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos,

 

Hebreos 3:2

El cual fue fiel al que le designó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.

 

Rey

En el Antiguo Testamento tenemos varias profecías que presentan a Jesús, el Mesías, como ese rey que habría de reinar de manera perfecta, santa y eterna, de igual forma el testimonio de sus contemporáneos incluido inspiradoramente en la Escritura, así como las profecías que aún están por cumplirse señalan esto.

 

Salmos 2:6

Pero yo mismo he consagrado a mi Rey sobre Sion, mi santo monte.

 

Zacarías 9:9

Regocíjate sobremanera, hija de Sion. Da voces de júbilo, hija de Jerusalén. He aquí, tu rey viene a ti, justo y dotado de salvación, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de asna.

 

Números 24:17

Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no cerca; una estrella saldrá de Jacob, y un cetro se levantará de Israel que aplastará la frente de Moab y derrumbará a todos los hijos de Set.

 

Números 24:19

De Jacob [saldrá] el que tendrá dominio, y destruirá al remanente de la ciudad.

 

Miqueas 5:2

Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad.

 

Esta última profecía es retomada por Mateo en su Evangelio cuando al referirse al lugar de nacimiento de Jesús señala:

 

Mateo 2:6

`` Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará[a] a mi pueblo Israel”

 

De igual forma, durante el ministerio de Jesús en la tierra, muchos testificaron sobre su realeza, sobre su carácter monárquico, dichos que de manera inspirada fueron recogidos e incorporados en los Evangelios:

 

Juan 1:49

Natanael le respondió: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

 

Juan 12:13

…tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna!, ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!

 

Mateo 2:2

¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle.

 

Independientemente de lo anterior, Jesús mismo testificó sobre su carácter monárquico:

 

Mateo 27:11

Y Jesús compareció delante del gobernador, y éste le interrogó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú [lo] dices.

 

Marcos 15:2

Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo El, le dijo: Tú [lo] dices.

 

Lucas 23:3

Pilato entonces le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y {Jesús} respondiéndole, dijo: Tú [lo] dices.

 

Juan 18:33

Entonces Pilato volvió a entrar al Pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?

 

E incluso la inscripción que se colocó en la cruz, de manera providencial establecía su realeza, su carácter monárquico:

 

Mateo 27:37

Y pusieron sobre su cabeza la acusación contra El, que decía: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDÍOS.

 

Lucas 23:38

Había también una inscripción sobre El, [que decía:] ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.

 

Marcos 15:26

Y la inscripción de la acusación contra Él decía: EL REY DE LOS JUDÍOS.

 

Juan 19:19

Pilato también escribió un letrero y lo puso sobre la cruz. Y estaba escrito: JESUS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDÍOS.

 

 

Ahora bien, y esto es muy importante tenerlo en cuenta, las tres funciones anteriores son inherentes a la persona de Jesús y las tres coexisten en el mismo de manera continua, pero en la temporalidad cada una de ella tiene una preponderancia sobre las demás, es decir, Cristo es profeta, sacerdote y rey, pero en el transcurso de la historia de la salvación cada una de las funciones anteriores tiene preeminencia.

 

Cuando Cristo vino, dada la función que desempeño, su papel preponderante era de profeta, es decir, de transmitir lo que del Padre había oído (Juan 5:19; 8:38; 12:49), Su verdad, pero eso no quiere decir que sus funciones sacerdotales o de la realeza no las desempeñara, claro que las desempeñaba pero con menor realce pues un orden hay para todo, orden del que se hablará más delante.

 

En su venida, Jesús siendo profeta, también desempeñaba un papel sacerdotal pues Él mismo oraba al Padre e intercedía por las necesidades de los hombres físicas y espirituales (Juan 11: 41-42; 17:9, 11, 13, 15; 17: 17-19), de igual forma en su papel monárquico definía y establecía las reglas aplicables para quien lo reconociese como Señor (Lucas 6:46; Mateo 7:21; Juan 14:15, 21), más sin embargo en ese entonces su papel preponderante era de profeta.

 

En la temporalidad actual, la era de Su iglesia, Cristo está desempeñando un papel preponderante de sacerdote al interceder ante el Padre (Hebreos 2:17; 4:14-16; 6:20; 7:26; 8:1) como único mediador entre los hombres y Dios (1 Timoteo 2:5), más sin embargo a través del Santo Espíritu del Padre sigue profetizando en Su iglesia, para edificación de sus miembros (1 Corintios 14:3, 5),  y a través de Su iglesia, para testimonio del mundo (Mateo 24:14), de igual forma desempeña también su papel monárquico pues ha despojado a los poderes y autoridades de este siglo (Colosenses 2:15)  y Él ha sido puesto encima de todo principado y autoridad y poder y señorío (Efesios 1:20-22; 1 Pedro 3:22) y se ha sentado a la derecha del Trono de la Majestad (1 Pedro 3:22; Hebreos 8:1).

 

Y en el Milenio Jesús comenzará a desempeñar de manera preponderante Su papel monárquico (Revelación 19:16), más sin embargo eso no quiere decir que no desempeñará su papel de profeta o su papel de sacerdote, seguirá la instrucción, enseñanza y edificación de Su pueblo (Isaías 2:3) así como la intercesión de Cristo ante el Padre por los hijos de Dios (1 Timoteo 2:5).

 

Es así como las funciones de profeta, sacerdote y rey son inherentes a Jesús, más sin embargo cada una de ellas, en el Plan de Dios, tiene un carácter preponderante sin excluir el ejercicio de las demás.

 

Ahora, en el caso de la iglesia, hay que entender que ésta se conforma tanto por el pueblo histórico de Israel como por el Israel de Dios.

 

Israel

De inicio hay que señalar que existe un solo pueblo de Dios: Israel, pero ese no es el Israel histórico, tampoco es la iglesia de Dios, ambos, a saber: el Israel histórico y la iglesia de Dios, son dos aspectos en diferentes momentos de ese único pueblo de Dios, Israel, que más que pueblo bien podría definirse de una manera más correcta como la familia de Dios (Romanos 9:8; 1 Juan 3:1-2).

 

Para hablar de la iglesia, como Dios la entiende, hay que tener cuidado en no caer en dos posturas muy comunes no sólo en la actualidad sino prácticamente desde la primer venida de Cristo: aquellos que dicen que el pueblo de Dios es el Israel histórico y los otros que señalan que no, que el Pueblo de Dios en la actual dispensación es la iglesia como es entendida ésta, ambos grupos dejan por fuera el entendimiento de que el referente principal es la Familia de Dios, aquellos que han vencido.

 

Cuando uno lee la Escritura, encuentra en la misma admoniciones y promesas dadas a Israel, estas admoniciones y promesas pueden ser históricas (ya acontecidas), exhortativas (acontecidas o no pero que sirven de instrucción, de corrección, de edificación), o proféticas (que aún no han sucedido), pero en todos los casos el lector generalmente las ubica referidas única y exclusivamente al Israel carnal, físico y terrenal, sin darse cuenta que también aplican a la iglesia de Dios, para ello hay que entender el significado de Israel más allá del claro y evidente referido al pueblo judío.

 

Hay que entender que en la Escritura, la palabra Israel puede referirse, sí, al pueblo carnal, físico y terrenal de Israel, pero también hace referencia a todo aquel quien es llamado por Dios y llega a formar parte de Su familia.

 

Cuando el nombre de Jacob es cambiado a Israel (Génesis 32:29), la misma Escritura explica su significado pleno. Israel viene de ישׂראל, Yisra'el, que significa El que Lucha con Dios, pero la Escritura completa el significado pleno al señalar en la cita dada que ese cambio se da no sólo por haber luchado con Dios y los hombres (incluso hombres impíos habían luchado con Dios y con los hombres, como Caín o Nimrod) pero en el caso de Jacob él había vencido, es así como Israel se refiere a El Que Vence, lo cual abarca tanto el Antiguo como el Nuevo testamento, es decir tanto al pueblo carnal, físico y terrenal de Israel como a los llamados a formar parte de la iglesia de Dios, es decir, en Israel nos estamos  refiriendo a la familia de Dios conformada por todo aquel que vence.

 

Sobre esto, es interesante notar en el capítulo 6 de Gálatas, como es que Pablo hace mención al Israel de Dios (Gálatas 6:16). La carta va dirigida no al Israel carnal, físico y terrenal sino a la iglesia de Dios, de hecho es una admonición contra aquellos que querían llevar a los nuevos creyentes de nuevo a judaizar sometiéndose a las prescripciones que habían sido superadas por el sacrificio redentor de nuestro Señor Jesús.  “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.  Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la circuncisión, sino una nueva creación.  Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gálatas 6:14-16). Así, Pablo, al referirse al Israel de Dios en un contexto ajeno al Israel carnal, físico y terrenal, se dirige a la iglesia de Dios, de hecho podemos decir, en la misma línea de lo ya comentado, que se dirige a todo aquel que siendo llamado llega a vencer pues “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28; cfr. Romanos 11:11-24)

De esto último es interesante que las cartas que Jesús por medio de Juan envía a las iglesias en Revelación siempre se refiere las promesas que esperan al que venza (Revelación 2:7, 11, 17, 26: 3:5, 12, 21), siguiendo la tónica de lo expresado, al que llegue a ser Israel.

 

Con esta comprensión puede entenderse una profecía dada por Jesús que sigue desconcertando a los estudiosos de la Escritura.

 

Mateo 10:23

Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre.

 

Interpretaciones van e interpretaciones vienen respecto de la cita anterior, algunos más prudentes la obvian para no entrar en conflicto ya que la lectura de la misma es contradictoria a primera vista. Jesús, refiriéndose a la encomienda de proclamar el Evangelio, dice a Sus seguidores que si los persiguen en una ciudad vayan a otra, pero luego viene la profecía a la que se hace referencia: “porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre”. Es más que evidente que hace mucho, de hecho incluso en el tiempo de la iglesia primitiva, los discípulos de Jesús recorrieron todas las ciudades de Israel, incluso considerando que el exhorto a sus discípulos va dirigido a Sus seguidores de todos los tiempos es difícil argumentar que en la actualidad no se han recorrido todas las ciudades de Israel. Pero hay más, ya que esta cita estaría en contraposición con otra misma de Jesús cuando al enviar a Sus discípulos a predicar el Evangelio les dice “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8), así que aquí Jesús dice que Sus discípulos le serían testigos en toda –no parte- Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra, ¿entonces?, ¿los discípulos no acabarían de predicar en todo Israel para cuando Jesús regresara (Mateo 10:23) o más bien si terminarían y no sólo con Judea y Samaria (Israel) sino incluso hasta las confines más recónditos de la tierra (Hechos 1:8)?, ¿cómo conciliar estas dos citas aparentemente contradictorias?

 

Vista de la manera tradicional donde Israel se refiera al estado judío el conflicto anterior subiste y de hecho no hay manera de resolverlo, pero con la comprensión referida a que Israel se refiere a El Que Vence puede entenderse la anterior profecía bajo una nueva luz donde la referencia a las ciudades de Israel es un indicativo de todos aquellos lugares alrededor el mundo donde vivieren en todos los tiempos aquellos que habrían de ser llamados a salvación en el presente siglo:  “porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de [Los Que Vencen], antes que venga el Hijo del Hombre”.

 

Con este entendimiento , cuando se lea en la Escritura admoniciones y promesas para Israel, hay que llevarlas a la luz de su significado como una exhortación personal a El Que Vence y tómalas para tu edificación, pues son dichas también para el pueblo histórico de Israel, para toda la iglesia de Dios, por el llamamiento del que cada uno sido objeto, para ser acreditado entre los llamados y elegidos que son hallados fieles (Revelación 17:14) y contado entre los vencedores (Romanos 8:29-39; 1 Juan 5:4-5).

 

Iglesia

Pero entonces, ¿no hay ventaja alguna en ser parte de la iglesia de Dios? Claro que sí, ésta en la actual dispensación es columna y sostén de la verdad (1 Timoteo 3:15), o más bien, columna y sostén de las tres verdades, ¿tres verdades?,  ¿qué no sólo existe una verdad en la iglesia de Dios? En efecto, a iglesia de Dios es columna y fundamento de la verdad, una sola verdad, no varias, pero esto de las tres verdades lo que busca enfatizar son  las diferentes categorías que sobre esa única verdad existente en la iglesia de Dios hay.

 

Verdades de salvación. En pocas palabras estas son nuestros principios doctrinales. Dichos principios no son susceptibles de ser cambiados, disminuidos o acrecentados, sino que deben ser creídos y defendidos por quienes formamos parte de la iglesia de Dios. La razón de esta inamovilidad en cuanto a los principios doctrinales es que estos forman parte de a fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos (Judas 1:3), debemos ser retenedores de la palabra fiel tal como ha sido enseñada (Tito 1:9), perseverando en el Evangelio tal cual se nos ha entregado pue si retenemos la palabra que se nos ha predicado, seremos salvos, de otra forma habremos creído en vano (1 Corintios 15:1-2). Lo anterior implica apartarnos de aquellos que, desviándose de nuestros principios doctrinales causen divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que hubimos aprendido (Romanos 16:17), esto hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios (Efesios 4:11-15).

 

Verdades de comprensión. Lo anterior no quiere decir que la comprensión que poseemos sobre la verdad revelada sea completa y total, esto porque en parte conocemos y en parte profetizamos, esto hasta que llegue lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará (1 Corintios 13:9-10), mientras tanto la Escritura nos exhorta a escudriñar todo reteniendo lo bueno (1 Tesalonicenses 5:21), estudiando, analizando, meditando la Palabra para así creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2 Pedro 3:18), para pasar de nutrimos con leche a alimentarnos con alimento sólido (1 Corintios 3:2). Esto implica que habrá ciertos temas irresueltos en la iglesia cuyo examen puede arrojar resultados parciales que no deben ser causa de disensión ni contienda en tanto no vayan en contra de los principios doctrinales siendo vistos como el esfuerzo que la congregación hace para alcanzar todas las riquezas que proceden de una plena seguridad de comprensión, resultando en un verdadero conocimiento del misterio de Dios, es decir, de Cristo (Colosenses 2:2), siempre esforzándonos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4:3,5).

 

 

Verdades de motivación. Por último, están esas disertaciones sobre temas conocidos donde los razonamientos que se presente busquen hacer más accesibles aquellas lecciones que contiene la Escritura, después de todo la

 

Palabra impone a todo creyente la obligación de estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras (Hebreos 10:24), edificándonos unos a los otros (1 Tesalonicenses 5:11), siendo que los más fuertes deben sobrellevar las flaquezas de los más débiles (Romanos 15:1,2), gozando con el que goza y llorando con el que llora (Romanos 12:15).

 

La Escritura sólo tiene sentido en el seno de la iglesia de Dios, la verdad que contiene ésta, sea de salvación, de comprensión o de motivación, nos santifica (Juan 17:19), nos libera (Juan 8:32), nos limpia (Juan 15:3), pues tal como sabemos toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (2 Timoteo 3:16-17). Así La familia de Dios está dada por Israel, Los Que vencen.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que las mujeres no han de usar ropa de hombres, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a la función y características inintercambiables de Jesús y su pueblo.


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