67. Es un mandamiento el realizar el ritual de la ofrenda de harina (Lv. 2:1-2)


 

“Cuando alguna persona ofreciere oblación a Jehová, su ofrenda será flor de harina, sobre la cual echará aceite, y pondrá sobre ella incienso, y la traerá a los sacerdotes, hijos de Aarón; y de ello tomará el sacerdote su puño lleno de la flor de harina y del aceite, con todo el incienso, y lo hará arder sobre el altar para memorial; ofrenda encendida es, de olor grato a Jehová”

 

Levítico 2 contiene las prescripciones establecidas por Dios como parte de Su pacto con Su pueblo respecto de las ofrendas que se conocen como de harina, las cuales, como señala el versículo 2, eran “ofrenda[s] de olor grato para Jehová”.

 

Las ofrendas de harina, a diferencia de las ofrendas por el pecado, por la culpa o de paz, no buscaban resarcir alguna transgresión hecha contra Dios o contra el prójimo o evidenciar un acto voluntario de cercanía, de agradecimiento, con Dios, sino que eran en sí un acto de comunión con Dios en el sentido de comer juntos, como amigos del mismo pan.

 

Respecto de este tipo de ofrendas, las mismas podían trayendo el harina directamente para ser ofrecido, o bien procesarla sea en horno, en sartén o  en cazuela, e incluso podía traerse el grano desmenuzado de las espigas tostadas a fuego.

 

En el primero caso de traer la harina, un puño de esta se mezclaba con aceite e incienso y se hacía arder sobre el altar de bronce. En los casos de procesar la harina en horno, sartén o cazuela, en todos los casos se hacía sin levadura y con aceite y una parte de la ofrenda se quemaba en el altar de bronce mientras que otra era para los sacerdotes que participaban de esto. En el último caso, el del grano desmenuzado de las espigas tostadas a fuego, era similar al caso primero de la harina, se mezclaban estos con aceite e incienso y se hacía arder sobre el altar de bronce.

Es interesante que las ofrendas de harina puedan ser presentadas de cinco formas diversas, siendo consistente en todas ellas la consideración del aceite y del incienso, además de que las mismas no debían contener levadura. El cinco nos habla de la Ley en el término general de lo contenido en los primeros cinco libros de la Escritura, en hebreo תּוֹרָה, Torah, palabra que literalmente significa instrucción, enseñanza, doctrina. De igual forma, como todos los holocaustos, sacrificios y ofrendas del Antiguo Testamento, estos apuntan a Cristo y, en Él a los elegidos que acepten el llamamiento del Padre para venir a salvación en el presente siglo.

 

Primeramente, para entender el simbolismo del pan con relación a Jesús, hay que recordar que la Escritura lo presenta como el pan de vida que enviado por Dios ha descendido del cielo: “Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, más mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.  Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.  Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:32-35).  

 

El indicativo para entender que estos las ofrendas de harina se refieren a Jesús es que los mismos se preparaban sin levadura, la cual es símbolo de corrupción en la Escritura (Éxodo 12:8-20; 13:7; 23:15; Levítico 2:4; Deuteronomio 16:3-4, 8; Mateo 16:5-12; Lucas 12:1; 1 Corintios 5:6-8; Gálatas 5:9), de igual forma el aceite es símbolo del Espíritu Santo (Isaías 61:1; Hechos 10:38) el cual reposa plenamente de  Cristo (Isaías 11:2), de igual forma esto alcanza a los elegidos que responden al llamamiento del Padre para venir a salvación en el presente siglo quienes unidos a Cristo (Juan 5:1-7) debe reflejarle a Él (1 Corintios 11:1)

 

Ahondando en esto último a saber, en cuanto a los fieles unidos a Cristo, recuérdese que los holocausto, sacrificios y ofrendas se efectuaban en lo que se conoce como el Atrio, primero del Tabernáculo y luego del Templo, siguiendo el diseño de estos después del Atrio estaba el Lugar Santo y luego el Lugar Santísimo. El Lugar Santo tenía también unos panes, pero estos no eran ofrecidos sino que permanecían ante la presencia de Dios, dichos panes eran doce y estaban conformados en dos grupos de seis cada uno, panes que debían amasarse sin levadura (Levítico 24:5-9), el número doce inmediatamente trae a la mente las doce tribus de Israel, pero ¿por qué dos pilas?, porque se está hablando de los dos pueblos que serían uno, Israel y los gentiles (Efesios 2:14). De esta forma las dos pilas de panes del Lugar Santo simbolizan a los dos pueblos que, redimidos por el sacrificio redentor de Jesús,  serían uno, Israel y los gentiles.

 

Números 28:5 hace referencia a esas ofrendas de harina que reflejaban a Cristo, pan de vida, que ofrecido a Dios redimía a los elegidos, de ambos pueblos, para posteriormente santificados por esto pudieran estar sin tacha ante la presencia de Dios. Ese es el proceso que entrega el diseño del Tabernáculo, replicado posteriormente en el Templo. Primero los sacrificios efectuados en el Atrio  —símbolo del sacrificio redentor de Jesús— y luego el simbolismo de lo contenido en el Lugar Santo que simbolizaba a los elegidos redimidos.

 

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de realizar el ritual de la ofrenda de harina sigue vigente, más sin embargo espiritualizado referido al cumplimiento completo, pleno y total del sacrificio redentor de Jesús quien se ofreció a sí mismo enteramente al Padre como expiación por nosotros, siendo de ésta forma nuestra paz, dejándonos a nosotros el ejemplo de vivir de la misma forma en el mundo pero sin ser parte del mundo, tal cual corresponde a todo hijo de Dios.


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