164. Se debe ayunar durante el día de Yom Kippur [día de la expiación] (Lv. 16:29)


 

“Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros”

 

La normativa contenida en Levítico 16:29 relativa a descansar el día de Yom Kippur [día de la expiación], es parte de lo señalado, con motivo del pacto de Dios con su pueblo, respecto de lo que conocemos como el Día de la Expiación.

 

La normativa completa señala:

 

Levítico 16

Habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron. Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio. Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto. Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua. Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto.

Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa. Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel. Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. 10 Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto.

11 Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo. 12 Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. 13 Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera. 14 Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre. 15 Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. 16 Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas. 17 Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la expiación por sí, por su casa y por toda la congregación de Israel. 18 Y saldrá al altar que está delante de Jehová, y lo expiará, y tomará de la sangre del becerro y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los cuernos del altar alrededor. 19 Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel.

20 Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo; 21 y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. 22 Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir al macho cabrío por el desierto.

23 Después vendrá Aarón al tabernáculo de reunión, y se quitará las vestiduras de lino que había vestido para entrar en el santuario, y las pondrá allí. 24 Lavará luego su cuerpo con agua en el lugar del santuario, y después de ponerse sus vestidos saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo, y hará la expiación por sí y por el pueblo. 25 Y quemará en el altar la grosura del sacrificio por el pecado. 26 El que hubiere llevado el macho cabrío a Azazel, lavará sus vestidos, lavará también con agua su cuerpo, y después entrará en el campamento. 27 Y sacarán fuera del campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el pecado, cuya sangre fue llevada al santuario para hacer la expiación; y quemarán en el fuego su piel, su carne y su estiércol. 28 El que los quemare lavará sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y después podrá entrar en el campamento.

29 Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. 30 Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. 31 Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo. 32 Hará la expiación el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser sacerdote en lugar de su padre; y se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas. 33 Y hará la expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación. 34 Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó.

 

Dado que esta normativa tiene que ver, como ya se comentó, con lo que se conoce como el Día de la Expiación, es necesario comprender el alcance natural y espiritual de dicha fiesta.

 

Expiación viene del hebreo Teru'ah, כיפור‎, que significa cubrir, expiar, condonar, cancelar, perdonar, reconciliar, es una palabra que que denota expiación o la acción de cubrir algo. Como señala Levítico Levítico 16:29 esta fiesta se celebraba en “en el mes séptimo, a los diez días del mes”, el séptimo mes era Tishri (Septiembre-Octubre), es decir, es la segunda y penúltima fiesta de las tres consideradas de otoño: Trompetas, Expiación, y Tabernáculos.

 

Todos en algún momento dado nos hemos hecho la pregunta sobre el destino de aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de conocer la salvación a través de Jesús y no solo a quienes de manera literal nunca oyeron hablar de Él sino incluso de aquellos que creyendo conocerlo han estado oyendo y siguiendo una doctrina falsificada sobre Cristo en alguna de las miles de sectas que se dicen cristianas pero que forman parte del esfuerzo del Enemigo por engañar al mundo entero.

 

Si pensamos un poco sobre la historia de la humanidad podemos identificar en ella estos dos grandes grupos: aquellos que nunca oyeron hablar de Jesús y aquellos que aunque sí han oído hablar de Él esto ha sido  a través de un mensaje tergiversado en el seno de alguna de las sectas que se dicen cristianas sin ser la verdadera iglesia fundada por Jesús y vivificada por el Santo Espíritu de Dios.

En el primer caso tenemos los literalmente miles de millones de personas que han vivido en diferentes épocas de la historia de la humanidad y que nunca pudieron tener la posibilidad de oír de Jesús: Sumerios, Babilonios, Asirios, Fenicios, Persas, Olmecas, Toltecas, Aztecas, Mayas, Incas, Japoneses, Mongoles, Vikingos, y un sinfín de pueblos, estados, reinos y naciones que jamás oyeron hablar de Jesús.

 

En el segundo caso tenemos las diferentes sectas cristianas, entre grandes y pequeñas denominaciones, que suman más de 33,000 en la actualidad, fuera, diferentes y aparte de la verdadera iglesia de Dios y que creen en un Cristo y creen en un Evangelio, pero es un Cristo falsificado Cristo y un Evangelio tergiversado.

 

La pregunta entonces muy concreta: ¿Qué pasa con quienes nunca tuvieron la posibilidad de conocer a Jesús? La Fiesta de la Expiación permite entender esto.

Veamos.

 

Como ha quedado más que evidente, las Fiestas Solemnes de Jehová presentan y representan el Plan de Dios sobre la humanidad en su desarrollo cronológico: Primero la Pascua, que representa el sacrificio redentor de Jesús, luego Panes sin Levadura, que representa la vida que a partir de la redención obtenida por Jesús cada cristiano debe vivir, luego Primicias que es Jesus mismo resucitado como el primero de muchos hermanos, luego Pentecostés que es el resto de cristianos llamados, escogidos y fieles en este siglo, y Trompetas, que es la segunda venida de Jesús por sus llamados, escogidos y fieles mismos que son resucitados/transformados. Hasta aquí vamos y queda claro el desarrollo cronológico de las fiestas de Dios como parte de Su plan para la humanidad. Con esto en mente ¿para quienes es la Fiesta de la Expiación? Entender esto es muy importante.

 

En la Fiesta de las Trompetas, previo a la de la Expiación, vimos que se refiere a la segunda venida de Jesús por sus llamados, escogidos y fieles mismos que son resucitados/transformados. De estos llamados, escogidos y fieles la Escritura se refiere a ellos de la siguiente forma: “Bienaventurado y santo es el que tiene parte en la primera resurrección; la muerte segunda no tiene poder sobre éstos sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él por mil años” (Revelación 20:6). Es decir, son los santos y santas resucitados/transformados al regreso de Jesús que serán reyes y sacerdotes con Él durante el milenio. Lo importante a resaltar para entender la Fiesta de la Expiación es que, como se señala, “la muerte segunda no tiene poder sobre éstos”. Entonces, ¿para quienes es la Fiesta de la Expiación?

 

Vamos analizando primero la Fiesta en sí.

 

La Fiesta de la Expiación, que es de reposo (Levítico 16:29, 31; Levítico 23:28, 30, 32) es la única de las fiestas decretadas por Dios con una connotación de tristeza, de pesar, de hecho mientras que en las demás fiestas hay gozo, comida y bebida, en esta hay aflicción (Levítico 16:29, 31; Levítico 23:27; Números 29:7).

 

Esta tristeza, este llanto, este lamento, está de igual forma señalada en la Escritura para la humanidad para un tiempo futuro. “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito” (Zacarías 12:10); “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea. Amén” (Revelación 1:7); “Allí os acordaréis de vuestros caminos y de todas vuestras obras con las que os habéis contaminado, y os aborreceréis a vosotros mismos por todas las iniquidades que habéis cometido” (Ezequiel 20:43); “Entonces cambiaré vuestras fiestas en llanto y todos vuestros cantos en lamento; pondré cilicio sobre todo lomo y calvicie sobre toda cabeza; haré que sea como duelo por hijo único, y su fin, como día de amargura” (Amós 8:10); “Ahora bien —afirma el Señor —, vuélvanse a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos” (Joel 2:12).

 

¿Por qué es todo esa tristeza, este pesar, esta aflicción? “Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová” (Levítico 16:30), “porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios” (Levítico 23:28). Pero, ¿para quién? Los santos y santas resucitados/transformados que al regreso de Jesús son con Él reyes y sacerdotes durante mil años gozan de la bienaventuranza de que “la muerte segunda no tiene poder sobre éstos”, entonces, ¿para quién es esta expiación?

Si Revelación 20:6 llama a la resurrección/transformación de los santos y santas llamados, escogidos y fieles, a regreso de Jesús, al inicio del milenio, “la primera resurrección”, entonces debe haber una segunda resurrección, ¿quiénes resucitan en esa segunda resurrección? Revelación 20:5 nos dice que “los demás muertos no volvieron a la vida hasta que se cumplieron los mil años”. ¿Cuáles “demás muertos”? Pues los que no tomaron parte en la primera resurrección, es decir,  tanto aquellos que nunca oyeron hablar de Jesús  como aquellos que aunque sí han oído hablar de Él esto ha sido  a través de un mensaje tergiversado en el seno de alguna de las sectas que se dicen cristianas sin ser la verdadera iglesia fundada por Jesús y vivificada por el Santo Espíritu de Dios, en otras palabras, todos los que no calificaron para ser considerados llamados, escogidos y fieles y participar de la primer resurrección, al regreso de Jesús, y ser al inicio del milenio reyes y sacerdotes con Él.

 

¿Y para qué son resucitados todos estos que no calificaron para  participar de la primera resurrección?  Si nos atenemos a la Escritura en cuanto al sentido de esta fiesta sería para que participen de la “expiación [que se hará] por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová” (Levítico 16:30), “porque es día de expiación, para [ser] reconcilia[dos] delante de Jehová vuestro Dios” (Levítico 23:28).  ¿Pero que no los que son resucitados al final del milenio son echados al Lago de Fuego, “Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Revelación 21:8)? No, sólo los que no se hallen inscritos en al Libro de la Vida, “Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras…. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Revelación 20:13, 15).

 

Vamos analizando más este punto.

 

Generalmente, respecto a qué va a pasar con aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de conocer la salvación a través de Jesús, hay dos visiones: una severa y otra laxa. La severa dice que aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de conocer la salvación a través de Jesús simplemente se van a condenar. La permisiva dice que aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de conocer la salvación a través de Jesús, de alguna forma, serán juzgadas según su conciencia y sus obras y por ende pueden incluso así salvarse. Veamos a detalle cada una de estas posturas.

 

Como se señaló la opción en extremo severa dice que solo quienes aceptaron a Jesús se salvan, los que no, no se salvan. Esta se sustenta precisamente en las citas que hemos visto de Revelación que mencionan las dos resurrecciones ya que dicen que como a primera resurrección es para los santos y la segunda para condenación no hay opción para quienes no conocieron a Jesús. Además la Escritura constantemente nos indica que los impíos serán destruidos (Salmos 37:38; Proverbios 14:11; Salmos 94:23; Salmos 28:5; Salmos 73:19; Salmos 92:7; 2 Pedro 3:6; Proverbios 10:29; Oseas 7:13; Daniel 8:25; Filipenses 1:28; 1 Timoteo 6:9; Romanos 9:22; Filipenses 3:19; 2 Tesalonicenses 1:9; 2 Timoteo 2:14; 2 Pedro 2:3; 2 Pedro 2:12; 2 Pedro 3:7; Judas 1:10). La destrucción de los impíos no está en duda, la pregunta sería ¿cómo, cuándo y por qué será destruidos?

 

Detengámonos un momento y pensemos si realmente lo anterior es coherente con el Padre amoroso que tenemos (1 Juan 4:8), con la imagen de ese Padre que quiere que todos los hombres sean salvos y que vengan al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4), y que quiere que nadie muera (2 Pedro 3:9). Es decir, los miles y miles de millones de personas que nunca tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús, ¿será simplemente olvidados o destruidos? Si nosotros que somos malos veríamos esto extremadamente injusto, ¿podemos pensar que nuestro Padre, que es Santo y Perfecto, lo verá justo? (Mateo 7:11). Toda Escritura muestra un Padre amoroso que con vehemencia busca al hombre procurando su salvación y dándole siempre la oportunidad de escoger libremente sea la vida o sea la muerte (Deuteronomio 30:19), ejemplos y ejemplos tenemos de cómo es que Dios proclama su Verdad antes de acarrear el castigo por la desobediencia (historia de Noé ante las gentes de su tiempo antes del diluvio, historia de Jonás ante Nínive para su arrepentimiento, historia de Moises ante el Faraón para que dejara ir a Israel, historia de los profetas enviados por Dios a Israel y de Judá antes del cautiverio), ¿cómo compensar eso con la idea de nuestro Dios condenando al olvido o la muerte a quienes vivieron engañados, esclavizados, sin oportunidad de conocer y optar por la verdad?

 

Tanto Hechos 10:34 como Romanos 2:11 nos indican que Dios no hace acepción de personas, pero la opción de la salvación sólo para quienes pudieron oír de Jesús, el verdadero Jesús, crea una contradicción con este punto.

 

Aparte tenemos la verdad de quien seduce y engaña al mundo entero es el Diablo (Revelación 12:9), pero esta opción castiga a aquellos que fueron engañados por el Enemigo y siguieron otra fe, otra doctrina, ajena a la de Dios.  También está el caso de aquellos que como los Escribas y Fariseos cierran el reino de los cielos a los hombres no entrando ellos ni dejando entrar (Mateo 23:13) pero esta opción castiga a aquellos que aunque deseándolo no pudieron acceder a la Verdad pues otros no se los permitieron.

 

Además tenemos  la declaración de quien llama, de quien trae a la Verdad, es el Padre (Juan 6:44, 65; Hechos 2:39), e incluso de que Él mismo la oculta “como está escrito: Dios les dio [a los israelitas) espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy” (Romanos 11:8), pero esta opción resulta en que si aunque el Padre no ha llamado o le ha ocultado la Verdad a alguien  ese alguien es condenado pues nunca pudo conocer a Jesús, peor aún: respecto de la voluntad de Dios se nos dice que Él “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

 

Por último, si el caso fuera de salvarse sólo por conocer la Verdad revelada por el Padre y su Hijo, esto debería ser una prioridad, pero al contario vemos a Jesús señalando claramente que cuando Él hablaba en parábolas era para ocultar la verdad y evitar que la multitudes entendieran, se convirtieran y fueran salvas (Marcos 4:11-12; Lucas 8:10; Mateo 13:13-15).

 

Mucho puede decirse al respecto pero esta idea de olvido o condenación de quienes no tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús contraría toda la Escritura y no hay manera de conciliarla con la idea de un Padre justo y más que justo: misericordioso y todo amor. ¿Entonces?

 

La otra opción es la laxa, la cual es en extremo condescendiente, y señala que incluso los que no conocieron a Jesús podrán salvarse cuando sus vidas y sus obras sean evaluadas. Esta opción se basa en las múltiples y variadas escrituras que clara y coincidentemente señalan que los hombres serán juzgados según sus obras (Revelación 20:13,2:23; Jeremías 17:10; Mateo 12:36-37,16:27; 2 Corintios 5:10; Proverbios 24:12; Romanos 2:5-6; Marcos 9:49).

 

Pero aceptar esto es prácticamente y contra toda Escritura hacer irrelevante e innecesario el sacrificio de Jesús, además que va en contra de las múltiples escrituras que señalan la realidad de  los hombres ante Dios:

 

Marcos 10:18 “Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios”.

Romanos 3:10 “Como está escrito: "no hay uno justo, ni aún uno”

Romanos 3:23  “…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.

Romanos 5:12  “…la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron.”

 

Pero también se nos dice cómo venimos a reconciliarnos con nuestro Padre:

 

Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”

 

Romanos 3:24 “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”

 

1 Juan 4:9 “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él”

 

1 Corintios 15:22 “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”

 

1 Juan 1:7 “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”

 

1 Juan 5:13 “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios”

 

Además la necesidad de conocer, aceptar y vivir la Palabra de Dios queda expuesto en la parábola del sembrador cuando al explicarla (Lucas 8:11-15) Jesús dice a sus discípulos: “Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios.  Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven. Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia”.

 

Tenemos además las palabras de Jesús a Nicodemo cuando hablan del nacer de nuevo, donde Jesús de manera clara, haciendo doble énfasis,  señala que “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. (Juan 3:5)

 

Por último para quienes, a pesar de lo anteriormente señalado por la Escritura, creen que hay alguna otra forma de salvarse sin Cristo, haciendo por lo tanto irrelevante Su sacrificio redentor,  veamos lo que nos dice Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

 

Como puede verse la opción de salvación por obras sin conocer y aceptar a Jesús con todo lo que ello implica es contraria a la Escritura, deja en nada el sacrificio de Jesús, hace irrelevante la recepción del Santo Espíritu, hace innecesaria la vida cristiana y contradice puntos doctrinales de nuestra fe, pero entonces ¿a qué se refiere eso de que existirá un juicio basado en las obras de las personas?

 

Pero no sólo hay esas dos opciones sino que, leyendo la Palabra de Dios podemos encontrar una tercera, acorde con la Fiesta de la Expiación así como toda la Escritura, la cual permite que incluso los que no tuvieron la posibilidad de conocer a Jesús tienen en un momento dado esa posibilidad.

Antes que nada y primeramente hay que dejar muy claro que sólo existen dos resurrecciones generales, y si existen dos resurrecciones generales existen sólo dos tipos de resucitados: aquellos que van a vida y aquellos que van muerte, de nuevo la cuestión, para estos últimos, es cuándo, dónde y por qué.

 

Dado que ya vimos el significado de la primera resurrección y que clara, explícita y tajantemente sólo participan en ella los justos (Lucas 14:14), los que creen en Jesús (Juan 6:39-40), los llamados por el Padre (Juan 6:44), los perseguidos por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios (Revelación 20:4), quienes reinan con Cristo en el milenio, nos queda ver si hay espacio para que quienes no tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús sean resucitado al final del milenio, junto con los que van a condenación (Revelación 20:12- 15).

 

Esta segunda resurrección, como en su momento se señaló, se señala que “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Revelación 20:15), también se dejó abierta la pregunta de si esto puede implicar que hay más quienes son resucitado y que no van a condenación.

Veamos el orden de la resurrección.

 

1 Corintios 15:23-24 “Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia”.

La palabra “fin” en la expresión “luego el fin” en la cita anterior, se ha traducido de la palabra griega telos, τέλος, que hace referencia a la consumación de un proceso, al cierre del mismo con todos su resultados. [Esta raíz ( tel- ) significa "llegar al final ( objetivo )", está bien ilustrado con el telescopio, el cual va desplegándose (extendiéndose) una etapa a la vez para funcionar a toda potencia (efectividad de la capacidad)]. Así que si vemos las etapas y en la primera está Cristo, las primicias, en la segunda los que sean de Él a su venida, la conclusión de este proceso [telos, τέλος] se refiere al resto de la humanidad.

 

Aunque tanto Revelación 20:15 como 1 Corintios 15:23-24 infieren un período posterior al milenio donde quienes no conocieron a Jesús pueden conocerlo y decidir si se acepta o no, hay que ser honestos y señalar que esto no está clara, explícita y tajantemente señalado (como el caso de la primer resurrección), pero ¿no hay más escrituras que apoyen esta idea?

 

Ahora veamos otras escrituras que hacen necesaria esa oportunidad para todos  de conocer y aceptar o rechazar a Jesús.

 

Revelación 1:7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.

Para que todos los linajes de la tierra hagan lamentación por Jesús (Sumerios, Babilonios, Asirios, Fenicios, Persas, Olmecas, Toltecas, Aztecas, Mayas, Incas, Japoneses, Mongoles, Vikingos, y un sinfín de pueblos, estados, reinos y naciones que jamás oyeron la predicación de la Buena Nueva), se requiere que todos vuelvan a la vida y escuchen el Evangelio con la opción de aceptar o rechazar a Jesús, de otra forma sólo serían unos cuantos linajes (de hecho muy pocos linajes según Mateo 24:22)

 

Respecto de esto mismo ¿qué nos dice Jesús en Mateo 7:14 y Mateo 22:14?

 

Mateo 7:14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

 

Mateo 22:14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

¿Más sin embargo que nos dice Revelación 7:9?

 

Revelación 7:9 Después de estas cosas miré, y he aquí una gran multitud, la cual ninguno podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en sus manos

 

Vemos como si bien son pocos los escogidos, pocos los que hallan el camino a la vida, la multitud de Revelación 7:9 no se puede contar y es, igual que Revelación 1:7 , de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas (de nuevo: Sumerios, Babilonios, Asirios, Fenicios, Persas, Olmecas, Toltecas, Aztecas, Mayas, Incas, Japoneses, Mongoles, Vikingos, y un sinfín de pueblos, estados, reinos y naciones que jamás oyeron la predicación de la Buena Nueva).

 

Isaías es enfático en que habrá un momento en que todos conocerán la verdad que hasta ahorita ha estado velada y vedada:

 

Isaías 25:7 Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones.

 

Y los santos resucitados mostrarán la verdad a todos quienes no la oyeron:

 

Isaías 66:18-19: Porque yo conozco sus obras y sus pensamientos; tiempo vendrá para juntar a todas las naciones y lenguas; y vendrán, y verán mi gloria. Y pondré entre ellos señal, y enviaré de los escapados de ellos (santos resucitados)  a las naciones, a Tarsis, a Fut y Lud que disparan arco, a Tubal y a Javán, a las costas lejanas que no oyeron de mí, ni vieron mi gloria; y publicarán mi gloria entre las naciones.

 

La única manera que todos los linajes (Revelación 1:7) y todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas (Revelación 7:9), quienes nunca oyeron la verdad de Dios,  estén presentes al final de este siglo es que estén precisamente todos y todas y que todos y todas tengan la oportunidad de conocer la verdad (Isaías 25:7). No hay otra forma.

 

Ahora bien, quienes “no oyeron la verdad de Dios” no puede referirse solo a quienes nunca escucharon de Dios, su Hijo y la salvación revelada en Su palabra sino incluso aquellos que, engañados por el enemigo, oyeron de otro Dios, otro Hijo y otra salvación, falsa y no verdadera (Gálatas 1:6-9; 2 Corintios 11:4; Mateo 24:24). La única oportunidad es conocer la verdad de Dios, su Hijo y la salvación revelada en Su palabra, no otra, y optar con libertad aceptarla o no.

Pero hay más.

 

Revelación 20:11-15 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.  Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios [el resto de la humanidad que no participó en la primera resurrección]; y los libros fueron abiertos [libros, biblos, βίβλος: la Verdad contenida en las Escrituras], y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras [al optar o rechazar la salvación y demostrar con hechos (su vida y sus obras) su decisión que será para vida o muerte]. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras [al optar o rechazar la salvación y demostrar con hechos (su vida y sus obras) su decisión que será para vida o muerte]. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida [al rechazar la salvación y demostrar con hechos (su vida y sus obras) su decisión que será para muerte] fue lanzado al lago de fuego.

La palabra para juzgados es el griego ekrithēsan, ἐκρίθησαν, que deriva de krinó, κρίνω, y que puede significar juzgados, juzgar, decidir. Es decir, puede referirse a un proceso que tiene cierta duración y que se usa para dirimir una cuestión, no única y exclusivamente a la parte final del mismo cuando se dicta ya una sentencia. Es decir, el juicio de Revelación 20:11-15  puede referirse a ese período para que todos los que nunca tuvieron la oportunidad de conocer la Verdad puedan conocerla, ser corregidos (castigados) y puedan optar o rechazar la salvación y demostrar con hechos (su vida y sus obras) su decisión que será para vida o muerte.

 

Respecto al castigo como corrección, vemos esto muy caramente en Lucas 12:47-28: “Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme a su voluntad, será azotado mucho. Pero el que no la sabía, e hizo cosas que merecían castigo, será azotado poco. A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él; y al que mucho le han confiado, más le exigirán”. Así tenemos un período de corrección, período que no puede ser al inicio del milenio, luego entonces puede ser después y para todos los seres humanos. También Proverbios 3:12 nos dice que “Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”. Así que hay castigo que es para corrección, lo mismo que castigo que es para destrucción.

 

De no ser así, ¿cómo podría entenderse lo dicho en Mateo 5:19? Veamos: “De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos”. Es algo ilógico pensar que alguien que quebranta los mandamientos, y no solo solo quebranta sino que enseña a los demás a quebrantarlos, pueda estar en el reino venidero. Pero si se piensa en esa resurrección general, donde todos podrán comprender la Verdad y decidir libremente entre aceptarla o rechazarla, es más que evidente que en ese momento se caerá en cuenta de los errores, desviaciones y rebeldías siendo señalados quienes así hicieron como pequeños, es decir, que no dieron la medida para el reino (Efesios 4:13), pero en un señalamiento que les permita corrección. Es así como en esa resurrección se deja claro quien estuvo en la verdad y quien en el error y que tanto se desviaron para entonces proceder a corrección y subsecuentemente a las promesas del Padre.

 

Para concluir la exposición de esta opción vemos que no hay nada en las Escrituras que impida después del Milenio la opción para todos los que no conocieron a Jesus el conocerle, el aceptarle con todo lo que esto implica e ir a vida eterna o el rechazarle e ir a condenación. De hecho la Fiesta de la Expiación indica eso claramente cuando señala que “en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová” (Levítico 16:30), “porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios” (Levítico 23:28).

 

 

Volviendo a la Fiesta de la Expiación, es interesante notar que, mientras que el resto de las Fiestas hablan en general de gozo, de reposo, de ofrendas, ésta y la Pascua contienen indicaciones muy precisas, en este caso incluso adicionales,  de cómo llevarla a cabo.

 

Levítico 16 

Habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron.

Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio.

Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto.

Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua.

Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto.

Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa.

Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión.

Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel.

Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación.

10 Más el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto.

11 Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo.

12 Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo.

13 Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera.

14 Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre.

15 Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio.

16 Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas.

17 Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la expiación por sí, por su casa y por toda la congregación de Israel.

18 Y saldrá al altar que está delante de Jehová, y lo expiará, y tomará de la sangre del becerro y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los cuernos del altar alrededor.

19 Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel.

20 Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo;

21 y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto.

22 Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.

23 Después vendrá Aarón al tabernáculo de reunión, y se quitará las vestiduras de lino que había vestido para entrar en el santuario, y las pondrá allí.

24 Lavará luego su cuerpo con agua en el lugar del santuario, y después de ponerse sus vestidos saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo, y hará la expiación por sí y por el pueblo.

25 Y quemará en el altar la grosura del sacrificio por el pecado.

26 El que hubiere llevado el macho cabrío a Azazel, lavará sus vestidos, lavará también con agua su cuerpo, y después entrará en el campamento.

27 Y sacarán fuera del campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el pecado, cuya sangre fue llevada al santuario para hacer la expiación; y quemarán en el fuego su piel, su carne y su estiércol.

28 El que los quemare lavará sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y después podrá entrar en el campamento.

29 Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros.

30 Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová.

31 Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo.

32 Hará la expiación el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser sacerdote en lugar de su padre; y se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas.

33 Y hará la expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación.

34 Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó.

 

Los versículos del 2 al 4 son sombra o imagen de la función sacerdotal que desempeñaría de una vez y para siempre Jesús: “Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio. Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto.  Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua”

 

Hebreos 9:7: pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo;

 

Hebreos 4:16: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

 

Hebreos 6:18-20: 18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.  La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo,  donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

 

Mateo 27:51: Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron.

 

Los versículos del 7 al 10 nos hablan de dos machos cabríos, ambos son sombra o imagen de la redención que íbamos a obtener a través de Jesús. “Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación” (v. 9), la cual es sombra o imagen de la muerte de Jesús “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24), como dijo Juan cuando vio a Jesús “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Respecto del otro macho cabrío “sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto”  (v. 10), éste es sombra o imagen de como Jesús quitaría de nosotros apartándolo de la presencia de Dios, “Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Salmos 103:12), “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” (Isaías 53:11).

 

Los vv. 12 y 13 son sombra del camino franco que Cristo nos iba a abrir detrás del velo hacia la presencia de Dios.  “Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera”.  Recordemos que “detrás del segundo velo había un tabernáculo llamado el Lugar Santísimo” (Hebreos 9:3), “queriendo el Espíritu Santo dar a entender esto: que el camino al Lugar Santísimo aún no había sido revelado en tanto que el primer tabernáculo permaneciera en pie” (Hebreos 9:8). Jesús accede hacia el lugar santísimo “por el camino que él nos consagró nuevo y vivo, por el velo, esto es, por su carne” (Hebreos 10:20), como Él mismo dijo “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6), por lo cual “tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme, y que penetra hasta detrás del velo” (Hebreos 6:19).

 

El versículo 27, de Levítico 16,  “Y sacarán fuera del campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el pecado, cuya sangre fue llevada al santuario para hacer la expiación; y quemarán en el fuego su piel, su carne y su estiércol”, hace referencia, de igual forma, al sacrificio redentor de Jesús. “Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.  Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.  Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;  porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir” (Hebreos 13:11-14)

 

La imagen o sombra de los dos machos cabríos de Expiación, representan el sacrificio redentor de Jesús, tal como proféticamente lo describió el profeta Isaías:

 

Isaías 53

1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?

Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.

Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.

12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

 

Como una anotación adicional a lo comentado sobre esta fiesta, está la cuestión de algo que en el pueblo de Israel se conocía como el jubileo.  El jubileo era una indicación dada por Dios y que uno puede leer en el capítulo 25 de Levítico, donde cada cincuenta años se ponían los esclavos en libertad, se dejaban de trabajar las tierras y se restituían las posesiones que se habían comprado, lo interesante es que el inicio del jubileo estaba decretado a iniciar, cada cincuenta años, con la fiesta de Expiación, la cual como ya se ha visto es el día 10 del séptimo mes.

Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.

Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra.

10 Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia.

 

Pudiendo iniciar en cualquier momento o en cualquier fiesta, Dios decreta que el inicio del jubileo coincida, cada cincuenta años, con la fiesta de Expiación, declarando aún más la naturaleza de esta última, pues el jubileo gira en torno a la liberación del esclavo o cautivo, la restitución de los familiares y la reintegración de las posesiones perdidas.

 

Después de todo lo que se ha mencionado sobre esta fiesta, queda más claro el significado de la misma, sobre todo si consideramos, como se hizo al inicio de este apartado referido a dicha fiesta, que el nombre de la misma no es condenación, castigo, destrucción, separación, culpa, sino  Expiación,  que como vimos significa cubrir, expiar, condonar, cancelar, perdonar, reconciliar.

 

“He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Voy a sanarte, y en tres días podrás subir al templo del Señor” (2 Reyes 20:5)

 

“Y en aquel día dirás: Te doy gracias, oh Jehová, porque aunque estabas airado conmigo, se ha apartado tu ira y me has consolado” (Isaías 12:1)

 

Este cubrimiento, expiación, condonación, cancelación, perdón o reconciliación, nos dan la pauta para la siguiente y última fiesta, la de los Tabernáculos, cuando en Jeremías 31:34 dice: “Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe ayunar durante el día de Yom Kippur [día de la expiación], sigue vigente más sin embargo espiritualizado referido al cumplimiento de esta fiesta en cuanto a la única oportunidad que en su momento se dará para todos aquellos que nunca hubieren oído hablar de Jesús o que hubieren oído hablar de un Jesús diferente para que, aceptando o rechazando esa oportunidad, puedan venir a salvación o a condenación.


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