44. También se debe llevar una ofrenda la primera cebada en el segundo día de la Pascua (Lv. 23:10)
“Habla
a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os
doy, y seguéis su mies, traeréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros
frutos de vuestra siega”
La
segunda fiesta en el orden de las establecidas por Dios era la de las
Primicias. Primicias viene del hebreo Bikkurim, ביכורים, que literalmente
significa primeros frutos y como señala Levítico 23:11 esta fiesta se celebraba
“el día siguiente del día de reposo”, es decir, después del sábado semanal de
la semana en que cayera la Pascua, por ende siempre caía en domingo dentro del
mes de Nisán, que como ya se comentó puede caer en
Marzo o en Abril cada año. Deuteronomio 16:9 señala que “siete semanas
contarás; desde que comenzare a meterse la hoz en las mieses comenzarás a
contar las siete semanas”, como señala Éxodo 34:22 al inicio de estas siete
semanas está la fiesta de las Primicias y al final (al final de Pentecostés) la
fiesta de la cosecha plena. Así que Primicias se relaciona con Pentecostés ya
que esta fiesta lo inicia (más delante veremos la relación entre Pentecostés y
las Primicias).
Esta
fiesta era sombra de la resurrección de Jesús. Pablo explica esto al señalar en
1 Corintios 15:20-23 que
20 Mas ahora
Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.
21 Porque
por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección
de los muertos.
22 Porque
así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.
23 Pero cada
uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en
su venida.
Recordemos
que las fiestas dadas por Dios tenían una fuerte vinculación con los ciclos
agrícolas de Israel, siendo así que Primicias caía cuando se recogían
precisamente los primeros frutos de la tierra, siendo para más adelante, la
recolección completa, lo cual iniciaba con la siguiente fiesta, la Pentecostés.
Como
se comentó al inicio, esta fiesta se celebraba el día siguiente del sábado
semanal de la semana en que cayera la Pascua, es decir, el domingo. En la
fiesta el sacerdote mecía las primeras gavillas como ofrenda a Jehová (Levítico
23:11), como sombra de la resurrección de Jesús podemos ver esto siguiendo el
relato de Juan (Juan 20:1, 11-18):
1 El primer día de la semana,
María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la
piedra del sepulcro.
11 Pero
María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó
para mirar dentro del sepulcro;
12 y vio a
dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera,
y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.
13 Y le
dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y
no sé dónde le han puesto.
14 Cuando
había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que
era Jesús.
15 Jesús le
dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el
hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo
lo llevaré.
16 Jesús le
dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).
17 Jesús le
dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; más ve a mis hermanos,
y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
18 Fue
entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había
visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.
Como
podemos ver, el domingo Jesús se la aparece a María Magdalena y le dice, cuando
ella quiere tocarlo, que no lo toque pues aún no había subido a Dios, pero que
iba a subir, cumpliendo así la sombra del mecimiento de la gavilla como ofrenda
a Jehová en la figura de Su ascensión.
Levítico
23:13 y Números 28:28 nos hablan de la ofrenda de panes que conjunto con la
primera gavilla tenía que ofrecerse. Lo interesante de estas disposiciones es
que estos panes se preparaban sin levadura, lo cual contrastará con Pentecostés
(explicando esto cuando se aborde esta fiesta), símbolo de Jesús sin pecado, ni
falta, ni mancha, es por eso que María no podía tocarlo hasta que subiera al
Padre.
De igual
forma Levítico 23:12 nos habla de la ofrenda del Cordero, símbolo de Jesús, y
Números 28:27-30 complementa esta ofrenda con la solemnidad, plenitud y
perfección de la misma.
Deuteronomio
16:11 hablan de la alegría que debía expresarse en esta fiesta. Esta alegría la
refleja el cristiano actualmente al saberse reconciliado con el Padre por el
sacrificio redentor de Jesús y por fincar su esperanza en la resurrección de Cristo,
nuestro Señor y Salvador: “[Jesús], a quien amáis sin haberle visto, en quien
creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de
vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (1 Pedro 1:8-9), “Regocijaos
en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡¡Regocijaos!!” (Filipenses 4:4).
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de debe llevar una ofrenda la
primera cebada en el segundo día de la Pascua, sigue vigente más sin embargo
espiritualizado referido a Jesús como las primicias de muchos hermanos que han
de ser parte de la familia de Dios.

Comentarios
Publicar un comentario