184. Se debe construir un pretil en el terrado de la casa para proteger a los demás de posibles peligros (Dt. 22:8)
“Cuando edifiques casa nueva, harás pretil a tu terrado, para que no eches culpa de sangre sobre tu casa, si de él cayere alguno”
Como
parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo, éste les estipuló
que cuando construyesen una casa debían hacer un pretil en el terrado para
cuidar que nadie se cayese de ahí haciéndose culpable el dueño de la casa por
descuido.
El
entendimiento natural de lo anterior es más que claro: Busca evitar accidentes
que pueden preverse, sobre todo aquellos que pongan en riesgo la vida, como el
caerse del terrado de una casa, pero, espiritualmente hablando, ¿qué verdades
subyacentes contiene esta normativa?
Para
entender la verdad subyacente ante esta normativa, debemos remitirnos a la casa
original, a la casa del principio de todo.
El primer libro de la Escritura comienza con una declaración
general sobre la creación de todo, general pero contundente: “En el principio
creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).
Si bien esta cita es clara y entendible la misma, así como toda la
Palabra, contiene mucha instrucción que entregar.
Para entender la referente a la historia de la humanidad, desde la
perspectiva del plan divino, es menester comenzar, obvio, por el primer libro
de la Escritura: Génesis, pero de igual forma el libro de Génesis es amplio,
habría que decidirse por dónde se comenzaría éste, de nueva cuenta la respuesta
evidente sería por el primer capítulo, aquel que habla de los primeros días de
la creación, con todo y todo, ¿por dónde se comenzaría ese capítulo?, pues es
más que claro que por el primer versículo, pues bien, comenzaremos la presente
obra no por el primer libro de la Palabra, ni por el primer capítulo del primer
libro de la misma, ni por el primer versículo del primer capítulo del primer
libro de esta, sino por la primer letra del primer versículo del primer
capítulo del primer libro de la Escritura.
Lo que en nuestras Biblias, referido a Génesis 1:1 comienza como
“En el principio…”, en hebreo es בְּרֵאשִׁ֖ית, bə·rê·šîṯ (el hebreo se lee de
derecha a izquierda), pero esto es en hebreo moderno. El hebreo, como todos los
idiomas, ha tenido una evolución en el tiempo arcada principalmente por los
exilios que el Pueblo de Israel experimentó, de esta forma el alfabeto hebreo
de nuestros tiempos no es el mismo en que fue escrita originalmente la Palabra,
este es nombrado como paleo-hebreo, el idioma original de las escrituras.
En paleo hebreo, esa primera palabra que traducida en Génesis 1:1
en nuestras Biblias como “En el principio…” se escribe
Recordando que el hebreo se escribe y lee de derecha a izquierda la primer letra que puede verse es la bet.
Como
puede verse, el hebreo en sus inicios —paleo hebreo— era un idioma cuyos
símbolos representaban algo. En este caso específico la letra bet representaba la tienda donde se vivía.
Esto
es importante ya que si se quiere entender el significado en su originen
prístino de esta primera letra, de la primera palabra, del primer capítulo, del
primer libro de la Escritura, debe entenderse lo que se buscaba representar.
Sin
extendernos mucho en esto, por ejemplo, puede señalarse como es que la palabra
hijo, en hebreo בִּן, está conformada por la letra בִ, bet (
Así,
todas las letras del alfabeto hebreo tenían un sentido simbólico de algo que
representaban, de igual forma las palabras que con ellas se formaban indicaban
un entendimiento subyacente a las palabras conformadas.
Volviendo
sobre la letra bet, vemos que los símbolos antiguos de la misma
deviene de tienda (entendida como la casa, el hogar), de
esta forma esa primera letra con que comienza toda la Escritura, representa una
tienda, una casa, un hogar, ¿y esto qué tiene de significativo?, mucho.
Como se comentó en la introducción, la Palabra señala que Dios
revela lo que va a ser desde el principio (Isaías 46:10), dado que Génesis es
el libro de los orígenes y el primer capítulo del mismo habla de la creación,
la pregunta evidente sería ¿para qué esa creación?, así es: ¿para que Dios creó
todo el universo?, ¿para qué hizo todas las galaxias, los sistemas, los soles y
los planetas?, ¿para qué creó las estrellas, las nebulosas, los hoyos negros,
los cometas?
Si uno es objetivo, pero carente de comprensión escritural, no
puede menos que concluir en el desperdicio de un universo muerto, vacío, peor
aún: dadas las distancias astronómicas, en muchos casos literalmente
inobservable así que ni siquiera para ser visto por nosotros, entonces ¿por qué
Dios creó todo?, bet, porque estaba haciendo la tienda, la
casa, el hogar que en su momento heredaría sus hijos.
Sin duda alguna, como la Escritura señala, los santos, con Cristo
a la cabeza, heredarán la tierra.
Salmos
25:13
En
prosperidad habitará su alma, y su descendencia poseerá la tierra.
Salmos
37:9
Porque
los malhechores serán exterminados, más los que esperan en Jehová poseerán la
tierra.
Salmos
37:11
Más
los humildes poseerán la tierra, y se deleitarán en abundante prosperidad.
Salmos
37:29
Los
justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella.
Mateo
5:5
Bienaventurados
los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.
Revelación
5:10
Y nos
has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra
Como
colofón de esta explicación, que permite embonar armónicamente toda la
Escritura referida al tema aquí expuesto, hay que aclarar, como se comentó
anteriormente, que la tierra será el centro del gobierno de la familia de Dios,
pero ¿centro de qué o para qué? Para entender esto la respuesta que deberíamos
de buscar es lo santos heredaran la tierra, sí, pero ¿solamente la tierra?
Romanos 8:31-32
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra
nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos
nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
La expresión todas las cosas contenida en la cita anterior se ha
traducido del griego πάντα, panta, que literalmente significa la totalidad, el
todo, es decir, todo lo creado, ¡el universo mismo! Esto es lógico ya que si
todo fue hecho por Cristo (Juan 1:39) y para Cristo (Colosenses 1:16) y si los
santos son coherederos con Cristo (Romanos 8:17), la conclusión lógica de esto
es que con Él heredaremos el todo, la totalidad de la creación, el universo
mismo.
No se puede elucubrar mucho sobre el destino final de esto, aunque
sabemos que será de gloria, pero la Escritura sí da ciertos pincelazos que
permiten vislumbrar a lo lejos el maravilloso futuro que espera para quienes de
los llamados y elegidos sean encontrados fieles.
Romanos 8
18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del
tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de
manifestarse. 19 Porque el anhelo ardiente de la creación
es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque la creación fue sujetada a vanidad,
no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será
libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos
de Dios. 22 Porque sabemos
que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; 23 y no solo ella, sino que también nosotros
mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro
de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.
Es así como uno de los trabajos de los hijos de Dios será extender
el paraíso que habrá venido a ser la tierra a todo el universo. ¿Suena
increíble? La misma Escritura confirma lo anterior en esta profecía de Isaías,
recuerda que haba de los elegidos que siendo fieles triunfen:
Isaías 51
1Oídme, los que seguís la justicia, los
que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco
de la cantera de donde fuisteis arrancados. 2 Mirad
a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más
que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué. 3 Ciertamente
consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto
en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y
gozo, alabanza y voces de canto.
4 Estad atentos a mí, pueblo mío, y
oídme, nación mía; porque de mí saldrá la ley, y mi justicia para luz de los
pueblos. 5 Cercana está mi justicia, ha salido mi
salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos; a mí me esperan los de la
costa, y en mi brazo ponen su esperanza. 6 Alzad a
los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán
deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la
misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi
justicia no perecerá.
7 Oídme, los que conocéis justicia,
pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis
por sus ultrajes. 8 Porque como a vestidura los
comerá polilla, como a lana los comerá gusano; pero mi justicia permanecerá
perpetuamente, y mi salvación por siglos de siglos.
9 Despiértate, despiértate, vístete de
poder, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos
pasados. ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón? 10 ¿No
eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó en
camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos? 11 Ciertamente
volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo
habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.
12 Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién
eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre,
que es como heno? 13 Y ya te has olvidado de Jehová
tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste
continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir. ¿Pero
en dónde está el furor del que aflige? 14 El preso
agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra, ni le faltará su
pan. 15 Porque yo Jehová, que agito el mar y hago
rugir sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos. 16 Y en tu boca he puesto mis palabras, y con
la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos
de la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú.
17 Despierta, despierta, levántate, oh
Jerusalén, que bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su ira; porque el
cáliz de aturdimiento bebiste hasta los sedimentos. 18 De
todos los hijos que dio a luz, no hay quien la guíe; ni quien la tome de la
mano, de todos los hijos que crio. 19 Estas dos
cosas te han acontecido: asolamiento y quebrantamiento, hambre y espada. ¿Quién
se dolerá de ti? ¿Quién te consolará? 20 Tus hijos
desmayaron, estuvieron tendidos en las encrucijadas de todos los caminos, como
antílope en la red, llenos de la indignación de Jehová, de la ira del Dios
tuyo. 21 Oye, pues, ahora esto, afligida, ebria, y
no de vino: 22 Así dijo Jehová tu Señor, y tu Dios,
el cual aboga por su pueblo: He aquí he quitado de tu mano el cáliz de
aturdimiento, los sedimentos del cáliz de mi ira; nunca más lo beberás. 23 Y
lo pondré en mano de tus angustiadores, que dijeron a tu alma: Inclínate, y
pasaremos por encima de ti. Y tú pusiste tu cuerpo como tierra, y como camino,
para que pasaran.
El versículo 16, remarcado, también puede traducirse, como lo
hacen otras versiones, de la siguiente manera:
Que puse en tu boca mis palabras, y con la sombra de mi mano te
cubrí; para que plantaras los cielos y fundaras la tierra; y que dijeras a
Sion: pueblo mío eres tú (Biblia Jubileo 2000).
Que puse en tu boca mis palabras, y con la sombra de mi mano te
cubrí; para que plantases los cielos y fundases la tierra; y que dijeses a
Sion: pueblo mío eres tú (Sagradas Escrituras 1569)
Esto es portentoso, casi imposible de imaginar, pero la Escritura
nos dice que lo que espera a los justo excede todo lo que se pueda uno imaginar
(1 Corintios 2:9), con todo y esto lo anterior sólo será el medio, ¿el medio
para qué?, para el fin de toda la eternidad que ante los ojos de los hijos de
Dios se abrirá: conocer a Dios y Su Hijo, “Y esta es la vida eterna: que te
conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”
(Juan 17:3).
Es así como los santos heredarán la tierra, pero no para estar
confinados en ellas sino para que desde ese centro de operaciones, desde la
sede del gobierno del reino de Dios, extiendan las gloriosas condiciones de su
lugar de residencia por todo el universo mientras se sigue aprendiendo del Padre
y de Su Hijo, de esta forma la primer letra, de la primer palabra, del primer
versículo, del primer capítulo, del primer libro de la Escritura, entendiendo
que Dios revela lo que va a hacer desde el principio, permite entender que el
objetivo de toda la creación, todo el universo, era hacer la tienda, la casa,
el hogar de aquellos que logremos conformar la familia de Dios.
Con este entendimiento podemos regresar a la ordenanza contenida
en Deuteronomio 22:8 entendiendo que, el sentido espiritual de la casa
mencionada, es el universo hecho por el Padre por medio del Hijo y para el
Hijo, Jesús. Pero entonces ¿qué es ese terrado que se menciona en la cita de
Deuteronomio?
Leamos de nuevo el objetivo de la normativa dada en Deuteronomio
22:8 “…para que no eches culpa de sangre sobre tu casa, si de él cayere alguno”,
de esta forma, ese pretil lo que busca es quien ande por el terrado no pueda
caer y morir, ¿tendremos en la Escritura indicaciones que permitan salvar, no
solo la vida natural sino incluso la vida espiritual?
Deuteronomio 28
1Acontecerá
que, si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por
obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te
exaltará sobre todas las naciones de la tierra. 2 Y
vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de
Jehová tu Dios. 3 Bendito
serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. 4 Bendito
el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría
de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. 5 Benditas
serán tu canasta y tu artesa de amasar. 6 Bendito
serás en tu entrar, y bendito en tu salir.
7 Jehová
derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán
contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. 8 Jehová
te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que
pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da. 9 Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo,
como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y
anduvieres en sus caminos. 10 Y
verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre
ti, y te temerán. 11 Y te
hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de
tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres
que te había de dar. 12 Te
abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su
tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones,
y tú no pedirás prestado. 13 Te
pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no
estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te
ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, 14 y
si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a
siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.
15 Pero
acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos
sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti
todas estas maldiciones, y te alcanzarán. 16 Maldito
serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. 17 Maldita
tu canasta, y tu artesa de amasar. 18 Maldito
el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los
rebaños de tus ovejas. 19 Maldito
serás en tu entrar, y maldito en tu salir.
20 Y Jehová
enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto pusieres
mano e hicieres, hasta que seas destruido, y perezcas pronto a causa de la
maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado. 21 Jehová
traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras
para tomar posesión de ella. 22 Jehová
te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con
calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas. 23 Y los cielos que están sobre tu cabeza
serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro. 24 Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y
ceniza; de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas.
25 Jehová te
entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra
ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás vejado por todos
los reinos de la tierra. 26 Y tus cadáveres
servirán de comida a toda ave del cielo y fiera de la tierra, y no habrá quien
las espante. 27 Jehová te
herirá con la úlcera de Egipto, con tumores, con sarna, y con comezón de que no
puedas ser curado. 28 Jehová
te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu; 29 y palparás a mediodía como palpa el ciego
en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos; y no serás sino oprimido
y robado todos los días, y no habrá quien te salve. 30 Te desposarás con mujer, y otro varón
dormirá con ella; edificarás casa, y no habitarás en ella; plantarás viña, y no
la disfrutarás. 31 Tu buey
será matado delante de tus ojos, y tú no comerás de él; tu asno será arrebatado
de delante de ti, y no te será devuelto; tus ovejas serán dadas a tus enemigos,
y no tendrás quien te las rescate. 32 Tus
hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y
desfallecerán por ellos todo el día; y no habrá fuerza en tu mano. 33 El fruto de tu tierra y de todo tu trabajo
comerá pueblo que no conociste; y no serás sino oprimido y quebrantado todos
los días. 34 Y enloquecerás
a causa de lo que verás con tus ojos. 35 Te
herirá Jehová con maligna pústula en las rodillas y en las piernas, desde la
planta de tu pie hasta tu coronilla, sin que puedas ser curado.
36 Jehová te
llevará a ti, y al rey que hubieres puesto sobre ti, a nación que no conociste
ni tú ni tus padres; y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra. 37 Y
serás motivo de horror, y servirás de refrán y de burla a todos los pueblos a
los cuales te llevará Jehová. 38 Sacarás
mucha semilla al campo, y recogerás poco, porque la langosta lo consumirá. 39 Plantarás viñas y labrarás, pero no
beberás vino, ni recogerás uvas, porque el gusano se las comerá. 40 Tendrás olivos en todo tu territorio, mas
no te ungirás con el aceite, porque tu aceituna se caerá. 41 Hijos e hijas engendrarás, y no serán para
ti, porque irán en cautiverio. 42 Toda
tu arboleda y el fruto de tu tierra serán consumidos por la langosta. 43 El extranjero que estará en medio de ti se
elevará sobre ti muy alto, y tú descenderás muy abajo. 44 Él te prestará a ti, y tú no le prestarás
a él; él será por cabeza, y tú serás por cola. 45 Y
vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán
hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido a la voz de Jehová tu Dios,
para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó; 46 y serán en ti por señal y por maravilla, y
en tu descendencia para siempre.
47 Por cuanto
no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la
abundancia de todas las cosas, 48 servirás, por
tanto, a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con
desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu
cuello, hasta destruirte. 49 Jehová
traerá contra ti una nación de lejos, del extremo de la tierra, que vuele como
águila, nación cuya lengua no entiendas; 50 gente
fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni perdonará al niño; 51 y comerá el fruto de tu bestia y el fruto
de tu tierra, hasta que perezcas; y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni
la cría de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas, hasta destruirte. 52 Pondrá sitio a todas tus ciudades, hasta
que caigan tus muros altos y fortificados en que tú confías, en toda tu tierra;
sitiará, pues, todas tus ciudades y toda la tierra que Jehová tu Dios te
hubiere dado. 53 Y comerás
el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que Jehová tu Dios
te dio, en el sitio y en el apuro con que te angustiará tu enemigo. 54 El hombre tierno en medio de ti, y el muy
delicado, mirará con malos ojos a su hermano, y a la mujer de su seno, y al
resto de sus hijos que le quedaren; 55 para
no dar a alguno de ellos de la carne de sus hijos, que él comiere, por no
haberle quedado nada, en el asedio y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá
en todas tus ciudades. 56 La
tierna y la delicada entre vosotros, que nunca la planta de su pie intentaría
sentar sobre la tierra, de pura delicadeza y ternura, mirará con malos ojos al
marido de su seno, a su hijo, a su hija, 57 al
recién nacido que sale de entre sus pies, y a sus hijos que diere a luz; pues
los comerá ocultamente, por la carencia de todo, en el asedio y en el
apuro con que tu enemigo te oprimirá en tus ciudades.
58 Si no
cuidares de poner por obra todas las palabras de esta ley que están escritas en
este libro, temiendo este nombre glorioso y temible: JEHOVÁ TU DIOS, 59 entonces
Jehová aumentará maravillosamente tus plagas y las plagas de tu descendencia,
plagas grandes y permanentes, y enfermedades malignas y duraderas; 60 y traerá sobre ti todos los males de
Egipto, delante de los cuales temiste, y no te dejarán. 61 Asimismo toda enfermedad y toda plaga que
no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre ti, hasta que
seas destruido. 62 Y quedaréis
pocos en número, en lugar de haber sido como las estrellas del cielo en
multitud, por cuanto no obedecisteis a la voz de Jehová tu Dios. 63 Así como Jehová se gozaba en haceros bien
y en multiplicaros, así se gozará Jehová en arruinaros y en destruiros; y
seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para tomar posesión de
ella. 64 Y Jehová te
esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro
extremo; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al
leño y a la piedra. 65 Y ni
aun entre estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo;
pues allí te dará Jehová corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y
tristeza de alma; 66 y
tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de noche
y de día, y no tendrás seguridad de tu vida. 67 Por
la mañana dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde! y a la tarde dirás: ¡Quién
diera que fuese la mañana! por el miedo de tu corazón con que estarás
amedrentado, y por lo que verán tus ojos. 68 Y
Jehová te hará volver a Egipto en naves, por el camino del cual te ha dicho:
Nunca más volverás; y allí seréis vendidos a vuestros enemigos por esclavos y
por esclavas, y no habrá quien os compre.
¿Y
cómo concluye todo este exhorto?
Deuteronomio
30
15 Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el
bien, la muerte y el mal; 16 porque yo te mando hoy que ames a Jehová
tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y
sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga
en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. 17 Mas si tu corazón se apartare y no oyeres,
y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres, 18 yo os protesto hoy que de cierto pereceréis;
no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán,
para entrar en posesión de ella. 19 A
los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he
puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues,
la vida, para que vivas tú y tu descendencia; 20 amando
a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida
para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que
juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había
de dar.
De
esta forma, espiritualmente hablando, aquel pretil mencionado en Deuteronomio 22:8,
hace referencia a los preceptos, mandamientos, estatutos y leyes dados por el Padre
a través de su Hijo, que en todos los tiempos han buscado que los suyos, quienes
habrán de heredar esta casa que se llama universo, no perezcan, sino que alcancen
vida eterna.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe construir un
pretil en el terrado de la casa para proteger a los demás de posibles peligros,
sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a los preceptos, mandamientos,
estatutos y leyes dados por el Padre a través de su Hijo, que en todos los tiempos
han buscado que los suyos, quienes habrán de heredar esta casa que se llama universo,
no perezcan, sino que alcancen vida eterna.

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