151. Esto también se aplicaba a las langostas (Lv. 11:21)
“Pero
esto comeréis de todo insecto alado que anda sobre cuatro patas, que tuviere
piernas además de sus patas para saltar con ellas sobre la tierra”
Como
parte del pacto que en su momento Dios estableció con su pueblo se
especificaron las características que debían reunir los animales que se
considerasen aptos para el consumo humano.
La codificación de esta normativa
podemos encontrarla en Levítico 11, siendo repetida en Deuteronomio
14:3-21
Levítico 11 (Deuteronomio 14:3-21)
1 Habló Jehová a Moisés y a
Aarón, diciéndoles:
2 Hablad a
los hijos de Israel y decidles: Estos son los animales que comeréis de entre
todos los animales que hay sobre la tierra.
3 De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que
rumia, éste comeréis.
4 Pero de
los que rumian o que tienen pezuña, no comeréis éstos: el camello, porque rumia
pero no tiene pezuña hendida, lo tendréis por inmundo.
5 También
el conejo, porque rumia, pero no tiene pezuña, lo tendréis por inmundo.
6 Asimismo
la liebre, porque rumia, pero no tiene pezuña, la tendréis por inmunda.
7 También
el cerdo, porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, pero no rumia, lo
tendréis por inmundo.
8 De la
carne de ellos no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto; los tendréis por
inmundos.
9 Esto comeréis de todos los animales que viven en las aguas: todos
los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, estos
comeréis.
10 Pero
todos los que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo
lo que se mueve como de toda cosa viviente que está en las aguas, los tendréis
en abominación.
11 Os serán,
pues, abominación; de su carne no comeréis, y abominaréis sus cuerpos muertos.
12 Todo lo
que no tuviere aletas y escamas en las aguas, lo tendréis en abominación.
13 Y de las aves, éstas tendréis en abominación; no se comerán, serán
abominación: el águila, el quebrantahuesos, el azor,
14 el
gallinazo, el milano según su especie;
15 todo
cuervo según su especie;
16 el
avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán según su especie;
17 el búho,
el somormujo, el ibis,
18 el
calamón, el pelícano, el buitre,
19 la
cigüeña, la garza según su especie, la abubilla y el murciélago.
20 Todo
insecto alado que anduviere sobre cuatro patas, tendréis en abominación.
21 Pero esto comeréis de todo insecto alado que anda sobre cuatro
patas, que tuviere piernas además de sus patas para saltar con ellas sobre la
tierra;
22 estos
comeréis de ellos: la langosta según su especie, el langostín según su especie,
el argol según su especie, y el hagab según su especie.
23 Todo
insecto alado que tenga cuatro patas, tendréis en abominación.
24 Y por
estas cosas seréis inmundos; cualquiera que tocare sus cuerpos muertos será
inmundo hasta la noche,
25 y
cualquiera que llevare algo de sus cadáveres lavará sus vestidos, y será
inmundo hasta la noche.
26 Todo
animal de pezuña, pero que no tiene pezuña hendida, ni rumia, tendréis por
inmundo; y cualquiera que los tocare será inmundo.
27 Y de
todos los animales que andan en cuatro patas, tendréis por inmundo a cualquiera
que ande sobre sus garras; y todo el que tocare sus cadáveres será inmundo
hasta la noche.
28 Y el que
llevare sus cadáveres, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la noche; los
tendréis por inmundos.
29 Y
tendréis por inmundos a estos animales que se mueven sobre la tierra: la
comadreja, el ratón, la rana según su especie,
30 el erizo,
el cocodrilo, el lagarto, la lagartija y el camaleón.
31 Estos
tendréis por inmundos de entre los animales que se mueven, y cualquiera que los
tocare cuando estuvieren muertos será inmundo hasta la noche.
32 Y todo
aquello sobre que cayere algo de ellos después de muertos, será inmundo; sea
cosa de madera, vestido, piel, saco, sea cualquier instrumento con que se
trabaja, será metido en agua, y quedará inmundo hasta la noche; entonces
quedará limpio.
33 Toda
vasija de barro dentro de la cual cayere alguno de ellos será inmunda, así como
todo lo que estuviere en ella, y quebraréis la vasija.
34 Todo
alimento que se come, sobre el cual cayere el agua de tales vasijas, será
inmundo; y toda bebida que hubiere en esas vasijas será inmunda.
35 Todo
aquello sobre que cayere algo del cadáver de ellos será inmundo; el horno u
hornillos se derribarán; son inmundos, y por inmundos los tendréis.
36 Con todo,
la fuente y la cisterna donde se recogen aguas serán limpias; mas lo que
hubiere tocado en los cadáveres será inmundo.
37 Y si
cayere algo de los cadáveres sobre alguna semilla que se haya de sembrar, será
limpia.
38 Más si se
hubiere puesto agua en la semilla, y cayere algo de los cadáveres sobre ella,
la tendréis por inmunda.
39 Y si
algún animal que tuviereis para comer muriere, el que tocare su cadáver será
inmundo hasta la noche.
40 Y el que
comiere del cuerpo muerto, lavará sus vestidos y será inmundo hasta la noche;
asimismo el que sacare el cuerpo muerto, lavará sus vestidos y será inmundo
hasta la noche.
41 Y todo
reptil que se arrastra sobre la tierra es abominación; no se comerá.
42 Todo lo
que anda sobre el pecho, y todo lo que anda sobre cuatro o más patas, de todo
animal que se arrastra sobre la tierra, no lo comeréis, porque es abominación.
43 No hagáis
abominables vuestras personas con ningún animal que se arrastra, ni os
contaminéis con ellos, ni seáis inmundos por ellos.
44 Porque yo
soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos,
porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún
animal que se arrastre sobre la tierra.
45 Porque yo
soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios:
seréis, pues, santos, porque yo soy santo.
46 Esta es
la ley acerca de las bestias, y las aves, y todo ser viviente que se mueve en
las aguas, y todo animal que se arrastra sobre la tierra,
47 para
hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se
pueden comer y los animales que no se pueden comer.
El
análisis de esta normativa permite identificar tres cosas, la primera es que
claramente se señala una diferencia entre animales aptos para el consumo
humano, que la escritura llama de manera genérica como limpios o puros, y de
animales no aptos para el consumo humano, que la escritura llama genéricamente
como inmundos o abominables. La segunda cosa que esta normativa permite
identificar es que la misma abarca animales de tierra, aire y agua. Y la tercer
cosa que esta normativa permite identificar es que existen ciertas
características que permiten identificar precisamente de estos tres grupos de
animales, aquellos que reuniéndolas pueden ser considerados aptos para consumo
humano, limpios o puros pues, o aquellos que de la misma manera pueden no
pueden ser considerados aptos para consumo humano, inmundos o abominables pues.
Dado
que las leyes dietéticas han estado y siguen estando vigentes, son válidas y
por ende observables, quienes de alguna forma desean responder a las
directrices dadas por Dios buscan su acatamiento, pero el sentido de este
apartado no es este sino el tratar de llegar a una comprensión de la razón
subyacente sobre la normativa referente a las leyes dietéticas, es decir, ¿para
qué nos fueron dadas?
Esta
pregunta no es menos importante pues dada nuestra naturaleza uno desea siempre
entender todo y de esto no escapan las indicaciones que como normas Dios nos ha
proporcionado, pero a diferencias de normas objetivas y claras, como los Diez
Mandamientos, la cuestión de las leyes dietéticas parecen no tener un sentido
del todo claro.
Para
subsanar esto muchos han tratado de buscar argumentos que permitan entender por
qué Dios estableció para la raza humana normas relativas a lo que es apto para
su consumo como alimentos de aquellos que no lo es. Dado que la alimentación
busca primariamente proporcionarnos aquellos requerimientos nutricionales para
poder vivir, muchos encontraron ciertas similitudes respecto a esto con relación
a los animales permitidos.
Vieron,
por ejemplo, que el que los animales terrestres que rumian les permite extraer
más eficientemente nutrimentos de aquello con lo que se alimentan, de igual
forma observaron que aquellos que también tienen la pezuña hendida se alimentan
a su vez de hierba lo cual garantiza inocuidad en lo que ingieren, en contraste
aquellos que no rumian no extraen de manera más eficiente los nutrientes de sus
alimentos y si no reúnen el requisito de la pezuña hendida generalmente en su
alimentación también incorporan desechos lo cual no garantiza inocuidad en lo
que consumen.
Siguiendo
el mismo razonamiento se observó que en cuanto a los animales de agua, los
peces con escamas y aletas se alimentan más sanamente que aquellos seres marinos
que no tienen estas características y que se alimentan de carroña o
desperdicios,
De
igual forma a lo anterior se observó que en el caso de los animales de aire
tanto aves como insectos, los primeros, no se da una característica sino una
relación de aves inmundas, mientras que en los segundos se aclara que los
insectos alados que además de sus cuatro patas tengan coyunturas para saltar
podrán comerse, pero en ambos casos los animales de aire no permitidos tienen
una característica general de ser carroñeros o alimentarse de basura, de
desperdicios.
La
anteriores observaciones llevaron a muchos a deducir a lo largo de la historia
que la razón principal por la que Dios había dado una normatividad relativa a
los alimentos aptos para consumo humano de aquello que no lo son tenía su
principal referente en los beneficios que dicha alimentación conseguía para el
ser humano, pero esta idea tiene sus inconsistencias, de hecho cuatro.
La
primer inconsistencia es que si a
alimentación sana se refiere, mayor énfasis hay en ello si uno sigue una dieta
vegetariana, así que la cuestión de las leyes dietéticas no pueden ser
exclusivamente para proveer la mejor alimentación pues si así fuese se
quedarían cortas.
La
segunda inconsistencia es que una dieta Kosher no garantiza para nada una
alimentación saludable, sino que simplemente se están cumpliendo las
regulaciones escriturales relativas a las leyes dietéticas. Por ejemplo, una
hamburguesa puede ser 100% Kosher: carne de res, pan de acuerdo a la norma, lo
mismo que los aderezos, de igual forma un refresco de cola puede ser, y de
hecho es, 100% Kosher, pero ¿qué pasaría si uno desayuna, come y cena una
hamburguesa, o dos, con su respecto refresco de cola? En poco tiempo uno podría
comenzar a tener problemas de salud sea en la forma de sobrepeso, hipertensión,
triglicéridos por las nubes o glucosa
alta, así que el ceñirse a una dieta escrituralmente correcta tampoco garantiza
una alimentación saludable.
Un
tercer inconsistencia, nutricionalmente hablando, es que en estricto
sentido el consumir con moderación un
alimento escrituralmente no apto para consumo humano no pone en riesgo la
salud, por ejemplo consumir camarones bien cocidos una vez al mes, de hecho
haría más daño comer, como el ejemplo manejado anteriormente, una hamburguesa
con refresco de cola diariamente, por más Kosher que se maneje, que una orden
de camarones bien cocidos al mes.
Y
por último, la cuarto inconsistencia es que de igual forma muchos de los
alimentos considerados escrituralmente no aptos para ser usados como alimentos
han resultado, gracias a las técnicas actuales de producción, incluso mejores
que aquellos alimentos permitidos por la Escritura, ejemplo de esto el cerdo el
cual se ha demostrado que siguiendo una alimentación y cuidados como los que se
dan en una graja certificada, da como resultado carne más magra, con mayores
proteínas y con menos ácido úrico que una carne de res de una granja
tradicional.
Así
que la argumentación generalmente esgrimida en el sentido nutricional de las leyes
dietéticas, si bien tienen algo de razón, no permiten entender del todo la
razón de las mismas.
Pretender
entender la razón de las leyes dietéticas desde el punto de vista nutrimental
es mantenerse en un nivel material de las mismas, pero ¿es que hay otro nivel
de entendimiento?, alguien podrá preguntar.
Como
ya se comentó, la Escritura nos señala que “lo espiritual no es primero, sino
lo animal; luego lo espiritual” (1 Corintios 15:46), de igual forma
proféticamente se decía en las escrituras hebreas, el Antiguo Testamento, “ata el testimonio, sella la ley entre mis
discípulos” (Isaías 8:16), es así con el advenimiento de Cristo y el
establecimiento de Su iglesia, uno debe buscar entre Sus discípulos, es decir,
en las escrituras griegas, el Nuevo Testamento, ese testimonio que nos permita
entender lo espiritual que está fundamentado en lo terrenal.
Las
leyes mosaicas, que aunque incluían las leyes dietéticas estás no formaban
parte de aquellas al ser preexistentes a las mismas, al contener la sombra de
los bienes futuros (Hebreos 10:1), pueden ser entendidas en extensión y
profundidad una vez venida la promesa (Gálatas 3:19), atado el testimonio,
sellada a ley, entre los discípulos de Jesús
al inicio de la iglesia (Isaías 8:16) y entendiendo que lo espiritual no
es primero, sino lo animal; luego lo espiritual (1 Corintios 15:46).
Volviendo
sobre el tema de los alimentos aptos para consumo humano según la Escritura,
quedarnos en la cuestión nutrimental de ello, aunque existan fundamento en
ello, es mantenernos en el nivel animal sin pasar al nivel espiritual (1 Corintios 15:46), así que la pregunta válida es ¿cuál es la
razón subyacente, espiritual, de la normativa relativa a las leyes dietéticas?
Es
realmente asombroso como es que la Escritura presenta la información de tal
forma que sirva para nuestra edificación, siendo que en este caso específico se
va entregando información que permite ir avanzando poco a poco en el
entendimiento.
Como
ya se comentó, la normativa de los animales de tierra es muy clara y detallada,
señala claramente que los animales que son aptos para consumo son aquellos son
aquellos que rumian y que tienen la pezuña hendida, y como si de una primera
lección formativa se tratase incluso da ejemplo de ello señalando claramente
cómo identificar e incluso como diferenciar.
Ya
luego en lo de los peces sólo señala que tengan escamas y aletas, no es tan
detallada la explicación como en el caso de los animales de tierra, pero lo
comentado al respecto de estos últimos sirve para entender lo que sobre los
animales de agua se presenta.
Por
último, respecto de los animales de aire, en el caso de las aves ya ni siquiera
da características sino una relación de aquellos que no son aptos para consumo
humano, pero en el entendido de la construcción paulatina del conocimiento
previo, lo dicho para los animales de tierra y los animales de agua debe servir
para entender esto; de igual forma la mención relativa a los insectos permite
un cierre comprensivo de todo lo mencionado anteriormente al señalarles las
extremidades saltarinas requeridas para ser considerados aptos para consumo.
De
nueva cuenta considerando todo esto, ¿cuál es la razón subyacente, espiritual,
de la normativa relativa a las leyes dietéticas?
Vayamos
por partes.
Animales de tierra. Las
características para que los animales de tierra fueran considerados aptos para
consumo humano es que rumien y que tengan la pezuña hendida, lo primero tiene
que ver, obvio, con la manera que tienen de alimentarse y lo segundo, también
obvio, con la forma que tienen de caminar, ¿qué puede significar esto para el
cristiano?
Como
se mencionó antes, y se repetirá tantas veces como sea necesario pues es
importante tenerlo siempre en mente, la Escritura nos señala que “lo espiritual
no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual” (1 Corintios 15:46), de
igual forma proféticamente se decía en las escrituras hebreas, el Antiguo
Testamento, “ata el testimonio, sella la
ley entre mis discípulos” (Isaías 8:16), es así con el advenimiento de Cristo y
el establecimiento de Su iglesia, uno debe buscar entre Sus discípulos, es
decir, en las escrituras griegas, el Nuevo Testamento, ese testimonio que nos
permita entender lo espiritual que está fundamentado en lo terrenal.
Rumiar. Con
todo lo dicho anteriormente, ¿qué significa el rumiar, como característica
referida al alimentarse, y el tener la pezuña hendida, como característica
referida al caminar, para el cristiano?
Vamos
viendo, ¿cómo se alimenta un cristiano como tal?, ¿cuál es su alimento?, sí,
claro, con la comida material cotidiana, pero ¿es eso todo? “No sólo de pan
vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4;
Deuteronomio 8:3). Así tenemos que la manera de alimentarse del cristiano,
quien de la Palabra de Dios hace su principal alimento, debe ser igual a la
manera de alimentarse de los animales de tierra: rumiando.
Uno
es lo que come, dice un dicho popular, y en efecto esto es así, tanto en el
plano materia, emocional, mental y espiritual, de igual forma la Escritura
incorpora este principio. Nadie pretendería que comer la carne de Cristo o
beber Su sangre (Juan 6:51-57) implique
efectivamente el consumirlo de manera material, sino el de volverse uno con Él,
por Él y para Él, pero el simbolismo implícito en ello es muy fuerte, claro y
contundente. Por eso de igual forma en Revelación 17:16 se menciona que los
diez reyes de los últimos tiempos comerán la carne de la ramera, la iglesia
apóstata, que implica que se harán como ella en el sentido de que el poder secular
comenzará a legislar como nunca lo hizo antes en cuestiones morales y éticas
dejándola desnuda, es decir, sin la autoridad religiosa para impedir ello.
Los
animales que rumian se alientan de pasto, de plantas, a diferencia de los que
no rumian que se alimentan de desperdicios o de carroña, ahí el primer
simbolismo de que el alimento debe ser vivo, sano, puro, a diferencia del
desperdicio que es sucio o de la carroña que está muerta. Sobre esto, y
relacionado con la vida del cristiano, ¿qué es lo que está vivo, que es lo que
le da vida? “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de
la boca de Dios” (Mateo 4:4), “porque la palabra de Dios es viva y eficaz” (Hebreos
4:12), siendo que “el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del
Espíritu es vida y paz” (Romanos 8:6). Así que el alimento de los animales que
rumian vivo, sano, puro, representa para el cristiano las características del
principal alimento del cual él obtiene vida: la Palabra de Dios.
En
cuanto a la manera que tienen estos animales de alimentarse rumiando, el
alimentarse de animales que tengan esa manera de comer implica ese simbolismo
de uno de igual forma ser como ellos a la hora de alimentarnos, ahora bien, ese
alimento en la vida del cristiano como tal, como se mencionó, se refiere a la Palabra de Dios la cual debe
ser rumiada, es decir masticar una y otra vez las Escritura para, al igual que
el fin del rumiar en los animales de tierra, sacar toda la riqueza que la misma
tiene.
Eso
está muy bien, pero ¿menciona la Escritura ese rumiar la Palabra como parte de
la manera en que un cristiano debe alimentarse?
Deuteronomio
6:7
y
las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando
por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.
Deuteronomio
11:19
Y
enseñadlas a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa y
cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.
Deuteronomio
31:11
cuando
viniere todo Israel a presentarse delante de Jehová tu Dios en el lugar que él
escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel a oídos de ellos.
Deuteronomio
17:19
y lo
tendrá consigo [libro con copia de la Ley], y leerá en él todos los días de su
vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las
palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra;
Josué
1:8
Este
libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y
noche, para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito; porque entonces
harás prosperar tu camino y tendrás éxito.
Salmos
1:2
Antes
en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.
Salmos
63:6
Cuando
en mi lecho me acuerdo de Ti, En Ti medito durante las vigilias de la noche
Salmos
119:15-17
Meditaré
en tus preceptos, y consideraré tus caminos. Me deleitaré en tus estatutos, y
no olvidaré tu palabra. ¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.
1
Tesalonicenses 5:21
Examinadlo
todo; retened lo bueno
1
Timoteo 4:13, 15
Entretanto
que llego, ocúpate en la lectura [de las Escrituras], la exhortación y la
enseñanza... Medita estas cosas; ocúpate en ellas; para que tu aprovechamiento
sea manifiesto a todos.
A
lo largo de la Escritura la instrucción al que forma parte del Pueblo de Dios
es a leer, estudiar, meditar constantemente sobre la palabra de Dios con el fin
de ser enseñados, redargüidos, corregidos
e instruidos (2 Timoteo 3:17), este no se da de un momento a otro sino
que es un proceso que dura toda una vida ya que
el Padre está formando a Cristo en nosotros (Gálatas 4:19), siendo que
Él la llevará a término como la pensó (Filipenses 1:6), hasta alcanzar la
estatura perfecta de Cristo (Efesios 4:13), mientras tanto Él nos dice
"bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad (2 Corintios
12:9).
Es
así como el alimentarse de animales que rumian es el indicativo de llegar a ser
como ellos en el sentido espiritual de alimentarse de la Palabra de Dios viva,
sana, pura, leyéndola, estudiándola,
meditándola constantemente.
Pezuña hendida. Así como el rumiar tenía que
ver con la manera de alimentarse, la pezuña hendida tiene que ver con el
caminar, en ese sentido ¿cómo debe ser el caminar del cristiano? Dios nos pide
que caminemos delante de Él y seamos perfectos (Génesis 17:1), para ser perfectos
la Escritura, como ya se ha comentado nos sirve “para enseñar, para redargüir,
para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea
perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17), de igual forma Jesús
aclara que “no todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los
cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo
7:21-23), y Pablo escribiendo a los Romanos señala que “no son los oidores de
la ley los justos ante Dios, sino los que cumplen la ley, ésos serán
justificados” (Romanos 2:13), es así como el andar del cristiano es con pezuña
hendida: la fe y las obras, por eso Revelación define a los santos como
aquellos que “que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”
(Revelación 14:12).
Pero
obre esto no basta o el tener fe o el tener obra, ambas son requeridas.
Sobre
la fe la Escritura es muy clara al señalar que “sin fe es imposible agradar a
Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es
galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6), en palabras de Jesús se nos
dice que “El que cree en Él [en el Hijo de Dios] no es condenado; pero el que
no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito
Hijo de Dios” (Juan 3:18,19), en este sentido “Porque en Cristo Jesús ni la
circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por
amor” (Gálatas 5:6).
Pero
de igual forma las obras son requeridas, sobre esto Santiago es muy claro al
señalar que incluso los demonios tienen fe pero esta no les sirve para
salvación, “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y
tiemblan” (Santiago 2:19), por eso en el versículo inmediato a este señala “Muéstrame
tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (v. 18), y
extendiéndose sobre este tema expone “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si
alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos,
y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz,
calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el
cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también
la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (Santiago 2:14-17), es así
como las obras nos son requeridas como expresión viva de nuestra fe.
Aquí
la primera dualidad de la pezuña hendida, que nuestro andar por el Camino sea
por medio de la fe y de las obras, es decir, por medio de la fe en Jesús y de
los guardar los mandamientos del Padre (Revelación 14:12).
Pero
esta no es el único simbolismo relacionado con la dualidad que debemos imprimir
en nuestro paso, existe otra relacionada por un lado con los dones del Espíritu
y por otro con los frutos del Espíritu, ambos relacionados con lo anteriormente
visto relacionado con la fe y la obras. Esto es interesante ya que los dones
son dados, mientras que los frutos uno debe producirlos a través del trabajo,
del esfuerzo, del hacer. Así que la pezuña hendida, relacionado con esto, nos
indica, por un lado los dones que del Espíritu se nos dan: sabiduría, conocimiento,
fe, sanidad, milagros, profecía, discernimiento, lenguas e interpretación (1 Corintios
12:8-11), y por otro lado los frutos del Espíritu que poniendo a trabajar
aquellos dones e imprimiendo en ello nuestro esfuerzo generamos: amor, gozo,
paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio
(Gálatas 5:22-23).
Es
así como el simbolismo subyacente sobre la pezuña hendida de los animales que
la Escritura considera aptos para consumo humano tiene que ver con ese andar
del cristiano aunado a la fe y las obras así como a los dones y a los frutos
del Espíritu.
Es
interesante notar que en esta primer categoría que la Escritura presenta se sientan
las bases para entender las subsecuentes, las cuales tienden a ampliar en
extensión o profundidad los conceptos espirituales vertidos anteriormente
relacionados con el comer y con el andar, es por ello que esta primer categoría
se habla a detalle precisamente de lo que debe de llegar a comprenderse como
base para el resto de las categorías de animales aptos para consumo humano y
sus características.
En
este sentido puede verse que no sólo se dan especificaciones en cuanto a los
animales de tierra aptos para consumo humano sino que incluso se dan ejemplos
aclarando cuáles si pueden comerse y cuáles no. Los versículos del 4 al 7
señalan a manera de ejemplo aquellos animales de tierra que bien pueden poseer
una de las dos características dadas para identificar a aquellos aptos para
consumo humano, pero que al no poseer las dos son descartadas para ello. Esto
es significativo ya que implica la reprobación que hace la Escritura de
aquellos que diciendo ser cristianos sólo presentan una de las dos características
que deberían mostrar en su vida ya que o rumian o andan con la pezuña hendida,
espiritualmente hablando, pero no las dos cosas.
Como
ya se comentó se requiere de ambas cosas en la vida del cristiano: el
alimentarse sanamente tomando como principal comida la Escritura, rumiando su
contenido, es decir, leyéndola, estudiándola, meditándola una y otra vez, y el
caminar en fe y en obras, en dones y en frutos. De igual forma, como también ya
se vio, la Escritura reprueba a aquellos que leen, estudian, meditan la
Escritura una y otra vez pero no la
ponen por obra (Romanos 2:13-15), o a aquellos que obran incluso milagros pero
su falta de conocimiento los aleja de lo esperado por Dios de ellos (Mateo
7:22-23). Se requiere de ambas cosas, de otra forma uno caería en la categoría
de aquellos animales que presentan una característica, no las dos, y por ello
son declarados impuros.
De
esta forma la primer categoría de animales aptos para consumo humano, los de
tierra, con la información relativa al rumiar, la manera de alimentarse, y a su
pezuña hendida, la forma de caminar, tienen un referente relacionado con el
leer, estudiar, meditar de manera constate sobre la Palabra de Dios mientras se
avanza por el Camino mediante la fe y las obras y los dones y los frutos del
Espíritu. Quenado esto claro las siguientes clasificaciones de animales aptos
para consumo humano no pueden ir en contra de esta enseñanza, cuando mucho
reiterarla o agregar mayor entendimiento. Veamos.
Animales de agua. La
siguiente clasificación de animales aptos para consumo humano son los de
aquellos de agua, es decir los peces, siempre y cuando tengan escamas y aletas.
De nueva cuenta, como se mencionó, es asombroso como la misma Escritura va
enseñando paulatinamente sobre un tema, y sobre esto podemos ver que de nuevo
hay dos características sobre los animales de agua aptos para consumo humano.
Que tengas escamas y que posean aletas.
Aletas. Si
vemos las características que se dieron en la primer categoría, la de los
animales de tierra, a saber: el rumiar y la pezuña hendida, y si comenzamos por
lo que es más obvio y evidente, tendremos que relacionar la pezuña hendida, la
forma de caminar de los animales de tierra aptos para consumo humano, con las
aletas que le sirven para lo mismo a los animales de agua, los peces, es decir,
con ellas se desplazan hacia donde quieren ir.
Sobre
esto de nueva cuenta vemos la dualidad: los peces tienen dos aletas para
desplazarse mientras que los animales de tierra tienen pezuña hendida para
caminar.
En
este punto podemos ver cómo es que la Escritura es reiterativa respecto de la
dualidad que debe acompañar el andar del cristiano: avanzar por el Camino
mediante la fe y las obras y los dones y los frutos del Espíritu, dado que ya
se comentó esto en la categoría anterior no se comentará más al respecto.
Escamas.
Ahora bien, las aletas pueden ser relacionadas de manera muy clara con la
pezuña hendida, pero ¿y las escamas?
Si
seguimos la comprensión que de la Escritura recibimos tendría necesariamente
que relacionarse con la manera de comer, pero ¿qué tiene que ver las escamas
con la manera de comer? De nueva cuenta podemos tener el referente animal para
poder luego pasar al referente espiritual y ver, al igual que en la cuestión de
las aletas, que en este caso la Escritura de igual forma es reiterativa, ¿por
qué? por qué los peces que presentan aletas y escamas se alimentan de plantas
acuáticas, a diferencia de los que no presentan estas características que o son
predadores (matan), o son carroñeros (se alimentan de seres muertos) o se
alimentan de desperdicios.
Con
este entendimiento animal pasamos al espiritual y vemos, como se comentó, que
en este punto la Escritura es reiterativa en el sentido de alimentarse de la
Palabra de Dios viva, sana, pura, no de aquello que genere muerte o que sea
basura, desperdicios. Ahora bien, aunque reiterativa la Escritura agrega un
alimento nuevo: no sean como los peces predadores que matan, espiritualmente
entonces el cristiano debe ser ejemplo de vida, sobre esto la Palabra de Dios
señala “así alumbre vuestra luz delante
de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro
Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16), y si seguimos el hilo
conductor de esa admonición recordaremos las palabras previas de Jesús cuando
exhortaba a Sus discípulos, y en la figura de ellos a los discípulos de todos
los tiempos, “»Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja de estar
salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada, así que se la
tira a la calle y la gente la pisotea. »Ustedes son la luz de este mundo. Una
ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara
para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a
todos los que están en la casa” (Mateo 5:13-16)
De
esta forma, si bien el rumiar y la pezuña hendida de los animales de tierra
señalaban características particulares que el cristiano debe mostrar en su
vida, la enseñanza sobre los peces, si bien es reiterativa, en el sentido
espiritual, en cuanto a las características de los animales de tierra, agrega
el testimonio que ante los hombres el cristiano debe dar, haciendo todo
buscando agradar a Dios, “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa,
hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).
Animales de aire.
Pasando ahora a los animales de aire, las aves, vemos, como ya se comentó, que
a diferencia de los animales de tierra y los animales de agua, aquí no se dan
características sino un listado de aves no aptas para consumo humano, pero al
analizarlas de manera animal, para posteriormente pasar a lo espiritual, puede
identificarse lo siguiente:
Lo
primero que salta a la vista es que la relación de aves inmundas se refiere en
su generalidad a aves de rapiña, es decir o que matan a otros seres vivos para
comer o bien que se alimentan de desperdicios. Lo segundo, en cuanto a su
fisonomía, es las aves que no están en la relación escritural de inmundas tienen
alargado el dedo delantero de en medio y un dedo trasero y extienden los dedos
de las patas de tal manera que los tres del frente quedan sobre un lado de la
rama en que se posan y el dedo trasero sobre el otro lado. Lo tercero es
que tienen buche (que es un filtro
natural y permite que la carne no quede contaminada con las toxinas que se
consumen) y tienen molleja con doble revestimiento que puede separarse
fácilmente.
Partiendo
del conocimiento que escrituralmente se ha ido acumulando, podemos a simple
vista ver que estas características que se presentan en las aves aptas para consumo
humano de aquellas que no lo son, son reiterativas de lo comentado
anteriormente para los animales tierra y los animales de agua y tienen que ver
con su manera de andar y con la forma de alimentarse.
El andar. En
cuanto a la manera de andar, la dos patas retoman el significado de la pezuña
hendida de los animales de tierra y de las dos aletas de los animales de agua,
pero adicionalmente agregan la imagen propia de los animales de aire aptos para
consumo humano: que sus extremidades están hechas para caminar, y caminar
específicamente hacia adelante, a diferencia de los animales de rapiña que
están hechas para matar o para hurgar en los desperdicios.
¿Qué
nos dice la Escritura sobre el caminar que debe presentar el cristiano en su
vida?
Proverbios
14:12
Hay
camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte
Proverbios
4:18
Mas
la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que
el día es perfecto.
Salmos
119:105
Lámpara
es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.
Salmo
56:13
Porque
me has librado de la muerte, y mis pies de la caída, para que ande delante de
Dios en la luz de la vida
Salmo
89:15
Dichosos
los que saben aclamarte, que andan en la luz de tu rostro, Señor
Isaías
2:5
Venid,
hijos de Jacob, caminemos a la luz del Señor
Juan
12:35-36
Entonces
Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto
que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en
tinieblas, no sabe a dónde va. Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz,
para que seáis hijos de luz
1
Juan 1: 7
Pero
si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la
sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado
El alimentarse.
Ahora bien, en cuanto al buche y la molleja, relacionados con la forma de
comer, vemos de nueva cuenta lo reiterativo de la Escritura en cuanto a la
enseñanza previa entregada pues estas características, propias de la aves
consideradas aptas para consumo humano, sirve lo mismo que el rumiar en los
animales de tierra: para procesar, mascar, moler una y otra vez las semillas de
las que se alimentan.
Y
sobre este punto, es decir, el de que el principal alimento para el que están
diseñadas las aves aptas para consumo humano,
a saber: las semillas, ¿qué nos
dice la Escritura?
Mateo
13:31-32
Les
contó otra parábola: «El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un
hombre sembró en su campo. Aunque es la
más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las
hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus
ramas».
Marcos
4:26-29
Decía
además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la
tierra; y duerme y se levanta, de noche
y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero
hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, en seguida se
mete la hoz, porque la siega ha llegado.
Mateo
13:24-30
Les
refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un
hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su
enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces
apareció también la cizaña. Vinieron
entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste
buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los
siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? El les dijo: No, no sea que al arrancar la
cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta
la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la
cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.
Lucas
8:4-15
De
cada pueblo salía gente para ver a Jesús y, cuando se reunió una gran multitud,
él les contó esta parábola: «Un
sembrador salió a sembrar. Al esparcir la semilla, una parte cayó junto al
camino; fue pisoteada, y los pájaros se la comieron. Otra parte cayó sobre las piedras y, cuando
brotó, las plantas se secaron por falta de humedad. Otra parte cayó entre espinos que, al crecer
junto con la semilla, la ahogaron. Pero
otra parte cayó en buen terreno; así que brotó y produjo una cosecha del ciento
por uno». Dicho esto, exclamó: «El que
tenga oídos para oír, que oiga». Sus discípulos le preguntaron cuál era el
significado de esta parábola. «A ustedes
se les ha concedido que conozcan los secretos del reino de Dios —les contestó—;
pero a los demás se les habla por medio de parábolas para que »“aunque miren,
no vean; aunque oigan, no entiendan”. »Este es el significado de la parábola: La
semilla es la palabra de Dios. Los que están junto al camino son los que oyen,
pero luego viene el diablo y les quita la palabra del corazón, no sea que crean
y se salven. Los que están sobre las
piedras son los que reciben la palabra con alegría cuando la oyen, pero no
tienen raíz. Estos creen por algún tiempo, pero se apartan cuando llega la
prueba. La parte que cayó entre espinos son los que oyen, pero, con el correr
del tiempo, los ahogan las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta
vida, y no maduran. Pero la parte que cayó en buen terreno son los que oyen la
palabra con corazón noble y bueno, y la retienen; y, como perseveran, producen
una buena cosecha.
Es
así como los referentes de la Escritura relacionados con semillas buenas, de
las cuales se alimentan las aves consideradas aptas para el consumo humano
pasan por el trabajo que en nosotros hace la Palabra de Dios preparándonos para
el Reino Venidero.
Lo
último a comentar, respecto de los animales de aire, es lo primero que se vio
al repasar la lista de aves inmundas: que eran carroñeras o se alimentaban de
desperdicios, de nueva cuenta esto tiene el referente, respecto de las aves
consideradas aptas para el consumo humano: que el alimento de estas aves aptas
para consumo humano, a diferencia de las inmundas, es vivo, sano, puro, lo
cual, como ya se vio en la otras categorías, representa para el cristiano las
características del principal alimento del cual él obtiene vida: la Palabra de
Dios.
Es
así como de nueva cuenta, en cuanto a la forma de caminar y la manera de
alimentarse de las aves consideradas aptas para consumo humano, retoma lo
señalado de manera acumulativa para los animales de tierra y los animales de
agua agregando de igual forma mayor comprensión en ello.
Insectos. Por
último tenemos a los insectos de los cuales los permitidos, tal como se señala,
aparte de sus patas para caminar y las alas para volar deben tener dos
extremidades adicionales que les permita saltar.
A
estas alturas podemos ver, dado lo reiterativo en las categorías anteriores que
la Escritura fue presentando relativo a la forma de caminar y la manera de
comer, que de nueva cuenta en el caso de los insectos nos remite a aquellos que
se alimentan de plantas vivas, mientras que los insectos que no presentan estas
características son por lo general carroñeros o se alimentan de desperdicios.
Esta
imagen nos remite a lo anteriormente explicado el sentido espiritual respecto
de alimentarse de la Palabra de Dios
viva, sana, pura.
En
cuanto a la característica adicional que presenta la Escritura, las dos
extremidades que le sirven a los insectos aptos para consumo humano para
saltar, la referencia a la dualidad que ya se ha comentado anteriormente, fe y
obras y dones y frutos del Espíritu, es clara, de igual forma retoma lo de las
aves ya que las extremidades de estos insectos están configuradas para darles
un impulso hacia adelante.
Pero
de igual forma se agrega información adicional ya que el saltar,
escrituralmente y relacionado con la vida del cristiano, implica decisión en la
vida, avance constante y decido, el ir de triunfo en triunfo
Salmos
18:29
Pues
por ti he desbaratado ejércitos; y por mi Dios he saltado sobre muros
Salmos
18:33
El
hace mis pies como de ciervas [las cuales corren saltando], y me afirma en mis
alturas.
Malaquías
4:2
Más
para vosotros que teméis mi nombre, se levantará el sol de justicia con la
salud en sus alas; y saldréis y saltaréis como terneros del establo.
Lucas
6:23
Alegraos
en ese día y saltad [de gozo] porque he aquí, vuestra recompensa es grande en
el cielo, pues sus padres trataban de la misma manera a los profetas.
Isaías
35:6
El
cojo entonces saltará como un ciervo, y la lengua del mudo gritará de júbilo,
porque aguas brotarán en el desierto y arroyos en el Arabá.
Es
así como en el caso de los insectos, la manera de alimentarse y la forma de
caminar retoman lo comentado para las categorías anteriores agregando el
impulso adicional que el Espíritu Santo de Dios imprime en el andar por el
Camino del cristiano.
Como
conclusión previa de este apartado relativo a las leyes dietéticas puede
señalarse que si bien aún hay mucha enseñanza, animal y espiritual, relativa a
los alimentos aptos para consumo humano de aquellos que escrituralmente se
consideran inmundos, lo principal es que esta normativa sigue vigente ya que no
pertenece a las leyes por Dios añadidas sino que forman parte de una
legislación que deviene desde los principios de la humanidad, además de que las
citas neotestamentarias confirman esta vigencia.
Ahora
bien, en cuanto a instrucción el hilo conductor de las cuatro categorías de
animales aptos para consumo humano de aquellos que no lo son tiene que ver de
manera general con la manera de alimentarse así como la forma de caminar, lo
cual tienen un referente respectivamente relacionado con el leer, estudiar,
meditar de manera constate sobre la Palabra de Dios mientras se avanza por el
Camino mediante la fe y las obras y los dones y los frutos del Espíritu,
considerando el testimonio que ante los hombres el cristiano debe dar, haciendo
todo buscando agradar a Dios, dejando que la Palabra de Dios nos prepare para
el Reino Venidero mediante el impulso adicional que el Espíritu Santo de Dios
imprime en el andar por el Camino del cristiano.
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se deben examinar los
animales para ver si son aptos para el consumo, esto también se aplicaba a las
langostas, sigue vigente más sin embargo espiritualizado referido a aquellos
elegidos, a aquellos llamados a ser con Cristo reyes y sacerdotes en el reino
venidero, a los cuales se reconocerá por su trabajo en la actualidad al cumplir
con el llamamiento al que han respondido al traer a otros a salvación y
ayudarles en su andar, en su alimentarse, y en pasar del alimento líquido al
sólido, espiritualmente hablando, tal cual corresponde a todos hijo de Dios.

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