184. Se debe construir un pretil en el terrado de la casa para proteger a los demás de posibles peligros (Dt. 22:8)


 “Cuando edifiques casa nueva, harás pretil a tu terrado, para que no eches culpa de sangre sobre tu casa, si de él cayere alguno”

 

Como parte del pacto que en su momento Dios hizo con su pueblo, éste les estipuló que cuando construyesen una casa debían hacer un pretil en el terrado para cuidar que nadie se cayese de ahí haciéndose culpable el dueño de la casa por descuido.

 

El entendimiento natural de lo anterior es más que claro: Busca evitar accidentes que pueden preverse, sobre todo aquellos que pongan en riesgo la vida, como el caerse del terrado de una casa, pero, espiritualmente hablando, ¿qué verdades subyacentes contiene esta normativa?

 

Para entender la verdad subyacente ante esta normativa, debemos remitirnos a la casa original, a la casa del principio de todo.

 

El primer libro de la Escritura comienza con una declaración general sobre la creación de todo, general pero contundente: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).

 

Si bien esta cita es clara y entendible la misma, así como toda la Palabra, contiene mucha instrucción que entregar.

 

 


 

Para entender la referente a la historia de la humanidad, desde la perspectiva del plan divino, es menester comenzar, obvio, por el primer libro de la Escritura: Génesis, pero de igual forma el libro de Génesis es amplio, habría que decidirse por dónde se comenzaría éste, de nueva cuenta la respuesta evidente sería por el primer capítulo, aquel que habla de los primeros días de la creación, con todo y todo, ¿por dónde se comenzaría ese capítulo?, pues es más que claro que por el primer versículo, pues bien, comenzaremos la presente obra no por el primer libro de la Palabra, ni por el primer capítulo del primer libro de la misma, ni por el primer versículo del primer capítulo del primer libro de esta, sino por la primer letra del primer versículo del primer capítulo del primer libro de la Escritura.

 

Lo que en nuestras Biblias, referido a Génesis 1:1 comienza como “En el principio…”, en hebreo es בְּרֵאשִׁ֖ית, bə·rê·šîṯ (el hebreo se lee de derecha a izquierda), pero esto es en hebreo moderno. El hebreo, como todos los idiomas, ha tenido una evolución en el tiempo arcada principalmente por los exilios que el Pueblo de Israel experimentó, de esta forma el alfabeto hebreo de nuestros tiempos no es el mismo en que fue escrita originalmente la Palabra, este es nombrado como paleo-hebreo, el idioma original de las escrituras.

 

En paleo hebreo, esa primera palabra que traducida en Génesis 1:1 en nuestras Biblias como “En el principio…” se escribe 


Recordando que el hebreo se escribe y lee de derecha a izquierda la primer letra que puede verse es la bet.

 

Como puede verse, el hebreo en sus inicios —paleo hebreo— era un idioma cuyos símbolos representaban algo. En este caso específico la letra bet  representaba la tienda donde se vivía.

 

Esto es importante ya que si se quiere entender el significado en su originen prístino de esta primera letra, de la primera palabra, del primer capítulo, del primer libro de la Escritura, debe entenderse lo que se buscaba representar.

 

Sin extendernos mucho en esto, por ejemplo, puede señalarse como es que la palabra hijo, en hebreo בִּן, está conformada por la letra בִ, bet ( en paleo hebreo) y la letra ן, nun ( en paleo hebreo). Bet como se dijo se refiere a la tienda como hogar y nun es una semilla germinando, así la idea que deviene de Ben, hijo, es la semilla del hogar que germina, simbolismo que encierra el significado de los hijos, la simiente que germina en la casa y que le da continuidad a la misma.

 

Así, todas las letras del alfabeto hebreo tenían un sentido simbólico de algo que representaban, de igual forma las palabras que con ellas se formaban indicaban un entendimiento subyacente a las palabras conformadas.

 

Volviendo sobre la letra bet, vemos que los símbolos antiguos de la misma deviene de tienda (entendida como la casa, el hogar), de esta forma esa primera letra con que comienza toda la Escritura, representa una tienda, una casa, un hogar, ¿y esto qué tiene de significativo?, mucho.

 

Como se comentó en la introducción, la Palabra señala que Dios revela lo que va a ser desde el principio (Isaías 46:10), dado que Génesis es el libro de los orígenes y el primer capítulo del mismo habla de la creación, la pregunta evidente sería ¿para qué esa creación?, así es: ¿para que Dios creó todo el universo?, ¿para qué hizo todas las galaxias, los sistemas, los soles y los planetas?, ¿para qué creó las estrellas, las nebulosas, los hoyos negros, los cometas?

 

Si uno es objetivo, pero carente de comprensión escritural, no puede menos que concluir en el desperdicio de un universo muerto, vacío, peor aún: dadas las distancias astronómicas, en muchos casos literalmente inobservable así que ni siquiera para ser visto por nosotros, entonces ¿por qué Dios creó todo?, bet, porque estaba haciendo la tienda, la casa, el hogar que en su momento heredaría sus hijos.

 

Sin duda alguna, como la Escritura señala, los santos, con Cristo a la cabeza, heredarán la tierra.

 

Salmos 25:13

En prosperidad habitará su alma, y su descendencia poseerá la tierra.

 

Salmos 37:9

Porque los malhechores serán exterminados, más los que esperan en Jehová poseerán la tierra.

 

Salmos 37:11

Más los humildes poseerán la tierra, y se deleitarán en abundante prosperidad.

 

Salmos 37:29

Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella.

 

Mateo 5:5

Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.

 

Revelación 5:10

Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra

 

Como colofón de esta explicación, que permite embonar armónicamente toda la Escritura referida al tema aquí expuesto, hay que aclarar, como se comentó anteriormente, que la tierra será el centro del gobierno de la familia de Dios, pero ¿centro de qué o para qué? Para entender esto la respuesta que deberíamos de buscar es lo santos heredaran la tierra, sí, pero ¿solamente la tierra?

 

Romanos 8:31-32

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

 

La expresión todas las cosas contenida en la cita anterior se ha traducido del griego πάντα, panta, que literalmente significa la totalidad, el todo, es decir, todo lo creado, ¡el universo mismo! Esto es lógico ya que si todo fue hecho por Cristo (Juan 1:39) y para Cristo (Colosenses 1:16) y si los santos son coherederos con Cristo (Romanos 8:17), la conclusión lógica de esto es que con Él heredaremos el todo, la totalidad de la creación, el universo mismo.

 

No se puede elucubrar mucho sobre el destino final de esto, aunque sabemos que será de gloria, pero la Escritura sí da ciertos pincelazos que permiten vislumbrar a lo lejos el maravilloso futuro que espera para quienes de los llamados y elegidos sean encontrados fieles.

 

Romanos 8

18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. 19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. 22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; 23 y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

 

Es así como uno de los trabajos de los hijos de Dios será extender el paraíso que habrá venido a ser la tierra a todo el universo. ¿Suena increíble? La misma Escritura confirma lo anterior en esta profecía de Isaías, recuerda que haba de los elegidos que siendo fieles triunfen:

 

Isaías 51

1Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué. Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto.

Estad atentos a mí, pueblo mío, y oídme, nación mía; porque de mí saldrá la ley, y mi justicia para luz de los pueblos. Cercana está mi justicia, ha salido mi salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos; a mí me esperan los de la costa, y en mi brazo ponen su esperanza. Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi justicia no perecerá.

Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes. Porque como a vestidura los comerá polilla, como a lana los comerá gusano; pero mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salvación por siglos de siglos.

Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón? 10 ¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos? 11 Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.

12 Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno? 13 Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir. ¿Pero en dónde está el furor del que aflige? 14 El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra, ni le faltará su pan. 15 Porque yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos. 16 Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos de la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú.

17 Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, que bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su ira; porque el cáliz de aturdimiento bebiste hasta los sedimentos. 18 De todos los hijos que dio a luz, no hay quien la guíe; ni quien la tome de la mano, de todos los hijos que crio. 19 Estas dos cosas te han acontecido: asolamiento y quebrantamiento, hambre y espada. ¿Quién se dolerá de ti? ¿Quién te consolará? 20 Tus hijos desmayaron, estuvieron tendidos en las encrucijadas de todos los caminos, como antílope en la red, llenos de la indignación de Jehová, de la ira del Dios tuyo. 21 Oye, pues, ahora esto, afligida, ebria, y no de vino: 22 Así dijo Jehová tu Señor, y tu Dios, el cual aboga por su pueblo: He aquí he quitado de tu mano el cáliz de aturdimiento, los sedimentos del cáliz de mi ira; nunca más lo beberás. 23 Y lo pondré en mano de tus angustiadores, que dijeron a tu alma: Inclínate, y pasaremos por encima de ti. Y tú pusiste tu cuerpo como tierra, y como camino, para que pasaran.

 

El versículo 16, remarcado, también puede traducirse, como lo hacen otras versiones, de la siguiente manera:

 

Que puse en tu boca mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí; para que plantaras los cielos y fundaras la tierra; y que dijeras a Sion: pueblo mío eres tú (Biblia Jubileo 2000).

 

Que puse en tu boca mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí; para que plantases los cielos y fundases la tierra; y que dijeses a Sion: pueblo mío eres tú (Sagradas Escrituras 1569)

 

Esto es portentoso, casi imposible de imaginar, pero la Escritura nos dice que lo que espera a los justo excede todo lo que se pueda uno imaginar (1 Corintios 2:9), con todo y esto lo anterior sólo será el medio, ¿el medio para qué?, para el fin de toda la eternidad que ante los ojos de los hijos de Dios se abrirá: conocer a Dios y Su Hijo, “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

 

Es así como los santos heredarán la tierra, pero no para estar confinados en ellas sino para que desde ese centro de operaciones, desde la sede del gobierno del reino de Dios, extiendan las gloriosas condiciones de su lugar de residencia por todo el universo mientras se sigue aprendiendo del Padre y de Su Hijo, de esta forma la primer letra, de la primer palabra, del primer versículo, del primer capítulo, del primer libro de la Escritura, entendiendo que Dios revela lo que va a hacer desde el principio, permite entender que el objetivo de toda la creación, todo el universo, era hacer la tienda, la casa, el hogar de aquellos que logremos conformar la familia de Dios.

 

Con este entendimiento podemos regresar a la ordenanza contenida en Deuteronomio 22:8 entendiendo que, el sentido espiritual de la casa mencionada, es el universo hecho por el Padre por medio del Hijo y para el Hijo, Jesús. Pero entonces ¿qué es ese terrado que se menciona en la cita de Deuteronomio?

 

Leamos de nuevo el objetivo de la normativa dada en Deuteronomio 22:8 “…para que no eches culpa de sangre sobre tu casa, si de él cayere alguno”, de esta forma, ese pretil lo que busca es quien ande por el terrado no pueda caer y morir, ¿tendremos en la Escritura indicaciones que permitan salvar, no solo la vida natural sino incluso la vida espiritual?

 

Deuteronomio 28

1Acontecerá que, si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.

Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da. Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. 10 Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán. 11 Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. 12 Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. 13 Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, 14 y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.

15 Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán. 16 Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. 17 Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar. 18 Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. 19 Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir.

20 Y Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido, y perezcas pronto a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado. 21 Jehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. 22 Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas. 23 Y los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro. 24 Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas.

25 Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra. 26 Y tus cadáveres servirán de comida a toda ave del cielo y fiera de la tierra, y no habrá quien las espante. 27 Jehová te herirá con la úlcera de Egipto, con tumores, con sarna, y con comezón de que no puedas ser curado. 28 Jehová te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu; 29 y palparás a mediodía como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos; y no serás sino oprimido y robado todos los días, y no habrá quien te salve. 30 Te desposarás con mujer, y otro varón dormirá con ella; edificarás casa, y no habitarás en ella; plantarás viña, y no la disfrutarás. 31 Tu buey será matado delante de tus ojos, y tú no comerás de él; tu asno será arrebatado de delante de ti, y no te será devuelto; tus ovejas serán dadas a tus enemigos, y no tendrás quien te las rescate. 32 Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día; y no habrá fuerza en tu mano. 33 El fruto de tu tierra y de todo tu trabajo comerá pueblo que no conociste; y no serás sino oprimido y quebrantado todos los días. 34 Y enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos. 35 Te herirá Jehová con maligna pústula en las rodillas y en las piernas, desde la planta de tu pie hasta tu coronilla, sin que puedas ser curado.

36 Jehová te llevará a ti, y al rey que hubieres puesto sobre ti, a nación que no conociste ni tú ni tus padres; y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra. 37 Y serás motivo de horror, y servirás de refrán y de burla a todos los pueblos a los cuales te llevará Jehová. 38 Sacarás mucha semilla al campo, y recogerás poco, porque la langosta lo consumirá. 39 Plantarás viñas y labrarás, pero no beberás vino, ni recogerás uvas, porque el gusano se las comerá. 40 Tendrás olivos en todo tu territorio, mas no te ungirás con el aceite, porque tu aceituna se caerá. 41 Hijos e hijas engendrarás, y no serán para ti, porque irán en cautiverio. 42 Toda tu arboleda y el fruto de tu tierra serán consumidos por la langosta. 43 El extranjero que estará en medio de ti se elevará sobre ti muy alto, y tú descenderás muy abajo. 44 Él te prestará a ti, y tú no le prestarás a él; él será por cabeza, y tú serás por cola. 45 Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó; 46 y serán en ti por señal y por maravilla, y en tu descendencia para siempre.

47 Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas, 48 servirás, por tanto, a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte. 49 Jehová traerá contra ti una nación de lejos, del extremo de la tierra, que vuele como águila, nación cuya lengua no entiendas; 50 gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni perdonará al niño; 51 y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas; y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cría de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas, hasta destruirte. 52 Pondrá sitio a todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y fortificados en que tú confías, en toda tu tierra; sitiará, pues, todas tus ciudades y toda la tierra que Jehová tu Dios te hubiere dado. 53 Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que Jehová tu Dios te dio, en el sitio y en el apuro con que te angustiará tu enemigo. 54 El hombre tierno en medio de ti, y el muy delicado, mirará con malos ojos a su hermano, y a la mujer de su seno, y al resto de sus hijos que le quedaren; 55 para no dar a alguno de ellos de la carne de sus hijos, que él comiere, por no haberle quedado nada, en el asedio y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en todas tus ciudades. 56 La tierna y la delicada entre vosotros, que nunca la planta de su pie intentaría sentar sobre la tierra, de pura delicadeza y ternura, mirará con malos ojos al marido de su seno, a su hijo, a su hija, 57 al recién nacido que sale de entre sus pies, y a sus hijos que diere a luz; pues los comerá ocultamente, por la carencia de todo, en el asedio y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en tus ciudades.

58 Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y temible: JEHOVÁ TU DIOS, 59 entonces Jehová aumentará maravillosamente tus plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y permanentes, y enfermedades malignas y duraderas; 60 y traerá sobre ti todos los males de Egipto, delante de los cuales temiste, y no te dejarán. 61 Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre ti, hasta que seas destruido. 62 Y quedaréis pocos en número, en lugar de haber sido como las estrellas del cielo en multitud, por cuanto no obedecisteis a la voz de Jehová tu Dios. 63 Así como Jehová se gozaba en haceros bien y en multiplicaros, así se gozará Jehová en arruinaros y en destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para tomar posesión de ella. 64 Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra. 65 Y ni aun entre estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo; pues allí te dará Jehová corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y tristeza de alma; 66 y tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida. 67 Por la mañana dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde! y a la tarde dirás: ¡Quién diera que fuese la mañana! por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y por lo que verán tus ojos. 68 Y Jehová te hará volver a Egipto en naves, por el camino del cual te ha dicho: Nunca más volverás; y allí seréis vendidos a vuestros enemigos por esclavos y por esclavas, y no habrá quien os compre.

 

¿Y cómo concluye todo este exhorto?

 

Deuteronomio 30

15 Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; 16 porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. 17 Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres, 18 yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella. 19 A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; 20 amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.

 

De esta forma, espiritualmente hablando, aquel pretil mencionado en Deuteronomio 22:8, hace referencia a los preceptos, mandamientos, estatutos y leyes dados por el Padre a través de su Hijo, que en todos los tiempos han buscado que los suyos, quienes habrán de heredar esta casa que se llama universo, no perezcan, sino que alcancen vida eterna.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe construir un pretil en el terrado de la casa para proteger a los demás de posibles peligros, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a los preceptos, mandamientos, estatutos y leyes dados por el Padre a través de su Hijo, que en todos los tiempos han buscado que los suyos, quienes habrán de heredar esta casa que se llama universo, no perezcan, sino que alcancen vida eterna.


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