185. Se debía destruir las siete naciones cananeas (Dt. 20:17)


 

“sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado”

 

Como parte el pacto que Dios hizo con su pueblo les ordenó, previo a la entrada de este a la Tierra Prometida, que debían destruir a las siete naciones cananeas que ahí se encontraban.

 

Deuteronomio 20

16 Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, 17 sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado;

 

Dado que la primera ciudad en caer fue la de Jericó, en ella encontramos mucho de lo que permite entender lo anterior desde el punto de vista espiritual.

 

La Lectura Bíblica de Josué 6:1-20 contiene la relatoría relativa a la toma de Jericó por parte de Israel bajo el mando de Josué, relatoría donde puede verse que el momento culmen de esto es presentado por aquellas siete vueltas que en el séptimo día dio el pueblo de Israel alrededor de Jericó donde irrumpiendo en gritos al toque de las trompetas, tal cual Dios les había mandado, logran que las murallas de Jericó se derrumben.

 

Josué 6

1Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante. Llamando, pues, Josué hijo de Nun a los sacerdotes, les dijo: Llevad el arca del pacto, y siete sacerdotes lleven bocinas de cuerno de carnero delante del arca de Jehová. Y dijo al pueblo: Pasad, y rodead la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Jehová.

Y así que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas; y el arca del pacto de Jehová los seguía. Y los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la retaguardia iba tras el arca, mientras las bocinas sonaban continuamente. 10 Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis. 11 Así que él hizo que el arca de Jehová diera una vuelta alrededor de la ciudad, y volvieron luego al campamento, y allí pasaron la noche.

12 Y Josué se levantó de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová. 13 Y los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas; y los hombres armados iban delante de ellos, y la retaguardia iba tras el arca de Jehová, mientras las bocinas tocaban continuamente. 14 Así dieron otra vuelta a la ciudad el segundo día, y volvieron al campamento; y de esta manera hicieron durante seis días.

15 Al séptimo día se levantaron al despuntar el alba, y dieron vuelta a la ciudad de la misma manera siete veces; solamente este día dieron vuelta alrededor de ella siete veces. 16 Y cuando los sacerdotes tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad. 17 Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella; solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén en casa con ella, por cuanto escondió a los mensajeros que enviamos. 18 Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis. 19 Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová. 20 Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron. 21 Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos.

 

De igual forma, el Texto Áureo de Génesis 2:2 arroja luz sobre el tema al relatar lo referente al primer Shabat de la historia humana: “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo” (Génesis 2:2).

 

Generalmente cuando se aborda el estudio del número siete, lo primero que se señala, lo primero que se entiende, es que dicho número apunta a la perfección, pero la perfección no es algo abstracto sino que, como adjetivo, siempre debe referirse a algo, por ejemplo: un cuadro perfecto, una escultura perfecta; más sin embargo, la misma noción de perfección está aunada a algo que es pleno, completo en sí mismo, es decir, no necesita ni requiere de nada más, por lo tanto es estático, siguiendo los mismos ejemplos anteriores: un cuadro perfecto, una escultura perfecta, no necesita se le hagan adiciones, eliminaciones o adecuaciones adicionales.

 

Más, sin embargo, si vemos el siete en la Escritura, siempre lo encontraos aunado, no a algo estático, sino a algo dinámico, ejemplo de ello los siete días de la creación (Génesis 1:1-30; 2:1-3); las siete vueltas que en el séptimo día Israel hace alrededor de Jericó para que, irrumpiendo en gritos al toque de la trompeta, se cayesen sus murallas (Josué 6:1-20); las siete veces que Naamán se sumergió en el Jordán para quedar sano de su lepra (2 Reyes 5:9-14); entre otros. Luego entonces el siete en la Escritura está aunado, no a algo estático sino a algo dinámico, pero si el siete es perfección ¿cómo puede ser al mismo tiempo algo dinámico, cambiante pues?, algo perfecto no debería ser necesario cambiase.

 

Lo anterior, aunque pareciese una contradicción no lo es ya que la perfección, en el sentido Escritural, no es impedimento para el dinamismo ya que la misma característica de la perfección está dada por el proceso y por el resultado. Veamos. Un proceso perfecto no quiere decir que es un proceso estático, de hecho, esta misma idea es contradictoria, sino que siendo dinámico es tal cual debe ser, ni más ni menos, para producir el resultado deseado; por otra parte, un proceso es perfecto, aparta de lo anterior, cuando logra un resultado que se es perfecto siendo que, en el caso de los planes de Dios evidenciados por el número siete, siempre eso es así.

 

Pero bueno, ya que se señala que el siete en la Escritura apunta a un proceso que es perfecto ya que es como debe ser, además de que obtiene resultados que son perfectos, ¿cuál es ese proceso general al que hace alusión el número siete y cuál es el resultado general aunado a esto?

 

En cuanto al proceso general al que el siete hace referencia en la Escritura, este es relativo al plan de Dios para con la humanidad, y el mejor referente de esto son las siete fiestas que Dios decretó para con su Pueblo como parte de su Pacto. Estas siete fiestas son: En Primavera: Pascua, Panes sin levadura, Primicias, y Pentecostés; y en Otoño: Trompetas, Día de la Expiación, y Tabernáculos. Las primeras cuatro fiestas ya se cumplimentaron con la primera venida de nuestro Señor Jesús mientras que las tres restantes están por cumplimentarse a su segunda venida.

 

Espiritualmente hablando Pascua se refiere al sacrificio redentor de nuestro Señor Jesús, Panes sin levadura a la vida que el cristiano debe vivir en perfección y santidad cuyo centro es Cristo mismo, Primicias representa a Jesús mismo el cual habiendo sido sacrificio acepto al Padre se sentó a su derecha con poder y majestad, y Pentecostés apunta a la venida del Espíritu Santo sobre la iglesia de Dios empezando esto en la iglesia primitiva y siguiendo a lo largo de estos dos mil años. Por su parte Trompetas apunta a regreso de nuestro Señor Jesús cuando sus santas y santos sean resucitados/transformados para iniciar con Él el Reino de Dios en la tierra, Día de la Expiación apunta a ese momento en que toda la humanidad resucitada recibirá por primera vez la oportunidad de conocer la verdad para que aceptándola o rechazándola se granjee salvación o perdición, y Tabernáculos señala ese momento en que cumplimentado el Plan de Dios para con la humanidad Él mismo habite entre nosotros y nosotros mismos nos hallamos convertido en un tabernáculo donde more Dios.

 

Ahora bien, hablando en cuanto a el resultado general de aquel proceso relacionado con el siete en la Escritura, este hace referencia a replicar en nosotros el carácter perfecto y santo de nuestro Padre Dios. 1 Juan 3:2 señala “amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”; Efesios 4:3 indica “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”; y Gálatas 4:19 menciona “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros”; siendo que si seremos como Jesús reflejaremos entonces el carácter perfecto y santo de nuestro Padre Dios ya que, como dice Colosenses 1:15, Jesús es “…la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”.

 

Pero, concretamente, ¿a qué se refiere ese resultado? No tenemos que elucubrar mucho ya que Dios mismo lo ha revelado: Jeremías 31:33 señala “pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”, lo cual es corroborado por Pablo en Hebreos 10:16 añadiendo sobre esto “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:14).

 

De esta forma el siete, escrituralmente hablando, apunta a un proceso perfecto, perfecto ya que es como debe ser, que obtiene un resultado perfecto siendo este resultado el que la Ley de Dios, sus Diez Mandamientos, tanto en su sentido material como en su sentido espiritual, sean puestos en nuestra mente y en nuestro corazón. ¿Te fijas?, un proceso de siete aunado a un resultado de diez, ¿habrá alguna parte de la Escritura donde veamos precisamente esto?, ¡claro que lo hay!

 

Amos 3:7 señala “porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”, e Isaías 46:10 señala sobre Dios, en boca de Dios mismo, “que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero”, así que si Dios revela lo que va a hacer a sus profetas y esto lo revela desde el principio, debemos de buscar en la revelación dada por Dios a los suyos desde el inicio el significado anterior, siendo que, el principio de todo es el inicio del primer libro de la Escritura, Génesis, el cual providencialmente en hebreo se llama Bereshit que significa precisamente “En el Principio”.

 

En lo que conocemos como la primer semana de la humanidad, podemos ver el siete representado de manera dinámica por el mismo proceso creativo, ese siete, referido a aquellos siete días, nos habla de un proceso perfecto en si, perfecto ya que fue como debía ser, de hecho en cada día creativo se señala que Dios vio lo hecho y vio que era bueno, pero el resultado va más allá de lo creado esos siete días y está repartido a lo largo de los mismos teniendo que ver con el diez referido esto a la Ley de Dios, ¿y dónde está ese diez en aquellos siete días creativos?, ¡en su Palabra!

 

Si tomamos la primer semana de la creación relatada al inicio del primer libro de la Escritura, Génesis, ¿cuántas veces esperaríamos leer eso de que “Dijo Dios…”?, algunos creen de inicio que siete veces pues son siete los días creativos, pero si se lee con detenimiento aquella primer semana creativa encontramos ¡diez veces en que se señala que “Dijo Dios…”: Génesis 1: 3, 6, 9, 11, 14, 20, 24, 26, 28, 29. Ese “Dijo Dios…” hace referencia a la Palabra, tanto escrita, la Biblia, como hecha carne, Jesús. Sobre esto hay que ser muy claros: La Palabra es tanto escrita como hecha carne: Deuteronomio 30:11-13 señala “Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos?”, esta cita es más que clara que se refiera a la Palabra escrita, pero Pablo escribiendo a los de Roma, retoma esa cita explicándola y aplicándola a Cristo en Romanos 10:6-8 cuando señala “Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón...”. De esta forma queda claro que la Palabra escrita y la Palabra hecha carne son una cosa y lo mismo, es así como aquel proceso creativo de la primer semana relacionado con siete días en los cuales diez veces se señala “Dijo Dios…” con relación a su Palabra, apuntan a ese proceso perfecto del Plan de Dios para con la humanidad, ejemplificado por las siete fiestas de Dios, donde el resultado perfecto del mismo será que en nuestra mente y en nuestro corazón esté la Ley de Dios, ejemplificada por sus Diez Mandamientos, con lo que se replicará en nosotros Su carácter perfecto y santo.

 

¿Y esas ocasiones en que la Palabra señala siete cosas que Dios abomina, por ejemplo, Proverbios 6:16-19? Pues nada, es parte de lo mismo, ya que aquel proceso perfecto al cual nos estamos refiriendo es como un crisol que nos va refinando donde precisamente esas impurezas que no deben ser parte de un hijo de Dios son expurgadas de nosotros.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se Se debía destruir las siete naciones cananeas, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido al proceso actual que la familia de Dios vive, reflejado en sus santas fiestas, donde nuestra carnalidad es destruida, las cuales tiene como centro a Cristo: Pascua se refiere al sacrificio redentor de nuestro Señor Jesús, Panes sin levadura a la vida que el cristiano debe vivir en perfección y santidad cuyo centro es Cristo mismo, Primicias representa a Jesús mismo el cual habiendo sido sacrificio acepto al Padre se sentó a su derecha con poder y majestad, y Pentecostés apunta a la venida del Espíritu Santo sobre la iglesia de Dios empezando esto en la iglesia primitiva y siguiendo a lo largo de estos dos mil años. Por su parte Trompetas apunta a regreso de nuestro Señor Jesús cuando sus santas y santos sean resucitados/transformados para iniciar con Él el Reino de Dios en la tierra, Día de la Expiación apunta a ese momento en que toda la humanidad resucitada recibirá por primera vez la oportunidad de conocer la verdad para que aceptándola o rechazándola se granjee salvación o perdición, y Tabernáculos señala ese momento en que cumplimentado el Plan de Dios para con la humanidad Él mismo habite entre nosotros y nosotros mismos nos hallamos convertido en un tabernáculo donde more Dios.


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