39. Se debe ofrecer el sacrificio encendido dos veces por día (Nm. 28:3)



“Y les dirás: Esta es la ofrenda encendida que ofreceréis a Jehová: dos corderos sin tacha de un año, cada día, será el holocausto continuo”

La parte central del culto a Dios en el Antiguo Testamento giraba en torno a los holocaustos, sacrificios y ofrendas que se hacían en el Templo. De estos, había algunos que estaban pre-ordenados para realizarse en tiempo y forma, como en este caso la indicación de Números 28:3. Sobre esto, los dos corderos que se ofrecían cada día tenían un momento distinto para ello, el versículo inmediato siguiente, el versículo 4, señala al respecto “ofrecerán un cordero por la mañana y el otro al atardecer”.

La anterior disposición era para todos los días de la semana, pero el sábado contenía prescripciones adicionales, con lo que el holocausto de ese día era doble: “Más el día de reposo, dos corderos de un año sin defecto, y dos décimas de flor de harina amasada con aceite, como ofrenda, con su libación. Es el holocausto de cada día de reposo, además del holocausto continuo y su libación” (Números 28:9-10), esto es a lo que hizo referencia Jesús cuando le señaló a los líderes religiosos de su tiempo, anegados en el ritualismo que terminaba por invalidar los mandamientos de Dios: “¿O no habéis leído en la ley, que en los días de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo y están sin culpa?” (Mateo 12:5).

Todos los sacrificios ordenados por Dios como parte del culto de Su pueblo en el Antiguo Testamento señalaban en última instancia al sacrificio redentor de Jesús, pero ¿por qué en este caso específico se señalaba que el holocausto diario tenía que ser por uno por la mañana y otro al atardecer?

Sobre esto, es interesante notar que para Dios los días comienzan con la puesta del sol (Génesis 1:5, 8, 13, 19, 23, 31), no como en la actualidad que, para el mundo, comienzan a la medianoche. Es decir, primero viene la parte oscura de cada día y luego la parte clara. Esto es un símil de la vida humana, tanto en su colectividad como a manera individual: todo comienza en esa oscuridad relacionada con al pecado y posteriormente se viene a la luz representada por la redención obtenida por el sacrificio de nuestro Señor Jesús.

Pero en el caso de la cita de Números 28:3, los holocaustos referidos están especificados al revés, es decir, uno por la mañana y otro por la tarde. Dado lo comentado en el párrafo anterior, esta disposición de estos holocaustos, dado que comienzan en la parte clara, sólo pueden referirse a aquellos a los cuales ya ha llegado Cristo a su vida iluminándola, los cuales, como parte del llamamiento, comienza a trabajar en la obra de su Señor: “Jesús entonces les dijo: Todavía, por un poco de tiempo, la luz estará entre vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que anda en la oscuridad no sabe adónde va” (Juan 12:35); “Jesús respondió: ¿No hay doce horas en el día? Si alguno anda de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo” (Juan 11:9); “Conviéneme obrar las obrar del que me envió, entre tanto que el día dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar” (Juan 9:4).

Visto de esta forma la cita de Números 28:3 tiene aplicación para los elegidos que han respondido al llamamiento del Padre para venir a salvación en el presente siglo y comienzan la labor, “y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23-24), pero ¿y el sacrificio por la tarde?

La labor humana está dada por una rutina que empieza al salir el sol y termina con la puesta de este, de hecho después de la puesta de sol comienza un período que incluye el descanso, con lo que la referencia, para los elegidos es esa vida iluminada por Cristo que lleva finalmente a ese reposo que se ha prometido: “Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: <<Por tanto, juré en mi ira, no entrarán en mi reposo; m aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo>>  Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día.  Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo.  Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia,  otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: <<Si oyereis hoy su voz,  no endurezcáis vuestros corazones>>  Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día.  Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.  Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.  Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (Hebreos 4:1-11).

El mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que se debe ofrecer el sacrificio encendido dos veces por día, uno por la mañana y otro por la tarde, sigue vigente más sin embargo espiritualizado referido a la vida de aquellos a los cuales ya ha llegado Cristo iluminándolos, los cuales, como parte del llamamiento, comienza a trabajar en la obra de su Señor con la esperanza de que al final del día puedan entrar en Su reposo, como corresponde a todo hijo de Dios.

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