154. Se debe descansar durante el día de reposo (Éx. 23:12)


 “Seis días trabajarás, y al séptimo día reposarás, para que descanse tu buey y tu asno, y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el extranjero”

 

Es por todos conocido que como parte del pacto que Dios hizo con su pueblo les estableció la guarda del séptimo día para dedicarlo a reposar, lo que no es de conocimiento común son las verdades subyacentes inherentes a dicho mandamiento ni mucho menos que dicha ordenanza tiene todavía vigencia.

 

La palabra que se traduce como sábado o ben reposo en algunas traducciones, referida al séptimo día de la semana, deviene de la palabra hebrea שבת, shabat. Si bien shabat se refiere a cesar, desistir, descansar, su significado escritural es más profundo.

 

Veamos como de todos los días, el séptimo es el único que tiene nombre. En Génesis 1, durante el proceso de creación, vemos que cada día fue nombrado como primero, segundo, tercero, etc. Pero cuando en Éxodo 20:8-11 se entregan la observancia el séptimo día de la semana como parte de los Diez Mandamientos, así como en todas las citas que se refiera a dicha observancia, la referencia a ese día le otorga un nombre: Shabat.

 

La evidencia de que Shabat tiene un su significado escritural es más profundo, el cual más delante veremos, salta a la vista cuando leemos en Éxodo 31:15 “seis días se trabajará, más el día séptimo es Shabat de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de Shabat, ciertamente morirá”. Si el entendimiento de Shabat se quedara en que sólo significa cesar, desistir, descansar, tendríamos esa traducción diciendo que “…el día séptimo es descanso de reposo consagrado a Jehová…”. Lo cual no tiene sentido. Esta cita caramente asigna un nombre al sétimo día de la semana, Shabat, e indica que el mismo es de reposo, luego entonces, ¿qué significado escritural tiene Shabat?

 

La palabra Shabat es la pronunciación que deviene de la palabra hebrea que se refiere a ello y que a lo largo del tiempo en el idioma hebreo se ha escrito de la siguiente manera.





Del lado izquierdo se encuentra Shabat escrito en hebreo antiguo, el inicio de la escritura hebrea, en medio está escrito en lo que se conoce como paleo hebreo, una evolución posterior, y a la derecha está escrito en el hebreo moderno, la más reciente. En este punto hay que aclarar que el hebreo se lee de derecha a izquierda. La primer letra es la Shin, la segunda es la Bet y la tercera la Taw.

Como puede verse, el hebreo en sus inicios - hebreo antiguo- era un idioma cuyos símbolos representaban algo. En este caso específico la letra Shin representaba los dientes, la letra Bet la tienda donde se vivía, y la letra Taw era una cruz a manera de marca o señal.

 

Esto es importante ya que si se quiere entender el significado del Shabat en su originen prístino debe entenderse lo que se buscaba representar.

 

Sin extendernos mucho en esto, por ejemplo, puede señalarse como es que la palabra Ben, que significa hijo en el idioma hebreo, está conformada por la letra Bet y la letra Nun. Bet como se dijo se refiere a la tienda como hogar y Nun es una semilla germinando, así la idea que deviene de Ben, hijo, es la semilla del hogar que germina, simbolismo que encierra el significado de los hijos, la simiente que germina en la casa y que le da continuidad a la misma.

 

Volviendo sobre el Shabat, vemos que los símbolos antiguos de la palabra misma devienen de dientes, tienda (entendida como la casa, el hogar) y señal. Comenzando con la primera letra, la Shin, ¿en qué situaciones las personas muestran sus dientes? Hay dos momentos en los que esto sucede: uno cuando se está alegre, otro cuando se está comiendo. La letra Bet, como ya se comentó, simboliza una tienda entendida ésta como casa, hogar. Mientras que la Tau es una señal. Juntando las dos primeras, Shin y Tau tenemos la imagen de mostrar los dientes por alegrarse y alimentarse estando en casa. Este es el significado sencillo, básico, de esa imagen. La última letra muestra que esto debe ser visto como señal.

 

De nuevo: es importante entender a qué se refiere Shabat pues eso nos permitirá entender algunas referencias escriturales que parecen complicadas en cuanto su significado a la vez que nos permitirá comprender la sustancia, naturaleza y sentido del Shabat.

 

El cuarto mandamiento señala claramente que seis días se trabajarán y el séptimo se descansará (Ex. 20: 8-11), leído de esa forma podría pensarse que con el sólo hecho de descansar se está cumpliendo, por ejemplo, quedándose en cama durmiendo y dormitando todo el día, pero el significado de Shabat va más allá, así como otras citas que terminan dando entendimiento sobre a qué se refiere ese reposo.

 

El mostrar los dientes por alegrarse y alimentarse está implícito en las referencias que sobre el Shabat se tienen. Isaías 58:13-14 señala “Si retrajeres del Shabat tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado”. Las referencias a considerar el sábado como delicia y a deleitarse en Jehová son los referentes al simbolismo de mostrar los dientes en casa por alegrarse, de igual forma la referencia a la alimentación que viene de Jehová es un indicativo de los dientes que se muestran para alimentarse.

 

Sobre esto último es interesante como que la referencia de la alimentación pasa por el señalamiento que la misma viene de la boca de Jehová lo cual nos refiere a Deuteronomio 8:3 que señala que “…no sólo de pan vivirá el hombre, más de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”. Sobre esta misma línea de pensamiento hay que notar como es que Lucas 4:16, en la figura de nuestro Señor Jesucristo, nos confirma que el sábado es precisamente el día en que uno debe buscar alimentarse de la Palabra que salé de la boca de Jehová, “Y vino a Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme a su costumbre, el día del Shabat en la sinagoga, y se levantó a leer”. Esto pasa por congregarse, enseñar y aprender. Esto último que pudiera parecer más que obvio es sumamente importante para entender algunos pasajes escriturales.

 

Aunque evidente no podemos dejar de señalar que la referencia al Shabat en el mandamiento pasa por descansar ese día, “Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer,  pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios. No hagas en ese día ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan en tus ciudades” (Éxodo 20:9-10), aunque más delante se abordará la manera de guardar el sábado, lo cual genera un sinfín de preguntas sobre el cómo, la misma Escritura nos da luz sobre este tema pues la referencia principal estriba en no realizar trabajo servil y en no comprar ni vender.

 

Sobre lo primero el mandamiento es muy claro al respecto, sobre lo segundo Nehemías 13:15-20 nos da el referente,  En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban en lagares en el Shabat, y que acarreaban haces, y cargaban asnos con vino, y también de uvas, de higos y toda suerte de carga, y que traían a Jerusalén en día de Shabat; y los amonesté acerca del día en que vendían las provisiones.  También había en la ciudad tirios que traían pescado y toda mercadería, y vendían en el Shabat a los hijos de Judá en Jerusalén. Y reprendí a los señores de Judá y les dije: ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el día de Shabat? ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios todo este mal sobre nosotros y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros añadís ira sobre Israel profanando el Shabat? Sucedió, pues, que cuando iba oscureciendo a las puertas de Jerusalén antes del Shabat, dije que se cerrasen las puertas, y ordené que no las abriesen hasta después del Shabat; y puse a las puertas algunos de mis criados, para que en día de Shabat no introdujeran carga.  Y se quedaron fuera de Jerusalén una y dos veces los negociantes y los que vendían toda especie de mercancía”.

 

Por último, la Tau, como se mencionó, era una cruz a manera de marca o señal, es así como el sábado como día para estar en casa (tanto la casa familiar como la casa de oración), para gozarse en Jehová y ser alimentados a través de la enseñanza y el aprendizaje, es la señal de todo aquel que forma parte de la familia de Dios. Más delante volveremos sobre este punto.

 

En este momento, con el significado primordial de Shabat, podemos avanzar hacia el primer Shabat de la historia y de paso entender un pasaje escritural que siempre ha intrigado a los creyentes, la referencia de que Jehová al parecer necesita reposar pues se cansa.

 

El primer Shabat está relatado en Génesis 2:1-3, “fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”.

 

Inmediatamente después de que en el sexto día Jehová termina su creación con el hombre, la Escritura nos señala que en el séptimo día Jehová reposó de toda su obra, en esta cita la palabra para reposar es שָׁבַת֙, Shabat, ¿significa eso que Dios se cansa y requiere de reposo? Antes de contestar esto veamos una cita más que nos dará luz sobre lo que Dios hizo el séptimo día y luego, volviendo sobre el significado de Shabat, entenderemos a qué se está refiriendo este reposo.

 

Génesis 2:8 nos dice que una vez que concluyó Jehová su obra creadora colocó al hombre en el Jardín de Edén. Aquí es importante tener en mente la sucesión de eventos para entender algo crucial del séptimo día. Como es sabido de todos, en el Jardín de Edén había toda clase de árboles agradables a la vista y buenos para comer de ellos (Génesis 2:9), pero también había un árbol del cual no se habría de comer, el Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal (Génesis 2:9, 17). Ahora bien, todos los días son días creativos, no sólo parte de ellos, sino todo el día en sí, siendo sólo el séptimo de reposo. El hombre es la última creación de Dios luego entonces no es errado pensar que fue creado al final del sexto día ya que si hubiera sido al principio o incluso a la mitad el resto del día Dios hubiera ya entrado en el reposo, lo cual no es así sino que la Escritura nos dice que reposó hasta el séptimo día. En ese caso una vez creado el hombre al final del sexto día, como culmen de su obra creadora después de la cual ya no haría más, Dios lo pone en el Jardín de Edén, ¿cuándo habría de decirle Dios lo referente a la prohibición de comer del Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal?, es más que evidente que de inmediato.

 

Dado que Génesis 1:31 nos habla del término del día sexto,  sin mencionar la admonición de Dios al hombre sobre lo referente del Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal, y considerando lo comentado anteriormente, es lógico concluir que eso se hizo recién iniciado el día séptimo, el día en que Dios estaba reposando.

 

En este punto hay que aclarar, y tener muy en cuenta para el resto del estudio, que los días judíos, en consonancia con la Escritura (Génesis 1:5, 8, 13, 19, 23, 31), comenzaban a la puesta del sol, la primera parte de los mismos era la parte oscura y la segunda parte de los mismos era la pare clara, terminando estos a la puesta de sol del día siguiente.

 

Con esto en mente procuraremos entender el reposo de Dios en el primer Shabat de la historia.

 

Génesis 2:1 nos muestra cómo es que para el Séptimo día Dios había concluido su obra creadora, lo cual tiene su referente en el mandamiento sobre ese día que señala que no se hará trabajo en él. Dios así no estaba creando más ese día, sino que al cesar su actividad creadora estaba entrando en el Shabat. Pero, ¿Por qué se señala que Dios reposó?, ¿acaso Dios se cansa y requiere descanso?

Toda la introducción al respecto del Shabat fue con el objetivo de quitar el pensamiento de lo que para nosotros en la actualidad pueden significar las palabras reposo o descanso, sobre todo relacionadas con el día de reposo cristiano, y llevarnos al pensamiento original de lo que significaban al referirse al Shabat. Como ya vimos, Shabat tiene una connotación referida a gozarse en Jehová y ser alimentados por él en la casa, tanto familiar como de oración. Si se nos permitiese, la cita de Génesis 2:1-3, en vez de decir que Dios reposó el séptimo día, dado que la palabra para reposó es שָׁבַת֙, Shabat, bien podríamos decir que hizo Shabat, o excediéndonos en esa libertad expresiva, podríamos decir que Dios sabadeó el séptimo día, ¿cómo es que Dios hizo Shabat, sabadeó, el séptimo día? primero cesando de toda obra posterior a la creación que ya había concluido, segundo gozándose en la creación concluida la cual había visto era toda buena, y tercero, y muy importante, predicando Su verdad en ese séptimo día.

 

Como vimos, la connotación de Shabat implica la alimentación en casa, esa alimentación, venida de Dios, requiere enseñanza y aprendizaje, Dios no puede ser instruido, pero sí puede instruir, así Dios al hablarle al hombre sobre la cuestión del Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal estaba proclamando Su verdad a través de Su palabra con la intención, como siempre, de que el hombre viviera.

 

Es así como la expresión de Génesis 2:1-3 de que Dios reposó no debe entenderse en el ámbito natural del hombre, quien sí necesita ese descanso pues se cansa, sino en el ámbito divino del significado de Shabat pues Dios mismo estaba mostrando la manera de guardar el séptimo día al cesar sus trabajos, alegrarse en la creación y predicar Su palabra.

 

De igual forma, y para completar la imagen anterior, Adán ese séptimo día bien podría estar reposando, de igual forma gozándose en la creación, pero si no hubiese tenido instrucción el sentido del Shabat no se hubiera completado, es así como la predica de Dios respecto de Su verdad, recién iniciado el Shabat,  con respecto al árbol de la Ciencia del Bien y el Mal permite tanto a él, como a Adán, cumplir la parte de enseñanza-aprendizaje de las verdades divinas requeridas por el Shabat.

 

Ahora bien, la última letra de Shabat, la Taw, como ya se comentó, está representada por una cruz a manera de señal, de marca. Es así como la idea de que los llamados a formar parte de la familia de Dios reposarían de sus trabajos el séptimo día, gozándose en Jehová y siendo alimentados por Su palabra a través de la enseñanza y el aprendizaje de la misma, sería la señal, la marca que los identificase.

 

Sobre ese punto es asombrosamente claro como lo señala Éxodo 31:12-17, “habló además Jehová a Moisés, diciendo: Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis Shabats; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así que guardaréis el Shabat, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo.  Seis días se trabajará, más el día séptimo es Shabat de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el Shabat, ciertamente morirá. Guardarán, pues, el Shabat  los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó”.  De manera contundente se señala como es que el Shabat señal entre Dios y todos los que respondiesen a Su llamado (v. 13), esa señal sería perpetua (v. 17), y esa señal sería con el fin de mostrar que Él es Jehová quien santifica a Su pueblo (v. 13), es decir, identificaría al Pueblo de Dios, esto último lo repite Ezequiel 20:12, 20, “Y les di también mis Shabats, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico… y santificad mis Shabats, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios”.

 

En este punto hay que hacer una aclaración pues quien lee el versículo 17 al leer que la señal es para con los israelitas, puede pensar que el Shabat era sólo para el pueblo carnal, físico y terrenal de Israel. Si bien esto es cierto también el término abarca  todo el Pueblo de Dios, Su familia.

 

Primeramente hay que tener claridad que la santificación del séptimo día, así como la observancia del primer Shabat de la historia de la humanidad, se dio mucho antes de que existiese el pueblo carnal, físico y terrenal de Israel.

 

En segundo lugar tenemos la declaratoria de Jesús quien en Marcos 2:27 que señala que el Sábado fue hecho por causa del hombre (está causa se refiere a la necesidad de descansar, de alegrarse en Dios y de ser alimentado por Él), no por causa de los judíos o de los israelitas, sino por causa del hombre.

 

En tercer lugar, y aunque se aceptase que el sábado es sólo para los judíos, hay que entender que todo aquel que se allegase a Dios, incluso siendo extranjero, estaría sujeto a la misma Ley, “habrá una misma ley para ustedes; será tanto para el extranjero como para el nativo, porque Yo soy Jehová su Dios” (Levítico 24:22), “una sola ley habrá, una sola ordenanza, para vosotros y para el extranjero que reside con vosotros” (Números 15:16). Isaías 56:3-5 es claro en esto, “y el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me apartará totalmente Jehová de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis Shabats, y escojan lo que yo quiero, y abracen mi pacto,  yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá”. De igual forma Pablo lo retoma cuando habla del olivo silvestre (las naciones gentiles) son injertadas junto con el olivo natural (el pueblo de Israel) siendo ambos la familia de Dios (Romanos 11:16-24).

 

Y por último, hay que entender que en la Escritura, la palabra Israel puede referirse, sí, al pueblo carnal, físico y terrenal de Israel, pero también hace referencia a todo aquel quien es llamado por Dios y llega a formar parte de Su familia. Cuando el nombre de Jacob es cambiado a Israel (Génesis 32:29), la misma Escritura explica su significado. Israel viene de ישׂראל, Yisra'el, que significa El que Lucha con Dios, pero la Escritura completa el significado pleno al señalar en la cita dada que se le cambió no sólo porque había luchado con Dios y los hombres (incluso hombres impíos habían luchado con Dios y con los hombres, como Caín o Nimrod) pero en el caso de Jacob él había vencido, es así como Israel se refiere a El Que Vence, lo cual abarca tanto el Antiguo como el Nuevo testamento así como el pueblo carnal, físico y terrenal de Israel y la iglesia de Dios, es decir, nos referimos a la familia de Dios conformada por todo aquel que vence. De esto último es interesante que las cartas que Jesús por medio de Juan envía a las iglesias siempre se refiere las promesas que esperan al que venza (Revelación 2:7, 11, 17, 26: 3:5, 12, 21).

 

Sobre esto, es interesante notar en el capítulo 6 de Gálatas, como es que Pablo hace mención al Israel de Dios (Gálatas 6:16). La carta va dirigida no al Israel carnal, físico y terrenal sino a la iglesia de Dios, de hecho es una admonición contra aquellos que querían llevar a los nuevos creyentes de nuevo a judaizar sometiéndose a las prescripciones que habían sido superadas por el sacrificio redentor de nuestro Señor Jesús.  “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.  Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la circuncisión, sino una nueva creación.  Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gálatas 6:14-16). Así, Pablo, al referirse al Israel de Dios en un contexto ajeno al Israel carnal, físico y terrenal, se dirige a la iglesia de Dios, de hecho podemos decir, en la misma línea de lo ya comentado, que se dirige a todo aquel llamado que venza.

 

Así que reposar el séptimo día, que se refiere a dejar de hacer trabajos serviles y al hecho de comprar y vender, gozándonos en Jehová y alimentándonos de Su verdad por medio de la enseñanza y el aprendizaje de Su palabra, es señal que identifica al Pueblo de Dios de manera perpetua.

 

Sobre todo lo dicho hasta aquí respecto de la sustancia, naturaleza y sentido del sábado, es interesante notar que en la cita de Isaías 45:18  “Porque así dijo Jehová, que creó los cielos, él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo Jehová, y ninguno más que yo”, la palabra habitada es לָשֶׁ֣בֶת, lā·še·ḇe, la cual tiene su raíz en שבת, Shabat, de hecho como puede verse, de derecha a izquierda las tres últimas letras son tal cual las mismas, así la frase de la cita que sobre la tierra dice “para que fuese habitada la creó” bien pudiera parafrasearse, perdonando la libertad de la expresión,  como “para que fuese sabadeada la creó”, y como ya se comprendió la sustancia, naturaleza y sentido del sábado entendemos que el propósito original de la tierra, propósito que se cumplirá, es que los hijos de Dios vivan en ella reposando de sus obras, con gozo ante Jehová, y creciendo a través de la enseñanza-aprendizaje en el conocimiento de Dios, es decir, haciendo Shabat, sabadeando.

 

En el mundo cristiano actual, la referencia generalizada respecto de la ley, escrituralmente hablando, es que ésta ha sido superada, clavada en la cruz, dirían algunos. Citas bíblicas existen que al esgrimirse muestran una ley no sólo superada sino que la misma Escritura reconoce imperfecta, de igual forma hay otras citas que clara, concreta y contundentemente mencionan a  la ley como santa, perfecta y eterna, ¿cómo conciliar ambos aspectos?

 

Si uno argumenta la inmutabilidad de la ley, quien profesa que la misma ha sido superada puede señalar con acierto que si así fuese entonces deberíamos todavía estar ofreciendo los sacrificios prescritos por ella, lo cual claramente en el Nuevo Testamento se instruye que no es así. Por su parte quien defiende la permanencia de la ley puede señalar que si esta ya fue superada, clavada en la cruz -tomando las palabras de su interlocutor-, entonces el matar, el robar, el mentir ya no están prohibidos.

 

Como se comentó, ambas posturas parecieran tener un sustento escritural, pero ¿y si cuando la Escritura menciona a la Ley no estuviese hablando de una ley sino de dos, una de las cuales es la que ha sido superada mientras que la otra aún está vigente?, ¿podría ser esto posible? Veamos.

 

Aunque es un tema bastante extenso, para contestar esto tenemos que abordar las cuestiones de los dos sacerdocios y por ende, las dos leyes.

 

Cuando se habla del sacerdocio con relación a Dios, la mayoría puede pensar en aquel que se ejercía en el templo y que devino de las leyes que Moisés recibió, pero alrededor de 300 años antes de este evento vemos otro sacerdocio existente.

 

En Génesis 14:17-20 vemos este pequeño, pero significativo,  relato: “Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.  Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino;  y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra;  y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo”.

 

Cuando Dios estableció Su pacto con el pueblo de Israel a través de Moisés, estableció una diferencia entre el poder gubernamental y el poder religioso, unos podían ser reyes, pero no sacerdotes, otros serían sacerdotes, pero no reyes. Los sumos sacerdotes provenían de la línea genealógica de Aharón y los sacerdotes de la tribu de Levi; por otra parte una vez establecida la monarquía en Israel el poder gubernamental provenía de la línea genealógica de la casa real. Pero en la cita anterior vemos que 300 años antes de que se estableciera el pacto de Dios con su Pueblo, antes que se definieran las funciones sacerdotales y de culto, antes que se estableciera el poder gubernamental que deviniera en la monarquía, existía un personaje, Melquisedec que era al mismo tiempo sacerdote y rey, y lo era del Dios Altísimo.

 

Este Melquisedec era un tipo del sacerdocio de Jesús, el cual es sacerdote y rey, y cuyo sacrificio redentor nos ha ganado el poder de igual forma ser nosotros sacerdotes y reyes, no sacerdotes o reyes, sino sacerdotes y reyes.

 

El capítulo 7 de Hebreos contiene esa comparación entre aquel sacerdote, el de Melquisedec, y el de Jesús, viendo cómo se refieren a un sacerdocio diferente del de Aharón o levítico y sujeto a leyes y normativas diferentes:

 

Hebreos 7 

1 Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo,

La figura de Melquisedec era la de rey y sacerdote, no sacerdote o rey, apuntaba al sacerdocio  y regencia de Jesús y de quienes son llamados a ser cómo Él.

2 a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz;

sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

 

Esto no quiere decir, como algunos presuponen, que Melquisedec no tuviera principio o fina (con lo que concluyen era Jesús), sino que a diferencia del sacerdocio de Aharón  o levítico, el sacerdocio de Melquisedec no dependía de la genealogía o ascendencia, de hecho el versículo 6 aclara esto. “Sin padre, sin madre”, en el griego original simplemente significa: “Padre desconocido, madre desconocida”. Por supuesto que Melquisedec tuvo padre y madre. Pero el punto que Pablo está tratando de establecer es que Melquisedec no fue rey o sacerdote por causa de su genealogía. Él no era un rey en virtud del hecho de que su padre fuera rey antes que él. No fue un sacerdote porque su padre lo haya sido antes que él. En el Antiguo Testamento, los reyes de Judá reinaban debido a su genealogía. Ellos podían trazar su genealogía hasta David, y por ende, sus demandas al trono estaban basadas en el derecho de nacimiento. Así mismo, el sacerdote debía remontar su genealogía hasta Aarón. Por lo tanto, sus demandas al sacerdocio estaban basadas en la genealogía. Sin embargo, en el Nuevo Testamento es completamente diferente. El Nuevo Testamento no está basado en la genealogía. Cuando estudiamos la historia de los tiempos de Melquisedec, encontramos que los reyes ascendían al trono por elección, no por genealogía. Ésta es la razón por la cual Pablo dijo: “Sin padre, sin madre”. En el griego original dice que su padre y su madre eran desconocidos. La genealogía natural no intervino en esto. Luego Pablo dice: “sin genealogía” esto significa que sus hijos no heredaron el trono por derecho de nacimiento. El reinado fue determinado por elección. “Que no tiene principio de días, ni fin de vida”. Melquisedec no fue la preencarnación de Cristo, como algunos lo han sugerido. No es posible que Cristo tuviera una existencia anterior como hombre sobre la tierra. Esto significaría que Cristo nació dos veces, y dos veces murió. Melquisedec fue un hombre. Fue literalmente, un rey elegido en Jerusalén. Cuando Pablo dice de él “que no tiene principio de días”, significa que el sacerdocio o reinado de Melquisedec no fue remontado hasta su genealogía, o hasta su nacimiento. “Ni fin de vida”. El apóstol Pablo hace referencia al hecho de que el ministerio de Melquisedec continuó hasta la eternidad y no terminó con la muerte. Melquisedec se asemeja al Hijo de Dios. En otras palabras, fue un tipo extraordinario de Cristo. Él fue como el Hijo de Dios, pero no era el Hijo de Dios.

 

4 Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aún Abraham el patriarca dio diezmos del botín.

5 Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham.

Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

 

Aquí la aclaración del versículo 3 en el sentido que ni la regencia ni el sacerdocio era por cuestiones genealógicas, a diferencia de los reyes y sacerdotes de Israel bajo el Antiguo Pacto, sino por elección de Dios.

 

7 Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.

 

Esa figura de sacerdote y rey como Melquisedec era superior a la que surgiría después en la figura de los reyes o sacerdotes de Israel en el Antiguo Pacto.

 

8 Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.

9 Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos;

10 porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

11 Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?

 

Aquí claramente se diferencia la existencia de dos sacerdocios, el de Melquisedec con las características que ya se han mencionado, y el de Aharón o levítico con las características bajo el Antiguo Pacto.

 

12 Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley;

 

Aquí están las condiciones que cambiaron y por las cuales, las ordenanzas relacionadas con estas condiciones dejaron de tener observancia para la iglesia del Nuevo Testamento formada por llamados y elegidos a ser reyes y sacerdotes.

 

13 y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar.

14 Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.

15 Y esto es aún más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto,

16 no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible.

 

De nueva cuenta se contrasta diferencia los dos sacerdocios

 

17 Pues se da testimonio de él:
    Tú eres sacerdote para siempre,
    Según el orden de Melquisedec.
 

18 Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia

19 (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.

 

 

De igual forma y de nueva cuenta se señala un cambio en las condiciones, cambio que implicaría que las ordenanzas relacionadas con en el Antiguo Pacto, al sacerdocio de Aharón o levítico, dejarían de tener vigencia u observancia.

 

20 Y esto no fue hecho sin juramento;

21 porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo:
    Juró el Señor, y no se arrepentirá:
    Tú eres sacerdote para siempre,
    Según el orden de Melquisedec.
 

22 Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.

 

Aquí la referencia es clara a Jesús como sacerdote según el orden de Melquisedec, de igual forma al señalamiento de que bajo ese sacerdocio hay un pacto mejor, lo cual implica, como decía el versículo 12, un cambio de leyes.

 

23 Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar;

24 mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable;

25 por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos;

27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

28 Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.

 

Estos últimos versículos de nueva cuenta establecen la diferencia entre los dos sacerdocios y, ya podemos también concluir, las dos leyes.

 

De lo visto anteriormente, Hebreos 7:12 señala que “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”. ¿Cómo puede haber cambio de ley?, ¿Qué no la Ley de Dios es eterna (Salmos 119:152), santa (Romanos 7:12), perfecta (Salmos 19:7)?, ¿entonces?

 

Veamos primero, su no pregunta a alguien ¿qué es pecado? Esta persona bien puede señalar 1 Juan 3:4  para responder que es infracción a la ley, “Todo el que practica el pecado, practica también la infracción de la ley, pues el pecado es infracción de la ley”. Si luego uno pregunta ¿qué ley?, acudiendo a Romanos 8:7 se respondería que es más que evidente que es la ley de Dios, “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”. Si a continuación uno pregunta ¿cuándo dio Dios su ley?, tomando como referencia Éxodo 20 puede decirse que una vez que Dios hubo sacado a Su pueblo de Egipto. Ahora bien, si hasta el tiempo de Moisés Dios dio Su ley a su pueblo, ley que definió pecado considerando la infracción a la misma, ¿cómo es posible que desde tiempos de Adán se hablara de pecado, ya que Dios, amonestando a Caín, le dice en Génesis 4:7: ”Si haces lo bueno, ¿no serás enaltecido? Pero si no haces lo bueno, el pecado está a la puerta y te seducirá; pero tú debes enseñorearte de él”?, de igual forma, y considerando esa misma cita ¿cómo alguien podría hacer “lo bueno” si no hubiera una norma que lo definiera, máxime si “los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu” (Romanos 8:5)?

De igual forma Génesis 3 registra la caída de Adán y Eva. En el capítulo siguiente aparece el primer homicidio. ¿Cómo sabría Caín que era culpable de homicidio por asesinar a su hermano si no había Ley?  Mucho antes del Pacto en Sinaí, Dios mencionó el asesinato en el pacto que estableció con Noé después del Diluvio (Génesis 9:6).  Mucho antes del Pacto en Sinaí la Escritura nos dice que Enoc “caminó con Dios” (Génesis 5:22). Mucho antes del Pacto en Sinaí la Escritura nos dice que Noé era “justo” y “perfecto” (Génesis 6:9). Mucho antes del Pacto en Sinaí la Escritura nos dice que Job era “perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”,  (Job 1:8; 2:3). Obviamente, existía una norma del bien y del mal. Enoc, Noé y Job vivieron muchos años antes del Éxodo, mucho antes del Pacto en Sinaí. ¿Cómo alguien hubiera podido caminar con Dios, ser justo y perfecto, ser recto, temeroso de Dios y apartado del mal si no hubiera una norma definiera el bien y el mal, lo correcto de lo incorrecto, lo agradable a Dios de lo que Él consideraba pecado?

 

Cómo ya se vio en el apartado anterior relativo a Melquisedec, 300 años antes de que se estableciera el pacto de Dios con su Pueblo, antes que se definieran las funciones sacerdotales y de culto, antes que se estableciera el poder gubernamental que deviniera en la monarquía, existía un personaje, Melquisedec que era al mismo tiempo sacerdote y rey, y lo era del Dios Altísimo.

 

De igual forma desde mucho antes, según la cita  Génesis 4:7 ya vista, así como las otras, existía una noción de pecado que requería hubiera una norma contra la cual contrastar las acciones, emociones y pensamientos de uno. Esa era la Ley de Dios y bajo esa Ley servían los sacerdotes del orden de Melquisedec. Dicha Ley estuvo vigente desde Adán hasta Abraham, es decir, durante más de 1500 años donde hubieron gente que caminaba con Dios, que era justa y perfecta, recta, temerosa de Dios y apartada del mal.

 

Ahora bien, cuando Dios saca a Su pueblo de Egipto establece un Pacto que incluía esa Ley pero que además le fue adherido otras normas que vinieron a formar parte de las reglas de Israel. La primera es lo que conocemos como los Diez Mandamientos (así como normas sobre alimentos limpios y no limpios (Génesis 7:8) y otras relativas al diezmo (Génesis 14:20), las demás son todas las demás normas religiosas y civiles que Dios dio a Su pueblo, de estas últimas la primera, como sello del Pacto de Dios con Su pueblo fue la circuncisión, después con Moisés vendrían el resto. Veamos como en Jeremías 7:22-23 Dios dice por medio de Jeremías que “Porque yo no hablé a vuestros padres, ni les ordené nada en cuanto a los holocaustos y sacrificios, el día que los saqué de la tierra de Egipto. Sino que esto es lo que les mandé, diciendo: ``Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y andaréis en todo camino que yo os envíe para que os vaya bien”. Cuando Dios hace Su pacto este consistía en una relación como la de Abraham, Isaac y Jacob, cuando no había todas las reglas y normas que después vinieron; una relación simple, sencilla, esta relación se basaba en los Diez Mandamientos, pero dada la rebeldía del Pueblo se le adicionaron otras normas que vinieron a conformar las reglas que regían toda la vida de Israel, sobre esta ley adicional Gálatas 3:19 nos dice “Entonces, ¿para qué fue dada la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia a la cual había sido hecha la promesa, ley que fue promulgada mediante ángeles por mano de un mediador”. Así vemos que esta segunda ley fue añadida, no formaba parte de la primera, pero además de que fue añadida tenía una vigencia la cual era “hasta que viniera la descendencia a la cual había sido hecha la promesa”. Así, el sacerdocio de Melquisedec se interrumpió y comenzó un sacerdocio de Aharón o levítico que contenía normas, reglas  y prescripciones, entre las cuales estaban las sombras de las fiestas de Dios, que estarían vigentes en tanto el sacerdocio de Melquisedec no fuera reestablecido con Cristo.

 

Veamos como contrastan estas dos leyes en el entendido que la primera, la Ley de Dios, los Diez Mandamientos, es para siempre (Salmos 119:44)  mientras que la segunda, la ley de Moisés, el resto de normas, reglas y prescripciones,  es temporal (Gálatas 3:19).

 

1.            La Ley de Dios fue dada por Dios “Y habló Dios todas estas palabras, diciendo” (Éxodo 20:1); la ley de Moisés fue dada por Moisés “Estas son las palabras que habló Moisés a todo Israel a este lado del Jordán en el desierto, en el Arabá frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab” (Deuteronomio 1:1)

 

2.        La Ley de Dios fue escrita en tablas de piedra “Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles” (Éxodo 24:12); la ley de Moisés estaba escrita en un libro “Y cuando acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta concluirse” (Deuteronomio 31:24)

 

3.        La Ley de Dios fue escrita por el mismo Dios “Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios” (Éxodo 31:18); la ley de Moisés fue escrita por Moisés “Y escribió Moisés esta ley, y la dio a los sacerdotes hijos de Leví, que llevaban el arca del pacto de Jehová, y a todos los ancianos de Israel” (Deuteronomio 31:9)

 

4.        La Ley de Dios fue puesta dentro del Arca de la Alianza “Y cuando acabó de hablar con él en el monte Sinaí, dio a Moisés las dos tablas del testimonio, las tablas de piedra escritas por el dedo de Dios” (Éxodo 31:18) “después tomó y puso el Testimonio dentro del Arca, y colocó las varas en el Arca, y puso el propiciatorio encima del Arca” (Éxodo 40:20); la ley de Moisés fue puesta enseguida del Arca  de la Alianza “Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti” (Deuteronomio 31:26)

 

5.        La Ley de Dios trae bienaventuranza “Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová” (Salmos 119:1); la ley de Moisés trae maldición “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gálatas 3:10)

 

6.        La Ley de Dios permanece “Guardaré tu ley siempre, para siempre y eternamente” (Salmos 119:44); la ley de Moisés tendría un término final “aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz” (Efesios 2:15) “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Colosenses 2:14).

 

7.        La ley de Dios es perfecta y perfecciona “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma” (Salmos 19:7); la ley de Moisés era imperfecta y no perfeccionaba “pues nada perfeccionó la ley, y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios” (Hebreos 7:19)

 

8.        La Ley de Dios es espiritual “Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado” (Romanos 7:14); la ley de Moisés era carnal “ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas” (Hebreos 9:10).

 

9.        La Ley de Dios es santa, justa y buena “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12); la ley de Moisés apenas y si era una sombra de lo que habría de venir “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan” (Hebreos 10:1).

 

10.     La ley de Dios es para siempre “Guardaré tu ley siempre, Para siempre y eternamente” (Salmos 119:44); la ley de Moisés es temporal “Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador” (Gálatas 3:19).

 

11.     La Ley de Dios trae vida “Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres os da” (Deuteronomio 4:1); la ley de Moisés no da vida “También les di estatutos que no eran buenos y decretos por los cuales no podrían vivir” (Ezequiel 20:25)

 

Podemos ver que en todas las citas se menciona la palabra ley, pero de la misma forma y aunque se hable de ley se está refiriendo a dos normas reglamentarias diferentes. Pero para aún mayor claridad y contundencia respecto de la existencia de dos leyes, la misma Escritura señala “Y [Jehová] os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra. A mí también me mandó Jehová en aquel tiempo que os enseñase los estatutos y juicios, para que los pusieseis por obra en la tierra a la cual pasáis a tomar posesión de ella” (Deuteronomio 4:13-14)

 

Así tenemos dos sacerdocios y dos leyes, el sacerdocio de Melquisedec y la Ley de Dios que estaban en vigencia antes del Pacto, y el sacerdocio de Aharón y levítico más las leyes de Moisés, que interrumpen el primero, en tanto viene Jesús a restaurarlo. Hay que entender que la Ley de Dios siempre estuvo, está y estará vigente, incluso durante el sacerdocio de Aharón y levítico pero en este período, el del sacerdocio de Aharón y levítico, además de la Ley de Dios estuvieron vigentes normas  adicionales referidas como la ley de Moisés.

 

Con esto en mente puede comprenderse una cita que siempre lleva a confusión pues parece contradictoria, la cita es de Romanos 5:13-14 y señala “Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir”. A simple vista pareciera que dice que hasta que la ley fue dada en Sinaí antes no existía ley alguna que inculpara pecado, pero esto es absurdo pues la misma Escritura menciona, como ya se ha analizado, al pecado como tal mucho antes de que la ley fuese dada en Sinaí, incluso desde Génesis, de igual forma esa interpretación es absurda porque si no hubiese habido ley, tal como dice la cita, no se hubiese imputado pecado, pero como sabemos que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23) nos encontramos, como señala la misma cita que “reinó la muerte desde Adán hasta Moisés”. Siguiendo el mismo razonamiento que esta cita da, si donde no hay ley no se imputa pecado, y si la paga del pecado es la muerte, y si hubo muerte desde Adán hasta Moisés, es más que evidente que entonces sí existía antes de Sinaí una ley, la Ley de Dios, perfecta, santa y eterna,  ley a la que en Sinaí se la adicionaron otras normas de carácter temporal.

 

Una manera de clarificar esto es considerar como es que la Ley de Dios (por lo que ya se comentó) estuvo, está y estará vigente siempre, de igual formas aquellas normas que estaban vigentes antes del Pacto de Dios con Abraham, cuando estaba vigente el sacerdocio de Melquisedec, como las normas sobre alimentos limpios y no limpios (Génesis 7:8) y otras relativas al diezmo (Génesis 14:20). Para entenderé esto veamos como en génesis 12 Dios hace el Pacto con Abrahám, un Abrahám no circuncidado y con una relación simple y sencilla con Dios basada en las normas vigentes en ese momento, pero no es sino hasta por lo menos 14 años después (Génesis 17:27) cuando la circuncisión sería incorporada como la primer norma (Génesis 17:10-14) que luego sería completada con el resto de normas bajo el sacerdocio de Aharón o levítico. En esa temporalidad, las normas vigentes cuando Dios hace su Pacto con Abrahám eran las que siempre habían estado vigentes por más de 1,500 años desde Adán -Diez Mandamientos  más normas sobre alimentos limpios y no impíos y las relativas al diezmo-, estas normas siguieron y siguen vigentes; las que mucho después comenzaron a añadirse –iniciando con la circuncisión con Abraham y siguiendo con el resto de normas mosaicas bajo el sacerdocio de Aharón o levítico- estarían vigentes  “hasta que viniera la descendencia a la cual había sido hecha la promesa” (Gálatas 3:19).

 

Es por eso que en Hechos 15 el Concilio de Jerusalén decide que la circuncisión carnal no es aplicable a la iglesia, no es, como algunos creen, que los Apóstoles reunidos hubieren cancelado una norma vigente (lo cual sería casi casi poner en contraposición a los Apóstoles y la iglesia contra Dios y Sus normas), sino que entendiendo que la reglamentación sobre la circuncisión era parte de las leyes adicionadas a la Ley de Dios, vigentes estas durante el sacerdocio de Aharón o levítico, al concluir ese período y reiniciar al sacerdocio de Melquisedec dejando de lado las normas añadidas, la circuncisión había dejado de tener efecto.

           

Como comentario adicional al calce, con estas aclaraciones, puede uno volver a leer el Nuevo Testamento, las cartas apostólicas, y entender por qué en ocasiones se habla de la ley como algo superado y por qué en ocasiones como algo que todavía aplica: esto por el hecho de que para lo primero se está refiriendo a la ley de Moisés y lo segundo a la Ley de Dios y entender así expresiones que parecen contradecirse. Un ejemplo muy visible de esto es Gálatas 2:19 que señala “Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios”, ¿cómo podría por la ley ser muerto para la ley?, entendiendo la existencia de dos leyes uno comprende que la referencia aquí aplica a que dado ha sido reestablecido el sacerdocio de Melquisedec dejando de estar vigente el sacerdocio de Aharón o levítico, uno está sujeto a la Ley de Dios mientras que las normas adicionales (ley de Moisés) ha dejado de tener vigencia. En otras palabras “dado que me encuentro ahora bajo la Ley de Dios he dejado de estar sometido a la ley de Moisés”.

 

Cuando uno se aviene al correcto entendimiento de la ordenanza del Shabat, surge el deseo por comenzar a guardarlo, pero al mismo tiempo, dada la falta de conocimiento y práctica, surgen las dudas respecto del cómo.

 

De los Diez Mandamientos el del Shabat es el único que presenta este problema. El no tener otros dioses, no venerar imágenes, no matar, no mentir, no adulterar o cualesquiera de los otros mandamientos no presentan realmente mucho problema para alguien pues, a pesar de ser cosas que de manera natural e incluso social, por no decir religiosa, son reconocidas como correctas, como nobles, como verdaderas, el caso del Shabat es distinto.

 

Durante siglos la observancia del Shabat ha sido motivo no sólo de desprestigio, confusión o falta de entendimiento sino incluso de persecución, así que cuando uno entiende la sustancia, naturaleza y sentido del Shabat, y desea comenzar a vivir de acuerdo a las ordenanzas de Dios, surge la confusión respecto de la manera correcta de hacerlo: ¿puedo hacer comida?, si alguien toca en la casa ¿debo atenderlo?, si alguien se enferma en casa ¿puedo llevarlo a doctor, pagar la consulta y comprar medicamentos?, ¿apago televisores, radios y celulares para no distraerme?, ¿puedo bañarme o lo hago antes del Shabat?, y lavar platos ¿puedo?, si algo se ensucia en casa ¿puedo limpiarlo o me espero a que termine el Shabat?, etc., etc., etc.

 

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la guarda del Shabat sólo tiene sentido como parte de la verdadera iglesia de Dios. El Shabat no es en sí o por sí algo que guardando uno pueda ostentar eso como parte de lo que es ser un verdadero cristiano, sino que el Shabat, como ya se comentó, aparte de su sustancia, naturaleza y sentido propio, funge como señal para quienes en este siglo son llamados a salvación.

 

El llamamiento al Camino procede del Padre,  “Ninguno puede venir a mí [A Cristo], si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrer” (Juan 6:44); estos que en este siglo son llamados pasan a formar parte de la iglesia de Dios, esto desde el inicio de la misma, “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47), después de todo, según la misma Escritura, existe “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”.

 

En la actualidad, algunas congregaciones que, sobre todo a partir del siglo XIX surgieron de la iglesia de Dios, se identifican como guardadoras del Shabat; de igual forma otras congregaciones, sin relación alguna con la iglesia de Dios, sobre todo surgidas a partir del siglo XIX y XX, al darse cuenta por la Escritura de la validez y vigencia de la ordenanza del Shabat, lo han incorporado como parte de sus doctrinas, pero de nueva cuenta, la observancia de dicho mandamiento sólo tiene sentido en la iglesia de Dios, pues aunque estos dos grupos son guardadores del Shabat, sus puntos doctrinales no tienen correspondencia con la doctrina que la iglesia de Dios ha mantenido y proclamado durante estos dos mil años fundamentada en las creencias y prácticas de la iglesia primitiva.

 

Así que el primer consejo sería buscar una congregación de la iglesia de Dios donde uno pudiera incorporarse en los servicios de observancia de la ordenanza relativa al Shabat.

 

En este punto hay que hacer una aclaración pues tal vez la duda que surja en quien comienza su andar por el Camino sea, ¿debo bautizarme para perdón de mis pecados, tomar la imposición de manos para recibir el Espíritu Santo y comenzar mi vida como parte de la iglesia de Dios para guardar el Shabat? La respuesta es que no necesariamente debe ser así, esto sería solamente si uno ya está familiarizado con las doctrinas y prácticas de la iglesia de Dios y, sintiendo el llamado del Padre, quiere responder a él, pero lo ideal es que se dé un tiempo para lo anterior, que acuda a los servicios, que lea, estudie, entienda y comprenda los principios doctrinales (esto incluso s en su comunidad no hay iglesia de Dios pues hay maneras en la actualidad para ello), y si siente ese llamado, entonces tome la opción de comprometerse como parte del Cuerpo de Cristo. Pero, y esto es muy importante, es requisito comenzar a guardar los Mandamientos de Dios, entre los que está la ordenanza del Shabat, si es que uno quiere ir teniendo cada vez mayor conocimiento del Camino, tal como dice la Escritura “buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos” (Salmos 111:10) y “tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos, porque son míos para siempre” (Salmos 119:98).

 

Una vez aclarado esto viene la cuestión relativa al cómo guardar el Shabat. Números 15:32-26 nos habla del caso de alguien que violando la normativa del Shabat fue descubierto recogiendo leña y apedreado por orden de Jehová, ¿quiere decir que no puede recogerse leña o de plano no debe recogerse nada? Éxodo 16:29 indica “29 Mirad que Jehová os dio el día de Shabat, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día”, ¿quiere decir que ni moverse puede uno de dónde está? Éxodo 35:3 trae la orden directa de Jehová “No encenderéis fuego en todas vuestras moradas en el día del Shabat”, ¿no puede encenderse fuego ni para cocinar?, y el encendido de luz eléctrica, ¿puede considerarse un tipo de fuego?, después de todo estamos hablando de luz incandescente.

 

Lo anterior es lo que encontramos en la Escritura, pero si le preguntamos al pueblo judío (después de todo ellos lo han seguido guardando durante toda su historia)  la manera correcta de guardar el Shabat, la cuestión se complica. El Talmud, en el tratado «Shabat», capítulo 7, mishná 2, trae una lista de las 39 categorías de actividades prohibidas en shabat. Estas son: plantar, arar, cosechar, atar poleas acanaladas, trillar, aventar, seleccionar, moler, tamizar, amasar, hornear, trasquilar lana, lavar lana, batir lana, pintar lana, hilar lana, tejer, hacer dos lazos, unir dos hilos, separar dos hilos, amarrar, desamarrar, coser, romper, atrapar un animal, matar a un animal, despellejar a un animal, curtir pieles, raspar pieles, marcar pieles, moldear pieles, escribir dos o más letras, borrar dos o más letras, construir, demoler, apagar fuego, prender fuego, tocar un instrumento musical, terminar la preparación de un utensilio nuevo, transportar un objeto de áreas públicas a áreas privadas y viceversa, o cargarlo 4 cúbitos o más en un área pública., hacer coladas. De estas categorías principales (avot) se derivan otras actividades similares (toldot), por ejemplo, dentro de la categoría de hornear se derivan prohibiciones de cocinar, freír, etc.  Aparte de las actividades prohibidas por la Torá, existen algunas prohibiciones de origen rabínico, como el utilizar o mover un objeto que se usa para trabajos prohibidos, al que se le llama muktze; y el pedir a una persona no judía que haga un trabajo prohibido dentro de ciertas circunstancias.

 

Así que la pregunta sobre cómo guardar en la actualidad el Shabat es válida, sobre todo par a quien inicia el Camino.

 

Antes de continuar hay que aclarar las dos situaciones anteriores, tanto la que deviene de la Escritura como la que surge de las interpretaciones rabínicas sobre guardar el Shabat.

 

La Escritura contiene muy poco sobre el cómo guardar el Shabat, ya se han comentado en otros apartados las citas cuya referencia principal es a reposar de nuestras actividades, gozarnos en Jehová y ser alimentados sobre todo espiritualmente, pero fuera de eso no hay mucho.

 

Las dos citas de la Escritura mencionadas anteriormente deben entenderse en su justa dimensión. La muerte del que recogía leña no pasó a formar parte de una ordenanza sino que fue el juicio que Jehová hizo sobre esa persona en específico ante la rebeldía que mostraba al no guardar el Shabat. Idolatría, adulterio, asesinato, en esos mandamientos no había y no hay duda de a lo que se refiere, pero ¿recoger leña puede considerarse trabajar?, ¿y si hay necesidad de ello? Es por eso que el caso se plantea ante Dios mismo, pues ni Moisés podía concluir sobre este. Sólo Dios conoce el corazón de las personas y el del relato, al ser llevado ante el Señor, recibió de Él la condena máxima, pero eso no implicó que el hecho aislado implicase una ley de aplicación general pues cada caso debía analizarse, pero y aunque así se interpretase, ya cuando se abordó el caso de los dos sacerdocios y las dos leyes quedó claro que los mandamientos adicionales a la Ley de Dios habían sido abolidos, entre los que estaría este.

 

La otra cita de no encender fuego en Shabat es una que ha confundido a muchos y que ha llevado a extremos en los que las estufas judías tienen un mecanismo que las desactiva para que ni siquiera por error pueda encenderse fuego en Shabat, de igual forma lo anterior ha generado toda una serie de medidas para procurarse comida ese día sin necesidad de calentarla, incluso las luces eléctricas no se prenden por ser una especie de fuego. Para esta ordenanza va el mismo comentario anterior respecto de la abolición de las leyes adicionadas a los Diez Mandamientos, pero además hay una enseñanza subyacente. Fuego en la Escritura tiene connotaciones positivas y negativas. Dado que se prohíbe el hacer fuego esto ha de tener una connotación negativa. El significado bíblico negativo para el fuego es de juicio (Levítico 9:24; 10:2), prueba (2 Reyes 1:10), castigo (Génesis 19:24)  incluso contienda (Lucas 12:49), la referencia escritural a no encender fuego en Shabat es no caer en situaciones como las anteriores pues la esencia misma del ese día es para reposar, gozarse y crecer.

 

Ahora bien, respecto de los comentarios rabínicos, la mayoría deviene del Talmud, tal como aquí se ha citado, siendo que el mismo se compiló entre los siglos III-V d.C., es decir, mucho después de que la doctrina de la iglesia de Dios quedó establecida en los primeros días, pero, al igual que en los tiempos de Jesús, incorpora opiniones humanas sobre la manera correcta en que debía guardarse el Shabat.

 

Ya vimos en la Escritura las contiendas que en su  momento tuvo Jesús con los líderes religiosos de su tiempo por esto. Juan 5:9-10 señala la condena hecha por estos líderes hacia el hombre enfermo sanado por Jesús que llevaba su camilla en Shabat, tal como Jesús le había dicho (Juan 5:8), la condena de ellos es clara “es día de Shabat, y no te es permitido cargar tu camilla”, más sin embargo en la Escritura no hay nada de eso, era una interpretación de ellos, interpretación que pudiera tener sentido para cuidar que la gente que estuviese guardando Shabat no incurriese en prácticas violatorias, pero en el caso de este enfermo, el mismo había sido curado en la vía pública y tenía que regresar a su casa no pudiendo dejar tirada su camilla.

 

En Lucas 6:1-5 está de nuevo un enfrentamiento de Jesús con los líderes religiosos de su tiempo al condenar estos últimos a Sus discípulos por coger espigas en Shabat y restregarlas en sus manos  para comer las semillas, de nuevo el señalamiento es contundente “¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en sábado?, pero Jesús los corrige, ya que la Escritura no prohíbe el poder hacer lo que uno pueda para alimentarse ese día, más sin embargo los líderes religiosos habían extendido el mandamiento hasta ese punto.

 

Por último, ya se analizaron varias citas de la Escritura que muestran los enfrentamientos que Jesús tenía con los líderes religiosos de su tiempo por curar en Shabat. Lucas 13:14 resume la actitud que tenían esos líderes religiosos “pero el alto dignatario de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiera sanado en sábado, dijo a la gente: —Seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed sanados, y no en sábado”. Jesús en varias ocasiones les preguntaba si era lícito o no hacer el bien, sanar el Shabat (Marcos 3:4), dejando en claro que sí lo es (Mateo 12:12).

 

Así que no son las opiniones humanas las que deben marcar la sustancia, naturaleza y sentido del Shabat.

 

Pero bueno, seguimos en lo mismo, ¿cómo debe guardarse el Shabat en la actualidad? Curiosamente la respuesta es como se hacía antes, en las sendas antiguas, pero con el entendimiento que sobre el Camino tenemos en la actualidad.

 

¿Senda antigua? Jeremías vivió en el tiempo en que existía tanto la Ley de Dios como las leyes mosaicas como parte de la legislación del Pueblo de Israel más sin embargo ¿cómo amonesta a los de su tiempo? “Así dice Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál es el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos” (Jeremías 6:16). Dado que en ese tiempo existían ambos conjuntos de leyes la referencia a sendas antiguas ha de referirse a cómo era antes de eso, ¿y cómo era antes de eso?, cómo originalmente fue pensado, como era cuando la legislación original y el sacerdocio de Melchisedec.

 

Ya se ha analizado desde el inicio de la presente obra lo relativo a sustancia, naturaleza y sentido del Shabat, entendiendo que la misma es simple, es sencilla, no es una carga pesada: reposar de nuestras actividades, gozarnos en Jehová, y venir adquirir conocimiento, alimentarnos espiritualmente.

 

Lo anterior no quiere decir no halla especificaciones claras sobre lo relativo al reposo, al gozo, y al alimentarnos espiritualmente. Como  ya se vio al analizar  la sustancia, naturaleza y sentido del Shabat, lo primero se refiere a dejar de lado las obligaciones laborales (lo cual incluye no comprar ni vender), lo segundo es disfrutar de ese tiempo que se nos da sin “encender fuego”, y lo tercero tiene que ver con la lectura, estudio y meditación que sobre la Palabra se hace tanto en la casa individual como en la casa que significa la congregación.

 

De ahí en fuera –y esta es la parte complicada-, es el Espíritu de Dios quien va guiando a uno en el entendimiento correcto, perfecto y santo respecto de esta ordenanza. Esta es la parte complicada, como se ha dicho, porque la mente carnal está hecha para seguir instrucciones, para hacer cosas o bien dejar de hacerlas, pero una lista de prohibiciones y permisos, como los que existían en épocas de Jesús o como los que actualmente algunos imponen a sus congregaciones, sólo corrompe el espíritu al hacerlos presa de ese legalismo que da una satisfacción por lograr lo que se prohíbe o se permite, como dice la Escritura “la letra mata, más el Espíritu vivifica” (2 Corintios 3:6), después de todo ya lo dijo el Señor Jesús “más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23-24).

 

Para quien inicia el Camino la cuestión del Shabat al principio puede causar cierto desasosiego, pues acostumbrada la mente carnal a saber qué hacer y cómo, se encuentra en un punto donde, salvo las indicaciones básicas y generales, es el Santo Espíritu del Padre el que irá desarrollando la manera de guardar de manera correcta, perfecta y santa. Ese desasosiego se va quitando con la misma convivencia con la congregación, por eso la importancia de, si se puede, acudir los sábados a los servicios, a la lectura, al estudio. Pero una vez que se ha desarrollado esto en uno es cuando deviene ese reposo, eso gozo y ese crecimiento que el observar el Shabat trae.

 

Pero algo que dé inicio puede dar luz sobre el tema es el siguiente: el Shabat fue hecho a causa del hombre (Marcos 2:27), es el día en que los hijos de Dios venimos a Su presencia a recibir instrucción, edificación, corrección, perfeccionamiento y santificación.  Es un día de reposo, de gozo y de crecimiento. Si pudiera poner una imagen a cómo hacer esto sería la siguiente: imagínate que un día va a venir un amigo tuyo, entrañable, que no ves en tiempo, a visitarte, tu prepararías lo más posible tu casa, tu persona, tu tiempo, para atenderlo, pues la idea es similar a cada Shabat en dónde recibimos la presencia misma de Dios. La preparación para recibir el Shabat es similar a aquella que tendríamos para recibir al amigo, pero de la misma forma habría cosas que incluso en su visita se tendrían y se podrían hacer.

 

Si bien algunas de las congregaciones guardadoras del sábado que se habló al inicio del presente apartado, congregaciones sin relación alguna con la iglesia de Dios, han generado un sinfín de reglas para guardar el Shabat, este no va acorde a la sustancia, naturaleza y sentido del mismo, sustancia, naturaleza y que va desarrollando en nosotros el Santo Espíritu de nuestro Padre Dios.

 

Cómo parte final de la manera actual de guardar el Shabat, podemos decir como Pablo que “Todo [nos]  es lícito, mas no todo [nos] conviene: todo [nos] es lícito, mas no todo [nos] edifica” (1 Corintios 10:23), y específicamente sobre la manera de guardar el Shabat Jesús dijo al respecto que es “lícito hacer bien en el día de reposo” (Mateo 12:12), pero para esto necesitamos saber qué es el bien, qué sí nos edifica, que sí nos conviene, ¿y cómo se logra esto? Teniendo la madurez espiritual que deviene aquellos que “que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:14).

 

El Shabat es un día de reposo, es un día de gozo, es un día de edificación. Hay cosas claras que lo definen como tal (no trabajar –ni comprar ni vender- para poder reposar, “no encender fuego” para poder gozarnos en Jehová, y acudir a alimentarnos espiritualmente para ser edificados), de ahí en fuera la observancia del mismo, así como toda la adoración al Padre, debe ser “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24).

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe descansar durante el día de reposo, sigue vigente, tanto en su forma material como en su forma espiritual, refiriéndose a dejar de hacer trabajos serviles y al hecho de comprar y vender, gozándonos en Jehová y alimentándonos de Su verdad por medio de la enseñanza y el aprendizaje de Su palabra, entendiendo que la observancia de esta ordenanza es la señal que identifica al Pueblo de Dios de manera perpetua.


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