203. Se debe ayudar a cargar a un hombre o un animal cuando haga falta (Dt. 22:4)


“Si vieres el asno de tu hermano, o su buey, caído en el camino, no te apartarás de él; le ayudarás a levantarlo”

 

Las disposiciones que Dios estableció con su pueblo como parte en su momento de su pacto establecían ciertas directrices de carácter natural que fácilmente pueden ser comprendidas bajo esa perspectiva, caso de lo señalado en Deuteronomio 22:4 relativo a la compasión que hacia el animal del prójimo uno pudiera tener, pero más allá de ello hay una comprensión espiritual que uno puede comprender si hace del centro de la reflexión el hecho de que en la cita de Deuteronomio 22:4  específicamente se menciona al asno y al buey como ese animal del prójimo que habría que ayudar.

 

Como parte el pacto que Dios había establecido con su pueblo se había estipulado el que todos los primogénitos eran de Jehová (Éxodo 13:11-12), en el caso de los primogénitos de los animales aptos para el sacrificio éstos irrevocablemente debían ser sacrificados a Dios, en el caso de los primogénitos humanos, dado que Dios no acepta sacrificios humanos, éstos debían ser redimidos, igual suerte corrían los primogénitos de los animales inmundos, al ser éstos de Dios pero al mismo tiempo no poderse ofrecer por no ser aptos para sacrificio alguno se redimían, es decir, se pagaba su estimación con dinero lo cual equivalía a que se hubiesen entregado para Dios (Números 18:15-16)

 

Algo parecido sucedía con aquella persona que quería ofrecer para el servicio del templo un animal inmundo, es decir, según lo estipulaba Levítico 27:11-12, dicho animal era tasado por el sacerdote siendo que el propietario del mismo entregaba el dinero que hacía equivalente su ofrenda.

 

La comprensión natural de lo anterior ya ha sido explicada, es decir: no se le podía sacrificar a Dios un animal inmundo por lo que el equivalente en dinero era aceptable para ello, con todo y todo ¿qué verdades subyacentes, verdades espirituales, puede contener dicha disposición? La figura del asno y del buey nos pueden ayudar a entender estro.

 

Como ya se señaló, como parte de las disposiciones que Dios había establecido para con su pueblo como parte de su pacto estaba aquella que tenía como referente a los primogénitos, fuesen estos tanto entre los hijos de Israel como entre los animales, los cuales pertenecían a Dios.

 

El referente de esto está en Éxodo 13

 

Éxodo 13

Jehová habló a Moisés, diciendo:

Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es.

Y Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte; por tanto, no comeréis leudado.

Vosotros salís hoy en el mes de Abib.

Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del heveo y del jebuseo, la cual juró a tus padres que te daría, tierra que destila leche y miel, harás esta celebración en este mes.

Siete días comerás pan sin leudar, y el séptimo día será fiesta para Jehová.

Por los siete días se comerán los panes sin levadura, y no se verá contigo nada leudado, ni levadura, en todo tu territorio.

Y lo contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: Se hace esto con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de Egipto.

Y te será como una señal sobre tu mano, y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca; por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto.

10 Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año en año.

11 Y cuando Jehová te haya metido en la tierra del cananeo, como te ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la hubiere dado,

12 dedicarás a Jehová todo aquel que abriere matriz, y asimismo todo primer nacido de tus animales; los machos serán de Jehová.

13 Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos.

14 Y cuando mañana te pregunte tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto?, le dirás: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre;

15 y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová hizo morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia; y por esta causa yo sacrifico para Jehová todo primogénito macho, y redimo al primogénito de mis hijos.

16 Te será, pues, como una señal sobre tu mano, y por un memorial delante de tus ojos, por cuanto Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte.

 

La lectura de las citas anteriores es interesante ya que los versículos 1 y 2 comienzan con la cuestión de la consagración de los primogénitos pero luego de los versículos 3 al 10 viene una relatoría referente a la salida del pueblo de Israel de Egipto, incluyendo las festividades relativas a eso, para cerrar en los versículos 11 al 16 de nuevo con la cuestión de los primogénitos incluyendo lo relativo en específico al tratamiento del primogénito de los asnos.

 

Lo relativo a los primogénitos se repite en varias partes del Antiguo Testamento.

 

Éxodo 22

29 No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar.

Me darás el primogénito de tus hijos.

30 Lo mismo harás con el de tu buey y de tu oveja; siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás.

 

Éxodo 34

19 Todo primer nacido, mío es; y de tu ganado todo primogénito de vaca o de oveja, que sea macho.

20 Pero redimirás con cordero el primogénito del asno; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. Redimirás todo primogénito de tus hijos; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías.

 

Levítico 27

26 Pero el primogénito de los animales, que por la primogenitura es de Jehová, nadie lo dedicará; sea buey u oveja, de Jehová es.

27 Más si fuere de los animales inmundos, lo rescatarán conforme a tu estimación, y añadirán sobre ella la quinta parte de su precio; y si no lo rescataren, se venderá conforme a tu estimación.

28 Pero no se venderá ni se rescatará ninguna cosa consagrada, que alguno hubiere dedicado a Jehová; de todo lo que tuviere, de hombres y animales, y de las tierras de su posesión, todo lo consagrado será cosa santísima para Jehová.

 

Números 3

12 He aquí, yo he tomado a los levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todos los primogénitos, los primeros nacidos entre los hijos de Israel; serán, pues, míos los levitas.

13 Porque mío es todo primogénito; desde el día en que yo hice morir a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, santifiqué para mí a todos los primogénitos en Israel, así de hombres como de animales; míos serán. Yo Jehová.

 

Números 8

14 Así apartarás a los levitas de entre los hijos de Israel, y serán míos los levitas.

15 Después de eso vendrán los levitas a ministrar en el tabernáculo de reunión; serán purificados, y los ofrecerás en ofrenda.

16 Porque enteramente me son dedicados a mí los levitas de entre los hijos de Israel, en lugar de todo primer nacido; los he tomado para mí en lugar de los primogénitos de todos los hijos de Israel.

17 Porque mío es todo primogénito de entre los hijos de Israel, así de hombres como de animales; desde el día que yo herí a todo primogénito en la tierra de Egipto, los santifiqué para mí.

18 Y he tomado a los levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel.

 

Números 18

15 Todo lo que abre matriz, de toda carne que ofrecerán a Jehová, así de hombres como de animales, será tuyo; pero harás que se redima el primogénito del hombre; también harás redimir el primogénito de animal inmundo.

16 De un mes harás efectuar el rescate de ellos, conforme a tu estimación, por el precio de cinco siclos, conforme al siclo del santuario, que es de veinte geras.

17 Más el primogénito de vaca, el primogénito de oveja y el primogénito de cabra, no redimirás; santificados son; la sangre de ellos rociarás sobre el altar, y quemarás la grosura de ellos, ofrenda encendida en olor grato a Jehová.

 

Lucas 2

21 Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido.

22 Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor

23 (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor),

24 y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos.

 

De toda esta normatividad relativa a los primogénitos sobre sale (1) que todo primogénito, fuese de hombre o de animal, le pertenecía a Dios (Éxodo 22:29; 34:19; Levítico 27:26; Números 3:13; 8:17); en el caso de los animales limpios estos debían ser ofrecidos como sacrificio (Números 18:17) al cumplir los ochos días de nacidos (Éxodo 22:30) pero en el caso de los animales inmundo estos debían ser rescatados (Levítico 27:27-28); en el caso de los primogénitos de hombre éstos se redimían con un sacrificio (Éxodo 34:20; Números 18:15-16), lo cual cumplió Jesús (Lucas 2:21-24); y los levitas fungían en lugar de los primogénitos de Israel para efectos de ministrar ante Dios en su Tabernáculo (Números 3:12; 8:14-16, 18).

 

Es más que claro que la figura del primogénito consagrado para Dios tiene su cumplimiento en el Mesías.

 

Hebreos 1

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.

Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:
    Mi Hijo eres tú,
    Yo te he engendrado hoy,  y otra vez:
    Yo seré a él Padre,
    Y él me será a mí hijo? 

Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice:
    Adórenle todos los ángeles de Dios. 

Ciertamente de los ángeles dice:
    El que hace a sus ángeles espíritus,
    Y a sus ministros llama de fuego. 

Más del Hijo dice:
    Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;
    Cetro de equidad es el cetro de tu reino.

Has amado la justicia, y aborrecido la maldad,
Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo,
Con óleo de alegría más que a tus compañeros. 

10 Y:
    Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra,
    Y los cielos son obra de tus manos.

11 Ellos perecerán, más tú permaneces;
Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,

12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados;
Pero tú eres el mismo,
Y tus años no acabarán. 

13 Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:
    Siéntate a mi diestra,
    Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? m

14 ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?

 

De igual forma los sacrificios presentados para redimir a los primogénitos entre los hombres apuntan al sacrificio redentor de Jesús, cuyo principal referente era la Pascua.

 

La fiesta de la Pascua, inicia el calendario de las fiestas de Dios. Esta fiesta era celebrada por el Pueblo de Israel, conforme a la ordenanza, el 14 de Nisán. Nisán era el primer mes del calendario dado por Dios a Su pueblo, como es un calendario luni-solar no corresponde exactamente con el nuestro calendario actual, por lo que el mes de Nisán cae entre marzo y abril cada año, siendo que específicamente el 14 de Nisán puede caer en Marzo o en Abril cada año. Nisán abre el calendario dado por Dios a Su pueblo precisamente cuando la vida comienza de nuevo cada año, en lo que conocemos con primavera. La Pascua, así como las restantes fiestas que caen en primavera - Panes sin levadura, Primicias, y Pentecostés- marcan, al igual que las cosechas tempranas de esa estación, ese inicio con el que Jesús abrió la consumación del plan de Dios, el resto de las fiestas - Trompetas, Expiación, y Tabernáculos- de manera significativa caen en otoño, época de la recolección final de los frutos de la tierra, con lo que se cumplimenta el plan de nuestro Creador.

 

De manera trascendental la Pascua es una sombra del sacrificio redentor que en su momento haría por toda la humanidad. Pascua (פסחא, Pesaj), significa Pasar en referencia a cuando el ángel de la muerte pasó por alto las casas de los hebreos que habían marcado sus muertas con la sangre del cordero evitando la muerte de sus primogénitos cuando cayó la décima plaga sobre Egipto, esto es sombra del sacrificio de Cristo cuando derramando Su sangre nos libró de la esclavitud del pecado y nos salvó de la muerte.

 

Al igual que el cordero pascual, Cristo es seleccionado el día 10 de Nisán. El 9 de Nisán Jesús estaba en Betania (Juan 12:1), al día siguiente, 10 de Nisán,  va a Jerusalén y la gente lo aclama como el que viene en el nombre del Señor, como el rey de Israel (Juan 12:12-13).

 

La idea de tener el cordero pascual desde el 10 y hasta el 14 de Nisan era para inspeccionarlo y estar seguro que cumplía los requisitos dados de ser sin defecto, esto inicia cuando el 10 de Nisán Jesús echa a los mercaderes del Templo y es cuestionado por los sacerdotes por hacer eso, es decir, lo estaban examinando, dando Jesús en sus respuestas prueba de ser sin defecto alguno (Mateo 21:23-27; 22:35-40), esta examinación no terminaría sino hasta su sacrificio el día 14 de Nisán. Y todavía previo a este sería revisado por Anás, sumo sacerdote del Sanedrín (Juan 18:12-14), por Caifás, sumo sacerdote del Sanedrín (Mateo 26:57-68), por Herodes, rey de Judea (Lucas 23:6-12), y por Pilato, prefecto de la provincia de Judea (Mateo 27: 1-2, 11-14), en este sentido claramente este último, Pilato, llega a decir “No encuentro delito en este hombre” (Lucas 23:4).

 

Sobre esto, el profeta Isaías predijo el sacrificio supremo de Jesucristo: al señalar que “más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5). Isaías profetizó además que “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (v. 6). El Mesías iba a ser “angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (v. 7). “Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido” (v. 8).

 

El rey David, cuyos escritos se remontan unos 1.000 años antes de la muerte de Cristo, también profetizó sobre la humillación y el dolor insoportable que sufriría Jesús durante su crucifixión: “más yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.  Todos los que me ven me escarnecen” (Salmos 22:6-7). “He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte.  Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan” (Salmos 22: 14-17).

 

Los alcances de este sacrificio, si bien estaban contenidos en sombra en la celebración de la pascua judía, serían claramente expuestos en los primeros años de la iglesia de Dios. Pedro hablando al respecto señalo sobre Jesús en 1 Pedro 2:24 que “llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”. Pablo escribiendo a los Hebreos señaló en cuanto a Jesús que “en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9:26);  escribiendo a los Romanos señaló que “Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6), escribiendo a los Corintios les dijo que “nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5:7).

 

Si bien la reconciliación que el sacrificio redentor de Jesús con su muerte nos ganó ante el Padre, el efecto pleno de esto excede incluso lo que pudiéramos decir o pensar: ser parte de Su familia divina (Efesios 2:19) como reyes y sacerdotes (Revelación 5:10) y coheredar con Jesús todas las cosas (Romanos 8:32).

 

De hecho Cristo ha sido hecho el primero en todo, “y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1:18).

 

Con todo y todo, ¿por qué en el caso del primogénito del asno hay una mención especial?

 

Éxodo 34

19 Todo primer nacido, mío es; y de tu ganado todo primogénito de vaca o de oveja, que sea macho.

20 Pero redimirás con cordero el primogénito del asno; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. Redimirás todo primogénito de tus hijos; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías.

 

Para entender esto hay que remitirnos a Mateo 21:5, “decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga.”

 

La cita escritural cuando Jesús entra en Jerusalén montado en burro ha sido interpretada como un símbolo de su humildad, en efecto la cita muestra eso, pero ¿por qué un burro? La Ley dada Israel estipulaba que todo primer nacido de asno, fuese redimido con un cordero sino esa así tenía que ser muerto (Éxodo 13:13), Israel (y todos los que hemos sido llamados a ser Israel -el que vence (Génesis. 32:28)- es comparado a un burro rebelde (Jeremías 2:24), ese burro somos nosotros, condenados a morir, pero hay un cordero que viene montado en él para ser sacrificado en su lugar redimiéndonos, por eso la cita en cuestión dice que Jesús venía sobre el burro de manera mansa simbolizando lo que en breve sería el cumplimiento de Isaías 53:7: "Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca", por eso Éxodo 34:20 señala que el primogénito del asno es redimido por un cordero, figura esto de nuestra redención obrada por el sacrificio de Cristo.

 

De hecho, nuestro Señor corrobora esta interpretación cuando, asemeja el ayudar a un asno (animal impuro) o un buey (animal puro) con el ayudar al prójimo.

 

Lucas 14

1Aconteció un día de reposo, que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo, estos le acechaban. Y he aquí estaba delante de él un hombre hidrópico. Entonces Jesús habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?  Mas ellos callaron. Y él, tomándole, le sanó, y le despidió. Y dirigiéndose a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en día de reposo?, Y no le podían replicar a estas cosas.

 

Una vez establecido todo lo anterior uno puede avanzar a la comprensión de la disposición establecida en Levítico 27:11-12: “Si fuere algún animal inmundo, de que no se ofrece ofrenda a Jehová, entonces el animal será puesto delante del sacerdote, y el sacerdote lo valorará, sea bueno o sea malo; conforme a la estimación del sacerdote, así será”.

 

Como ya quedó claro, la disposición de redención de los animales inmundos apuntaba al sacrificio redentor de Jesús el cual nos hace aceptos para el Padre al reconciliarnos con Él, pero —y esto es muy importante tenerlo en cuenta— aún no somos lo que debemos ser: perfectos y santos, una imagen de nuestro Señor Jesús.

 

Y en ese mismo sentido, ¿por qué la mención en Deuteronomio 22:4 al buey?, porque el buey, como ya se vio, era un animal apto para los sacrificios, es decir, representa a los santificados que, habiendo respondido al llamamiento del Padre para venir a salvación en el presente siglo, buscan cumplir lo señalado por Pablo cuando escribiendo a los de Roma les dice “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1).

 

Sobre estas ambas figuras, el burro y el buey, aquellos aun no redimidos y aquellos ya redimidos, aunque ambos actualmente imperfectos, Pablo escribiendo a los de Éfeso les señala “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13-14). La comprensión de esta cita es clara: los elegidos hemos recibido el Espíritu de Dios como un anticipo de aquello que en nosotros habrá de revelarse al regreso de nuestro Señor si es que nos mantenemos fieles hasta el final.

 

Visto de otra forma, aunque redimidos, al no ser aún perfectos y santos, al tener aún carnalidad en nosotros, no hemos alcanzado aquella estatura perfecta de Cristo que nos haría aceptos completamente al Padre, en este sentido podría decirse que aún somos como aquellos animales inmundos que no podían ofrecerse a Dios así como estaban por eso mismo.

 

En este punto hay que hacer una pausa para explicar esto pues, en efecto, ya hemos sido redimidos por Jesús, pero el proceso aún no ha concluido sino que concluirá al regreso de Él cuando seamos transformados, como escribe Juan en su primer carta “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).

 

Nuestra actual condición es una mezcla de una ofrenda santa pero al mismo tiempo pecaminosa. Esto estuvo simbolizado desde el Antiguo testamento cuando en lo que se conoce como Pentecostés se ofrecían dos panes pero con levadura. Todos los holocaustos, sacrificios y ofrendas decretados en el Antiguo Testamento como parte del pacto que Dios hizo con su pueblo estipulaban claramente que debían acompañarse con pan pero nunca éste leudado (Éxodo 34:25), entonces ¿por qué en pentecostés la directiva esta cambiaba?

 

La fiesta que le sigue a Primicias es la de Pentecostés. Pentecostés  (del griego πεντηκοστή, pentēkostḗ, quincuagésimo- resulta de dividir un todo en 50 partes iguales-), viene de la fiesta de Shavuot. Shavuot (del hebreo שבועות - plural de Shavúa - שבוע, semana), también se le conoce como la fiesta de las semanas (Ex. 34:22) pues se contaban siete semanas desde el día siguiente en que se había ofrecido la gavilla de la ofrenda mecida -primicias- (Levítico 23:15; Deuteronomio 16:9) lo que daba cincuenta días (Levítico 23:16), cayendo así en el mes de Siván (Mayo-Junio). Esta fiesta, la última de primavera, era la fiesta de la cosecha plena (Éxodo 23:16; 34:22) después de las primicias obtenidas cincuenta días antes. En esta fiesta no se hacía ningún trabajo de siervos (Levítico 23:21).

 

El cumplimiento de esta fiesta tiene su referente con la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y Discípulos, precisamente cincuenta días después de la fiesta de las Primicias, como dice Hechos 2:1-42:

 

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.

Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;

y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.

Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.

Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?

¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?

Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,

10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,

11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?

13 Más otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

15 Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

16 Más esto es lo dicho por el profeta Joel:

17 Y en los postreros días, dice Dios,
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;
Vuestros jóvenes verán visiones,
Y vuestros ancianos soñarán sueños;

18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

19 Y daré prodigios arriba en el cielo,
Y señales abajo en la tierra,
Sangre y fuego y vapor de humo;

20 El sol se convertirá en tinieblas,
Y la luna en sangre,
Antes que venga el día del Señor,
Grande y manifiesto;

21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;

23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;

24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.

25 Porque David dice de él:
    Veía al Señor siempre delante de mí;
    Porque está a mi diestra, no seré conmovido.

26 Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua,
Y aun mi carne descansará en esperanza;

27 Porque no dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.

28 Me hiciste conocer los caminos de la vida;
Me llenarás de gozo con tu presencia.

29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.

30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,

31 viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:
    Dijo el Señor a mi Señor:
    Siéntate a mi diestra,

35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. 

36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

 

Jesús ya les había dicho a Sus discípulos que era menester que Él partiera para que el Santo Espíritu de nuestro Padre Dios fuese enviado, “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7), el cual les revelaría todas las cosas, “Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26), por eso después de resucitar Jesús se les apareció a sus Apóstoles “durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Hechos 1:3), pero partiendo antes de cumplirse los cincuenta días (Hechos 1:9) término en el cual habrían de recibir el Espíritu Santo (Hechos 1:4).

 

Esta fiesta tiene el referente histórico de su primer cumplimiento en Pentecostés, y a partir de ahí continúa el Espíritu Santo siendo derramado en todos aquellos creyentes que una vez bautizados reciben la imposición de manos para ello (Hechos 8:17; 19:6). A partir de Pentecostés ha comenzado la cosecha plena de aquellos que en Sus designios, el Padre ha considerado para ser llamados en esta era (Juan 6:37, 39, 44, 65).

 

Aquí lo interesante es la ofrenda mecida que son “dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura” (Levítico 23:17), ¿por qué es interesante?, porque la ofrenda de Primicias era un pan hecho con “dos décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida a Jehová en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta parte de un hin” (Levítico 23:17), este pan de Primicias, como vemos, no tenía levadura,  pues representaba a Cristo, las primicias, y la levadura es un símbolo del pecado (Mateo 16:5-12), pero en la fiesta de pentecostés vemos que los dos panes (no uno, sino dos: “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” -Efesios 2:14-), sí tiene levadura pues representa a todos los cristianos que si bien son pecadores han sido rescatados por el sacrificio redentor de Jesús.

 

Con este entendimiento puede tenerse el cuadro completo que permite entender Levítico 27:11-12 “Si fuere algún animal inmundo, de que no se ofrece ofrenda a Jehová, entonces el animal será puesto delante del sacerdote, y el sacerdote lo valorará, sea bueno o sea malo; conforme a la estimación del sacerdote, así será”.

 

Como se comentó, aunque ya hemos sido redimidos, aun no se ha manifestado en nosotros lo que habremos de ser. En cada uno de los elegidos hay una mezcla de santidad y pecaminosidad representada por aquellos panes con levadura que se ofrecían en Pentecostés, con todo y todo ya hemos recibido las arras del Espíritu, aquel anticipo que, si nos mantenemos fieles hasta el final, permitirá que en nosotros se cumplimente en su momento el plan de Dios. De esta forma aquel animal inmundo que al no poderse ofrecer a Dios era cambiado por dinero representa aquello que habremos de ser y que para Dios, el cual “llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17), ya nos considera como aquella ofrenda que será acepta para Él, esto representado por el dinero que se entregaba al servicio del templo en vez del animal inmundo.

 

En ese entendido, lo señalado por la Éxodo 23:5 de que “Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo”, en su comprensión espiritual, apunta a esa ayuda que a los demás debemos, sean salvos o no, pues de todos se preocupa Dios y quiere de igual forma le imitemos.

 

Mateo 45

38 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe ayudar a cargar a un hombre o un animal cuando haga falta, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a esa ayuda que a los demás debemos, sean salvos o no, pues de todos se preocupa Dios y quiere de igual forma le imitemos.


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