164. Se debe ayunar durante el día de Yom Kippur [día de la expiación] (Lv. 16:29)
“Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes
séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra
haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros”
La normativa contenida en Levítico 16:29 relativa a
descansar el día de Yom Kippur [día de la expiación], es parte de lo señalado, con motivo del pacto de Dios
con su pueblo, respecto de lo que conocemos como el Día de la Expiación.
La normativa completa señala:
Levítico 16
1 Habló Jehová a Moisés después de la
muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y
murieron. 2 Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu
hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del
velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera;
porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio. 3 Con
esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero
para holocausto. 4 Se vestirá la túnica santa de
lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de
lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas
se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua. 5 Y
de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para
expiación, y un carnero para holocausto.
6 Y hará traer Aarón el becerro de la
expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa. 7 Después
tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta
del tabernáculo de reunión. 8 Y echará suertes
Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por
Azazel. 9 Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre
el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. 10 Mas
el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo
delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel
al desierto.
11 Y hará traer Aarón el becerro que era
para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará
en expiación el becerro que es suyo. 12 Después
tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y
sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. 13 Y
pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume
cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera. 14 Tomará
luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio
al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de
aquella sangre. 15 Después degollará el macho
cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del
velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y
la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. 16 Así
purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de
sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al
tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas. 17 Ningún
hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación
en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la expiación por sí, por su
casa y por toda la congregación de Israel. 18 Y
saldrá al altar que está delante de Jehová, y lo expiará, y tomará de la sangre
del becerro y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los cuernos del
altar alrededor. 19 Y esparcirá sobre él de la
sangre con su dedo siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las
inmundicias de los hijos de Israel.
20 Cuando hubiere acabado de expiar el
santuario y el tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío
vivo; 21 y pondrá Aarón sus dos manos sobre la
cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los
hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así
sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un
hombre destinado para esto. 22 Y aquel macho cabrío
llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará
ir al macho cabrío por el desierto.
23 Después vendrá Aarón al tabernáculo de
reunión, y se quitará las vestiduras de lino que había vestido para entrar en
el santuario, y las pondrá allí. 24 Lavará luego su
cuerpo con agua en el lugar del santuario, y después de ponerse sus vestidos
saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo, y hará la expiación
por sí y por el pueblo. 25 Y quemará en el altar la
grosura del sacrificio por el pecado. 26 El que
hubiere llevado el macho cabrío a Azazel, lavará sus vestidos, lavará también
con agua su cuerpo, y después entrará en el campamento. 27 Y
sacarán fuera del campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el
pecado, cuya sangre fue llevada al santuario para hacer la expiación; y
quemarán en el fuego su piel, su carne y su estiércol. 28 El
que los quemare lavará sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y
después podrá entrar en el campamento.
29 Y esto tendréis por estatuto perpetuo:
En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y
ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. 30 Porque
en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos
vuestros pecados delante de Jehová. 31 Día de
reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo. 32 Hará
la expiación el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser sacerdote en
lugar de su padre; y se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras
sagradas. 33 Y hará la expiación por el santuario
santo, y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por
los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación. 34 Y
esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por
todos los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó.
Dado que esta normativa tiene que ver, como ya se
comentó, con lo que se conoce como el Día de la Expiación, es necesario
comprender el alcance natural y espiritual de dicha fiesta.
Expiación
viene del hebreo Teru'ah, כיפור, que significa cubrir, expiar, condonar,
cancelar, perdonar, reconciliar, es una palabra que que denota expiación o la
acción de cubrir algo. Como señala Levítico Levítico 16:29 esta fiesta se
celebraba en “en el mes séptimo, a
los diez días del mes”, el séptimo mes era Tishri (Septiembre-Octubre),
es decir, es la segunda y penúltima fiesta de las tres consideradas de otoño: Trompetas,
Expiación, y Tabernáculos.
Todos
en algún momento dado nos hemos hecho la pregunta sobre el destino de aquellas
personas que no tuvieron la oportunidad de conocer la salvación a través de
Jesús y no solo a quienes de manera literal nunca oyeron hablar de Él sino
incluso de aquellos que creyendo conocerlo han estado oyendo y siguiendo una
doctrina falsificada sobre Cristo en alguna de las miles de sectas que se dicen
cristianas pero que forman parte del esfuerzo del Enemigo por engañar al mundo
entero.
Si
pensamos un poco sobre la historia de la humanidad podemos identificar en ella
estos dos grandes grupos: aquellos que nunca oyeron hablar de Jesús y aquellos
que aunque sí han oído hablar de Él esto ha sido a través de un mensaje tergiversado en el
seno de alguna de las sectas que se dicen cristianas sin ser la verdadera
iglesia fundada por Jesús y vivificada por el Santo Espíritu de Dios.
En
el primer caso tenemos los literalmente miles de millones de personas que han
vivido en diferentes épocas de la historia de la humanidad y que nunca pudieron
tener la posibilidad de oír de Jesús: Sumerios, Babilonios, Asirios, Fenicios,
Persas, Olmecas, Toltecas, Aztecas, Mayas, Incas, Japoneses, Mongoles,
Vikingos, y un sinfín de pueblos, estados, reinos y naciones que jamás oyeron
hablar de Jesús.
En
el segundo caso tenemos las diferentes sectas cristianas, entre grandes y
pequeñas denominaciones, que suman más de 33,000 en la actualidad, fuera,
diferentes y aparte de la verdadera iglesia de Dios y que creen en un Cristo y
creen en un Evangelio, pero es un Cristo falsificado Cristo y un Evangelio
tergiversado.
La
pregunta entonces muy concreta: ¿Qué pasa con quienes nunca tuvieron la
posibilidad de conocer a Jesús? La Fiesta de la Expiación permite entender
esto.
Veamos.
Como
ha quedado más que evidente, las Fiestas Solemnes de Jehová presentan y
representan el Plan de Dios sobre la humanidad en su desarrollo cronológico:
Primero la Pascua, que representa el sacrificio redentor de Jesús, luego Panes
sin Levadura, que representa la vida que a partir de la redención obtenida por
Jesús cada cristiano debe vivir, luego Primicias que es Jesus mismo resucitado
como el primero de muchos hermanos, luego Pentecostés que es el resto de
cristianos llamados, escogidos y fieles en este siglo, y Trompetas, que es la
segunda venida de Jesús por sus llamados, escogidos y fieles mismos que son
resucitados/transformados. Hasta aquí vamos y queda claro el desarrollo
cronológico de las fiestas de Dios como parte de Su plan para la humanidad. Con
esto en mente ¿para quienes es la Fiesta de la Expiación? Entender esto es muy
importante.
En
la Fiesta de las Trompetas, previo a la de la Expiación, vimos que se refiere a
la segunda venida de Jesús por sus llamados, escogidos y fieles mismos que son
resucitados/transformados. De estos llamados, escogidos y fieles la Escritura
se refiere a ellos de la siguiente forma: “Bienaventurado y santo es el que
tiene parte en la primera resurrección; la muerte segunda no tiene poder sobre
éstos sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él por mil
años” (Revelación 20:6). Es decir, son los santos y santas
resucitados/transformados al regreso de Jesús que serán reyes y sacerdotes con
Él durante el milenio. Lo importante a resaltar para entender la Fiesta de la
Expiación es que, como se señala, “la muerte segunda no tiene poder sobre éstos”.
Entonces, ¿para quienes es la Fiesta de la Expiación?
Vamos
analizando primero la Fiesta en sí.
La
Fiesta de la Expiación, que es de reposo (Levítico 16:29, 31; Levítico 23:28,
30, 32) es la única de las fiestas decretadas por Dios con una connotación de
tristeza, de pesar, de hecho mientras que en las demás fiestas hay gozo, comida
y bebida, en esta hay aflicción (Levítico 16:29, 31; Levítico 23:27; Números 29:7).
Esta
tristeza, este llanto, este lamento, está de igual forma señalada en la
Escritura para la humanidad para un tiempo futuro. “Y derramaré sobre la casa
de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración;
y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo
unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito” (Zacarías
12:10); “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le
traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea.
Amén” (Revelación 1:7); “Allí os acordaréis de vuestros caminos y de todas
vuestras obras con las que os habéis contaminado, y os aborreceréis a vosotros
mismos por todas las iniquidades que habéis cometido” (Ezequiel 20:43); “Entonces
cambiaré vuestras fiestas en llanto y todos vuestros cantos en lamento; pondré
cilicio sobre todo lomo y calvicie sobre toda cabeza; haré que sea como duelo
por hijo único, y su fin, como día de amargura” (Amós 8:10); “Ahora bien
—afirma el Señor —, vuélvanse a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y
lamentos” (Joel 2:12).
¿Por
qué es todo esa tristeza, este pesar, esta aflicción? “Porque en este día se
hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante
de Jehová” (Levítico 16:30), “porque es día de expiación, para reconciliaros
delante de Jehová vuestro Dios” (Levítico 23:28). Pero, ¿para quién? Los santos
y santas resucitados/transformados que al regreso de Jesús son con Él reyes y
sacerdotes durante mil años gozan de la bienaventuranza de que “la muerte
segunda no tiene poder sobre éstos”, entonces, ¿para quién es esta expiación?
Si
Revelación 20:6 llama a la resurrección/transformación de los santos y santas llamados,
escogidos y fieles, a regreso de Jesús, al inicio del milenio, “la primera
resurrección”, entonces debe haber una segunda resurrección, ¿quiénes resucitan
en esa segunda resurrección? Revelación 20:5 nos dice que “los demás muertos no
volvieron a la vida hasta que se cumplieron los mil años”. ¿Cuáles “demás
muertos”? Pues los que no tomaron parte en la primera resurrección, es
decir, tanto aquellos que nunca oyeron
hablar de Jesús como aquellos que aunque
sí han oído hablar de Él esto ha sido a
través de un mensaje tergiversado en el seno de alguna de las sectas que se
dicen cristianas sin ser la verdadera iglesia fundada por Jesús y vivificada por
el Santo Espíritu de Dios, en otras palabras, todos los que no calificaron para
ser considerados llamados, escogidos y fieles y participar de la primer
resurrección, al regreso de Jesús, y ser al inicio del milenio reyes y
sacerdotes con Él.
¿Y
para qué son resucitados todos estos que no calificaron para participar de la primera resurrección? Si nos atenemos a la Escritura en cuanto al
sentido de esta fiesta sería para que participen de la “expiación [que se hará]
por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová”
(Levítico 16:30), “porque es día de expiación, para [ser] reconcilia[dos]
delante de Jehová vuestro Dios” (Levítico 23:28). ¿Pero que no los que son resucitados al final
del milenio son echados al Lago de Fuego, “Pero los cobardes, incrédulos,
abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos
tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte
segunda” (Revelación 21:8)? No, sólo los que no se hallen inscritos en al Libro
de la Vida, “Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el
Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno
según sus obras…. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue
lanzado al lago de fuego” (Revelación 20:13, 15).
Vamos
analizando más este punto.
Generalmente,
respecto a qué va a pasar con aquellas personas que no tuvieron la oportunidad
de conocer la salvación a través de Jesús, hay dos visiones: una severa y otra
laxa. La severa dice que aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de
conocer la salvación a través de Jesús simplemente se van a condenar. La
permisiva dice que aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de conocer
la salvación a través de Jesús, de alguna forma, serán juzgadas según su
conciencia y sus obras y por ende pueden incluso así salvarse. Veamos a detalle
cada una de estas posturas.
Como
se señaló la opción en extremo severa dice que solo quienes aceptaron a Jesús
se salvan, los que no, no se salvan. Esta se sustenta precisamente en las citas
que hemos visto de Revelación que mencionan las dos resurrecciones ya que dicen
que como a primera resurrección es para los santos y la segunda para
condenación no hay opción para quienes no conocieron a Jesús. Además la Escritura
constantemente nos indica que los impíos serán destruidos (Salmos 37:38; Proverbios
14:11; Salmos 94:23; Salmos 28:5; Salmos 73:19; Salmos 92:7; 2 Pedro 3:6; Proverbios
10:29; Oseas 7:13; Daniel 8:25; Filipenses 1:28; 1 Timoteo 6:9; Romanos 9:22; Filipenses
3:19; 2 Tesalonicenses 1:9; 2 Timoteo 2:14; 2 Pedro 2:3; 2 Pedro 2:12; 2 Pedro
3:7; Judas 1:10). La destrucción de los impíos no está en duda, la pregunta
sería ¿cómo, cuándo y por qué será destruidos?
Detengámonos
un momento y pensemos si realmente lo anterior es coherente con el Padre
amoroso que tenemos (1 Juan 4:8), con la imagen de ese Padre que quiere que
todos los hombres sean salvos y que vengan al conocimiento de la verdad (1
Timoteo 2:4), y que quiere que nadie muera (2 Pedro 3:9). Es decir, los miles y
miles de millones de personas que nunca tuvieron la oportunidad de conocer a
Jesús, ¿será simplemente olvidados o destruidos? Si nosotros que somos malos
veríamos esto extremadamente injusto, ¿podemos pensar que nuestro Padre, que es
Santo y Perfecto, lo verá justo? (Mateo 7:11). Toda Escritura muestra un Padre
amoroso que con vehemencia busca al hombre procurando su salvación y dándole
siempre la oportunidad de escoger libremente sea la vida o sea la muerte
(Deuteronomio 30:19), ejemplos y ejemplos tenemos de cómo es que Dios proclama
su Verdad antes de acarrear el castigo por la desobediencia (historia de Noé
ante las gentes de su tiempo antes del diluvio, historia de Jonás ante Nínive
para su arrepentimiento, historia de Moises ante el Faraón para que dejara ir a
Israel, historia de los profetas enviados por Dios a Israel y de Judá antes del
cautiverio), ¿cómo compensar eso con la idea de nuestro Dios condenando al
olvido o la muerte a quienes vivieron engañados, esclavizados, sin oportunidad
de conocer y optar por la verdad?
Tanto
Hechos 10:34 como Romanos 2:11 nos indican que Dios no hace acepción de
personas, pero la opción de la salvación sólo para quienes pudieron oír de
Jesús, el verdadero Jesús, crea una contradicción con este punto.
Aparte
tenemos la verdad de quien seduce y engaña al mundo entero es el Diablo
(Revelación 12:9), pero esta opción castiga a aquellos que fueron engañados por
el Enemigo y siguieron otra fe, otra doctrina, ajena a la de Dios. También está el caso de aquellos que como los
Escribas y Fariseos cierran el reino de los cielos a los hombres no entrando
ellos ni dejando entrar (Mateo 23:13) pero esta opción castiga a aquellos que
aunque deseándolo no pudieron acceder a la Verdad pues otros no se los permitieron.
Además
tenemos la declaración de quien llama,
de quien trae a la Verdad, es el Padre (Juan 6:44, 65; Hechos 2:39), e incluso
de que Él mismo la oculta “como está escrito: Dios les dio [a los israelitas)
espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el
día de hoy” (Romanos 11:8), pero esta opción resulta en que si aunque el Padre
no ha llamado o le ha ocultado la Verdad a alguien ese alguien es condenado pues nunca pudo
conocer a Jesús, peor aún: respecto de la voluntad de Dios se nos dice que Él
“quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la
verdad” (1 Timoteo 2:4).
Por
último, si el caso fuera de salvarse sólo por conocer la Verdad revelada por el
Padre y su Hijo, esto debería ser una prioridad, pero al contario vemos a Jesús
señalando claramente que cuando Él hablaba en parábolas era para ocultar la
verdad y evitar que la multitudes entendieran, se convirtieran y fueran salvas
(Marcos 4:11-12; Lucas 8:10; Mateo 13:13-15).
Mucho
puede decirse al respecto pero esta idea de olvido o condenación de quienes no
tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús contraría toda la Escritura y no hay
manera de conciliarla con la idea de un Padre justo y más que justo:
misericordioso y todo amor. ¿Entonces?
La
otra opción es la laxa, la cual es en extremo condescendiente, y señala que
incluso los que no conocieron a Jesús podrán salvarse cuando sus vidas y sus
obras sean evaluadas. Esta opción se basa en las múltiples y variadas
escrituras que clara y coincidentemente señalan que los hombres serán juzgados
según sus obras (Revelación 20:13,2:23; Jeremías 17:10; Mateo 12:36-37,16:27; 2
Corintios 5:10; Proverbios 24:12; Romanos 2:5-6; Marcos 9:49).
Pero
aceptar esto es prácticamente y contra toda Escritura hacer irrelevante e
innecesario el sacrificio de Jesús, además que va en contra de las múltiples
escrituras que señalan la realidad de
los hombres ante Dios:
Marcos
10:18 “Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo
uno, Dios”.
Romanos
3:10 “Como está escrito: "no hay uno justo, ni aún uno”
Romanos
3:23 “…por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios”.
Romanos
5:12 “…la muerte se extendió a todos los
hombres, porque todos pecaron.”
Pero
también se nos dice cómo venimos a reconciliarnos con nuestro Padre:
Romanos
6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna
en Cristo Jesús Señor nuestro”
Romanos
3:24 “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención
que es en Cristo Jesús”
1 Juan
4:9 “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a
su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él”
1
Corintios 15:22 “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos
serán vivificados”
1 Juan
1:7 “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con
otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”
1 Juan
5:13 “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de
Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre
del Hijo de Dios”
Además
la necesidad de conocer, aceptar y vivir la Palabra de Dios queda expuesto en
la parábola del sembrador cuando al explicarla (Lucas 8:11-15) Jesús dice a sus
discípulos: “Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. Y los de junto al camino son los que oyen, y
luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se
salven. Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con
gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la
prueba se apartan. La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero
yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida,
y no llevan fruto. Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con
corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia”.
Tenemos
además las palabras de Jesús a Nicodemo cuando hablan del nacer de nuevo, donde
Jesús de manera clara, haciendo doble énfasis,
señala que “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua
y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. (Juan 3:5)
Por
último para quienes, a pesar de lo anteriormente señalado por la Escritura,
creen que hay alguna otra forma de salvarse sin Cristo, haciendo por lo tanto
irrelevante Su sacrificio redentor, veamos lo que nos dice Hechos 4:12 “Y en
ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los
hombres, en que podamos ser salvos”.
Como
puede verse la opción de salvación por obras sin conocer y aceptar a Jesús con
todo lo que ello implica es contraria a la Escritura, deja en nada el
sacrificio de Jesús, hace irrelevante la recepción del Santo Espíritu, hace
innecesaria la vida cristiana y contradice puntos doctrinales de nuestra fe,
pero entonces ¿a qué se refiere eso de que existirá un juicio basado en las
obras de las personas?
Pero
no sólo hay esas dos opciones sino que, leyendo la Palabra de Dios podemos
encontrar una tercera, acorde con la Fiesta de la Expiación así como toda la
Escritura, la cual permite que incluso los que no tuvieron la posibilidad de
conocer a Jesús tienen en un momento dado esa posibilidad.
Antes
que nada y primeramente hay que dejar muy claro que sólo existen dos
resurrecciones generales, y si existen dos resurrecciones generales existen
sólo dos tipos de resucitados: aquellos que van a vida y aquellos que van
muerte, de nuevo la cuestión, para estos últimos, es cuándo, dónde y por qué.
Dado
que ya vimos el significado de la primera resurrección y que clara, explícita y
tajantemente sólo participan en ella los justos (Lucas 14:14), los que creen en
Jesús (Juan 6:39-40), los llamados por el Padre (Juan 6:44), los perseguidos
por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios (Revelación 20:4), quienes
reinan con Cristo en el milenio, nos queda ver si hay espacio para que quienes
no tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús sean resucitado al final del
milenio, junto con los que van a condenación (Revelación 20:12- 15).
Esta
segunda resurrección, como en su momento se señaló, se señala que “Y el que no
se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”
(Revelación 20:15), también se dejó abierta la pregunta de si esto puede
implicar que hay más quienes son resucitado y que no van a condenación.
Veamos
el orden de la resurrección.
1
Corintios 15:23-24 “Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias;
luego los que son de Cristo, en su venida. Luego
el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido
todo dominio, toda autoridad y potencia”.
La
palabra “fin” en la expresión “luego el fin” en la cita anterior, se ha
traducido de la palabra griega telos, τέλος, que hace referencia a la
consumación de un proceso, al cierre del mismo con todos su resultados. [Esta
raíz ( tel- ) significa "llegar al final ( objetivo )", está bien
ilustrado con el telescopio, el cual va desplegándose (extendiéndose) una etapa
a la vez para funcionar a toda potencia (efectividad de la capacidad)]. Así que
si vemos las etapas y en la primera está Cristo, las primicias, en la segunda
los que sean de Él a su venida, la conclusión de este proceso [telos, τέλος] se
refiere al resto de la humanidad.
Aunque
tanto Revelación 20:15 como 1 Corintios 15:23-24 infieren un período posterior
al milenio donde quienes no conocieron a Jesús pueden conocerlo y decidir si se
acepta o no, hay que ser honestos y señalar que esto no está clara, explícita y
tajantemente señalado (como el caso de la primer resurrección), pero ¿no hay
más escrituras que apoyen esta idea?
Ahora
veamos otras escrituras que hacen necesaria esa oportunidad para todos de conocer y aceptar o rechazar a Jesús.
Revelación
1:7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron;
y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.
Para
que todos los linajes de la tierra hagan lamentación por Jesús (Sumerios,
Babilonios, Asirios, Fenicios, Persas, Olmecas, Toltecas, Aztecas, Mayas,
Incas, Japoneses, Mongoles, Vikingos, y un sinfín de pueblos, estados, reinos y
naciones que jamás oyeron la predicación de la Buena Nueva), se requiere que
todos vuelvan a la vida y escuchen el Evangelio con la opción de aceptar o
rechazar a Jesús, de otra forma sólo serían unos cuantos linajes (de hecho muy
pocos linajes según Mateo 24:22)
Respecto
de esto mismo ¿qué nos dice Jesús en Mateo 7:14 y Mateo 22:14?
Mateo
7:14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y
pocos son los que la hallan.
Mateo
22:14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.
¿Más
sin embargo que nos dice Revelación 7:9?
Revelación
7:9 Después de estas cosas miré, y he aquí una gran multitud, la cual ninguno
podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban
delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas y
con palmas en sus manos
Vemos
como si bien son pocos los escogidos, pocos los que hallan el camino a la vida,
la multitud de Revelación 7:9 no se puede contar y es, igual que Revelación 1:7
, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas (de nuevo: Sumerios,
Babilonios, Asirios, Fenicios, Persas, Olmecas, Toltecas, Aztecas, Mayas,
Incas, Japoneses, Mongoles, Vikingos, y un sinfín de pueblos, estados, reinos y
naciones que jamás oyeron la predicación de la Buena Nueva).
Isaías
es enfático en que habrá un momento en que todos conocerán la verdad que hasta
ahorita ha estado velada y vedada:
Isaías
25:7 Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos,
y el velo que envuelve a todas las naciones.
Y
los santos resucitados mostrarán la verdad a todos quienes no la oyeron:
Isaías
66:18-19: Porque yo conozco sus obras y sus pensamientos; tiempo vendrá para
juntar a todas las naciones y lenguas; y vendrán, y verán mi gloria. Y pondré
entre ellos señal, y enviaré de los escapados de ellos (santos
resucitados) a las naciones, a Tarsis, a
Fut y Lud que disparan arco, a Tubal y a Javán, a las costas lejanas que no oyeron
de mí, ni vieron mi gloria; y publicarán mi gloria entre las naciones.
La
única manera que todos los linajes (Revelación 1:7) y todas las naciones y
tribus y pueblos y lenguas (Revelación 7:9), quienes nunca oyeron la verdad de
Dios, estén presentes al final de este
siglo es que estén precisamente todos y todas y que todos y todas tengan la
oportunidad de conocer la verdad (Isaías 25:7). No hay otra forma.
Ahora
bien, quienes “no oyeron la verdad de Dios” no puede referirse solo a quienes
nunca escucharon de Dios, su Hijo y la salvación revelada en Su palabra sino
incluso aquellos que, engañados por el enemigo, oyeron de otro Dios, otro Hijo
y otra salvación, falsa y no verdadera (Gálatas 1:6-9; 2 Corintios 11:4; Mateo
24:24). La única oportunidad es conocer la verdad de Dios, su Hijo y la salvación
revelada en Su palabra, no otra, y optar con libertad aceptarla o no.
Pero
hay más.
Revelación
20:11-15 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante
del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de
pie ante Dios [el resto de la humanidad que no participó en la primera
resurrección]; y los libros fueron abiertos [libros, biblos, βίβλος: la Verdad
contenida en las Escrituras], y otro libro fue abierto, el cual es el libro de
la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en
los libros, según sus obras [al optar o rechazar la salvación y demostrar con
hechos (su vida y sus obras) su decisión que será para vida o muerte]. Y el mar
entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los
muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras [al optar
o rechazar la salvación y demostrar con hechos (su vida y sus obras) su
decisión que será para vida o muerte]. Y la muerte y el Hades fueron lanzados
al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en
el libro de la vida [al rechazar la salvación y demostrar con hechos (su vida y
sus obras) su decisión que será para muerte] fue lanzado al lago de fuego.
La
palabra para juzgados es el griego ekrithēsan, ἐκρίθησαν, que deriva de krinó, κρίνω,
y que puede significar juzgados, juzgar, decidir. Es decir, puede referirse a
un proceso que tiene cierta duración y que se usa para dirimir una cuestión, no
única y exclusivamente a la parte final del mismo cuando se dicta ya una
sentencia. Es decir, el juicio de Revelación 20:11-15 puede referirse a ese período para que todos
los que nunca tuvieron la oportunidad de conocer la Verdad puedan conocerla,
ser corregidos (castigados) y puedan optar o rechazar la salvación y demostrar
con hechos (su vida y sus obras) su decisión que será para vida o muerte.
Respecto
al castigo como corrección, vemos esto muy caramente en Lucas 12:47-28: “Porque
el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo
conforme a su voluntad, será azotado mucho. Pero el que no la sabía, e hizo
cosas que merecían castigo, será azotado poco. A todo el que se le haya dado
mucho, mucho se demandará de él; y al que mucho le han confiado, más le
exigirán”. Así tenemos un período de corrección, período que no puede ser al
inicio del milenio, luego entonces puede ser después y para todos los seres
humanos. También Proverbios 3:12 nos dice que “Porque Jehová al que ama
castiga, como el padre al hijo a quien quiere”. Así que hay castigo que es para
corrección, lo mismo que castigo que es para destrucción.
De
no ser así, ¿cómo podría entenderse lo dicho en Mateo 5:19? Veamos: “De manera
que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así
enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas
cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de
los cielos”. Es algo ilógico pensar que alguien que quebranta los mandamientos,
y no solo solo quebranta sino que enseña a los demás a quebrantarlos, pueda
estar en el reino venidero. Pero si se piensa en esa resurrección general,
donde todos podrán comprender la Verdad y decidir libremente entre aceptarla o
rechazarla, es más que evidente que en ese momento se caerá en cuenta de los
errores, desviaciones y rebeldías siendo señalados quienes así hicieron como
pequeños, es decir, que no dieron la medida para el reino (Efesios 4:13), pero
en un señalamiento que les permita corrección. Es así como en esa resurrección
se deja claro quien estuvo en la verdad y quien en el error y que tanto se
desviaron para entonces proceder a corrección y subsecuentemente a las promesas
del Padre.
Para
concluir la exposición de esta opción vemos que no hay nada en las Escrituras
que impida después del Milenio la opción para todos los que no conocieron a
Jesus el conocerle, el aceptarle con todo lo que esto implica e ir a vida
eterna o el rechazarle e ir a condenación. De hecho la Fiesta de la Expiación
indica eso claramente cuando señala que “en este día se hará expiación por
vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová”
(Levítico 16:30), “porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová
vuestro Dios” (Levítico 23:28).
Volviendo
a la Fiesta de la Expiación, es interesante notar que, mientras que el resto de
las Fiestas hablan en general de gozo, de reposo, de ofrendas, ésta y la Pascua
contienen indicaciones muy precisas, en este caso incluso adicionales, de cómo llevarla a cabo.
Levítico 16
1 Habló
Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se
acercaron delante de Jehová, y murieron.
2 Y Jehová
dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el
santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el
arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio.
3 Con esto
entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para
holocausto.
4 Se vestirá
la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se
ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas
vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua.
5 Y de la
congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y
un carnero para holocausto.
6 Y hará
traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación
por sí y por su casa.
7 Después
tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta
del tabernáculo de reunión.
8 Y echará
suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra
suerte por Azazel.
9 Y hará
traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo
ofrecerá en expiación.
10 Más el
macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo
delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel
al desierto.
11 Y hará
traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación
por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo.
12 Después
tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y
sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo.
13 Y pondrá el
perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el
propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera.
14 Tomará
luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio
al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de
aquella sangre.
15 Después
degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la
sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la
sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del
propiciatorio.
16 Así
purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de
sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al
tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas.
17 Ningún
hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación
en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la expiación por sí, por su
casa y por toda la congregación de Israel.
18 Y saldrá al
altar que está delante de Jehová, y lo expiará, y tomará de la sangre del
becerro y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los cuernos del
altar alrededor.
19 Y esparcirá
sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo limpiará, y lo santificará
de las inmundicias de los hijos de Israel.
20 Cuando
hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de reunión y el altar,
hará traer el macho cabrío vivo;
21 y pondrá
Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él
todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus
pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al
desierto por mano de un hombre destinado para esto.
22 Y aquel
macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra
inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.
23 Después
vendrá Aarón al tabernáculo de reunión, y se quitará las vestiduras de lino que
había vestido para entrar en el santuario, y las pondrá allí.
24 Lavará
luego su cuerpo con agua en el lugar del santuario, y después de ponerse sus
vestidos saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo, y hará la
expiación por sí y por el pueblo.
25 Y quemará
en el altar la grosura del sacrificio por el pecado.
26 El que
hubiere llevado el macho cabrío a Azazel, lavará sus vestidos, lavará también
con agua su cuerpo, y después entrará en el campamento.
27 Y sacarán
fuera del campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el pecado,
cuya sangre fue llevada al santuario para hacer la expiación; y quemarán en el
fuego su piel, su carne y su estiércol.
28 El que los
quemare lavará sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y después podrá
entrar en el campamento.
29 Y esto
tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes,
afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el
extranjero que mora entre vosotros.
30 Porque en
este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos
vuestros pecados delante de Jehová.
31 Día de
reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo.
32 Hará la
expiación el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser sacerdote en
lugar de su padre; y se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras
sagradas.
33 Y hará la
expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará
expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la
congregación.
34 Y esto
tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos
los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó.
Los
versículos del 2 al 4 son sombra o imagen de la función sacerdotal que
desempeñaría de una vez y para siempre Jesús: “Y Jehová dijo a Moisés: Di a
Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo,
delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo
apareceré en la nube sobre el propiciatorio. Con esto entrará Aarón en el santuario:
con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto. Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su
cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la
mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir
después de lavar su cuerpo con agua”
Hebreos
9:7: pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin
sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo;
Hebreos
4:16: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar
misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
Hebreos
6:18-20: 18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que
Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos
de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del
alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor,
hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.
Mateo
27:51: Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la
tierra tembló, y las rocas se partieron.
Los
versículos del 7 al 10 nos hablan de dos machos cabríos, ambos son sombra o
imagen de la redención que íbamos a obtener a través de Jesús. “Y hará traer
Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá
en expiación” (v. 9), la cual es sombra o imagen de la muerte de Jesús “quien
llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros,
estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida
fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24), como dijo Juan cuando vio a Jesús “He aquí el
Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Respecto del otro
macho cabrío “sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo
delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel
al desierto” (v. 10), éste es sombra o
imagen de como Jesús quitaría de nosotros apartándolo de la presencia de Dios,
“Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras
rebeliones” (Salmos 103:12), “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y
quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y
llevará las iniquidades de ellos” (Isaías 53:11).
Los
vv. 12 y 13 son sombra del camino franco que Cristo nos iba a abrir detrás del
velo hacia la presencia de Dios. “Después
tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y
sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. Y
pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume
cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera”. Recordemos que “detrás del segundo velo había
un tabernáculo llamado el Lugar Santísimo” (Hebreos 9:3), “queriendo el
Espíritu Santo dar a entender esto: que el camino al Lugar Santísimo aún no
había sido revelado en tanto que el primer tabernáculo permaneciera en pie” (Hebreos
9:8). Jesús accede hacia el lugar santísimo “por el camino que él nos consagró
nuevo y vivo, por el velo, esto es, por su carne” (Hebreos 10:20), como Él
mismo dijo “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino
por mí” (Juan 14:6), por lo cual “tenemos como ancla del alma, una esperanza
segura y firme, y que penetra hasta detrás del velo” (Hebreos 6:19).
El
versículo 27, de Levítico 16, “Y sacarán
fuera del campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el pecado, cuya
sangre fue llevada al santuario para hacer la expiación; y quemarán en el fuego
su piel, su carne y su estiércol”, hace referencia, de igual forma, al
sacrificio redentor de Jesús. “Porque los cuerpos de aquellos animales cuya
sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote,
son quemados fuera del campamento. Por
lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre,
padeció fuera de la puerta. Salgamos,
pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio; porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino
que buscamos la por venir” (Hebreos 13:11-14)
La
imagen o sombra de los dos machos cabríos de Expiación, representan el
sacrificio redentor de Jesús, tal como proféticamente lo describió el profeta
Isaías:
Isaías
53
1 ¿Quién ha
creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de
Jehová?
2 Subirá cual
renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni
hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.
3 Despreciado
y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y
como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
4 Ciertamente
llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le
tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
5 Mas él
herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de
nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
6 Todos
nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas
Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
7 Angustiado
él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y
como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
8 Por cárcel
y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue
cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue
herido.
9 Y se
dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque
nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.
10 Con todo
eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto
su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la
voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
11 Verá el
fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento
justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.
12 Por tanto,
yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por
cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los
pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los
transgresores.
Como
una anotación adicional a lo comentado sobre esta fiesta, está la cuestión de
algo que en el pueblo de Israel se conocía como el jubileo. El jubileo era una indicación dada por Dios y
que uno puede leer en el capítulo 25 de Levítico, donde cada cincuenta años se ponían
los esclavos en libertad, se dejaban de trabajar las tierras y se restituían
las posesiones que se habían comprado, lo interesante es que el inicio del
jubileo estaba decretado a iniciar, cada cincuenta años, con la fiesta de
Expiación, la cual como ya se ha visto es el día 10 del séptimo mes.
8 Y contarás
siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las
siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.
9 Entonces
harás tocar fuertemente la trompeta en el
mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la
trompeta por toda vuestra tierra.
10 Y
santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis
libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y
volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia.
Pudiendo
iniciar en cualquier momento o en cualquier fiesta, Dios decreta que el inicio
del jubileo coincida, cada cincuenta años, con la fiesta de Expiación,
declarando aún más la naturaleza de esta última, pues el jubileo gira en torno
a la liberación del esclavo o cautivo, la restitución de los familiares y la
reintegración de las posesiones perdidas.
Después de todo lo que se ha mencionado
sobre esta fiesta, queda más claro el significado de la misma, sobre todo si
consideramos, como se hizo al inicio de este apartado referido a dicha fiesta,
que el nombre de la misma no es condenación, castigo, destrucción, separación,
culpa, sino Expiación, que como vimos significa cubrir, expiar,
condonar, cancelar, perdonar, reconciliar.
“He escuchado tu oración y he visto tus
lágrimas. Voy a sanarte, y en tres días podrás subir al templo del Señor” (2 Reyes
20:5)
“Y en aquel día dirás: Te doy gracias,
oh Jehová, porque aunque estabas airado conmigo, se ha apartado tu ira y me has
consolado” (Isaías 12:1)
Este
cubrimiento, expiación, condonación, cancelación, perdón o reconciliación, nos
dan la pauta para la siguiente y última fiesta, la de los Tabernáculos, cuando
en Jeremías 31:34 dice: “Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a
su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más
pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad
de ellos, y no me acordaré más de su pecado”.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe ayunar durante el
día de Yom Kippur [día de la expiación], sigue vigente más sin embargo
espiritualizado referido al cumplimiento de esta fiesta en cuanto a la única oportunidad
que en su momento se dará para todos aquellos que nunca hubieren oído hablar de
Jesús o que hubieren oído hablar de un Jesús diferente para que, aceptando o rechazando
esa oportunidad, puedan venir a salvación o a condenación.

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