186. Se debe tratar a una ciudad que se ha pervertido de acuerdo con la ley (Dt. 13:17)
“Y no se pegará a tu mano nada del anatema, para que Jehová se aparte del ardor de su ira, y tenga de ti misericordia, y tenga compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres”
Como parte del pacto que en su
momento Dios hizo con su pueblo, estableció ciertas normas relativas a las
ciudades perversas que el pueblo encontrase en la tierra prometida. En
ocasiones Dios les permitía tomar del botín, pero en otras todo debía ser
consumido por el fuego.
El primer caso que de esto se tiene
es cuando los israelitas tomaron Jericó.
Josué 6
1Ahora,
Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie
entraba ni salía. 2 Mas Jehová dijo a
Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de
guerra. 3 Rodearéis, pues,
la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y
esto haréis durante seis días. 4 Y
siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca;
y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las
bocinas. 5 Y cuando toquen
prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina,
todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces
subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante. 6 Llamando, pues, Josué hijo de Nun a los
sacerdotes, les dijo: Llevad el arca del pacto, y siete sacerdotes lleven
bocinas de cuerno de carnero delante del arca de Jehová. 7 Y dijo al pueblo: Pasad, y rodead la
ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Jehová.
8 Y así que
Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas
de cuerno de carnero, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las
bocinas; y el arca del pacto de Jehová los seguía. 9 Y
los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y
la retaguardia iba tras el arca, mientras las bocinas sonaban continuamente. 10 Y Josué mandó al pueblo, diciendo:
Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra
boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis. 11 Así que él hizo que el arca de Jehová
diera una vuelta alrededor de la ciudad, y volvieron luego al campamento, y
allí pasaron la noche.
12 Y Josué se
levantó de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová. 13 Y
los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, fueron
delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas; y los
hombres armados iban delante de ellos, y la retaguardia iba tras el arca de
Jehová, mientras las bocinas tocaban continuamente. 14 Así dieron otra vuelta a la ciudad el
segundo día, y volvieron al campamento; y de esta manera hicieron durante seis
días.
15 Al séptimo
día se levantaron al despuntar el alba, y dieron vuelta a la ciudad de la misma
manera siete veces; solamente este día dieron vuelta alrededor de ella siete
veces. 16 Y cuando los sacerdotes tocaron las
bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha
entregado la ciudad. 17 Y
será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella;
solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén en casa con ella, por
cuanto escondió a los mensajeros que enviamos. 18 Pero
vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema,
no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis. 19 Mas toda la plata y el oro, y los
utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el
tesoro de Jehová. 20 Entonces
el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando
el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro
se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia
adelante, y la tomaron. 21 Y
destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres,
jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos.
22 Mas Josué
dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de la
mujer ramera, y haced salir de allí a la mujer y a todo lo que fuere suyo, como
lo jurasteis. 23 Y los espías
entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo
que era suyo; y también sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del
campamento de Israel. 24 Y
consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había; solamente
pusieron en el tesoro de la casa de Jehová la plata y el oro, y los utensilios
de bronce y de hierro. 25 Mas
Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que
ella tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a
los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó.
26 En aquel
tiempo hizo Josué un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre
que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito eche
los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas.
27 Estaba,
pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra.
En ese relato que es de todos
conocidos, Dios manda explícitamente al pueblo “Pero vosotros guardaos del
anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis
anatema el campamento de Israel, y lo turbéis. Mas toda la plata y el oro, y
los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el
tesoro de Jehová”.
También, como es de todos conocido,
una persona del pueblo, Acán, no respetó la estipulación anterior ocasionando,
primero, la derrota de Israel ante la siguiente ciudad que quisieron tomar, y,
segundo, la propia muerte de Acán y los suyos por desobediente.
Josué 7
Pero los
hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema; porque Acán
hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del
anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel.
2 Después
Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Bet-avén hacia el
oriente de Bet-el; y les habló diciendo: Subid y reconoced la tierra. Y ellos
subieron y reconocieron a Hai. 3 Y volviendo a
Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil o tres mil
hombres, y tomarán a Hai; no fatigues a todo el pueblo yendo allí, porque son
pocos. 4 Y subieron allá
del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai. 5 Y los de Hai mataron de ellos a unos
treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los
derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a
ser como agua.
6 Entonces
Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del
arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron
polvo sobre sus cabezas. 7 Y Josué dijo: ¡Ah,
Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos
en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos
quedado al otro lado del Jordán! 8 ¡Ay,
Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos? 9 Porque los cananeos y todos los moradores
de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestro nombre de sobre la
tierra; y entonces, ¿qué harás tú a tu grande nombre?
10 Y Jehová
dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro? 11 Israel
ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado
del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus
enseres. 12 Por esto los
hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus
enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré
más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros. 13 Levántate, santifica al pueblo, y di:
Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay
en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis
quitado el anatema de en medio de vosotros. 14 Os
acercaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová tomare, se
acercará por sus familias; y la familia que Jehová tomare, se acercará por sus
casas; y la casa que Jehová tomare, se acercará por los varones; 15 y el que fuere sorprendido en el anatema,
será quemado, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de
Jehová, y ha cometido maldad en Israel.
16 Josué,
pues, levantándose de mañana, hizo acercar a Israel por sus tribus; y fue
tomada la tribu de Judá. 17 Y haciendo
acercar a la tribu de Judá, fue tomada la familia de los de Zera; y haciendo
luego acercar a la familia de los de Zera por los varones, fue tomado Zabdi. 18 Hizo acercar su casa por los varones, y
fue tomado Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de
Judá. 19 Entonces Josué
dijo a Acán: Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y
declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras. 20 Y Acán respondió a Josué diciendo:
Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he
hecho. 21 Pues vi entre los
despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un
lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí
que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de
ello.
22 Josué
entonces envió mensajeros, los cuales fueron corriendo a la tienda; y he aquí
estaba escondido en su tienda, y el dinero debajo de ello. 23 Y
tomándolo de en medio de la tienda, lo trajeron a Josué y a todos los hijos de
Israel, y lo pusieron delante de Jehová. 24 Entonces
Josué, y todo Israel con él, tomaron a Acán hijo de Zera, el dinero, el manto,
el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su
tienda y todo cuanto tenía, y lo llevaron todo al valle de Acor. 25 Y le dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado?
Túrbete Jehová en este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los
quemaron después de apedrearlos. 26 Y
levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy. Y
Jehová se volvió del ardor de su ira. Y por esto aquel lugar se llama el Valle
de Acor, hasta hoy.
La normativa es muy clara: Uno debe
hacer con los enemigos que se tengan tal cual Dios manda sobre eso, pero
¿espiritualmente qué querrá decir?
Hoy estamos, al igual que en
tiempos de Josué, en una batalla.
Efesios 6
10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el
Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para
que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y
carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de
las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las
regiones celestes. 13 Por
tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo,
y habiendo acabado todo, estar firmes. 14 Estad,
pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la
coraza de justicia, 15 y
calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con
que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y
la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18 orando en todo tiempo con toda oración y
súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por
todos los santos; 19 y por
mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con
denuedo el misterio del evangelio, 20 por
el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo
hablar.
Ahora bien, en el caso de los
elegidos que respondiendo al llamamiento de Dios hemos venido a salvación en el
presente siglo, se espera de nosotros que no transijamos con el pecado ni en lo
más mínimo, sino que lo venzamos extirpándolo de raíz de nuestra vida.
Mateo 5
29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de
caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus
miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 30 Y
si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor
te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al
infierno.
Mateo
18
8 Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de
caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que
teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. 9 Y
si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con
un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de
fuego.
Ambos
capítulos de Mateo deben leerse con detenimiento pues en los mismos, como parte
de lo señalado en las dos citas precedentes, hay un contexto de acciones que se
espera hagan los hijos de Dios para evidenciar así su filiación divina, sobre todo
en el de Mateo 5 pues la cita en cuestión forma parte de aquello donde Jesús viene
a dar lustre a la Ley perfeccionándola hasta ámbitos espirituales.
Mateo 5
21 Oísteis que
fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será
culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se
enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio,
a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo,
quedará expuesto al infierno de fuego. 23 Por tanto,
si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo
contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y
anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25 Ponte
de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino,
no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas
echado en la cárcel. 26 De cierto
te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.
27 Oísteis que
fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a
una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 29 Por
tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues
mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea
echado al infierno. 30 Y si tu
mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es
que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al
infierno.
31 También fue
dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32 Pero yo os
digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que
ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.
33 Además
habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al
Señor tus juramentos. 34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna
manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni
por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque
es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu
cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Pero
sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal
procede.
38 Oísteis que
fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os
digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la
mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que
quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y
a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al
que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.
43 Oísteis que fue dicho:
Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os
digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a
los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para
que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol
sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque
si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo
mismo los publicanos? 47 Y si
saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también
así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros
perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe tratar a una
ciudad que se ha pervertido de acuerdo con la ley, sigue vigente, más sin embargo
espiritualizado en el caso de los
elegidos en cuanto a que se espera de nosotros que no transijamos con el pecado
ni en lo más mínimo, sino que lo venzamos extirpándolo de raíz de nuestra vida,
tal cual corresponde a todo hijo suyo.

Comentarios
Publicar un comentario