33. Los sacerdotes deben usar vestimenta sacerdotal especial (Éx. 28:2)
“Y
harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura”
El
servicio sacerdotal en el Antiguo Testamento era algo de extrema santidad. Los
sacerdotes no solamente tenían que cumplir con ciertas ordenanzas relacionadas
con los holocaustos, los sacrificios y las ofrendas, además de lo relacionado
con el Tabernáculo, sino que ellos mismos tenían que ser diferentes, apartados
del resto del pueblo, siendo su vestimenta algo que debía cuidarse para ello.
Esas
vestiduras incluían “el pectoral, el efod, el manto, la túnica bordada, la
mitra y el cinturón” (Éxodo 28:4 p.p.), en ese mismo capítulo de Éxodo, del versículo
5 al 42 se dan por parte de Dios las instrucciones precisas y detalladas de cómo
debía confeccionarse la vestimenta de quienes habían de fungir como sacerdotes.
Toda
esta vestimenta prefiguraba al Sumo Sacerdote, Cristo, de igual forma el papel
de los futuros sacerdotes unidos al sacerdocio de Cristo.
El
efod estaba hecho de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, símbolo de la
figura de Cristo de la cual todo aquel llamado al servicio debe ser vestido
(Gálatas 3:27); dicho Efod tenía sobre las hombreras del mismo dos piedras de
ónice, en las que estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel,
prefigurando la carga que se tiene de representar al pueblo ante Dios (Santiago
5:16).
El
cinturón, estaba hecho del mismo material que el Efod, y en la Escritura
implica el compromiso con el servicio al que se ha llamado (Daniel 10:5;
Revelación 1:13), en este caso ser a la imagen de Cristo (2 Corintios 3:18).
El
pectoral —cuyo nombre completo era pectoral del juicio (Éxodo 28:15, 29, 30)—
iba colocado sobre el pecho, sobre el efod, unido por cordones a las hombreras
del Efod, era cuadrado y doble, y tenía doce piedras preciosas, cada una de
ellas diferente a las demás, que representaba a las doce tribus de Israel. El
pectoral simbolizaba esa función que, prefigurando la función de Cristo (1
Timoteo 2:5), como sacerdote se tenía de ministrar ante Dios a favor del Pueblo.
La
túnica era de lino, símbolo del revestimiento de Cristo que con el bautismo los
elegidos se visten (Romanos 6:3; 13:14) y se refiere a las acciones justas de
los santos que tienen valor unidas al sacerdocio de Jesús (Revelación 19:8).
El
manto era de azul y en sus bordes tenía alternativamente granadas de azul,
púrpura y carmesí y campanillas de oro, que sonaban cuando el sumo sacerdote
andaba. Las granadas, que es algo que espontáneamente se da en la naturaleza,
simbolizan los dones del espíritu (1 Corintios 12:8-10), mientras que las
campanillas de oro, lo cual no existe de manera ordinaria en la naturaleza sino
que debe ser producido por el trabajo del forjador, representan los frutos del
Espíritu (Gálatas 5:22-23), ambas cosas que sólo pueden darse si se está unido
al sacerdocio de Cristo (Juan 15:5).
La
mitra tenía una lámina de oro con la inscripción santidad al Señor, que estaba
sobre la frente del sumo sacerdote, la misma a manera de corona iba en la
cabeza del sacerdote siendo esto reflejo de aquellas coronas que para los que
permanezcan fieles en Cristo recibirán a Su regreso (Isaías 28:5; Salmos
132:18; 2 Timoteo 4:8; Santiago 1:12; 1 Pedro 5:4 Revelación 2:10).
Toda
la vestimenta sacerdotal reflejaba el carácter sagrado de la función que los
elegidos para ella desempeñaban y la misma, cada aspecto o detalle, tenía un símbolo
referido a las funciones sacerdotales y su implicación en el plan de Dios para
con Su pueblo.
Los
elegidos que en el presente siglo han respondido al llamamiento del Padre para
venir a salvación de igual forma deben vestirse dignamente para el servicio al
que han sido llamados, servicio que tiene en simiente el sacerdocio que con
Cristo a su regreso tendrá plena realización.
Pablo
escribiendo a los Efesios hace énfasis en esta vestimenta que los elegidos
deben vestir refiriéndose a la misma como la armadura de Dios: “Estad, pues,
firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de
justicia, y calzados los pies con el
apresto del evangelio de la paz. Sobre
todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego
del maligno. Y tomad el yelmo de la
salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y
súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por
todos los santos” (Efesios 6:14-18).
De
esta forma, en la actualidad, los elegidos de igual forma deben mostrar en su
forma de ser, de vivir, ese llamamiento al que han respondido y que los
habilita a llegar a ser con Cristo, en el reino venidero, reyes y sacerdotes: “estad
siempre preparados y mantened las lámparas encendidas” (Lucas
12:35), “la noche está muy avanzada, y el día está cerca. Por tanto, desechemos
las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz” (Romanos 13:12),
“pero puesto que nosotros somos del día, seamos sobrios, habiéndonos puesto la
coraza de la fe y del amor, y por yelmo la esperanza de la salvación” (1
Tesalonicenses 5:8), “por tanto, ceñid vuestro entendimiento para la acción;
sed sobrios en espíritu , poned vuestra esperanza completamente en la gracia
que se os traerá en la revelación de Jesucristo” (1 Pedro 1:13).
El
mandamiento contemplado en las leyes mosaicas de que los sacerdotes deben usar
vestimenta sacerdotal especial, sigue vigente más sin embargo espiritualizado referido
a aquellos que en el presente siglo han respondido al llamamiento del Padre
para venir a salvación, quienes unidos a Cristo prefiguran esa función
sacerdotal a realizar en plenitud a Su regreso, y los cuales en su vivir deben
mostrar esa fe que dicen profesar, como corresponde a todo hijo de Dios.

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