49. En el Día de la Expiación también se debe realizar el servicio religioso (Lv. 16)
“1 Habló
Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se
acercaron delante de Jehová, y murieron.
2 Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo
entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está
sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el
propiciatorio.
3 Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y
un carnero para holocausto.
4 Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá
calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se
cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar
su cuerpo con agua.
5 Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos
para expiación, y un carnero para holocausto.
6 Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la
reconciliación por sí y por su casa.
7 Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de
Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión.
8 Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por
Jehová, y otra suerte por Azazel.
9 Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por
Jehová, y lo ofrecerá en expiación.
10 Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo
presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para
enviarlo a Azazel al desierto.
11 Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la
reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es
suyo.
12 Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de
delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo
llevará detrás del velo.
13 Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del
perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no
muera.
14 Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el
propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo
siete veces de aquella sangre.
15 Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo,
y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo
con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del
propiciatorio.
16 Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de
Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también
al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus
impurezas.
17 Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a
hacer la expiación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la
expiación por sí, por su casa y por toda la congregación de Israel.
18 Y saldrá al altar que está delante de Jehová, y lo expiará, y tomará de
la sangre del becerro y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los
cuernos del altar alrededor.
19 Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo
limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel.
20 Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de
reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo;
21 y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y
confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus
rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho
cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto.
22 Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a
tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.
23 Después vendrá Aarón al tabernáculo de reunión, y se quitará las
vestiduras de lino que había vestido para entrar en el santuario, y las pondrá
allí.
24 Lavará luego su cuerpo con agua en el lugar del santuario, y después de
ponerse sus vestidos saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo,
y hará la expiación por sí y por el pueblo.
25 Y quemará en el altar la grosura del sacrificio por el pecado.
26 El que hubiere llevado el macho cabrío a Azazel, lavará sus vestidos,
lavará también con agua su cuerpo, y después entrará en el campamento.
27 Y sacarán fuera del campamento el becerro y el macho cabrío
inmolados por el pecado, cuya sangre fue llevada al santuario para hacer la
expiación; y quemarán en el fuego su piel, su carne y su estiércol.
28 El que los quemare lavará sus vestidos, lavará también su cuerpo con
agua, y después podrá entrar en el campamento.
29 Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez
días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural
ni el extranjero que mora entre vosotros.
30 Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios
de todos vuestros pecados delante de Jehová.
31 Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto
perpetuo.
32 Hará la expiación el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser
sacerdote en lugar de su padre; y se vestirá las vestiduras de lino, las
vestiduras sagradas.
33 Y hará la expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión;
también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de
la congregación.
34 Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al
año por todos los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó”
Las instrucciones dadas por Dios como
parte de las celebraciones de las fiestas establecidas con su pueblo como parte
del Pacto eran muy concretas y específicas pero sobre todo simbólicas.
Levítico 16 contiene las instrucciones
relativas precisamente al Día de la Expiación.
Como parte del rito que tenía que
llevar a cabo el Pueblo de Israel el Día de la Expiación se señalaba el que “de
la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para
expiación, y un carnero para holocausto” (Levítico 16:5), de igual forma sobre
estos se instruía diciendo que “después tomará los dos machos cabríos y los
presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará
suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra
suerte por Azazel. Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la
suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la
suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la
reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto” (Levítico 7-10).
El macho cabrío sacrificado representaba
a Cristo crucificado, como señala Romanos 5:10-12: “Porque si siendo enemigos,
fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando
reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos
en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la
reconciliación. Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y
por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto
todos pecaron”.
En ese sentido, el sacrificio redentor
de Cristo nos ganó la posibilidad de vida eterna, como señala Pablo escribiendo
a los de Corinto, “más ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de
los que durmieron es hecho. Porque por
cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de
los muertos. Porque así como en Adán todos
mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las
primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 15:20-23).
De igual forma el macho cabrío que se
va al desierto representa a Cristo, ya que como dice Juan en su primer carta, “hijitos
míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado,
abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la
propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino
también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:1-2).
En este sentido, Cristo resucitado
funge como mediador entre nosotros y Dios, “porque hay un solo Dios, y un solo
mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5), desempeñando
esta función como nuestro Sumo Sacerdote, “y esto es aún más manifiesto, si a
semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto” (Hebreos 7:15).
Dado lo que Cristo nos ganó con Su
muerte y resurrección, la Escritura nos exhorta de manera individual a vivir en
esa libertad obtenida, “estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos
hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1).
Siendo que lo anterior también es aplicable
para la comunidad de los redimidos, como escribe Pablo a Tito diciendo “quien
se dio a sí mismo [Jesús] por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y
purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:14).
Estas noticias son de gozo y alegría,
buenas nuevas le llama la Palabra, donde los redimidos son hechos herederos de
las promesas, como señala proféticamente Isaías, “en gran manera me gozaré en
Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de
salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a
novia adornada con sus joyas” (Isaías 61:10)
Con base en todo lo anterior, el
creyente siempre debe tener en mente lo que señala la Escritura cuando dice “ahora,
pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no
andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del
Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la
muerte” (Romanos 8:1-2).
Ante esto, solo hay una actitud posible
en el creyente: “Mis labios se alegrarán cuando cante a ti, y mi alma, la cual
redimiste” (Salmos 71:23), dedicando su vida a la santificación para vida
eterna, “más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de
Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna” (Romanos
6:22), ya que no hay otra forma de salvarse, “y en ningún otro [salvo en
Cristo]hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los
hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que en el Día de la Expiación también
se debe realizar el servicio religioso, sigue vigente más sin embargo
espiritualizado teniendo en Cristo la realización de la redención donde con su
sacrificio nos ganó vida eterna llevando consigo nuestros pecados para nunca más
ser recordados, siendo que de esta forma estamos llamados a vivir una vida de
santidad para vida eterna, tal cual corresponde a todo redimido como hijo de
Dios.

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