78. Se debe diezmar el ganado (Lv. 27:32)


 “Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová”

 

Lo que escrituralmente se conoce como la ley relativa al diezmo es una serie de indicaciones que Dios dio a Su Pueblo sobre la manera en la que la práctica religiosa debía ser sostenida.

 

Esta ley relativa al diezmo puede ser clasificada en dos vertientes: la ley normativa y la ley moral. La ley normativa tiene que ver con las indicaciones precisas sobre la manera correcta de cumplir lo estipulado, por su parte la ley moral son aquellas disertaciones que permiten entender el significado de la norma más allá incluso de su aplicación práctica. Veamos ambas.

 

Ley normativa. La codificación de la ley relativa al diezmo la podemos encontrar principalmente en los libros de Levítico, Deuteronomio y Números.

 

Levítico 27:30-32

Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa consagrada a Jehová.  Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello.  Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová.

 

Números 18:21-24

Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión. Y no se acercarán más los hijos de Israel al tabernáculo de reunión, para que no lleven pecado por el cual mueran.  Mas los levitas harán el servicio del tabernáculo de reunión, y ellos llevarán su iniquidad; estatuto perpetuo para vuestros descendientes; y no poseerán heredad entre los hijos de Israel.  Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad.

 

Números 18:26

Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida a Jehová el diezmo de los diezmos.

 

Deuteronomio 12:5-6

sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis. Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias de vuestras vacas y de vuestras ovejas;

 

Deuteronomio 14:22-29

Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año. Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días.  Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere,  entonces lo venderás y guardarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere;  y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia.  Y no desampararás al levita que habitare en tus poblaciones; porque no tiene parte ni heredad contigo.  Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades.  Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren.

 

Deuteronomio 26:12-15

Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán.  Y dirás delante de Jehová tu Dios: He sacado lo consagrado de mi casa, y también lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni me he olvidado de ellos.  No he comido de ello en mi luto, ni he gastado de ello estando yo inmundo, ni de ello he ofrecido a los muertos; he obedecido a la voz de Jehová mi Dios, he hecho conforme a todo lo que me has mandado.  Mira desde tu morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que fluye leche y miel.

 

Nehemías 10:38

y que estaría el sacerdote hijo de Aarón con los levitas, cuando los levitas recibiesen el diezmo; y que los levitas llevarían el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a las cámaras de la casa del tesoro.

 

 

De estas citas podemos resumir la normativa de la ley del diezmo en lo siguiente:

 

1.    El diezmo se daba de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles lo cual incluía diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara (Levítico 27:30-32) así como del grano, de tu vino y de tu aceite.

 

2.    Los diezmos eran para el sostenimiento del servicio en el Templo de los Levitas (Números 18:21-24).

 

3.    Los Levitas, quienes eran los que recibían los diezmos, tenían a su vez la obligación de diezmar de ellos al sacerdocio aharónico (Números 18:26; Nehemías 10:38).

 

4.    El diezmo tenía que traerse al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación  (Deuteronomio 12:5-6), en este caso al Templo de Jerusalén.

 

5.    Aparte del diezmo anterior, había otros dos diezmos: uno que se apartaba cotidianamente de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados para usarse sea en efectivo o en especie en las fiestas a las que anualmente la Ley convocaba en Jerusalén para comer delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia; el otro diezmo era cada tres años y era para el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda (Deuteronomio 14:22-29; Deuteronomio 26:12-15).

 

Curiosamente, como se verá más delante, son precisamente estas conclusiones respecto del diezmo las que sus detractores usan para argumentar la no vigencia, ni validez y por lo tanto no observancia del mismo en la actualidad.

 

 

Ley moral. La ley moral sobre el diezmo se refiere a disertaciones que permiten entender el significado de la norma más allá incluso de su aplicación práctica:

 

Malaquías 3:6-10

Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.   Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?  ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.  Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.  Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.

 

En esta cita la Escritura presenta una confrontación entre Dios y los hombres ya que el primero acusaba a los segundo de haberle robado, a lo que estos aducían desconocer a qué se refería, aclarando Dios que se refiere a los diezmos, por lo cual están malditos, pero que esto puede revertirse y tornarse en bendición si cumplen con esa normativa, pero incluso va más allá pue Dios mismo insta a probarle en la cuestión de darle el diezmo y ver en ese sentido como la bendición aunada va a sobre abundar.

 

Levítico 27:30

Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa consagrada a Jehová.

 

Esta cita, relacionada con la ley moral, deja más que clara la manera en que Dios ve el diezmo: como algo consagrado para él. La palabra que aquí se traduce como consagrada viene del hebreo קֹ֖דֶשׁ, qō·ḏeš, que literalmente significa santo, sagrado, consagrado, apartado [para Dios]. Esto permite entender la naturaleza del diezmo no como uno podría verlo sino como Dios lo ve, ahora bien ¿por qué Dios habría de verlo así? ¡Porque es el recurso que Él ha establecido para que el Su culto, alabanza, veneración y adoración debida se dé de manera perfecta y santa!

 

Sin duda que la ley sobre el diezmo tiene una connotación eminentemente práctica, concreta y material: contribuir con las funciones asignadas al Cuerpo de Cristo, la iglesia de Dios.

 

En varias ocasiones, la Escritura arroja entendimiento sobre este tema.

 

Proverbios 3:9-10

Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos;  Y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto.

 

1 Timoteo 5:8

porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.

 

1 Corintios 15:42-44

Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.

 

Gálatas 6:8-10

Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

 

1 Timoteo 5:17-18

Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.  Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario.

 

1 Corintios 9:4-13

¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber?  ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?  ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar?  ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?  ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley?  Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes,  o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto.  Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?  Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.  ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.

 

Lucas 6:38

Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

 

Todas las citas anteriores tienen un referente que puede ser entendido respecto de la obligación que como creyentes se tiene de aportar los recursos necesarios para que la Gran Comisión asignada por Cristo a Su iglesia pueda realizarse (Marcos 16:15), con todo y todo, y al igual que con las leyes dietéticas, ¿no hay una enseñanza espiritual que devenga de este entendimiento material? Sí que la hay y curiosamente está relacionada con lo que se vio al analizar las leyes dietéticas.

 

Pensemos esto: la iglesia es referida en la Escritura como el Cuerpo de Cristo:

 

Colosenses 1:18

Él es también la cabeza del cuerpo [que es] la iglesia; y Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía.

 

Colosenses 1:24

Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros, y en mi carne, completando lo que falta de las aflicciones de Cristo, hago mi parte por su cuerpo, que es la iglesia,

 

1 Corintios 12:12-14

Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo. Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu. Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos

 

1 Corintios 12:27

Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y [cada uno] individualmente un miembro de él.

 

Efesios 4:11-13

Y El dio a algunos {el ser} apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

 

Efesios 5:23

Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, [siendo] El mismo el Salvador del cuerpo.

 

Efesios 5:29-30

Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; porque somos miembros de su cuerpo.

 

Siguiendo la analogía dada en las leyes dietéticas, las cuales proveen alimento considerado como apto para consumo a nuestros cuerpos físicos, ¿qué sería el alimento físico del Cuerpo de Cristo?, ¿de dónde provendrían los recursos materiales que requiere para funcionar de igual forma que nuestro cuerpo material debe hacerse de recursos para estar vivo? La respuesta es de los diezmos.

 

Los diezmos, como se vio, tienen una connotación eminentemente práctica, concreta y material: contribuir con las funciones asignadas al Cuerpo de Cristo, la iglesia de Dios. En ese sentido el símil de los diezmos que se entregan para ello puede compararse con los alimentos que nos son dados para su consumo. En ambos casos, tanto en el Cuerpo de Cristo, Su iglesia, como en en el caso de nuestro cuerpo material, se requieren de recursos, de insumos materiales para subsistir, esos recursos están dado en el caso del Cuerpo de Cristo por los diezmos y en el caso de nuestro cuerpo material por los alimentos aptos para consumo.

 

¿Y a dónde nos lleva esto? Pues a la enseñanza espiritual subyacente en la materialidad de los diezmos: que en este nosotros, al cumplir con la ley relativa al diezmo, somos en figura como aquellos animales considerados aptos para consumo humano pues proveemos al Cuerpo de Cristo de los insumos, los recursos materiales que requiere para su subsistencia.

 

Así como los animales considerados aptos para nuestro consumo nos proveen de lo que necesitamos para nuestra vida física, con una subyacente enseñanza espiritual en ello, de igual forma esos son figura nuestra cuando a su semejanza nosotros proveemos al Cuerpo de Cristo de lo que necesita para su vida física.

 

Recordemos que las leyes dietéticas fueron dadas “para hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer” (Levítico 11:47), es decir, para apartar, en otras palabras santificar, aquellos alimentos considerados aptos para consumo humano (1 Timoteo 4:3-5), ¿y cómo define la Escritura a los creyentes  “que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”? santos (Revelación 14:12). Así que tanto los alimentos como los creyentes son santificados, puestos aparte para un uso santo, siempre y cuando cumplan con lo que la misma Escritura establece.

 

Ahora bien, ¿uno podrá ser considerado como un animal limpio, si se permite la comparación, como un creyente santo, si no está cumpliendo con lo que se supone es su deber material de proveer a Cuerpo de Cristo de lo que necesite? “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.  Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado” (Malaquías 3:8-9). Un poco difícil considerar una respuesta afirmativa a la pregunta anterior cuando la Escritura misma señala a quien obra de esa manera como maldito, y no sólo maldito sino doblemente maldito: Malditos sois con maldición.

 

Cuando se analizó lo relativo a las leyes dietéticas se concluyó que el hilo conductor de las cuatro categorías de animales aptos para consumo humano de aquellos que no lo son tiene que ver de manera general con la manera de alimentarse así como la forma de caminar, lo cual tienen un referente respectivamente relacionado con el leer, estudiar, meditar de manera constate sobre la Palabra de Dios mientras se avanza por el Camino mediante la fe y las obras y los dones y los frutos del Espíritu, considerando el testimonio que ante los hombres el cristiano debe dar, haciendo todo buscando agradar a Dios, dejando que la Palabra de Dios nos prepare para el Reino Venidero mediante el impulso adicional que el Espíritu Santo de Dios imprime en el andar por el Camino del cristiano.

 

En ese sentido, ¿podrá considerarse como quien el lee, estudia, medita de manera constate sobre la Palabra de Dios mientras se avanza por el Camino mediante la fe y las obras y los dones y los frutos del Espíritu, considerando el testimonio que ante los hombres el cristiano debe dar, haciendo todo buscando agradar a Dios, dejando que la Palabra de Dios nos prepare para el Reino Venidero mediante el impulso adicional que el Espíritu Santo de Dios imprime en el andar por el Camino del cristiano, si esa personas no cumple con alimentar de manera perfecta y santa al Cuerpo de Cristo? La respuesta difícilmente podría ser afirmativa cuando la misma Escritura, respecto de quienes se comportan así, señala “porque vosotros, la nación toda, me habéis robado” (Malaquías 3:9) y cuando uno de los Diez Mandamientos señala “No robarás” (Éxodo 20:15)

 

De igual forma, ¿cómo son llamados los animales que no cumple con lo establecido para ser considerados aptos para consumo humano y por lo tanto no alimentan de manera perfecta y santa al nuestro cuerpo material? La Escritura los llama inmundos. ¿Y un animal inmundo puede presentare como ofrenda a Dios? “si fuere algún animal inmundo, de que no se ofrece ofrenda a Jehová” (Levítico 27:11).

 

Pedro exhorta a los fieles de todos los tiempos diciendo “os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” (Romanos 12:1), ahora bien, si no se está proveyendo de manera perfecta y santa para las necesidades del Cuerpo de Cristo, volviéndonos inmundos al símil de los animales no aptos para consumo humano,  si se le está robando a Dios, violando así Su Ley, ¿podrá considerarse uno como ofrenda acepta por Dios, como “sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”?, ¿podrá uno conspirarse como parte de los santos, los “que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Revelación 14:12)?  Cada quien responda.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe diezmar el ganado, sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido a que en este nosotros, al cumplir con la ley relativa al diezmo, somos en figura como aquellos animales considerados aptos para consumo humano pues proveemos al Cuerpo de Cristo de los insumos, los recursos materiales que requiere para su subsistencia, tal cual corresponde a todo hijo de Dios.


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